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Empresas y organizaciones de intereses

In document Estado Social y Sus Implicaciones (página 44-47)

Otros actores del sistema son las grandes empresas y las organizaciones de intereses. Como es sabido, las empresas pueden ser de muy distinta magnitud, pueden ir desde la General Motors, que ocupa a 681.000 personas 65, hasta las que ocupan a dos empleados, o desde las que tienen una cifra de ventas superior al PNB de muchos países 66,

hasta las de una cifra ínfima de negocios. Pero lo importante para nuestro objeto es que a partir de un cierto nivel las diferencias cuantitativas se transforman en cualitativas, y de aquí que las empresas se hayan clasificado en dos niveles o estratos que han recibido distintos nombres como sector monopolístico y sector competitivo 67 sistema central y sistema periférico 68, nivel mesoeconómico frente al macroeconómico (Estado) y microeconómico

64 Territorios y, por consiguiente, espacios bidimensionales que delimitaban dos países antes de la fijación de

las fronteras: eran tierras de nadie o zonas de posesión común. Vid. «Mark», en E. Haberkern y J. F. Wallach, Hilfsrüorterbuch für Historiker, Bonn, 1964.

65 Fortune, mayo de 1975.

66 Las cifras han sido publicadas en distintas ocasiones. Vid. A. A. Said y L. R. Simons (eds.), The New

Sovereigns. Multinational Corporations as World Powers, Englewood, 1975, p. 18.

67 Es la denominación utilizada por los marxistas. Obra capital en este sentido es la de P. A. Batan y P. M.

Sweezy, Monopoly Capital. An Essay on the American Economic and Social Order, Nueva York, 1966.

(empresas medias y pequeñas) 69, y empresas del planning system frente a empresas del

market system 70.

a) Macroempresas.

No podemos detenernos aquí en la tarea sociológica -que hubiera entusiasmado a Max Weber- de determinar el tipo ideal de cada uno de estos estratos empresariales y hemos de limitarnos a señalar brevemente algunas notas típicas del primero de ellos. Las empresas de este estrato tienen la posibilidad y necesidad de generar y utilizar al máximo los recursos de la innovación tecnológica (es decir, la principal fuerza productiva de nuestro tiempo); su estructura interna se caracteriza por la radicalidad de la separación entre propiedad y gestión y por la dispersión de la decisión a lo largo de la tecnoestructura; su objetivo no consiste tanto en obtener circunstancialmente grandes beneficios cuanto en la expansión, lo que es coherente con otras condiciones de su estructura: para innovar hay que crecer, para crecer hay que innovar; por lo demás, son controladas por la tecnoestructura, y como el status de los miembros de ésta es función de la magnitud de la empresa, tienen mayor interés en la expansión que en proporcionar altos dividendos a sus accionistas; perciben el mundo económico como una totalidad (planetaria en el caso de las macroempresas multinacionales) y no sólo necesitan, sino que son capaces de una amplia planificación: tienen los adecuados equipos y pueden alcanzar un apreciable margen de certeza en los datos, pues se autofinancian o tienen grandes facilidades de financiación, realizan contratos a largo plazo para el abastecimiento de materias primas y servicios, eliminan prácticamente tanto la concurrencia de precios como la dependencia de las preferencias de los consumidores; no sólo no están sujetas al mercado, adoptando formas monopolísticas u oligopolísticas, sino que están sobre el mercado proveyendo a las empresas de éste de materiales básicos (energía, maquinaria, transporte). Si tratáramos de reducir todas estas notas a una sola, diríamos que las empresas de este estrato controlan a su ambiente y que, por consiguiente, están dotadas de una alta capacidad de autodeterminación, la cual se extiende también al campo político y no fundamentalmente por prácticas corruptoras (lo que no quiere decir que estén excluidas), sino por las coerciones mismas del sistema, pues, en efecto: i) sólo una gran organización puede influir eficazmente a una gran organización; ii) las empresas con las características señaladas son los agentes más cómodos, idóneos y hasta imprescindibles para la ejecución de las políticas y de los planes estatales no solamente en el aspecto directamente económico, sino también en los de defensa, promoción del desarrollo científico- técnico, etcétera; en correlación con ello se encuentra, eventualmente, iii) la mayor capaci- dad de conflicto de que pueden disponer frente al Estado, tanto por su significación en la estructura económica como por los medios de presión a su alcance; iv) sólo en los niveles superiores de las tecnoestructuras empresariales encuentran sus adecuados interlocutores los niveles superiores de la tecnoburocracia estatal, que frecuentemente necesita para la formulación de sus proyectos de una información que únicamente le puede ser proporcionada por este tipo de empresas, a lo que cabe añadir que la comunidad de origen académico y otra serie de factores generan una relación simbiótica entre los top executives y los altos funcionarios. Bajo estas condiciones, parece claro, al menos en términos típico- ideales, que cada una de las empresas del primer estrato está en condiciones de acceder a las altas instancias estatales y de ejercer por sí sola la adecuada influencia sobre los poderes

69 S. Holland, The Socialist Challenge, Londres, 1975.

públicos 71. Y si bien se consideran a sí mismas como formando un estrato o una especie de

club, cuyos miembros aparecen anualmente en Fortune, en Enterprise o en publicaciones análogas, no necesitan integrarse en un organización formal, aunque, por supuesto, no está excluido que lo hagan y hasta que la manipulen.

b) Organizaciones de intereses.

Otros actores del sistema neocapitalista no poseen individualmente tal capacidad de autodeterminación ni desde el punto de vista económico ni desde el punto de vista de sus relaciones con los poderes públicos, de modo que la defensa de sus intereses sólo puede tener lugar a través de la mediación y frecuentemente de la mediatización de unas asociaciones. Entre ellos se encuentran las empresas al margen del primer estrato, las clases trabajadoras de distinta especie, los agricultores, los consumidores, ciertos subestratos de las clases medias, etc. No nos vamos a referir a todas ellas, sino que nos limitaremos a decir unas breves palabras sobre las empresas y los sindicatos de trabajadores.

Las organizaciones empresariales de intereses constituyen asociaciones sectoriales o territoriales federadas o confederadas en unas centrales de ámbito nacional o eventualmente transnacional. Aunque son muy variadas y pueden diferir en su estructura y otros aspectos, sin embargo, una lectura de los estatutos de tales asociaciones en varios países muestra una coincidencia en cuanto a sus objetivos, a saber, la representación y defensa de los intereses empresariales frente a los poderes públicos, los sindicatos y la opinión pública incluida la elaboración de proyectos legislativos y de planes económicos y sociales de ámbito sectorial o global 72, realizar estudios y coordinar esfuerzos para acrecer la eficacia de la gestión; dar una buena imagen empresarial, lo que conlleva la defensa ideológica del capitalismo, la función social de la economía de mercado, etc.

Los sindicatos son asociaciones de trabajadores (obreros y empleados) destinadas a la representación y defensa de sus intereses, que ejercen control sobre la oferta y las condiciones de empleo de la fuerza laboral, es decir, sobre uno de los factores productivos y que, por tanto, están en condiciones de favorecer o de obstaculizar las políticas económicas y, en todo caso, de contribuir a la orientación de la economía nacional en un determinado sentido. Al igual que las asociaciones patronales, las sindicales se constituyen según criterios

71 Así como un miembro individual del sistema de mercado (es decir, de los doce millones de pequeñas firmas

americanas contrapuestas al planning system de un millar de grandes firmas) no puede típicamente influir a sus clientes, así tampoco al Estado. El presidente de la General Motors tiene un derecho establecido a ver al Presidente de los Estados Unidos cuando visita Washington. El presidente de la General Electric tiene derecho a ver al Secretario de Defensa y el presidente de la General Dynamics a ver a cualquier general. El granjero individual no tiene similar acceso al Secretario de Agricultura; el detallista individual no tiene entrada al Secretario de Comercio. Sería de poco valor si lo hiciera. La burocracia pública..a sólo puede ser efectiva y permanentemente influida por otra organización» (J. K. Galbraith, op. cit., pp. 49 s.).

72 Así la Confédération Général de la Production Francaise cuenta con una Dirección general de estudios

legislativos que emplea ocho cuadros, dispone de un presupuesto de 2,5 millones y se organiza en tres servicios: legislativos, estudios y relaciones públicas y relaciones internacionales. El primero está en contacto con el Parlamento, el Consejo Económico, los ministerios y otras instancias, e incluye también una sección puramente política: «este servicio de coyuntura y, de análisis del clima político, de politología, en una palabra, tiene por tareas informar al presidente de la C.N.P.F., pero también a las federaciones patronales, del contexto político ambiental» (vid. B. Brizay, Le patronal, París, 1975, pp. 248 s.).

sectoriales (industria o profesión) y se integran en unas centrales de ámbito nacional. Con muy escasas excepciones, los sindicatos han sido desde sus orígenes simultáneamente organizaciones de defensa de intereses inmediatos y movimientos sociales orientados hacia una transformación o hacia el mantenimiento y mejora de una estructura 73, lo que no ha dejado de producir tensiones internas que, frecuentemente, han conducido al pluralismo de centrales sindicales, sea bajo la hegemonía más o menos patente de una de ellas, sea bajo un sistema más equilibrado.

Pasada la época heroica del movimiento obrero, los sindicatos han obtenido el triple reconocimiento del Estado, de las empresas y de la opinión pública. El Estado no sólo los ha reconocido como representantes de los intereses de los trabajadores, sino también como canal de comunicación con ellos y como medio de disciplina de la clase obrera, sin cuya cooperación no puede asegurarse la paz social. Si se hace abstracción del sindicalismo de orientación anarquista, hoy sin vigencia, los sindicatos consideran al Estado como el órgano a través del cual pueden conseguir sus reivindicaciones. Con el curso del tiempo se ha acentuado la interacción entre los sindicatos y el Estado, de modo que los primeros pueden constituir órganos de ejecución de las políticas económico-sociales, participan en las decisiones públicas por vías formales e informales y, en fin, compiten con las entidades patronales por su influjo sobre el Estado, siendo problema a discutir la proporción de la influencia de unos o de otras.

El movimiento sindical tiene, por supuesto, en cada país matices distintos de acuerdo a sus orígenes históricos, su cultura política, su carga ideológica y, en conjunto, sus condiciones ambientales. En términos generales, puede decirse que cada central se encuentra en un determinado punto de un continuo cuyos extremos son la oposición radical y la integración incondicional en el sistema, pero aun en este aspecto habría que distinguir entre las afirmaciones verbales de los líderes sindicales y el significado real de la política sindical.

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