Son aquellas labores del cuidado que implican cercanía física y atención directa a otras personas, trabajos que involucran la interacción entre el cuerpo de la persona cuidada y de quien cuida. Aunque se han considerado trabajos ligados al cuidado de personas dependientes (entendidas de manera generalizada como no capaces o discapacitadas), se hace necesario resaltar que son aquellas labores que implican la atención y cuidado de otra persona en la cotidianidad, ya que todo ser humano es de- pendiente, en tanto no puede vivir sin un soporte social. La noción de independencia
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es sólo una construcción cultural ligada a ser “agente de mercado” y “ciudadano”, no a una condición societal de no necesidad de cuidado. El trabajo de proximidad incluye la limpieza física, el cuidado de quien se enferma, la atención a niños/as, los masajes, e incluso aquellas labores ligadas al sexo, entre las que es importante pensar la prostitución.
Históricamente las labores del cuidado han sido asumidas como responsabilidad
de las mujeres, sobre todo por mujeres con “menor status de ciudadanía”: mujeres negras, mujeres indígenas, mujeres campesinas que migran a las grandes ciudades, mujeres pobres, mujeres casadas y mujeres provenientes de países “subdesarrolla- dos.”
Situar el cuidado a cargo de mujeres en posiciones subordinadas está ligado a su representación simbólica, social y política en la base de la “pirámide social”, admi- tiendo que vivimos en sociedades con marcadas nociones jerárquicas en las que el imaginario de éxito siempre está en la cima y la cima no es precisamente el cuidado en la vida cotidiana.
En realidad, cuidamos porque en ausencia de cuidados emerge el malestar y nos encontramos con mayor prontitud con la muerte. Todo ser humano, hombre o mujer puede aprender a llevar a cabo estas labores, porque son el resultado de procesos de aprendizaje, de construcciones culturales y no de un ímpetu biológico. Hoy les invito a cuestionar la pirámide social, porque en realidad tiene más lógica que el cuidado y preservación de la vida esté en la cima. ¿No creen?
Es necesario que este cuestionamiento trascienda las fronteras, porque el cuidado es protagonista global, porque al igual que el cacao, los plátanos y el café, es un bien de exportación. Una exportación que se liga al movimiento de personas en el marco de la globalización, que desde un acercamiento económico reducido no es más que el
flujo de capital humano… capital que, en esta lógica, no hace referencia a personas, sino a recursos, equivalentes y paradójicamente mucho menos importantes para la
economía que el petróleo, los minerales y el dinero.
Aunque la globalización suele presentarse como avance del ordenamiento económico y, sobre todo, como un proceso para mejorar las condiciones de vida humana, no es claro hacia dónde avanzamos, porque las estructuras siguen inamovibles, sigue existiendo una economía visible (actualmente compuesta por lo monetarizado) y otra no visible (caracterizada por el cuidado de otros/as) que van en direcciones y ritmos distintos, e incluso, opuestos. El cambio significativo que ha implicado el proceso de globalización en las dinámicas del cuidado es que las ha hecho parte invisible de las economías transnacionales y, a su vez, de un circuito transnacional alternativo, pilar (no reconocido y menospreciado) de las economías locales, nacionales y globales.
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¿y en el día a día?
El trabajo que hemos realizado con mujeres migrantes se ha dado a través del cuestiona- miento de la cotidianidad que vivimos en el ordenamiento existente. Ha comenzado por incidir en la política pública para que reconozca los aportes realizados por las mujeres que viajan fuera del país, las necesidades de cuidado de sus familias y de ellas mismas, pero más importante que esto, hemos decidido dedicar tiempo a pensar formas en las que la migración sea una decisión autónoma en un sentido amplio, permitiendo que las mujeres no sólo viajen a otro lugar, sino que modifiquen sus propias valoraciones sobre: el éxito, lo valioso y lo importante.
Este trabajo-aprendizaje con mujeres migrantes y desplazadas nos ha demostrado que las mujeres transitamos llevando a cuestas la obligación de cuidar de otros/as y esto pesa demasiado; sumado a que no tenemos tiempo para cuidar de nosotras mismas, para detenernos a pensar: ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué tantos otros y algunas otras no lo hacen? Esto nos ha llevado a reflexionar y a reconocer que las ideas y las acciones pue- den contribuir a mejorar las condiciones de vida en el corto plazo, pero que es necesario tener una visión, aunque sea un poco soñadora, en el largo plazo.
Para cambiar nuestras formas de pensar y de hacer es importante no olvidar que:
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La migración no es un problema, el transitar es una acción cotidiana que no puede ser penalizada. El problema es el doble discurso que se tiene frente a la globalización: globalización de la inversión, sí; globalización de los mercados, sí; globalización de los miedos, sí; globalización del tránsito y del movimiento de las personas, depende, es que hay personas que son buenas que pueden migrar, pero es que hay otras muy peligrosas y con ellos/as las sociedades no podemos arriesgarnos.•
La movilidad de cuidadoras ha construido una dinámica de reorganización de las so- ciedades receptoras, donde los espacios de “independencia” de muchas mujeres –y casi todos los hombres- están sostenidos en el trabajo de mujeres inmigrantes que asumen las labores “no visibles,” “no valoradas”. ¿Esa independencia masculinizadaes la que queremos?
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Los fenómenos feminizados no son problemas de mujeres, son la evidencia de que el mundo tiene problemas colectivos irresueltos, que requiere trascender los binomios que lo atraviesan.•
Cuidar de otros/as no es más importante que cuidar de nosotras mismas. Cuidar debe ser una labor prioritaria, cotidiana y colectiva… Cuidemos, no cuides en solitario.Puede que no sea sólo necesario insertarnos, sino cambiar lo que se entiende como valioso en el mundo porque, desde la sociedad civil o desde la academia, deberían oírse más voces que digan:
Transita... Cuida... Pero no olvides preguntar: ¿Por qué lo económico es vital y lo vital no es importante?