Extremadura en sus avatares históricos sufre una situación muy similar a la Mancha, se trata de una zona de excesiva superficie donde hay pocos pobladores y escasos centros humanos. Esta realidad históri- ca conlleva la definición de grandes términos iniciales cuya característi- ca principal, es su indeterminación espacial, que conllevará con el paso del tiempo importantes problemas de términos entre los señoríos que se asientan en su seno.
La configuración geográfica y geológica del territorio extreme- ño, condicionó el desarrollo de la ganadería extensiva, que contribuyó de forma muy especial a las arbitrariedades en las delimitaciones de términos.
Extremadura es cómo un "circo glaciar" rodeado de montañas. Al norte se encuentra cerrada por el sistema central y al sur los Montes de Toledo y Sierra Morena, la acotan; el acceso por tanto de los pobla- dores debe producirse necesariamente por los valles del Tajo y el Gua- diana233.
Esta falta de concreción administrativa, se tradujo en una amal- gama de jurisdicciones, tanto eclesiásticas como señoriales, donde el realengo intentó ocupar un espacio, no sin dificultades. Situación cla- ramente heredada de la complejidad de etapas anteriores, tanto de épo- ca hispanomusulmana como de los primeros intentos de ocupación cristianos, previos a la presencia de los santiaguistas en la zona234.
La presencia de la Orden de Santiago en Extremadura se re- monta a su nacimiento como Orden Militar, ya que es Cáceres la prime- ra sede de esta Orden235. Sus posesiones originarias se remontan a los
años iniciales de la Orden entre 1170 y la batalla de Alarcos 1195, cons- tatándose posesiones en Mérida, Medellin, Trujillo y Montánchez entre las más significativas.
233
Sobre la definición geográfica e histórica de Extremadura, vid. J.L. Martín Martín y Mª Dolores García Oliva, Historia de Extremadura, los tiempos medievales, tomo II, Badajoz, 1985. Especialmente págs. 277-282.
234 Resultan en este sentido interesantes los trabajos de Pachecho Paniagua, J.A., Extremadura
en los geógrafos árabes, Badajoz, 1991 y Clemente Ramos, J. y Montaña Conchiña, de la,
J.L., “La Extremadura cristiana (1142-1230). Ocupación del espacio y transformaciones so- cioeconómicos”, Historia, Instituciones y Documentos nº 21 (1994), págs. 83-124 y Montaña Conchiña, de la, J.L., “La Extremadura cristiana (1142-1230): el poblamiento”, Norba, nº 11- 12 (1991-1992), págs. 199-200.
235
Sobre los orígenes de la Orden de Santiago es de obligada consulta la obra ya clásica de J.L. Martín "Orígenes" vid. págs.11 a 19. Para su origen cacereño vid. p. 17. En este sentido son interesantes los docs. 43 págs. 215-216 y 44 págs. 216-217 de este mismo trabajo donde Pedro Fernández se titula maestre de los caballeros de Cáceres.
Reflejo de esta temprana presencia santiaguista en Extremadura son tres documentos fechados en 1171. En el primero Fernando II da al maestre de Santiago, Pedro Fernández, diversas heredades en Badajoz, concretamente el Valle de Albuera, con Luchena, Cantillana236, el casti-
llo de Montemayor con el río Caia como vierten sus aguas al Guadia- na237, esta donación es en agradecimiento por la participación de la Or-
den en la toma de esta ciudad. En los otros dos documentos, se donan respectivamente el castillo de Alcónchel y el de Monfragüe238.
Estas primeras donaciones y posesiones en tierras extremeñas se verán seriamente alteradas por incursiones musulmanas y nuevos ata- ques cristianos que culminaron en la batalla de Alarcos en 1195 donde los cristianos sufrieron una gran derrota militar que supuso la pérdida de importantes territorios sobre todo en Extremadura239. A esta situa-
ción debemos unir que entre 1199 y 1202 se producen una serie de ca- tástrofes naturales como el desbordamiento del Tajo y el Guadalquivir, además de un seismo en 1202, que llevan a una situación de hambre en Castilla en 1207240 que evidentemente no permite la realización de cam-
pañas que pudieran ayudar a la recuperación de propiedades.
Estos condicionantes de tipo físico se complementan con otros de tipo político; con la ascensión al trono de Fernando III se manifiestan graves conflictos internos dentro de la Orden. En 1213 había sido elegi- do maestre García González de Candamio que no es aceptado en León donde se elige a Martín Barragan. Estos problemas perduran hasta 1222 cuando se celebra un capítulo en S. Marcos donde se restituye en el maestrazgo a don García González241. Pronto surgen otros. En 1224 co-
mienzan los conflictos entre caballeros y maestre y prior y clérigos de Uclés. Este conflicto se extendió hasta 1264242.
236
En el documento J.L. Martín y el Bullarium pág. 6 transcriben Cantinnanam es decir Can- tiñana sin embargo E. Rodriguez Amaya, en su trabajo "La Orden de Santiago en Tierras de Badajoz. Su política social y agraria" R.E.E., II (1946), págs. 251-276, concretamente en pág. 271 identifica este lugar como Cantillana, muy próxima a Badajoz, lugar que no hemos loca- lizado.
237 Este lugar se encuentra al oeste de Badajoz y en la actualidad pertenecen a Portugal se trata
del lugar denominado Campomayor y del río Caia vid. Mapa Provincial 1:200.000.
238
Vid. J.L. Martín, Orígenes, nº 50 págs. 223-224 y nº 51, págs. 224-225, respectivamente. En su lugar analizaremos la evolución de estas posesiones santiaguistas.
239
En 1196 los almohades tomaron Montánchez, Santa Cruz, Trujillo y Plasencia haciendo una razzia por la cuenca del Tajo que le llevó a Toledo. Vid. Lomax, La Orden, pág. 10.
240
Nos describe este panorama Manuel Terrón Albarran, en el trabajo colectivo que el dirige
Historia de la Baja Extremadura, Badajoz, 1986, vid. vol. I. pág. 440.
241
Vid. RADES, Chronica de las Tres Ordenes, fol. 26r-v.
242
Un cambio radical de esta situación se produce a raíz de la gran victoria cristiana en las Navas de Tolosa en 1212, que implicará un avance hacia la consecución de la reincorporación a la Orden de im- portantes núcleos en Extremadura entre 1230 (donación de Montán- chez) y 1248 (donación de Montemolín) la Orden de Santiago consigue y consolida un importante red de encomiendas en lo que hoy conoce- mos por Extremadura.
Las posesiones santiaguistas ocuparon una amplio territorio que iban desde sus posesiones más al norte en Atalaya hasta sus posesiones más al sur concretamente los límites de la encomienda de Montemolín que lleva los límites de la Orden en este área, hasta la actual provincia de Huelva: Cumbres Mayores y el río Cala y en Sevilla, Cazalla de la Sierra y el río Benalija243.
Las santiaguistas ocuparon la parte central de Badajoz y Cáceres quedando al este de las posesiones santiguistas las posesiones de la Or- den del Temple, El concejo de Badajoz, y el señorío de Alburqueque244,
al sur el concejo de Sevilla, al norte los concejos de realengo de Cáceres, Plasencia y más al oeste Trujillo y por último al este la Orden de Al- cántara con la cual se establecen límites en 1240 y 1246245.
El núcleo de las encomiendas extremeñas de la Orden de San- tiago está constituido por cuatro centros que por su significación dentro del contexto general interno de la Orden y por su posición dentro del señorío de los santiaguistas en Extremadura tienen un potencial muy significativo. Estas encomiendas son Mérida, Montánchez, Montemolín
243
A.H.N., Uclés, carp. 213, nº1, 1248 Abril 20 Sitio de Sevilla y nº 2 que es una copia sin testificar del mismo documento. Es evidente que Julio González, equivoca la data del docu- mento que recoge los límites de Montemolin, ya que, él lo fecha sin ningún motivo aparente que lo justifique el día 28. En el que fecha el día 20 donde se incluyen la Alquería de Niebla y Moguer y no la de Besnaget que es la que cita el documento original, Julio González sigue la confirmación de Alfonso X y no el documento original.
244
Se convierte en señorío independiente a partir de su conquista en 1218 por Alfonso Téllez de Meneses, vid. Historia de la Baja Extremadura, ob. cit. p. 443.
245
En 1240, Abril, 15 "Posadas de Abenfut" se establecen los límites entre Reina y Bequeren- cia y entre Hornachos y Magacela lo cual supone el establecimiento de los limites entre las posesiones de Alcántara y Santiago en Extremadura. Pub. Torres y Tapia, Crónica de la Orden de Alcántara, tomo I, pág. 297, en 1246, Abril, 11, se establecen los límites de la Encomienda de Reina que corroboran los mojones anteriores. Pub. Apuntamiento, fol. 9v-10r. Para D. Ma- nuel Terrón Albarran, gran conocer de su Extremadura natal, el cauce del Guadalmez es la re- ferencia obligada para establecer los límites entre la Orden de Santiago y la de Alcántara. El Guadalmez nace en los repliegues serranos entre Campillo de Llerena y Valencia de la Torre en la Laguna de Negre de la dehesa del Bercial, discurre por diferentes puntos geográficos de la ruta de Córdoba hasta alcanzar la Cuenca del Zújar al nordeste de Azuaga.Vid. Historia de
y Reina. Montánchez representa el límite norte de la Orden en Extre- madura, el término de Mérida ocupa toda la parte central de Badajoz y es el límite con numerosos señoríos de la época, Reina y su término marcan el límite oriental y Montemolin nos sitúa el borde sur de la pre- sencia santiaguista en Extremadura penetrando ya en Andalucía.
Las encomiendas de la Orden de Santiago en Extremadura, es- tán estrechamente vinculadas a las rutas de comunicación entre Extre- madura y Andalucía y muy especialmente relacionas con una vía básica en el pasado y en el presente, la Ruta de la plata. Un grupo de fortalezas santiaguistas jalonan esta vía, a levante Reina, Montemolín, Hornachos y Alange; y en poniente Villalba de los Barros, Fuente del Maestre, Feria y Zafra. El control de esta vía en su tramo extremeño era absoluto. Esta importante red tiene su origen en una amplisima red viaria romana que a lo largo del tiempo fue utilizada por las comunidades hispanomu- sulmanas y por supuesto por las medievales, esta red cuyo auténticos nudos de comunicación son Mérida, Trujillo y Metellium (punto entre Mérida y Medellin, que se identifica normalmente con este último), se extendió de norte a sur y de oeste a este, con vías como la ruta de la Plata o las que unía Mérida con Zaragoza, que recorrieron todo los te- rritorios que luego ocupó la Orden, suponiendo como tendremos oca- sión de comprobar una red que justificó, incluso la presencia de los santiaguistas en algunas zonas246
Es más, sus términos engloban diferentes lugares que andando el tiempo darán lugar a la generación de numerosas encomiendas que tuvieron su desarrollo en la Baja Edad Media247. Los niveles de pobla-
ción fueron siempre discretos, los datos más conocidos hacen referencia al siglo XV, pero pueden servir de muestra. En este momento las carac- terísticas que definen el poblamiento extremeño son: una densidad de 1,5 fuegos, un poblamiento agrupado con aldeas de 100 a 200 vecinos y un techo población de 2000 vecinos en las grandes poblaciones y una sociedad rural -entendiendo por urbano, aquel que vive en una villa- donde el 20 % vive en villas y con ciudades pequeñas 5000 habitantes248.
246
Vid. en este sentido el magnifico trabajo de J.M. Fernández Corrales, El trazado de las ví-
as romanas en Extremadura, Madrid, 1987, en especial págs. 39-91.
247
Es de obligada consulta para la valoración de estas nuevas encomiendas surgidas del des- membramiento de los grandes términos plenomedievales el trabajo de Rodríguez Blanco, La
Orden de Santiago en Extremadura (siglos XIV y XV), Badajoz, 1985.
248
Encomienda de Mérida
Los inicios de esta encomienda deben situarse en 1171, en esta fecha Pedro, arzobispo de Santiago, llega a un acuerdo con la Orden de Santiago y con su maestre Pedro Fernández por el que ambos persona- jes se entregan como compañeros y clérigos en un caso y freires en otro a las respectivas instituciones.
Este acuerdo incluye la donación de importantes bienes a la Or- den de Santiago, entre otros: la Orden recibe la cuarta parte de la ciudad de Mérida con la mitad de lo que el arzobispo tiene, por derecho real, con excepción de los bienes derivados del derecho pontificio. Se entrega el castillo para que los santiaguistas, lo defienda de los sarracenos249.
Desconocemos la suerte de esta plaza en las incursiones mu- sulmanas que siguieron a la batalla de Alarcos. Lo cierto es que en 1203 aparece como comendador de Mérida Ramiro Frela250, hecho que nos
induce a pensar que permaneció en manos cristianas de forma ininte- rrumpida.
En 1226 es elegido maestre en esta ciudad Pedro González Mengo hecho que nos induce a pensar en la celebración de un capítulo general que sin embargo no recoge Lomax251.
La importancia del término medieval de Mérida queda definida en un documento datado en el Castillo de Atalaya, 1229, Mayo, 31 por el que Alfonso IX confirma a la catedral compostelana la donación de Mérida y establece sus límites252.
Estos límites son: con Cáceres limita por las crestas de la Sierra de S. Pedro (M.T.N. 729) llegando al puerto de la Carmonita y Aljucen (M.T.N. 752) donde tiene uno de los puntos de contacto con la enco- mienda de Montánchez; sigue al oeste hasta el Puerto de Loraina (M.T.N. 751) en las proximidades de Puebla de Obando y baja hacia Al- guijuela (actual Torremayor M.T.N. 776 y 777) desde allí siguiendo el margen derecho del Guadiana llega al río Entrín Verde (M.T.N. 776 al este de Talavera la Real) para bajando el curso de este río (M.T.N. 802 y 828) llegar a la Atalaya límite sur (M.T.N. 854) desde allí sube en cuña hasta Zafra y los Santos de Maimona (M.T.N. 854) donde limita con la
249
Pub. J.L. Martín, Orígenes, págs. 213-215 nº 42.
250
vid. RADES, Chronica, fol. 21 v.
251
Vid. Rades, supra, fol. 27v-28r. y Lomax, La Orden, ob. cit. pág. 288. Algunos autores de- fienden la conquista de Mérida en 1230, vid. M. Garrido, Arquitectura, p. 15 citando diferen- tes trabajos, entre ellos el Apuntamiento, fol 5 v, donde únicamente aparece la donación de 1229 al Arzobispo de Santiago y sin más evidencia documental.
252
Pub. J.L. González, Alfonso IX, págs. 698-700 y Corraliza, "Geografía Extremeña", R.E.E., t. III, pág. 95.
encomienda de Alange, para desde allí llegar a la Atalaya de Naharro (actual Fuente del Maestre). Sus límites nororientales no son tan exten- sos por amojonar términos con el concejo de realengo de Medellin con este limita por el río Búrdalo (M.T.N. 753 y 778) y sube hasta el naci- miento del Fresneda que nace en la Angostura (que se localiza cerca del actual pueblo de Conquista del Guadiana M.T.N. 753) junto a la sierra de la Parrilla en sus tramos más septentrionales y desde allí al cierre del término al entra otra vez en contacto con la encomienda de Montánchez por Valdelasyeguas (M.T.N. 752).
Este impresionante término engloba gran cantidad de pueblos que luego serán encomiendas autónomas sobre todo a partir del siglo XV. Nos referimos a Lobón, Montijo, Almendralejo, Aceuchal, Feria, Zafra, Santos de Maimona, Puebla de Sancho Pérez, Fuente del Maestre, toda la tierra de Barros, Puebla de la Calzada, La Nava de Santiago. Los recursos de esta encomienda sin duda eran importantes, contenía diver- sos cursos de agua entre ellos el propio Guadiana, bastantes zonas de sierra donde la madera y caza sin duda eran abundantes y otros recur- sos agrarios y ganaderos que analizamos en los apartados correspon- dientes.
La presencia santiaguista en Mérida siempre estuvo vinculada a su excelente relación con la iglesia compostelana253. En 1231 un nuevo
acuerdo viene a confirmar el de 1171; en presencia de Fernando III, D. Bernardo, arzobispo de Santiago y Pedro González, maestre de Santia- go, ratifican que la Orden posee la mitad de Mérida incluido el quinto de los sarracenos. En este acuerdo se establece que este concierto es por cuatro años pasados los cuales el arzobispo puede devolver su parte al rey o bien retenerla, pero nunca perder su autoridad espiritual sobre la ciudad. En este instrumento la Orden se compromete a defender la ciu- dad recibiendo a cambio 2500 áureos anuales254.
El documento anterior es ratificado en favor de la Orden por Fernando III en el mes de mayo de este mismo año255. En 1234, este
253
Un ejemplo de esta buena sintonía es el documento fechado en 1235, Julio, 20 donde Ber- nardo, obispo de Santiago, recuerda que según los pactos establecidos con la Orden sobre la Ciudad de Mérida, ningún obispo puede establecer entredicho sobre la Orden. Pub. Bullarium, pág. 108.
254
Pub. Apuntamiento, fol. 7r-v. Este acuerdo además es ratificado por el cabildo compostela- no en 1234, Abril, 14 solicitándose la confirmación a Gregorio IX y consiguiendo esta de Inocencio IV (1245, Septiembre, 4, Lyon), Pub. Bullarium, pág. 141, nº 6.
255
1231, Mayo, 10, Burgos Pub. J. González, Fernando III, vol II, págs. 380-381, nº 330. Este documento es confirmado por Inocencio IV 1235, septiembre, 5 Lyon Pub. A. Quintana, Ino-
cencio IV, págs. 210-211, nº 184 y por Alfonso X, 1254, Abril, 6, Toledo vid. A.H.N., Uclés,
mismo rey confirma el documento de donación de Mérida a la iglesia compostelana realizado por Alfonso IX256. Estas confirmaciones pueden
ser un reflejo del afianzamiento leonés de Fernando III máxime cuando la unificación, no sin fisuras, se había llevado a cabo en 1230 y estas dos instituciones eran muy importantes para confirmar su posición en León. El proceso de articulación social y económica de la encomienda comienza ya en 1231 con el acuerdo establecido, pero es en 1235 cuando se concede fuero a la villa y a su término257. Este fuero no sigue al de
Sepúlveda y en opinión de Lomax, se trata de un fuero original de León en el sentido de que Alfonso IX había intentado unificar el sistema legal de su reino. Por ello este texto sigue a una familia que se denomina del Fuero de Cáceres, que hunde sus raíces de jurisprudencia en los de Al- fayates, Castelo Rodrigo y Castelo Melhor del que es heredero el de Co- ria y que sirvió de base al de Cáceres que Alfonso IX dio a esta villa en 1229258.
El fuero emeritense es por tanto un fuero concejil que la Orden y el Arzobispo adaptó a sus necesidades señoriales reservándose impor- tantes derechos señoriales, pero dejando margen en los juicios y en el cobro de caloñas a la utilización del Fuero de Cáceres, con una mayor autonomía concejil259.
El concejo de Mérida tuvo importantes atribuciones entre ellas la participación en las tercias diézmales y en el montazgo. No obstante los poderes feudales establecieron mecanismos para el control del con- cejo mediante un precepto que disponía que los alcaldes debían ser va- sallos y el control sobre los tribunales de apelación.
Es también un fuero fronterizo en virtud de la importancia eco- nómica y social que se le da a la realización de las cabalgadas en cuyas rentas participan todas las instancias de poder (concejo, arzobispo y la Orden). Esta hipótesis es más veraz si tenemos en cuenta la importancia del portazgo en el transporte de mercancías a tierra de moros.
La pervivencia de este señorío compartido sobre Mérida perdu- ra hasta 1254 momento en que la Orden mediante un importante
256
Pub. J. González, Fernando III, vol. III, pág. 39, nº 528.
257
Pub. Bullarium, págs. 106-107, nº4
258
vid. D.W. Lomax, La Orden, pág. 125. Este conjunto de fueros da lugar a la llamada fami- lia de los fueros de Coria, Cima-Coa, elenco foral que fue estudiado por Martínez Díez, G., “Los Fueros de la familia de Coria Cima-Coa”, en Revista Portuguesa de Historia, tomo XIII (1971), págs. 343-373.
259
acuerdo con el arzobispo, adquiere la totalidad de la ciudad260. Este do-
cumento se complementa con otro de 1255, Marzo, 11 , Nápoles, por el que el arzobispo cede sus derechos sobre Mérida a cambio de la enco- mienda de Lodio en Lugo261. El afianzamiento de la encomienda en la
zona es un hecho consumado, en el que debemos inscribir, la delimita- ción establecida con el realengo de Medellin en 1275262.
La organización económica y social de la villa necesitó de otros privilegios y concesiones que articularan su actividad: en 1300 Fernan-