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que formé mi propia agencia de viajes con mi nombre, el nombre de Huma Travel. Huma es un nombre persa, el nombre de un pájaro imaginario. El negocio se ha ido desarrollan- do, de manera que ya tenemos agencias en varias partes de España. Es un trabajo muy interesante y como mujer jamás me he sentido triste por no haber podido trabajar como química porque en lo que hago también tengo mucho éxito. Doy gracias a mis estudios, que me han dado una visión tan amplia y flexible para adaptarme y para hacer cualquier cosa con integridad, trabajo y cariño, para que todo salga bien.

No puedo definir muy bien cómo me he incorporado en el mundo asociativo, pero mi voluntad siempre ha sido colaboradora. Cuando era estudiante de doctorado en Madrid ayudaba a mis paisanas, las acompañaba al médico cuando no eran capaces de comu- nicarse con éste, o a otras actividades escolares. En ese momento, jamás pensé en la asociación. Pero cuando vine a Barcelona, varias personas de diferentes asociaciones me ofrecieron colaborar y así fue cómo empecé a trabajar con algunas entidades de pakis- taníes. Al mismo tiempo, comencé a colaborar en el ambulatorio de Drassanes en temas de salud pública, sobre todo, en estudios de sexo. En Pakistán no existen estos estudios y además están muy mal vistos, de hecho, esta información sólo la tienen los hombres. Por ello estaba muy contenta, porque estaba haciendo cosas para ayudar a las mujeres.

Las mujeres pakistaníes que vienen a España lo hacen por reagrupación familiar, pero no conocen nada de su nuevo entorno ni de los problemas que pueden tener, sobre todo, en aspectos relacionados con la salud. Por ello creo que es muy importante saber de este tema. Así fue cómo empecé a organizar reuniones sobre temas relacionados con salud pública, pero los pakistaníes no lo aceptaron bien. De hecho, mi marido empezó a recibir llamadas, a veces, amenazas: “controla a tu mujer porque está haciendo de las mujeres algo vulgar, dándoles información”. Cuando yo salía a la calle con mi marido le decían: “vigila a tu mujer, contrólala”. Ante esta situación, en el ayuntamiento me ayudaron lla- mando a asociaciones pakistaníes.

En esa época había 36 asociaciones de hombres pakistaníes, en las que no había muje- res. Organizaban muchas actividades, pero sólo para los hombres, ninguna mujer parti- cipaba. A mí empezaron a invitarme y me recibían con mucha educación. Pero me daba mucha pena porque otras mujeres no participaban. Empecé a investigar por qué y me di cuenta de que nadie quería hablar conmigo porque pensaban que yo era hindú, puesto que no vestía como ellas y también porque yo hablaba; ya que una mujer pakistaní tiene que ser sumisa y callada. Por ejemplo, cuando hice mis estudios, al hablar con mi profe- sor yo miraba a otro lado, porque según la cultura pakistaní, una mujer no puede verse reflejada en los ojos del hombre. Pero mi profesor me dijo: “Huma, ¿tú quieres estudiar o no?” Yo le dije que sí, que estaba atendiendo y comprendiendo todo. “Entonces- me dijo- si sabes todo lo que te explico, ¿por qué miras a otro lado?”. Yo le respondí que era mi educación y que no podía mirarle a los ojos, porque al hacerlo se considera que la mujer está “ligando”. Entonces empecé a practicar mirando a mis hijos y a mi marido a

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los ojos cuando les hablaba. Y de verdad que cuesta. A mí no me daba vergüenza, pero empezaba a darles vergüenza a otros. Por todo ello los hombres pakistaníes piensan que no soy pakistaní, porque una mujer tiene que ser tímida. Pero yo me he superado, sobre todo, cuando hice mi doctorado y saqué sobresaliente cum laude, me volví una mujer de confianza, nada sumisa ni tímida.

Sin embargo, las mujeres pakistaníes estaban viviendo una vida muy diferente y me daba mucha pena pero, a pesar de ello, no estaban dispuestas a hablar conmigo. Para poder llegar a ellas, primero tenía que ganarme la confianza de los maridos y de los padres. Entonces empecé a colaborar con los hombres, a ayudarles a rellenar formularios, a pedir visados, a buscar piso de alquiler, etc. Así fui ganando confianza hasta que ellos se dieron cuenta de que yo era una mujer pakistaní, que respetaba nuestra cultura y que sólo quería ayudar a las mujeres, para que estén informadas. A partir de ahí los hombres me dejaron hablar con sus esposas, no porque antes les estuviera prohibido, sino porque culturalmente no podían fiarse. Así, las mujeres empezaron a compartir información con- migo. Sin embargo, ellas estaban preocupadas, ya que pensaban que al tener informa- ción, podían echar de menos Pakistán y perder su cultura. Ha sido un trabajo muy difícil, pero he recibido el apoyo de muchas chicas de aquí que me han ayudado a acceder a las mujeres, sobre todo ha sido importante la ayuda de Ágata, compañera y socia del Club d’Amics de la UNESCO.

AceSoP

Nuestra asociación está legalizada desde el año 2005, aunque comenzamos antes nues- tro trabajo, alrededor de 2001, organizando reuniones y actos para las mujeres. ¿Por qué sólo para las mujeres? Porque según nuestra cultura, una mujer no puede ejercer lide- razgo. De hecho, un acto organizado por parte de una mujer, no es bien recibido por el hombre, porque éste debe ser siempre superior. Sin embargo, en Pakistán ha sido prime- ra ministra una mujer, algo que nunca ha ocurrido en otros países, ni siquiera en España.

Empecé el trabajo de ACESOP con 22 mujeres y hoy en día tenemos 500 mujeres miem- bras de la asociación y cada día vienen más. También hay muchas que no son miembras, pero que colaboran y participan en las actividades. Son las mujeres las que eligen el tipo de actividad a realizar: aerobic, clases de fitnnes, clases de diferentes tipos de baile, mediación de conflictos (familiares, escolares, de jóvenes), clases de costura para cono- cer cómo se hacen los diferentes trajes típicos de nuestra cultura, cocina, servicios de traducción, maquillaje, depilación, peluquería, para sentirnos sanas y guapas. Hacemos intercambio de ropa, de vajilla, etc. Y damos clases de castellano y catalán. Todos los servicios son gratuitos. Para poder llevarlos a cabo, nos ayuda el Departamento de Inmi- gración del Ayuntamiento, Intermon Oxfam, la Diputación, Caixa Catalunya y personas de aquí. Las alumnas no son todas pakistaníes, también participan mujeres del barrio: marroquíes, filipinas, chinas, etc. En ACESOP mandan las mujeres pero todos recibimos

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vindicaciones y perspecti

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