Cuadernos de Historia Medieval
COMITÉ DE REDACCIÓN:
DIRECTOR: DR. VICENTE ÁNGEL ÁLVAREZ PALENZUELA VOCALES: DR. CARLOS DE AYALA MARTÍNEZ
DR. MARÍA LUISA BUENO DOMÍNGUEZ DR. BETSABÉ CAUNEDO DEL POTRO DR. YOLANDA GUERRERO NAVARRETE DR. JOSÉ VICENTE MATELLANES MERCHÁN DR. ENRIQUE RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA DR. JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ BENITO
DR. ILUMINADO SANZ SANCHO
José Vicente Matellanes Merchán
La Orden de Santiago y la
organización social de la Transierra
castellano-leonesa
(ss.XII-XIV)
INDICE
INTRODUCCIÓN ...9
LA EXTENSIÓN DEL SEÑORÍO SANTIAGUISTA EN LA SUBMESETA SUR: ENCOMIENDAS Y ÁMBITO DE DOMINIO... 17
I. ENCOMIENDAS EN LA ZONA DEL TAJO... 21
Encomienda de Oreja ... 23
Encomienda de Ocaña ... 26
Encomiendas de Villarubia y Biedma... 36
Encomienda de Estremera ... 40
Encomienda de Fuentidueña ... 47
Salinas de Belinchón ... 48
Encomienda de Salvanes ... 50
Encomienda de Santa Cruz de la Zarza ... 52
Encomienda de Dos Barrios... 55
Encomienda de Monreal... 58
Encomienda de Mora ... 59
Encomienda de Corral de Almaguer... 62
Encomienda del Campo de Criptana ... 70
II. ENCOMIENDAS EXTREMEÑAS... 73
Encomienda de Mérida... 77
Encomiendas o lugares vinculados a Mérida:... 84
Feria: ... 84
Zafra:... 85
Encomienda de Montánchez ... 86
Encomienda de Montemolín ... 94
Encomiendas y lugares asociados a Montemolín: ... 97
Fuente del Maestre: ... 97
Encomienda de Reina... 98
Encomiendas y lugares vinculados a Reina:... 101
Azuaga ... 101
Llerena ... 103
Guadalcanal ... 104
Usagre ... 105
Encomienda de Alange... 106
Encomienda de Puebla del Maestre... 108
Encomienda de Oliva ... 109
Encomienda de Hornachos ... 109
Encomienda de Puebla del Prior ... 110
Encomienda de Segura de León ... 110
Encomienda de Trujillo ... 111
Encomienda de Atalaya ... 114
III. LAS ENCOMIENDAS DEL CAMPO DE MONTIEL... 115
a) El marco espacial ... 115
b) Acuerdos de límites... 118
III.a. Las encomiendas del Campo. Su papel orgánico en la Orden. ... 124
Alhambra... 125
Montiel... 128
Villanueva de la Fuente ... 137
Almedina ... 139
Eznavexore ... 140
III.b Los conflictos ... 142
IV. ENCOMIENDAS DE SEGURA DE LA SIERRA... 145
Encomienda de Segura de la Sierra ... 148
a) Definición geográfica ... 149
b) Definición administrativa dentro de la Orden ... 158
c) Valoración repobladora y fronteriza ... 161
Encomienda de Beas ... 167
Encomienda de Yeste y Taibilla... 168
Encomienda de Socovos ... 170
Encomienda de Moratalla ... 170
EL MARCO ESPACIAL Y LA DINÁMICA DE SU TRANSFORMACIÓN 175 A.1. FUNDAMENTACIÓN TERRITORIAL DEL SEÑORÍO... 179
A.1.1. Naturaleza y definición de las unidades territoriales de referencia... 179
a) Los primeros marcos referenciales ... 180
b) Los núcleos urbanos. ... 183
c) Los marcos rurales ... 189
c.1 El castillo ... 192
c.2 Cortijos. ... 193
c.3 El término ... 195
d) Otras categorías territoriales ... 196
d.1 Las casas... 197
d.2 El quiñón... 202
d.3 El papel organizador de las unidades eclesiásticas... 204
A.1.2 El papel de los marcos y núcleos territoriales heredados de propiedades o formaciones anteriores... 206
A.1.3 “Feudalización del paisaje”: jerarquización de las categorías territoriales. . 215
A.2 ORGANIZACIÓN PRODUCTIVA... 220
A.2.1. Hacia una generalizada humanización del paisaje agrario ... 221
a) La necesidad de delimitar los nuevos territorios... 224
b) La gestión del territorio ... 225
A.2.2 Gran propiedad y pequeña explotación ... 228
A.2.3. Marcos y unidades de producción territorial... 232
a) Marcos... 232
a.1) Tierras ... 233
a.2) El castillo ... 234
a.4) La heredad ... 236 a.5) El cortijo ... 238 b) Unidades de producción. ... 240 b.1) Los prados ... 240 b.2) Los montes ... 242 b.3) El quiñón ... 244 b.4) Huertos y viñas ... 245 b.5) Las sernas ... 250 b.6) Las dehesas... 250
b.7) Algunas unidades aisladas ... 252
A.2.3.1 Unidades de producción no territorial ... 253
a) Los molinos ... 253
b) Los hornos ... 260
A.2.4. Cabaña ganadera y paisaje agrario ... 262
a) La relación ganadería-agricultura ... 268
b) La cabaña ganadera ... 271
c) La importancia de la transhumancia ganadera... 276
A.2.5. Articulación ganadería-agricultura: análisis regional comparativo... 277
A.2.6 Sectores económicos en el marco del señorío santiaguista ... 280
A.2.6.1 Explotación de los recursos naturales... 280
I. Tipos de cultivos. ... 280
a. Los cereales... 280
b. Las viñas... 286
c. Los olivos y otras plantaciones frutales... 291
d. Los huertos ... 292
II.. Técnicas y sistemas de cultivo. ... 295
III. La explotación ganadera ... 302
IV. El monte ... 303
V. Mineria y Salinas... 305
A.2.6 2. La industria en los señoríos santiaguistas ... 307
A.2.6.3. Sector terciario... 310
A. 3. LA ORGANIZACIÓN POLÍTICO-ADMINISTRATIVA... 312
A.3.1. La Encomienda, circunscripción señorial y administrativa básica... 313
A.3.2. Encomiendas Mayores y prioratos ... 322
A.3.3. Fundamentación territorial de la mesa maestral. ... 324
A. 4. MECANISMOS DE ARTICULACIÓN ESPACIAL... 326
A.4.1. Vías de comunicación. Cañadas y ramales ganaderos ... 326
a) vías... 327
b) Cañadas y ramales ganaderos ... 336
A.4.2 Centros de redistribución de bienes y productos. ... 339
a) El comercio local... 345
b) La regulación de la actividad comercial ... 347
A.4.3 Ejes de polarización mercantil ... 351
A.4.4 Hipótesis en torno a una posible racionalización del espacio señorial ... 355 EL MARCO JURISDICCIONAL Y SU DESARROLLO CRONOLÓGICO 357
B.1. ORGANIZACIÓN SOCIO-JURÍDICA DE LOS MIEMBROS DE LA ORDEN Y DE SUS
VASALLOS DEPENDIENTES... 359
B.1.1. La Orden de Santiago como exponente de “microsociedad” feudal. ... 359
B.1.2. Problemas metodológicos de clasificación: clases, estamentos, “sectores” y grupos sociales... 364
a) Estamentos, clases o grupos de status. ... 365
b) Hacia una propuesta de análisis de la sociedad feudal ... 368
B.1.2.1 Criterios funcionales de clasificación. El mundo de las justificaciones ideológicas... 375
a) Las minorías ... 375
b) El clero ... 381
c) Comerciantes, mujeres, la implicación sociológica en la clasificación social. ... 383
B.1.2.2. Criterios productivos de clasificación: el mundo de las realidades económicas. ... 386
a) La posición social a partir de los niveles de acumulación. ... 390
B.1.3.- La Ordenación social en torno al problema de la producción y de la percepción de renta. ... 396
B.2 LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL DE LOS MIEMBROS DE LA ORDEN. LOS GRUPOS DE PODER CONCEJIL EN EL SENO DE SU SEÑORÍOS. ... 402
B.2.1 La organización interna. Sus miembros y sus vínculos... 402
a) El maestre ... 404
b) Prioratos y Encomiendas mayores... 405
c) Los Trece... 407
d) El Capítulo General... 409
e) Las encomiendas ... 414
f) Los freires ... 417
B.2.1.1 Funciones internas de gestión del poder ... 420
a) El comendador del Bastimento... 420
b) El comendador de las vacas y yeguas. ... 423
c) Los visitadores ... 424
d) El comendador de la frontera ... 425
e) Los mayordomos ... 426
f) El papel de los freires clérigos ... 427
g) Comendadores y encomiendas, la célula básica de gestión. ... 429
B.2.2 Los concejos: jerarquía social y poder colectivo. ... 432
a) Las relaciones entre la Orden de Santiago y sus concejos ... 434
b) Hacia una consolidación de los concejos. ... 436
d) La intervención de la Corona ... 438
e) La consolidación de los concejos santiaguistas. ... 440
B.2.2.1. La estructura del concejo. Un modelo de clasificación social. ... 443
B. 3. LA ORGANIZACIÓN DE LOS VASALLOS DEPENDIENTES... 451
B.3.1. El concepto de vasallo: naturaleza jurídica y alcance sociológico. ... 451
a) Naturaleza jurídica ... 453
a.1 El vasallaje como mecanismo de integración social... 460
b) Alcance sociológico ... 463
B.4. DEFINICIÓN Y DINÁMICA DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN.. 471
B.4.1 De la esclavitud a la servidumbre: los nuevos vínculos vasalláticos... 471
B.4.2 Caracterización de la dependencia campesina... 475
B.4.3 Jurisdicción e inmunidad. ... 489
B.4.4 Dominio y propiedad... 508
B. 5. PERFIL EVOLUTIVO DE LA RENTA FEUDAL... 515
B.5.1. Concepto de renta feudal. El problema de su vigencia historiográfica... 515
B. 5. 2. Clasificación de la renta feudal ... 521
B.5.2.1 Explotación meramente económica del dominio ... 523
a) Explotación directa de la reserva: ... 523
b) Explotación indirecta del dominio:... 526
B.5.2.2. Explotación jurisdiccional del dominio... 529
A) Nivel típicamente señorial.- ... 530
A.1. Rentas por unidad de producción u hogar en reconocimiento de señorío... 530
A.2. Prestaciones laborales ... 535
A.3. Monopolios señoriales ... 537
A.4. Otros derechos típicamente señoriales. ... 541
B) Nivel propiamente jurisdiccional... 544
B.1. Rentas de alcance principalmente económico. ... 544
B.1.1. Impuestos procedentes de la antigua fiscalidad pública ... 544
B.1.2. Derechos comerciales y ganaderos... 547
B.1.3. Derechos militares... 551
B.1.4. Derechos sobre minorías ... 553
B.1.5. Participación en monopolios o rentas reales ... 557
B.2. Rentas o derechos con clara dimensión gubernativa... 558
B.2.1 Potestad legislativa... 559
B.2.2. Derechos judiciales ... 565
B.2.3. Derechos de control sobre cargos concejiles... 567
B.2.4. Derechos militares no redimibles. ... 569
C) Rentas de carácter eclesiástico... 573
B.5.3. Análisis regional y cronológico de la renta feudal: expresiones y transformaciones de su naturaleza... 581
CONCLUSIONES... 585
Introducción
ste trabajo se concibió desde el primer momento en el marco más amplio de sendos proyectos de investigación que llevan por título “Las Órdenes Militares en la Edad Media del Occi-dente peninsular: feudalización de la sociedad y crecimiento econó-mico (1150-1350)” y “El mapa señorial de las Ordenes Militares caste-llanoleonesas en la Plena Edad Media: ensayo de reconstrucción eco-nómica y espacial (1150-1350), ambos financiados por la DGICYT y dirigidos por el profesor Carlos de Ayala en el seno del Área de His-toria Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid.
Desde este doble enfoque nuestros objetivos han sido diver-sos, de una parte definir la implantación y consolidación del feuda-lismo en la Submeseta Sur, durante los siglos centrales de la Edad Media (1170-1350) a partir del análisis de una institución, a nuestro juicio, paradigmática de esta realidad: la Orden de Santiago. Y de otra valorar, las modificaciones espaciales y socioeconómicas que la im-plantación de este modelo comporta a partir de los antecedentes his-panomusulmanes o cristianos que previamente se articularon en un espacio físico muy concreto. Esta información nos permitirá estable-cer la extensión del señorío santiaguista y su implicación en las trans-formaciones del espacio articulado. Nuestro estudio no ha de consi-derarse por tanto, como un trabajo aislado sino dentro de una línea de investigación más amplia que pretender estudiar la totalidad de los señoríos de las Ordenes Militares, en la Submeseta Sur, valorando su contribución a la consolidación del feudalismo en esta plataforma territorial1 .
1
Fruto de esta línea de investigación, existen un buen número de trabajos que han sido firma-dos por miembros de este equipo como E. Rodríguez-Picavea, Carlos de Ayala, Carlos Bar-quero y Feliciano Novoa entre otros, que han sido recogidos en aportaciones que este grupo ha realizado sobre el estudio de las Ordenes en el contexto peninsular, Vid. “Las Órdenes Mi-litares en la Edad Media Peninsular. Historiografía 1976-1992. I Reinos de Castilla y León”, en Medievalismo, nº 2 (1992), págs. 119-169; y la segunda parte de este trabajo dedicada a la corona de Aragón, Navarra y Portugal, que incluye las últimas obras aparecidas sobre Castilla y León, en Medievalismo, nº 3 (1993), págs. 87-144. Esta línea de trabajo, ha dado como fruto la lectura de cuatro tesis doctorales. Entre las que conviene destacar a E. Rodríguez-Picavea, quien analizó la Orden de Calatrava, que fue publicada recientemente, Vid. La Formación del
feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de Calatrava en los siglos XII-XIII, Madrid, 1994. Trabajo que hoy por hoy, resulta la mejor plasmación de esta
línea de investigación que pretendemos continuar y la tesis de Carlos Barquero, sobre los se-ñoríos de la Orden de San Juan de Jerusalén que si bien supone una importante aportación al estudio de la Orden Hospitalaria, no ha profundizado en la implantación del feudalismo en la
Nuestro trabajo no pretende, en modo alguno, un análisis de la estructura orgánica de la Orden de Santiago que ha merecido im-portantes y valiosos estudios, sino la definición de una plataforma señorial que con la implantación de un modelo de relaciones sociales y económicas, el feudalismo, contribuyó a la transformación social del espacio.
Antes de profundizar en nuestro esquema de trabajo, convie-ne aclarar la elección del tema y la acotación cronológica. El marco de estudio la Submeseta Sur, se justifica desde una doble perspectiva. En primer lugar la falta de estudios sistematizados que hayan abordado el estudio del feudalismo en este espacio geográfico desde el análisis pormenorizado de su implantación y consolidación. La segunda cla-ve, es que este espacio manifiesta una unidad geográfica muy con-creta que da coherencia al desarrollo metodológico que pretendemos aplicar, porque al sur del Tajo, las estructuras feudales, llegan tras un desarrollo en el norte peninsular como una realidad acabada y per-fectamente operativa.
En cuanto al tema, la Orden de Santiago en particular y las OO.MM. en general, representa la esencia del feudalismo al aunar en una sola institución el esquema trifuncional de la sociedad feudal que sin ser un esquema operativo de análisis del modo de producción feudal suponen la cobertura ideológica y referencial de esta sociedad. Es más, las propias relaciones en el seno de la estructura santiaguista conforma una microsociedad de cuyo análisis, se pueden extraer con-clusiones que son extrapolables al conjunto de la sociedad castellano-leonesa plenomedieval, ya que sus ramificaciones productivas y so-ciales, implican a la globalidad de la estructura socioeconómica en la Submeseta Sur.
El marco cronológico se concreta en dos fechas claves, la pri-mera 1170, supone el nacimiento de la institución y por tanto su apli-cación resulta obvia, en cuanto a la segunda 1350, a parte de suponer una necesidad metodológica por incluirse en un proyecto global, re-presenta una fecha clave que supone un cambio de coyuntura con la entrada en crisis de un modelo de relaciones expansivo que empieza a enquistarse y a no responder a los nuevos retos de una sociedad
zona. En estudios recientes de este equipo se ha pretendido profundizar en los problemas es-paciales con sendos trabajos presentados al reciente Congreso sobre el VII Centenario de la
Batalla de Alarcos, publicado Cuenca 1996 con estudios como el de Carlos de Ayala, sobre
“Las Órdenes Militares y la ocupación del territorio manchego (siglos XII-XIII)”, págs. 47-104, y nuestra aportación sobre “La colonización santiaguista del Campo de Montiel”, págs. 389-414.
consolidada. A partir de 1350, todo un sistema de relaciones sociales y productivas relacionado con el avance hacia el sur que permitía la incorporación de nuevos territorios se tambalea. Unas estructuras or-gánicas muy consolidadas no permiten dar respuesta a nuevos retos, como la ascensión de los concejos como señoríos colectivos. Las gran-des epidemias merman una población que no es posible atraer con los mecanismos antiguos. Es este un momento de crisis del sistema polí-tico donde se lucha por implantar un nuevo modelo de poder más estatalizador y centralizado, que choca con los intereses de una no-bleza muy arraigada. Todo esto incide en un cambio de paradigma que justifica nuestra acotación cronológica.
De forma general es posible establecer que el período de con-solidación de la Orden en la Submeseta Sur, abarca un período am-plio que comprendería el maestrazgo de Pelay Pérez Correa (1243-1275), marco cronológico crucial para la definición de un modelo unitario de articulación, concretado en una amplia legislación foral con hitos tan significativos como los fueros de Uclés y Usagre. Los últimos años del siglo XIII, suponen la consolidación en determina-das zonas como Segura, con donaciones como Castril y Orcera, plan-teándose a partir del transcendental capítulo de 1310, un cambio de situación y una entrada en crisis del modelo y de la institución con un creciente intervencionismo de la Corona, que culminará con la elec-ción como maestre de D. Fadrique en 1350.
Por tanto podemos distinguir tres grandes momentos. El pri-mero constituye la etapa de creación y pripri-meros asentamientos, aun-que algunos se concreten en nuestras zonas, la batalla de Alarcos y sus consecuencias desarticulan estas primeras ocupaciones. En torno a los años veinte del siglo XIII, asistimos a una nueva etapa de asen-tamiento que se consolidará plenamente a partir de 1230 en Extrema-dura, Campo de Montiel y también en el Tajo. Entre esta fecha y 1275 se produce una consolidación de las estructuras santiaguistas y su asentamiento en numerosas zonas que continuará hasta finales del si-glo XIII. Los primeros años del sisi-glo XIV suponen la entrada en crisis del sistema que se consolida con la aceptación e intento de solución que aporta el capítulo de 1310, a partir del cual la documentación es-casea y los datos nos hablan de despoblación y intentos vanos de re-organización foral, fueros a Mérida y Segura en los años treinta, para desembocar como decimos en ese cambio de coyuntura que a nuestro parecer se verifica a partir de 1350.
Nuestra preocupación se ha centrado en el análisis del marco espacial ocupado por la Orden en la Submeseta Sur cuyos límites son
muy precisos, el Guadalquivir al Sur, el Jucar como auténtica barrera natural al Este, frontera que se ve reforzada por la cadena montañosa de las Sierras del Segura, por donde el límite oriental se amplia con-siderablemente penetrando en las actuales provincias de Murcia y Granada. Por occidente, la más que convencional frontera actual entre España y Portugal ha sido una referencia para nuestro trabajo aunque no una realidad en la época de estudio, por tanto nuestra referencia a Extremadura, no es sincrónica sino totalmente diacrónica y pura-mente operativa. La coherencia de este espacio es geográfica pero también metodológica, el poder y desarrollo alcanzado en esta zona por los santiaguistas no tienen igual, ni en el norte con una menor concentración de señoríos, ni en Andalucía donde la mayor iniciativa real relegó a las OO.MM. en favor de la consolidación de fuertes con-cejos. Su presencia en estas zonas fue importante pero su poder como agentes transformadores no es comparable en modo alguno.
A nivel metodológico, actualmente resulta complejo, cuando no temerario, defender la necesidad de una historia socioeconómica que profundice en el tejido vital de la sociedad medieval. El último decenio ha modificado los conceptos ideológicos de Occidente y esto ha redundado en lo que algunos han llamado el hundimiento de las teorías marxistas como marco de análisis de la historia en su conjun-to. En nuestra opinión, una serie de acontecimientos externos al mundo científico han marcado unas líneas de investigación más preocupadas por el “hombre” que por los procesos. Con ello se ha entrado en una dinámica de estudios, que siendo importantes, olvi-dan en nuestra opinión las grandes mutaciones que siempre tienen su punto de partida y llegada en cambios estructurales muy profundos, cuya raíz básicamente es de carácter socioeconómico2.
La historia de las mentalidades, la microhistoria, la nueva historia política, la ecohistoria, la zoohistoria, y otra gran cantidad de parcelaciones en la investigación han aportado grandes ideas pero creemos que todos estos enfoques siempre necesitan de una visión totalizadora que sin duda, aun hoy y pese a todo, la aporta el estudio de las estructuras socioeconómicas y donde el materialismo histórico sigue siendo operativo.
2
Para nosotros estos son los únicos sujetos de análisis que permiten una cierta objetivación de la subjetividad inherente a las ciencias sociales. Para P. Vilar, debemos huir de las verdades absolutas y reafirmar la relativización del conocimiento histórico, pero también hay que ten-der a objetivar lo subjetivo que muchas veces sólo se encuentra en las pautas económicas que llevan a la concreción del análisis de los procesos. Vid. “El método histórico”. en Althusser,
En nuestra tesis intentamos defender, la necesidad de abrir en-foques y avanzar decididamente hacia la multidisciplinariedad de la investigación. Esta no ha sido una pura pose, sino que hemos practi-cado el trabajo de campo con arqueólogos y geógrafos, hemos sido permeables a las aportaciones de la historia de las mentalidades en cuanto profundización en aspectos sociológicos, hemos practicado modestamente la historia de las mujeres y no han sido ajenas para nosotros las aportaciones de la antropología social, de la arqueología espacial e incluso los últimos avances en la cartografía digital. El aná-lisis toponímico y geográfico han sido pilares de nuestra investiga-ción y hemos dotado al espacio de un nombre propio en nuestro aná-lisis. El estudio pormenorizado de determinadas zonas, nos ha per-mitido acercarnos con prudencia a la valoración general desde la perspectiva del estudio concreto, lo que ha permitido una compresión y valoración de la microhistoria. A todo ello hemos añadido el indis-cutible valor de los documentos, no siempre por lo que dicen, sino muchas veces por lo que esconden3. Por último, el examen de las
es-tructuras orgánicas de la Orden de Santiago, nos ha acercado a la dis-cusión sobre los grupos de poder y por tanto a la historia política.
Todo ello no ha sido óbice para que planteemos la necesidad de un análisis de la historia socioeconómica tomando el materialismo histórico como una referencia analítica válida, pero no como un corsé que nos asfixiara a la hora de abrir nuestros enfoques. Es más, en tra-bajos recientes hemos planteado críticas muy severas a la ortodoxia estructuralista, situando a la ideología en un plano de igualdad, a la hora del estudio del medievo, con los aspectos socioeconómicos4.
To-do ello por que entendemos que es imposible un estudio de nuestro
3
Compartimos la reflexión de J.Mª Linares Tirado “Conocimiento y teoría en Historia. Refle-xión epistemológica”, Norba, Revista de Historia, nº 5 (1984), págs. 127-136. Este autor plantea algo que suscribimos, “la historia es ante todo una ciencia en la que debemos y pode-mos penetrar sin la esclavitud del dato. Resulta posible la conceptualización de lo que nos su-gieren los datos, que no siempre aparece de forma explícita”.
4 En un trabajo reciente hemos defendido la relación estructural vinculante entre ideología y
renta, desde la perspectiva de que algunas interpretaciones desde el materialismo histórico han infravalorado la ideología como elemento clave para entender nuestra historia medieval. Nuestra idea básica era confirmar cómo en el caso concreto de la hospitalidad es imposible establecer una separación clara entre la infraestructura económica y la superestructura ideoló-gica, debiendo hablar con más acierto de una estructura donde los valores ideológicos y so-cioeconómicos se interrelacionan dentro de la formación económico-social, fruto de la aplica-ción del modelo feudal, de tal forma que son a la vez causa y efecto. vid. J.V. Matellanes “La hospitalidad en la Orden de Santiago: un proyecto ideológico o económico (1170-1350), en
medievo, sin una compresión y una valoración justa de la ideología cristiana militante, que animó la expansión de nuestro sujeto de estu-dio y sin la cual sería incompresible nuestra historia medieval.
Nuestro trabajo se estructura en tres grandes bloques. El pri-mero se ocupa del análisis pormenorizado del mapa señorial de la Orden de Santiago en la Submeseta Sur, la definición espacial y do-cumental de las diversas encomiendas, sus aportación a la articula-ción de determinadas zonas y su peso en la estructura interna deli-mitan este apartado, subdividido en cuatro grandes marcos: Extre-madura, entendida desde la división provincial actual; El Campo de Montiel, que ocupa la zona oriental de la provincia de Ciudad Real y parte del este de Albacete; La zona organizada en torno a Segura de la Sierra, que incluye posesiones en la parte suroriental de Ciudad Real, Albacete, zona occidental de Murcia, y norte de Jaén y Granada; y lo que hemos llamado encomiendas del Tajo, que en esencia se co-rresponde con un grupo de encomiendas vinculadas a Uclés, que van dotándose de entidad propia y que abarcan posesiones en las actuales provincias de Madrid, Cuenca, Guadalajara, Toledo y C. Real. Esta parcelación es esencialmente operativa para el análisis, aunque in-tentaremos demostrar la coherencia interna de cada uno de estos es-pacios, dentro de un modelo global5.
El segundo bloque intenta profundizar en el espacio y en la dinámica de su transformación, nos ocuparemos de aprender una realidad espacial, que supone la fundamentación territorial del seño-río, a partir del estudio de las unidades espaciales de referencia, vi-llas, barrios, etc., y la transformación sobre los antecedentes espacia-les heredados de formaciones anteriores, así como la progresiva feu-dalización del espacio. Valoraremos la organización productiva en los señoríos y la organización político-administrativa implantada por la Orden, sin olvidar los mecanismos de articulación espacial, como ví-as, centros de redistribuciones, ejes de polarización mercantil. Para concluir si es posible establecer hipótesis en torno a la racionalización del espacio señorial desarrollado por la Orden de Santiago.
Este apartado se complementará con algunas aportaciones cartográficas, sobre la red comendataria en la Submeseta Sur,
5
En cierto modo la propia estructuración santiaguista, permite alguna de estas acotaciones geográficas. En la visita realizada en 1494, y conservada en el A.H.N., Códices, Libro 1067-C, se indica que ésta afecta a los partidos de la Mancha, Ribera del Tajo, Campo de Montiel y Sierra de Segura. Lo que justifica esta división. No obstante sí resulta mucho más convencio-nal nuestra acotación extremeña, que sin embargo, tiene pleno sentido en los estudios actuales sobre el Medievo.
norizada por zonas, así como algunos ejemplos sobre la extensión de encomiendas puntuales; y en la medida de lo posible la concreción de núcleos comerciales y la red de comunicaciones.
Nuestro tercer objetivo se centrará en el estudio del marco ju-risdiccional y su desarrollo cronológico; la definición de la organiza-ción social, a partir de modelos de clasificaorganiza-ción; la organizaorganiza-ción ins-titucional de los miembros de la Orden y sus mecanismos de ejercicio del poder que incluye la consolidación concejil. La exposición de los mecanismos de vinculación vasallática desde la perspectiva jurídica y sociológica de esta forma de relación, con la definición social de algu-nos grupos. Para profundizar con ello en las relaciones sociales de producción desarrolladas en los señoríos santiaguistas.
Concluyendo este apartado con el análisis pormenorizado de aquello que constituye la esencia del feudalismo la renta feudal, de-fendiendo su vigencia como concepto de estudio, clasificándola en función de un esquema desarrollado en el seno de nuestro equipo de investigación, para por último realizar un análisis regional y cronoló-gico de la misma.
Con este planteamiento creemos posible realizar una aporta-ción al conocimiento del desarrollo e implantaaporta-ción del feudalismo en la Península, nuestras conclusiones necesariamente son parciales y complementarias de los estudios que se han realizado sobre el parti-cular y de los que se puedan realizar en el futuro. Por tanto esta tesis no es terminal en su concepción sino planificadora de nuevos esfuer-zos de investigación, tanto socioeconómicos como espaciales.
Parte I
La extensión del señorío santiaguista en la Submeseta Sur:
en-comiendas y ámbito de dominio
emos eludido a la hora de plantear este capítulo la tradicional inclusión de una valoración de los cauces de adquisición del patrimonio por parte de los santiaguistas por diversos motivos. El primero por ser un trabajo realizado en nuestra memoria de licen-ciatura como fórmula que nos permitiera situarnos frente a nuestra futura tesis, ocupándonos de la globalidad de los señoríos de la Orden en la Península y concluyendo con un estudio estadístico cuya impor-tancia era meramente cuantitativa.
No nos ha parecido necesario reproducir éste por que en cierta medida los mecanismos de apropiación de las diferentes posesiones en los distintos ámbitos que analizamos ya se incluyen al describir cada uno de ellos. En segundo lugar, los diferentes estudios previos sobre la Orden de Santiago, ya han profundizado en estos aspectos y su reitera-ción no nos parecía necesaria.
En definitiva creemos haber incluido convenientemente en las páginas que siguen los mecanismos de adquisición y el ritmo de creci-miento patrimonial, que hacían innecesario su tratacreci-miento diferencial.
La encomienda, como tendremos ocasión de ver, se constituyó en la célula administrativa básica y en la circunscripción señorial por excelencia. La encomienda se haya constituida por una determinado número de propiedades que generan unas rentas. Su dimensión para nosotros tiene una traslación con un marcado carácter territorial sobre la que se superponen unas entidades orgánicas de poder centralizado, las encomiendas mayores, prioratos, mesa maestral, etc. Y sobre todo tiene un carácter finalista, es la culminación de un proceso de articula-ción, nunca el comienzo del mismo.
Las encomiendas funcionaron como auténticas tenencias feu-dales, en las que el maestre adoptaba el papel de señor feudal y los comendadores eran sus vasallos. Naturalmente esto implicaría una contraprestación de vasallaje por parte de los comendadores hacia el maestre, derivada de la naturaleza feudal de la encomienda-tenencia. En general, podemos afirmar, que la Orden de Santiago a partir de su organización desarrolló una microsociedad feudal en su seno, cuyo estudio permitirá establecer conclusiones muy útiles para el conoci-miento del feudalismo en la Submeseta Sur.
Los comendadores por tanto son los auténticos señores locales en las encomiendas santiaguistas, pero con un poder delegado por el maestre, que cede parte de su jurisdicción a los comendadores que son ante todo los gestores de unos bienes encomendados.
Cada encomienda se organiza y estructura en función de unas necesidades productivas, pero también se adaptan a las necesidades geográficas y económicas de cada lugar, óptimizando con ello la ex-plotación de los recursos. No todas las encomiendas tuvieron la misma importancia y tendremos ocasión de ver como algunas de ellas se con-virtieron en núcleos transformadores de un entorno que andando el tiempo se disgregarían en nuevas entidades más operativas. Por ello la valoración de unos territorios, que como decíamos son heterogéneos, nos obligan a un estudio diferencial según las zonas. Esta realidad de-lata esa adecuación de la estructura señorial santiaguista a los marcos que reorganizados a partir, eso sí, de un modelo homogéneo que se nutre de la jerarquización de las relaciones sociales de producción y de la privatización de la jurisdicción, se convertirán en elementos que con-forman un sistema económico feudal desarrollado en la Península en los siglos centrales de la Edad Media.
No obstante, paralelamente a esta estructura de encomiendas jerarquizadas con proyección administrativa y plasmación geográfica concreta, coexistían una serie de entidades orgánicas sin una adscrip-ción geográfica determinada y que eran las encargadas del gobierno y la infraestructura de la Orden. Naturalmente todas ellas dependían di-rectamente del maestre, por lo que también entonces podría repetirse esa especial relación feudo-vasallática en todos los niveles de estructu-ración interna.
Criterios generales para una aproximación al potencial de cada encomienda.
Por desgracia para nuestro estudio, no disponemos en nuestro arco cronológico de documentación tan valiosa como los Libros de
Visi-ta, para cuantificar la importancia de las diferentes encomiendas en el
seno del señorío santiaguista, por lo que hemos intentando, en la me-dida de lo posible, adecuarnos a unos criterios generales de valoración, partiendo de la heterogeneidad de los territorios analizados, que sin embargo nos permitan una comparación sobre la importancia de éstas a nivel local, comarcal o regional. Estos criterios se han aplicado en función de las posibilidades de la documentación. En muchos casos sólo ha sido posible datar la noticia de la incorporación de un determi-nado lugar y la existencia de un comendador en ella, ya que la inexpre-sividad de los documentos resulta paradójica en determinados lugares. 1. La existencia de un fuero es quizás uno de los elementos más im-portantes para calibrar la importancia de la Orden en un lugar. La po-testad legislativa implica una privatización de la jurisdicción en favor de los santiaguistas muy importante, que comporta la transferencia
so-bre el mismo de significativas parcelas de poder. Esta capacidad de le-gislar sobre sus vasallos, dota a la Orden de importantes mecanismos de control económico y de transformación social del espacio, que im-plica este sentido finalista de la encomienda. Normalmente la dotación foral, supone la definición del término del lugar lo que acrecienta la importancia de este criterio que nos permite situar el marco de expan-sión de la Orden en los diferentes ámbitos.
2. Participación en rentas eclesiásticas y control sobre las iglesias. Para una institución religioso-militar estas rentas son muy importantes de ahí el permanente conflicto en el control sobre las iglesias que incluso determinó la presencia de los santiaguistas en determinados territorios como por ejemplo el Campo de Montiel.
3. Concentración o dispersión del patrimonio comendatario. En el marco de una economía precapitalista cualquier propiedad, sobre todo si tiene un marcado carácter agropecuario, obtiene mayores beneficios y una más adecuada rentabilidad si sus bienes aparecen concentrados. 4. El análisis de las potencialidades productivas del medio geográfico. Este criterio en principio es puramente orientativo, pero vinculado con otras realidades puede resultar muy ilustrativo, del nivel de aprove-chamiento de cada espacio y es una de las claves para comprobar la capacidad de adaptación del esquema productivo desarrollado.
5. Situación geográfica en relación a grandes vías de comunicación, enclaves económicos, mercados urbanos, cursos fluviales esenciales. No es necesario insistir en la importancia en rentas que esta ubicación puede suponer en portazgos, montazgos, etc. Ciertamente la Orden de Santiago intentó controlar centros de comunicación y comercio impor-tantes, comprobaremos su implantación en el control del Tajo (Fuenti-dueña, Estremera) y sobre la vía de la Plata (Alange, Reina, Hornachos, etc.).
6. Existencia de ferias o mercados. Hecho que consolidará determina-dos núcleos y permitirá la transformación del espacio en función de la creación de estos centros de redistribución de los productos. Si impor-tante fue la actividad agraria y ganadera, no lo fue menos la implica-ción en los circuitos comerciales de los santiaguistas.
7. Los acuerdos de límites, la preexistencia de asentamientos anterio-res (prehistóricos, romanos y musulmanes), todos ellos datos que nos pueden informar de la extensión de los términos de las aldeas y las vi-lla. Son informaciones complementarias pero en ocasiones muy indi-cativas de una continuidad productiva y organizativa de especial rele-vancia en ámbitos como las Sierras del Segura.
8. Desarrollo y continuidad de la estructura jerárquico-administrativa de cada encomienda. La constatación de miembros de la Orden en un lugar revela su importancia. También la continuidad o fragmentación de las encomiendas en unidades más operativas resulta una constante en los señoríos. Su peso dentro de la estructura de poder de la Orden, puede condicionar el florecimiento o eclosión de un territorio. El se-guimiento de un encomienda permite comprobar en ocasiones lo co-yuntural de su conformación para una explotación puntual de recursos o su consolidación como un centro nuclearizador de un espacio con-creto.
I. Encomiendas en la zona del Tajo
En esta zona asistimos, a un interesante proceso de pobla-miento, según el cual tras una presura inicial de los territorios que en su momento constituirán determinadas encomiendas de la zona, asis-timos a un proceso de consolidación poblacional, en los primeros años del siglo XIII, en torno a la erección de iglesias. Es decir, una vez con-solidados algunos núcleos de población y cuando los mismos han pa-sado a la jurisdicción de la Orden, ésta procede a la construcción de templos, que actúan como centralizadores de estas poblaciones; proce-diendo con ello a iniciar la captación de renta a partir de los derechos eclesiásticos que podía exigir en función de las bulas papales que les otorgaban esta potestad. Este proceso se ve contestado por los dife-rentes obispados (Cuenca y Toledo) que no quieren renunciar a las im-portantes rentas que, sin duda, se concretaban en estos lugares.
Una vez culminado este proceso, la Orden procedió a la expan-sión de la red comendataria, que perfeccionará los mecanismos de ex-plotación económica de estos lugares, mediante la dotación de instru-mentos forales que articulan y fomentan la sedimentación poblacional. Sin embargo, la Orden encontró en esta zona una tradición dentro de la estructura social que, en un primer momento, supuso un freno a la im-plantación de estructuras feudalizantes. Estas tradiciones se definen básicamente en la fortaleza de muchas comunidades de aldea, muy cohesionadas, con las que la Orden tuvo que realizar acuerdos muy concretos. Quizá el ejemplo paradigmático sea la puesta en explotación del potencial hidráulico del Tajo, que comunidades aldeanas como las organizadas en Aranjuez y Torrelengua, se encargaron de iniciar, aun-que ciertamente antes de terminar el primer tercio del siglo XIII, estas familias tan enraizadas en la zona fueron objeto de un proceso de je-rarquización que las desarticuló, dando paso a la implantación de la familia nuclear, base de la estructura productiva feudal. Dentro de la
estructura social, tenemos que destacar un hecho significativo, si bien residual en el contexto general, la pervivencia de una mano de obra es-clava de origen islámico.
Una de las claves explicativas del proceso de individualización territorial de encomiendas en la zona del Tajo, está en la constatada de-cadencia interna que en torno a los años 40 del siglo XIII atenaza a la Encomienda de Uclés. La culminación de esta dinámica sería el trasla-do de la encomienda mayor a Segura, en 1246. Esta crisis, sería causa y efecto del proceso de disgregación de la gran encomienda y priorato de Uclés.
Existen distintas hipótesis que pueden explicar el proceso de dispersión comendataria. En primer lugar la propia disgregación pudo provocar la decadencia. Otra alternativa obedecería a que la presión de la población pudo incitar a consolidar unidades territoriales más pe-queñas y por tanto más controlables (control no político ni coercitivo, que sigue ejerciendo la encomienda y sobre todo el priorato de Uclés, sino puramente productivo). Por último, todo el problema interno en-tre clérigos y caballeros, unido a los conflictos con los arzobispados, aconsejarán una repartición para un mejor control. Esta dispersión afectó con posterioridad a las encomiendas constituidas a lo largo del siglo XIII, pero por una magnitud inversa, en este caso, la despoblación de muchas zonas consolidó nuevas encomiendas que inicialmente se integraban en las constituidas en torno a los años cuarenta del siglo XIII.
Una de las claves esenciales de esta zona de encomiendas en torno al Tajo es el potencial comercial de este marco, que fue especial-mente transcendente por canalizarse a través de este núcleo de polari-zación mercantil todo el comercio entre cristianos y musulmanes por un lado, y por otro, el comercio entre cristianos a uno y otro lado de esta arteria fluvial. Esta privilegiada situación dentro del comercio me-dieval conllevó pactos y discusiones para controlar los lugares de paso de las mercancías y sobre todo el cobro de los portazgos1.
A ello, debemos unir la importancia decisiva que tuvo para este grupo de encomiendas el control de importantes zonas de explotación
1
Calatravos y santiaguistas disputaron durante tiempo el control del portazgo en la zona de Alharilla y Almoguera, las noticias sobre los mismos son diversas. Cabe citar por ejemplo la realizada por Pedro Fernández y Martín Pérez de Siones sobre el portazgo que los hombres de Buitrago, Guadalajara y Talamanca debían pagar en Alharilla, Pub. J.L. Martín, Orígenes, págs. 231, nº 57. Resulta muy ilustrativo el análisis que del problema hizo en su momento D.W. Lomax, La Orden, págs. 145-146; y el más reciente y no menos interesante de E. Ro-dríguez-Picavea, La formación del feudalismo, págs. 253-254.
molinar en los ríos Tajo, Riánsares y Cigüela preferentemente, creán-dose un auténtico monopolio santiaguista sobre este tipo de explota-ciones en la zona. La ganadería fue otro activo significativo, que tuvo que competir con un elemento productivo de gran rentabilidad en la zona: la explotación sistemática de importantes recursos salineros. Las salinas de Espartinas y Belinchón son ejemplos muy ilustrativos, a los que debemos unir otros como las salinas de Carcaballana, situadas cer-ca de Villamanrique o las importantes salinas que se locer-calizan muy cerca de Biedma junto a las ruinas de la ermita del Castellar2.
Es necesario aclarar que no todas las encomiendas recogidas en este apartado, tuvieron una relación directa con el Tajo y su zona de in-fluencia. Hemos aludido a la importancia de otros cursos fluviales en la zona de análisis como el Cigüela o el Riánsares e incluso, aunque de forma más marginal el Záncara. Se estudian aquí encomiendas como Mora, Corral de Almaguer o Campo de Criptana, que poco tienen que ver con el Tajo, pero creemos que constituyen una unidad organizativa dentro del organigrama interno de la Orden de Santiago, con un estre-cha vinculación con el Priorato y la Encomienda de Uclés, al menos ini-cialmente, que permite su unificación a la hora de definir zonas de es-tudio.
Encomienda de Oreja
La futura encomienda de Oreja, tiene su epicentro en uno de los emporios defensivos más significativos sobre el Tajo. Desde época is-lámica, su posición estratégica es definida por los autores musulmanes; Yacut, se refiere a Ariliya (Oreja), como un castillo (hisn), situado entre Zorita y Toledo, ciudades de las que equidista diez parasangas. Co-menta el autor que fue tomada por los cristianos en 533/11383. Desde
1113, constituyó para los musulmanes una cuña y base de operaciones contra el Reino de Toledo y desde 1139, un enclave defensivo de pri-mer orden junto con Aceca en la defensa del Tajo4.
Inicialmente Oreja contó con un impresionante término que abarcó una parte significativa del curso medio del Tajo5. Su término se
extendió incluyendo Aranjuez y su barrio de Alpages, Colmenar de
2
Así lo demuestran el mapa de la zona M.T.N. 606 fechado en 1881, y que se conserva en la B.N.
3
Vid. Gamal 'Abd Al-Karim, "La España musulmana en la obra de Yacut", ob. cit., pág. 67.
4
vid. G. Martínez, "Estructura administrativa", ob. cit., pág. 147.
5
Su término le fue otorgado por fuero concedido por Alfonso VII, en 1139, Pub. Hortensia Larren Izquierdo, El castillo de Oreja y su encomienda, Toledo, 1984, págs. 121-124, nº 2. Este trabajo constituye una interesante monografía sobre este enclave santiaguista.
Oreja, Ontígola (que pasará luego a depender de Ocaña), Villaconejos (se cita textualmente que su límite llega donde se juntan el Tajuña y el Jarama al este de este lugar M.T.N. 605, al sur de Titulcia) y los despo-blados de Aldehuela6 y San Pedro de la Vega en Colmenar de Oreja, y
la Horcajada en Villaconejos. Por el este se extendió incorporando No-blejas y llegando a Alharilla (actual ermita de Alarilla, M.T.N. 607, al sur de Fuentidueña de Tajo). Sin embargo el poblamiento de Ocaña y la constitución de encomiendas como Salvanes7 o Fuentidueña8
mer-maron la posibilidades futuras de Oreja, que territorialmente quedó relegada a su mínima expresión.
El control de la Orden sobre el amplio espacio que inicialmente controlaba Oreja, no estuvo exento de disputas y pleitos ante el rey, protagonizados por D. Cerebruno, arzobispo toledano, que reclamaba a la Orden Alboer (Villamanrique) y Alharilla, además de un numero importante de posesiones entre el Tajuña y el Tajo, en todos los casos las sentencias reales favorecieron a los santiaguistas, aunque en último término concedieron al arzobispo una delimitación en torno a Alharilla y Belinchón9, que no resultó especialmente lesiva para sus intereses.
En Oreja al igual que en otros lugares de la zona se produjo un proceso evolutivo, en virtud del cual tras la dotación de su término, éste entró bajo la jurisdicción de algún miembro de la nobleza; andan-do el tiempo y una vez otorgaandan-do al señorío de la Orden se otorga la propiedad a un tenente en nombre de la Orden, que asienta las bases de la futura encomienda. En 1182, aparece en Oreja, un llamado pre-ceptor que adquiere una viña en la villa por diecinueve maravedíes10.
La certeza de la consolidación comendataria sobre este lugar, se pro-duce en época muy temprana; en 1184 aparece D. Galindo como co-mendador de Oreja y trece11.
La estructura social y productiva desarrollada en Oreja, pasa por la feudalización de una importante red de comunidades aldeas,
6
Es muy posible que en época medieval el lugar de Aldehuela tuviera una gran importancia en cuanto a la explotación hidráulica del Tajo, en 1883 M.T.N. 606, se conserva la Casa del Molino y del Congosto, hoy convertida en una central eléctrica.
7
En 1240, Octubre, 4, aparece Jimeno Iñiguez como comendador de Salvanes y Valdepuerco, Pub. M. Rivera, La Encomienda, págs. 377-378, nº 174.
8
Encomienda ya organizada en 1241, vid. 1241, Noviembre, 16, M. Rivera, La Encomienda, págs. 383-386, nº 181.
9
Vid. J.L. Martín, Orígenes, págs. 299-300, nº 115, 116 y 117, todos ellos fechados hacia 1180.
10
Pub. Hortensia Larren, El castillo de Oreja, págs. 131-132, nº 21.
11
Rades, Chronica, fol. 16v, en principio no compartimos la cronología propuesta por P.A. Porras, Señoríos, vol. II, pág. 681, para el control sobre la encomienda de D. Galindo.
muy articuladas, entre finales del siglo XII y los inicios del siglo XIII y donde pequeñas explotaciones como la viña, vendida anteriormente, o el majuelo que se adquiere en 1214, son un hecho que confirma esta idea12.
Observamos por tanto una estructura productiva muy reparti-da en pequeñas porciones de explotación campesina, organizareparti-das en torno a comunidades aldeas con fuertes vínculos de parentesco. Una excepción puede ser la propiedad que Dña. Leocadia vende al comen-dador de Uclés, Pedro Alvarez, en un lugar llamado la Rinconada en la aldea de Torrique, término de Oreja y sobre todo su parte de herencia en Noblejas, que incluye casas, tierras de aradas, viñas, huertos, así como sistemas de riego y zonas de pastos. Esta significativa explota-ción dispone de prados, eros (suponemos que zonas para trillar el ce-real) y lugares labrados y por labrar13.
Pero sin duda, la mayor riqueza de esta encomienda, encontra-ría su razón de ser en la explotación intensiva de la capacidad hidráuli-ca del Tajo, y de forma más concreta, la explotación de azudas y presas en Aranjuez, producción que se gestionó mediante una comunidad al-dea, al frente de la cual se situó D. Martín, Abad de Castellanos y Ore-ja14. Esta comunidad se feudalizó mediante un proceso de
jerarquiza-ción social, protagonizado por algunos miembros de una familia origi-naria del lugar de la Horcajada (dentro del límite de Oreja), que proce-de a la compra proce-de partes significativas proce-de estas aceñas sobre el Tajo15.
Pese a su debilidad, la encomienda de Oreja mantuvo unos ni-veles de población aceptables hasta época moderna, reportando a la Orden cantidades en concepto de pecho nada despreciables16.
12
1214, Septiembre, 8, M. Rivera, La Encomienda, págs. 287-288, nº 73. Es significativo a nivel orgánico la intervención de la encomienda de Uclés, adquiriendo propiedades en Oreja.
13
1227, última decena de Junio, pub. M. Rivera, La Encomienda, pág. 350, nº 140. El poten-cial ganadero en Oreja debió ser igualmente significativo, llevando a conflictos con el obispa-do de Segovia, sobre toobispa-do en la zona de Colmenar de Oreja, vid. 1267, Diciembre, 10, Pub. M. Rivera, La Encomienda, págs. 429-431, nº 221.
14 vid. 1226, Octubre, 22, Pub. M. Rivera, La Encomienda, pág. 340, nº 124. 15
vid. documento fechado en 1226, citado anteriormente y 1221, Junio, 6, Pub. M. Rivera, La
Encomienda, págs. 293-294, nº 83. Sobre los inicios de esta explotación comunitaria sobre el
Tajo, vid. (1195-1202), Pub. M. Rivera, La Encomienda, págs. 264-265, nº 48. El ascenso de estos elementos de las comunidades aldeanas que ejecutan la feudalización de sus antiguos iguales, se ve consolidado con posterioridad, un tal Domingo de la Horcajada, aparece corro-borando en nombre del prior de Uclés una venta en Torrelengua (zona de molinos sobre el Cigüela) en 1227, Enero, Uclés, vid. M. Rivera, La Encomienda, págs. 331-332, nº 113.
16
Sus aportaciones a las arcas santiaguistas, se comprueban con la cesión a los almojarifes en 1273, de los pechos de la ribera de Oreja, junto con otros, vid. D.W. Lomax, La Orden, págs.
mente esta encomienda mantuvo un papel significativo dentro de la organización interna17.
Encomienda de Ocaña
Esta encomienda santiaguista resulta muy ejemplificadora de la realidad comendataria de la Orden en el Tajo. Estamos ante un espacio que fue desarrollado y organizado en el siglo XII, donde fue especial-mente significativa la intervención real, que fue delegando su poder, en primer lugar en una nobleza que fue incapaz de articular un modelo de poblamiento, para luego pasar por el abadengo calatravo18 donde
no cuajó su concreción poblacional, y donde la finalista y decisiva in-tervención santiaguista organizó de forma definitiva el territorio desde pautas feudalizantes. Sin embargo, la superposición feudalizante ejer-cida por la Orden en Ocaña, chocó con los intereses de un campesina-do muy asentacampesina-do y organizacampesina-do, que no dudó en entablar un largo contencioso con la Orden que no culminará hasta mediados del siglo XIII19.
Los primeros intentos de organizar lo que luego será Ocaña se remontan a finales del siglo XII. En 115620, Alfonso VIII, concede fuero
a los pobladores de Ocaña; se trata de un fuero muy semejante al de Oreja, que incentiva la repoblación de la zona. Introduce sin embargo, algún matiz interesante, la desvinculación de Ocaña de todo servicio a
271-273, nº 32. En lo referente a sus niveles poblaciones resultan ilustrativos los datos apor-tados por P.A. Porras, Los Señoríos, pág. 463.
17
En 1210, aparece como comendador de Oreja y trece, Gonzalo Yañez; en 1212, Fernan Pé-rez, también detentando ambos cargos, Rades, Chronica, fol. 24r y 25r, respectivamente. En 1245 es su comendador Juan Pérez, pub. Torres Fontes, CODOM, II, pág.6 , nº VI. En 1294, su comendador Diego Núñez de Castañeda, aparece como trece, Rades, Chronica, fol. 37r. Y sus comendadores seguirán apareciendo en las diferentes elecciones maestrales a lo largo del siglo XIV, vid. P.A. Porras, Los señoríos, pág. 681.
18
Sobre la pertenencia de Ocaña la abadengo calatravo y su importancia dentro de la comarca de la Sisla vid. Enrique Rodríguez-Picavea, La formación del feudalismo, págs. 115-117 y pág. 119.
19 La consolidación de este poblamiento en Ocaña, se debe en primer lugar a su ocupación en
época islámica como atestigua Yacut, que nos presenta a Ocaña (Awqaniya) como un yabal o monte en territorio de Toledo del distrito agrícola de al-Qasin, en él existen alquerías y casti-llos (husun). vid. Gamal 'Abd-Al-Karim, "La España musulmana en la obra de Yacut",
Cua-dernos de Historia del Islam, nº 6 (monográfico), 1974; pág. 104. y también a su vinculación
inicial con el reino toledano, hasta su incorporación a la Orden, vid. Gonzalo Martínez Diez, "Estructura administrativa local en el naciente Reino de Toledo", en Actas del II Congreso
Internacional de Estudios Mozárabes, págs, 43-162, Toledo, 1988. vid. págs. 142-144.
20
Pub. J.L. Martín, en Espacios y fueros en Castilla-La Mancha (siglos XI-XV), una
Toledo y a cualquier otro lugar -conviene no olvidar que inicialmente Ocaña estaba integrado en Oreja-, y además se dispone que su media-neo se establezca en un miliario en torno a Ocaña, lo que demuestra una desarticulación aún profunda del territorio. En 1173, el castillo y la villa de Ocaña son donados a Pedro Gutiérrez y a Tello Pérez que al año si-guiente lo dona a la Orden de Calatrava21.
En 1182, los santiaguistas consiguen Ocaña mediante un acuer-do con los calatravos22, y de forma casi inmediata en 1184, otorgan
fue-ro a la villa23. Este documento muestra claramente la debilidad patente
de la Orden y la mediatización que en sus acciones ejerce la Corona. Esta debilidad santiaguista puede comprobarse en la referencia necesa-ria al fuero real de Toledo en el tema de las caloñas y en la vinculación jurídica con Oreja, en cuanto a las exenciones. La debilidad santia-guista en particular y en general de las Ordenes Militares, es patente en el acuerdo de hermandad verificado hacia 1188 por diversos lugares de la ribera del Tajo, entre los que se encuentran Uclés, Ocaña, Zorita y Almoguera24. Aunque el acuerdo salvaguarda claramente los intereses
de las Ordenes en alguno de sus postulados, lo cierto es que el acuerdo en sí limita la capacidad jurisdiccional de las mismas. Este documento básicamente se centra en establecer una zona de libre intercambio en torno a una vía clave en el comercio del finales del siglo XII y el siglo XIII, el Tajo.
Este río se convertirá en una de las claves comerciales de la Submeseta Sur en los siglos plenomedievales. Diferentes noticias apo-yan esta afirmación. En 1223, un documento de Fernando III, establece los cauces comerciales en torno al Tajo, disponiendo que toda mercan-cía que cruce esta arteria mercantil debe pasar por Toledo, Alharilla y Zorita; se estipula que esta norma solo será de aplicación para los pro-ductos de comercio y no para el abastecimiento de los distintos lugares. Descubrimos a la monarquía como poder mediador en la articulación de la actividad mercantil, en una zona de especial relevancia, donde se multiplican puentes y barcas que cruzan el río, como la establecida en
21
Pub. J.L. Martín, Orígenes, pág. 235, nº 60. En lo referente a su incorporación a Calatrava, es básica la consulta del trabajo de Rodríguez-Picavea, antes citado.
22
1182, Agosto, 8, Pub. J.L. Martín, Orígenes, pág. 332, nº 145. En este acuerdo la Orden de Santiago recupera los diezmos de Uclés a cambio de Alcubillas, situada cerca de San Esteban de Gormaz. Y Ocaña a cambio de 100 maravedíes anuales en las Salinas de Espartinas, situa-das en el actual término de Ciempozuelos (Madrid).
23
Pub. J.L. Martín, Espacio y fueros, pág. 197.
24
Ocaña. La Orden de Santiago aparece como agente de control de pasos por delegación real25.
Esta preeminencia comercial queda perfectamente definida en 1226, donde se establece claramente la zona de control comercial que comprendería desde Alharilla (actual embalse de Entrepeñas) hasta la zona que controla Ocaña (hasta Aranjuez aproximadamente), este es-pacio monopoliza el comercio con el Islam. Concretamente Alharilla centraliza todo el tráfico con los musulmanes, mientras Oreja hace lo propio con el comercio cristiano. La existencia e incentivación de una industrial textil en la zona es patente, así como la aparición de agentes vinculados en exclusividad con la actividad mercantil, como los reven-dedores.
El conflicto planteado entre Ocaña y Alharilla por el control comercial trasluce un desacuerdo interno, que hace rivalizar a las dife-rentes encomiendas por el control de determinadas rentas, provenien-tes de la incipiente actividad26. Sin duda los documentos más
relevan-tes sobre esta zona comercial, sean el establecimiento de los listados de productos que pagan portazgo en Ocaña y Alharilla27.
Su extraordinaria riqueza, nos permite un acercamiento a la vi-da cotidiana de los pobladores cristianos, siendo posible establecer su dieta, el tipo de tejidos usados en su ropa, las vajillas y utensilios do-mésticos, y también establecer una serie de profesiones directamente relacionadas con la actividad terciaria o de servicios complementaria de la actividad agropecuaria.
La existencia de este sector terciario y su importancia, es un ar-gumento válido para la definición urbana que proponemos para Oca-ña. Datos puramente anecdóticos podrían reafirmar esta idea, la co-mercialización de antorchas, pueden estar en estrecha relación con la iluminación de calles, aunque ciertamente serían indispensables en los hogares.
La mediatización de la monarquía en Ocaña y la debilidad ini-cial de los santiaguistas fortalecieron a este concejo que no dejó de promover disputas contra la Orden, que se saldaron con otros tantos
25
1223, Julio, 11, Cuellar; Pub. J. González, Fernando III, págs. 222-223, nº 183.
26
1226, Noviembre, 20; M. Rivera, La Encomienda, págs. 341-342, nº 127.
27
Diversos autores sitúan la fecha de estos documentos en un momento anterior a 1232, vid. D.W. Lomax, La Orden, págs. 277-278, nº 35 y J.L. Martín, "Portazgos de Ocaña y Alhari-lla", A.H.D.E., nº XXXII (1962), págs. 519-526; no pretendemos cuestionar esta fecha, pero ciertamente la existencia de otros documentos alusivos a la zona y tratando el mismo tema en torno a los años veinte de esta centuria, podrían situar este texto en un fecha contemporánea con ellos.
acuerdos. Un ejemplo significativo de esta situación es la verificada en dos instrumentos que muestran este poder del concejo. En el primero de ellos el concejo de Ocaña, que se encuentra perfectamente articulado con alcalde, alguacil, juez y andador, parte con la ya constituida enco-mienda de Ocaña -aparece su comendador García Pérez- el prado de Hontigola, lugar importante por su posición geográfica en la margen sur del Tajo y por tratarse de una explotación significativa que incluye varias heredades28. Por esta noticia, los pobladores de este lugar pasan
a ser vecinos de Ocaña29.
El segundo documento resulta especialmente interesante. En él, Alfonso VIII, confirma una concordia entre el concejo de Ocaña y la Orden realizada en Moratalaz30. En este convenio se confirman las
exenciones y caloñas de 1156 y su vinculación con Oreja y Toledo, res-pectivamente, y se establece una pecha comunitaria de ciento veinte maravedíes, que suponen la existencia de doscientos cuarenta unida-des fiscales en Ocaña que podrían traducirse en seiscientos habitantes para 121031.
La constitución de la encomienda supuso un fortalecimiento de la Orden frente al concejo; el comendador dispondrá de un alguacil y un juez, que recaudan por él las rentas para la obra de los freires. Re-sulta también interesante, comprobar como esta avenencia pone las ba-ses de la articulación urbana de Ocaña, que se encuentra en un mo-mento incipiente . Ocaña y su concejo se organizan en collaciones que, de forma anual, contribuirán con mandato del comendador, al gobier-no municipal, aportando jueces y alcaldes. Esta articulación en barrios tiene su origen en la construcción en Ocaña de cuatro parroquias las de
28
En el M.T.N. 605 de fecha 1880, encontramos en torno a Ontígola una gran zona de culti-vo, que posiblemente responda a ese nombre de gran prado donde se conservan molinos acei-teros. Resulta paradójico la gran cantidad de olivar en Aranjuez. Sería posible plantear que la importante concentración molinar alrededor de Aranjuez pueda responder no sólo a una acti-vidad relacionada con la molienda del cereal sino con la producción aceitera.
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1202, Noviembre, 17, Pub. J.L. González, Alfonso VIII, tomo III, nº 729, págs. 282-283.
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1210, Mayo, 16, Cuenca, Pub. M. Rivera, La Encomienda, págs. 270-271, nº 59. El acuerdo lo verifica el maestre Fernando González, aunque aparece el comendador de Ocaña, García González y un freire del lugar García de Oriz. Aparecen como alcaldes de la curia real dos personas que con el tiempo aparecen vinculadas a la orden Minaya y Pedro Vidas.
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A esta constatación se llega si aplicamos a cada unidad un coeficiente de 2,5 por fuego. Esta hipótesis es en esencia la planteada por J.L. González, Repoblación, vol. I, pág. 266, que suscribimos.
Santa Marta, San Pedro, San Juan y San Martín, que actúan como nú-cleos y aglutinantes de estas collaciones32.
Este marcado carácter urbano de Ocaña queda reflejado en al-gunas ventas, que en cierto modo describen este ámbito. En 1312, Juan Domínguez y su mujer venden al prior de Uclés, unas casas en la colla-ción de San Martín33. Esta información nos acerca al urbanismo de
Ocaña, donde aparecen estas casas, colindantes con otras y en alguno de sus límites se plantea la existencia de un patio interior al que dan diversas casas, aparte de la existencia de unas bodegas de Juan García, que están dentro de este contexto urbano34. Destacar también como
estas casas son propiedad de los vendedores y que éstos en casi todos los casos, las han recibido en herencia, son constantes las alusiones a los padres de los actuales propietarios. La Orden dispone de diferentes casas dentro de Ocaña; que aparecen de forma reiterada en los limites de aquellas que son enajenadas35.
La definición urbana de Ocaña puede estar presente en las abundantes y ricas noticias sobre su aljama de judíos y su significativa actividad como prestamistas, que podemos vincular con un ámbito ur-bano por la propia idiosincrasia de la actividad. Esta presencia se pue-de igualmente relacionar con la importancia comercial que Ocaña tiene dentro de esta zona de marcado carácter mercantil que se desarrolla en torno al Tajo, donde esta villa juega un papel centralizador, que obliga a un desarrollo urbano que acoja nuevas actividades relacionas con el comercio, como casas de cambio y préstamo, además de un desarrollo del sector servicio que veíamos con anterioridad, que sin duda, se ex-pande en un ámbito urbanizado..
Esta profusa documentación se inicia en 1296, cuando el rey Fernando IV, tiene que intervenir para solventar las manifiestas injusti-cias que la Orden ejercía sobre los judíos de Ocaña desde hacia al me-nos treinta años36. Esta comunidad fue muy significativa y la Orden
32
Parroquias donde el arzobispo y por extensión el rey dispusieron de rentas nada desdeña-bles, vid. F.J. Hernández, Las rentas del Rey, vol II, pág. 220.
33
1312, Diciembre, 21, Ocaña, A.H.N., Uclés, carp. 243, vol. I, nº 20
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Ocaña y Uclés son bastantes representativas del tipo urbano que prevaleció entre el Tajo y Sierra Morena, a diferencia de Cuenca, en estos dos lugares el marco urbano hubo que crearlo vid. Jean Gautier Dalché, Historia urbana de León y Castilla en la Edad Media (siglos
IX-XIII), Madrid, 1989, págs. 124-125. Esta creación urbana en Uclés y Ocaña fue desarrollada
por los santiaguistas.
35
1342, Febrero, 3, Ocaña, Pub. Bullarium, pág. 309.
36
1296, Octubre, 29, Paredes de Nava, Pub. A. Benavides, Fernando IV, págs. 105-106, nº LXXV.
encontró en su control una fuente de ingresos importante. En 1313, ob-tiene del Rey que pechen con la aljama de Toledo y que el maestre re-ciba su servicio cada cuatrimestre37. En 1325 se añaden los pechos de
los judíos de Uclés a los de Ocaña, autorizando el rey, que el maestre encierre a los judíos sin comida, ni agua hasta que paguen, instando al concejo a embargar todos los bienes de éstos hasta abonar el total38. A
partir de este momento se suceden una serie de textos fechados en 1327, por el que los judíos intentan establecer avenencias con el concejo de Ocaña, nombrando árbitros en los contenciosos que sobre deudas mantienen judíos y cristianos, intentando los primeros que se paguen las deudas acumuladas durante treinta años mediante el pago de inte-reses39.
Por tanto, contamos en Ocaña con una abundante comunidad judía que, en nuestra opinión, pone de manifiesto un desarrollo urba-no, organizado en torno a collaciones centralizadas en parroquias. Este ámbito urbano no supone que no se desarrolla en Ocaña un ámbito ru-ral, bien definido y con una producción agraria nada desdeñable. Un documento fechado en 1328 nos transmite esta realidad, donde apare-cen explotaciones como figuerales, diferentes pedazos de tierra y qui-ñones, que definen un ámbito de explotación agraria, que representan ese marco más ruralizado imprescindible para la consolidación de un marco urbanizado40. La documentación transmite tres ámbitos
diferenciados en Ocaña, el castillo referencia y residencia del poder, la torre -posiblemente relacionado con las zonas puestas en explotación- y la villa - referencia urbana-41.
Aludíamos anteriormente a la fortaleza del concejo de Ocaña y a su constante beligerancia frente a la Orden. Es cierto que la constitu-ción de la encomienda dio fuerza a los freires santiaguistas, pero cons-tatamos que la disputa se extendió a lo a largo del siglo XIII y continuó en el siglo XIV. A esta controversia no fue ajena como veíamos la
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1313, Agosto, 4 Ávila, A.H.N., Uclés, carp. 243, vol. I, nº 21, publica Baer, Die Juden, II, 133. Sin embargo parece que desde el 15 de agosto de 1292, el comendador de Ocaña Loren-zo Pérez, disponía de las entregas de los judíos por donación real en el asedio a Tarifa, vid. Francisco J. Hernández, Las rentas del Rey, vol. I. pág. 137
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1325, Diciembre, 6, Valladolid, A.H.N, Sellos, carp. nº 5, nº 8. El rey entrega estas rentas al maestre de Santiago García Fernández, que es su secretario, reconociendo una deuda con este.
39
Vid. Pilar León Tello, Judíos de Toledo, Madrid 1979, 2 vol., vol. II, pág. 104.
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Gran parte de estas propiedades son adquiridas por la ejecución de un embargo por el judío David Aben-Barzel, que se las vende al prior de Uclés, 1328, Julio, 15, A.H.N., Uclés, carp. 243, vol. II, nº 25.
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Estos tres ámbitos quedan definidos en documentos como el fechado en 1250, donde se alude a ellos, Pub. J. González, Fernando III, vol. III, págs. 385-387, nº 808.
na, que tuvo que zanjar el conflicto en 1250, durante el maestrazgo de Pelay Pérez Correa, concediendo Fernando III, la plena jurisdicción de la Orden sobre la villa42. En estas disputas también intervinieron los
Papas. Honorio III tuvo que actuar de forma reiterada en el pleito que mantenían el concejo y la Orden, nombrado jueces para solucionar el litigio43.
Pese a todo el conflicto, seguía latente y se sucedían las suspica-cias. En 1261, Alejandro IV, tiene que acudir en auxilio de la Orden que se encuentra en entredicho por haber ejecutado a un tonsurado, hecho que generó gran inquietud en Ocaña ante la manifestación de poder ejercida por la Orden44. Los problemas se sucedieron, llegando a otros
ámbitos. En 1344 el rey tuvo que intervenir ante una reclamación de carácter jurisdiccional, ya que una mujer doña Leonor había matado a Juan Fernández de Barbión, y ésta tras ser juzgada por los alcaldes de Ocaña, presentó alzada ante el rey. El rey estima que este tema está dentro de la jurisdicción de la Orden y esta mujer debe permanecer en su prisión y no en la del concejo, solucionando así un nuevo conflicto entre ambos grupos de poder, muy antagónicos en esta villa45.
Por tanto nos encontramos en esta Encomienda con un territo-rio de gran importancia estratégica dentro de la polarización mercantil en torno al Tajo, con una incipiente urbanización y con una organiza-ción municipal fuerte. Se hace necesario precisar el marco territorial que englobó esta encomienda. La dotación foral de 1251 permite pun-tualizar este marco46.
Este acuerdo tras la sentencia de Fernando III de 1250, nos in-forma sobre las aldeas que le son asignadas a Ocaña para la definición de su término. Estas son Villatobas y las dos Chozas (estos topónimos de localización imprecisa los situamos en M.T.N. 631, en un punto
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1250, Noviembre, 18, Sevilla, Pub. J. González, Fernando III, vol. III, págs. 385-387, nº 808. Como consecuencia inmediata de este apoyo real la Orden otorgó fuero a la villa en 1251, Diciembre, aludiéndose en el mismo a esta sentencia favorable de Fernando III. A.H.N.,
Uclés, carp. 243, vol. I, nº 15.
43 1217, Abril, 9 Letran, Pub. Bullarium, pág 65, nº 7, la Orden pide la intervención papal por
tenerles los vecinos de Ocaña usurpados ciertos bienes. El papa insiste nombrando jueces en 1218, Marzo, 22, Letran, A.H.N, Uclés, carp. 243, vol I, nº 7 y 1218, Agosto, 5, Ferintini,
A.H.N., Uclés, carp. 243, vol I, nº 8.
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1261, Febrero, 18, Letran; Bullarium, págs. 198-199.
45
1344, Agosto, 25, Tordesilla; A.H.N., Uclés, carp. 243, nº 30, Pub. parcialmente, Bullarium, págs. 308-309.
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1251, Diciembre; A.H.N., Uclés, carp. 243, vol. I, nº 15 y nº 16 en traslado para su confir-mación por Gonzalo Ruiz, en 1275, Mayo, 21, Martes, Ocaña. El primer texto es publicado con alguna discrepancia en la data por De Manuel, Memorias, págs. 528-530.