“Antes, la gran diversión era leer. Íbamos al cine una vez por semana, no existía aún la televisión, por lo que la lectura era un gran medio de evasión, de aventuras. Ahora, sin embargo, hay una competencia maravillosa. Por ello debemos diri- gir de otra manera el gusto por la lectura, y explicar la importancia de leer. No es una cuestión de estética, necesitamos esta área para estruc- turar nuestra personalidad y articular nuestra convivencia. El progreso de una nación, el nivel de vida e incluso la convivencia están determinadas por la lectura”.
Son palabras que dan que pensar y plantean todo un programa de acción a favor de los libros para convencer, o mejor seducir, a las personas para que lean. Y en el hogar la promoción de la lectura tiene un nombre claro y sencillo: la biblioteca familiar.
Pero ¿qué es una biblioteca? puede ser un magnífico edificio dedica- do exclusivamente a tener y cuidar libros, ofreciéndolos al público; un
gran ámbito especializado de un centro docente o de una institución pública; un salón magníficamente acondicionado en un palacio; una biblioteca ambulante, como le pa- saba a Quevedo que además de es- critor era un insaciable lector. Él acostumbraba a viajar acompañado por su arquilla de libros selectos y nos dejó en uno de sus retratos autobiográficos la imagen perfecta del lector:
“Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos". Pero también una biblioteca es, simplemente, una estantería cuida- dosamente ordenada en un hogar. E incluso, un sencillo estante, que albergue los primeros libros que una “personita”, todavía en plena infan- cia, tiene y mira con su ilusión lecto- ra. Y así llegamos al concepto de biblioteca familiar, entendida como el conjunto de los libros de una familia. Los libros que son de todas y cada una de las personas que allí viven. Realmente lo más importante en una de estas bibliotecas no es la canti- dad de libros que reúna, sino el amor con que se adquirieron, el primor con que se cuidan, la atención con que se leen y a veces se releen... En este tipo de biblioteca los libros se consideran amigos y hasta miem- bros de la familia. Hay algunos volúmenes que pasan de generación en generación y llevan en su primera página los nombres de abuelos, padres, hijos...
En una biblioteca familiar no deben faltar algunos libros básicos y muy útiles junto a libros que “gusten”, que proporcionen a sus lectores horas de esparcimiento y bienestar. Libros que enseñen como un texto de Historia y libros que diviertan como una novela de aventuras; libros que ayuden como un manual
de bricolaje y libros que tan sólo ofrezcan el placer de leerlos como una colección de poesías. Veámoslo con algún detalle:
Los Diccionarios, o una buena Enciclopedia o Diccionario Enci- clopédico representan la tranquili- dad de poder consultar cualquier duda o solventar una necesidad de información. A veces consultar una de estas obras va a ser más rápido y ajustado que perderse en la navegación por un espacio tan complejo como el de Internet, en el que no todo el mundo sabe mo- verse y que puede llegar a resultar más caro en tiempo y en dinero para lograr la misma eficacia en los datos.
De gran utilidad son las obras de consulta de los temas y aficiones que predominen en la casa como por ejemplo cocina, jardinería, via- jes... nada más divertido que una tarde de día de fiesta siguiendo las instrucciones del libro de cocina para preparar un exquisito plato. O tener una mini-huerta en los tiestos de la terraza tal como indica el Manual de Jardinería.
Hay toda una enorme variedad de obras que responden al tópico de literatura de ficción. Las novelas re- presentan casi siempre la mayor cantidad de obras de una biblioteca familiar, y junto a ellas los cuentos y demás libros infantiles.
Por último, otros conjuntos de libros que pueden figurar en la bi- blioteca familiar son los de Poesía tan sugestivos y conmovedores de la emoción; los de Arte, tan intere- santes e instructivos que nos pue- den pasear por los museos del mun- do y hacernos disfrutar de tanta belleza; los de Divulgación que abren las puertas de muchos campos a los que podríamos acceder de otra forma...
La idea rectora de una biblioteca familiar podría estar contenida en esta bella frase de Rubén Darío: “El libro es fuerza, es valor, es alimento, es antorcha del pensamiento y ma- nantial de amor”. Frente a esta idea hay quien argumenta que formar una biblioteca es un lujo porque los libros son caros pero eso no es exacta- mente así. Es cierto que hay algunos volúmenes presentados en ediciones muy cuidadas con materiales de alto coste, y que hay otros que, por su temática, resultan también cos- tosos, pero en general, los libros no son de los artículos más caros en esta sociedad consumista. Una gran ventaja, hablando de con- sumismo, es que los libros no se agotan en la lectura porque pueden ser leídos por muchas personas o releídos cuantas veces se desee. Son un patrimonio riquísimo que se heredará con gran amor y... no paga impuestos. Por el contrario, sólo hay beneficios y el mayor de ellos es que, además de lo que la biblioteca familiar aporta en el presente va a sembrar una pervivencia del estilo cultural para el futuro. Un tiempo en que nuevas bibliotecas familiares, nacidas de esta primera, recogerán la antorcha del amor a los libros.
EN LA BIBLIOTECA FAMILIAR NO DEBEN FALTAR:
Diccionarios. Enciclopedia (o Diccionario Enciclopédico). Obras de consulta de los temas y aficiones que predominen en la casa.
Novelas.
Cuentos y otros libros infantiles. Poesía.
Divulgación. Libros de Arte.