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Empleo y productividad a lo largo del ciclo económico

4. EL RENDIMIENTO Y PRODUCTIVIDAD EN LA

4.3. Empleo y productividad a lo largo del ciclo económico

En su mayor parte, tanto el crecimiento del empleo como el crecimiento de la productividad son pro cíclicos: aumentan durante los períodos de bonanza y disminuyen en épocas de recesión. No obstante, debido a los costos contraídos al ajustar su mano de obra, las empresas quizá no reaccionen inmediatamente a los ciclos económicos, lo que hace que el empleo, incluidos los despidos y nuevas contrataciones, acuse un cierto desfase. Con el fin de distribuir esos costos, los cambios en el empleo no fluctúan tanto como la producción.

Ese desfase hace que el crecimiento de la productividad responda hasta cierto punto en forma inversa al empleo: la productividad puede disminuir más que el empleo al comienzo de una recesión, mientras que puede aumentar más que la contratación cuando comience la recuperación. Una razón de este hecho es que durante las recuperaciones económicas los empleadores muchas veces vacilan en volver a contratar trabajadores mientras no están seguros de que se trata de un fenómeno duradero, y tratan de aprovechar lo más posible la mano de obra de que disponen. En este caso, la productividad aumenta, mientras que el empleo se estanca o incluso disminuye. Un ejemplo es el estancamiento en el mercado de trabajo de los Estados Unidos durante la reciente recuperación económica. Aunque la recesión fue de corta duración (de marzo a noviembre de 2001), el crecimiento del empleo continuó siendo débil durante toda la primera mitad de 2004, debido a que los empleadores, ante un futuro que consideraban incierto, se abstenían de contratar empleados permanentes. Con distintas estrategias de reducción de costos, las compañías estadounidenses pudieron aumentar la producción

con un número de trabajadores igual o inferior, lo que hizo que la productividad aumentara considerablemente durante ese período.

Durante las recesiones puede producirse también un proceso de selección dentro del mercado que expulsa a las empresas improductivas y deja únicamente a las más eficientes, las que son capaces de producir más con los mismos, o incluso menos, recursos. Con el fin de aumentar su competitividad y consolidar su cuota de mercado, las empresas recortan y reorganizan su personal. La reestructuración de empresas, cuando es de este tipo, puede promover el crecimiento de la productividad general, aun El aumento de la productividad podría dar lugar a productos de costos más bajo que, a su vez, podrían traducirse en precios más bajos. Este descenso podría aumentar la demanda del producto (además de hacer posible un aumento del ingreso real de los consumidores). No obstante, en esta hipótesis optimista se supone que los precios de los productos responden a los aumentos de la productividad y que, a su vez, los consumidores responden a esa evolución de los precios aumentando la demanda. Supongamos, por ejemplo, que la respuesta de la demanda es débil en comparación con el descenso de los precios, demasiado débil para compensar el efecto de reducción de la mano de obra como consecuencia del aumento de la productividad. En ese caso, el empleo disminuiría. Aumento de los salarios El productor podría transferir parte del aumento de los beneficios de la mayor productividad en forma de salarios más elevados. A su vez, ello podría incrementar la capacidad adquisitiva y la demanda de bienes y servicios, no sólo en los sectores en que se ha aumentado la productividad, sino también en diferentes sectores de la economía, en donde, en consecuencia, se estimularía el crecimiento del empleo. Estos beneficios, sin embargo, suponen que los productores no acaparan todas las ganancias resultantes del crecimiento de la productividad en forma de mayores utilidades. Aumento de la inversión No es probable que todas las ganancias resultantes de una mayor productividad se distribuyan en forma de precios más bajos de los productos o de salarios más altos. Algunas de esas ganancias adoptarán la forma de mayores utilidades, que podrían reinvertirse y crear más oportunidades de empleo. No obstante, en un mundo en proceso de globalización, se plantea el interrogante de dónde se han conseguido esas utilidades, y dónde se reinvierten.

Aumento general del empleo Aún cuando se produzca cierto desplazamiento del empleo en algunas industrias, la mayor productividad resultante en un aumento de los ingresos reales podría dar lugar a cambios de la demanda de productos y a la generación de empleo. No obstante, las transformaciones de la demanda de productos quizá no se limiten al mercado interno. Nuevos productos Las mejoras de la productividad son consecuencia de las innovaciones introducidas tanto en los productos como en los procesos de producción. Las primeras dan lugar a la creación de productos nuevos y mejorados, a la expansión de la producción y a la creación de oportunidades de empleo; en cambio, las últimas generan mejoras en la eficiencia de la producción, que pueden provocar desplazamientos de mano de obra. Disminución de los precios de los productos cuando la producción y el empleo disminuyan, con lo que se crea una relación anticíclica. Por ejemplo, un estudio realizado en el Reino Unido demuestra que el crecimiento de la productividad de las empresas moribundas fue menor que el de las que consiguieron sobrevivir (y las que se crearon) durante la recesión de los primeros años ochenta, lo que confirmaría la idea de que el proceso de reestructuración puede favorecer el crecimiento de la productividad agregada.

Otro tema más polémico es el de la influencia que pueden tener en los ciclos económicos los factores tanto estructurales como cíclicos de la economía, como el colapso de la bolsa o las crisis políticas. Los cambios cíclicos suponen conmociones temporales en la economía, que pueden afectar a la demanda. Estos factores pueden dar lugar a pérdidas temporales de empleos hasta que la economía comienza la recuperación, momento en que vuelve a readmitirse a los trabajadores en sus puestos anteriores.

Los factores estructurales, por el contrario, suponen cambios más permanentes en la economía, como los cambios tecnológicos y las transformaciones de la estructura de la demanda de consumo. Cuando los trabajadores pierden el empleo como consecuencia del cambio estructural, sus puestos se eliminan permanentemente, por lo que se ven obligados a buscar trabajo en otras industrias o sectores.

A veces es difícil determinar si los aumentos o pérdidas de empleo son de carácter cíclico o estructural: fluctuaciones del empleo que inicialmente podrían parecer de breve duración (de tres a cinco años), de hecho podrían formar parte de un ajuste a más largo plazo de la economía. Un estudio reciente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York revela que los cambios tanto estructurales como cíclicos contribuyeron al estancamiento del empleo durante la recesión más reciente de los Estados Unidos. El sesgo hacia las pérdidas de empleo en el sector manufacturero desde 2001 hace que esta idea resulte muy atractiva. El empleo en el sector manufacturero disminuyó un 17,1 por ciento entre el primer trimestre de 2000 y el primero de 2004, es decir, casi 3 millones de puestos de trabajo en ese sector. Por el contrario, en los servicios, el empleo aumentó durante el mismo período un 2,2 por ciento, es decir, 2,3 millones de puestos. Este esquema de lo que ocurrió en el sector manufacturero es revelador de la tendencia descendente general del empleo en ese sector en todo el mundo.