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podrían denominarse selectivos o “motivados” (que eligen lo que desean oír).

Esta distinción puede deberse a las apetencias que cada cual profese hacia al medio, pero muchas veces se relaciona con lo que se está haciendo mientras la radio predica. En efecto, es muy habitual que escuchemos la radio de forma dis- traída al tiempo que conducimos, nos aseamos o “arreglamos” en el baño, cocinamos, limpiamos la casa, buceamos por Internet…, activi- dades que atraen nuestra atención mucho más que lo que nos estén diciendo a través de las ondas.

¿Qué prima entonces, la radio de tiempos o de contenidos? Algo in- teresante sobre lo que reflexionar en esa distinción entre los oyentes circunstanciales y selectivos es que los segundos, los que eligen escu- char la radio, también están con- dicionados por sus respectivos hábitos laborales y socioculturales. Pero lo más importante es que am- bos grupos coinciden en dar valor a la radio y reconocen con sus acti- tudes que, como quiera que sea, merece la pena oírla.

Por un lado nos encontramos con aquellos que siguen unos conte- nidos independientemente de la oportunidad del horario de trans- misión; por ejemplo, la devoción con que se siguen algunos late nights o los programas deportivos de la noche, ciertos magazines, el informativo preferido, etc. Junto a estos oyentes tenemos los que escuchan la radio co- mo acompañamiento, cuando les viene bien, sin que haya una selección muy estricta de los contenidos (pasa con muchos magazines de mañana e incluso tarde). Estos también pueden elegir, y así lo hacen, los más apetecibles entre los programas que se emiten en esa misma franja horaria.

Pensemos en el consumo radiofóni- co de un hombre y una mujer de la misma familia. No parece ocasional que en algunos países haya progra- mas deportivos por la noche, que se escuchan ya en la cama o justo antes de acostarse, quizás la única hora (además del tiempo en que se dirige al trabajo) en que la “tradición masculina” establece que el hombre se encuentre solo o se aísle. Un rato que por cierto coincide, en parte, con el del encuentro con la familia en el seno del hogar. Por eso es muy ilustrativo preguntarse en cuántos

LA RADIO

Y LOS TIEMPOS DE LOS OYENTES OYENTES SELECTIVOS

O “MOTIVADOS: Eligen el programa o espacio

que desean oír.

OYENTES OCASIONALES O CIRCUNSTANCIALES: Aprovechan para oír la radio en el tiempo en que les es posible hacerlo.

casos cada miembro de la familia tiene que elegir entre compartir... o ponerse a escuchar la radio; y hasta qué punto estos programas están pensados para ser oídos de forma conjunta.

La mañana es otro momento en que ocurre eso mismo. A eso de las 9 el magazine cambia la estructura netamente informativa con que empezó a las 6 o las 7. Es, más o menos, la hora en que se supone que algunas mujeres se quedan solas en casa y realizan las tareas domésticas. Ahora la relación se estrecha bastante. Unos y otras están tan sintonizados en el tiempo real y en el espacio comunicativo (nutrido de pensamientos, sensa- ciones, apetencias, inquietudes, opi- niones, etc.) que parece poco menos que absurdo que una mujer que esté en su casa por la mañana elija otra cosa para distraerse que el magazine de la mañana. Como tan raro es que un hombre esté en la misma circunstancia que la mujer (en casa, limpiando, ocu- pándose de los hijos, cocinando) y además escuche estos magazines matutinos. Porque esta última activi- dad es tan definitoria de un rol social (ama de casa) o más, que muchas actividades domésticas. Entonces no cabe hablar de oyentes interesa- dos o circunstanciales, sino más o menos propensos a escucharla como parte de su rol social, porque es lo que corresponde a ese mo- mento en esa situación. No pode- mos olvidar que el tiempo social está muy marcado por los hábitos y convenciones estereotipadas de cada sociedad.

Otro elemento importante en relación con el tiempo de los oyentes es el directo: una de las principales bazas comunicativas de este medio. El tiempo de la radio se consume junto al nuestro. Aunque esto tam-

bién sucede en televisión, aquí se tiene una mayor sensación de com- partir una misma secuencia tempo- ral, de mantener un diálogo con el hablante; un diálogo distinto cada vez. Esa interacción entre locutor y oyente se manifiesta con claridad en las llamadas de estos últimos a las emisoras. Nos referimos a las que se seleccionan y salen al aire, las denominadas “phone-ins”.

La gente llama, ahora más con los móviles, y siente que se comunica con otros al instante, percibe que se encuentra con la sociedad en pleno, o al menos con su grupo, en esas breves pero intensas intervenciones que tienen en sus programas. La selección de quién sale, cuándo y cuánto lo hace es muy indicativa sobre las intenciones de los que manejan las riendas de cada emi- sora de radio. Muchos programas tienen en esas llamadas una fuente de ingresos, pero sobre todo son un signo de popularidad ante el resto de los oyentes. Por eso hay concursos asociados con las llamadas, pre- mios, números gratuitos, y por eso se tiene una atención especial hacia esos comunicantes desconocidos que representan al grupo.

Del seguimiento de las llamadas a los distintos programas puede ha- cerse un “mapa” del tipo de oyente que tiene cada programa, de la for- ma en que lo sigue y, más sutil- mente, de la consideración de la ra- dio sobre esos que son sus oyentes. A las tertulias llaman fundamental- mente hombres, a los espacios deportivos también. De noche em-

“La radio se relaciona con