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2. La investigación desde el proceso de encuentro

2.1. Encontrando la voz desde el investigar: una narrativa propia

En este apartado se muestra cómo el investigar me permitió reconstruir y evocar parte de los recuerdos que habitan en mí sobre una parte importante de lo que viví durante el

surgimiento de Movimiento Campesino y la participación que realizó mi padre como líder de la comunidad de El Bongo. Así mismo, muestro la forma como se hace evidente la

construcción del conocimiento a partir de la relación consigo mismo y con los otros. Es el ejercicio de ver, ver-me, ver-se. Por lo tanto, el investigar la palabra, es una acción que mueve al mí, al tú, al ellos y al nosotros en esta relación existe una forma de re-existencia, porque facilita iniciar el camino de la ruptura de las cadenas del dominio, físico, intelectual y social.

Según Sisto (2008) la investigación es un proceso de producción dialógica entre dos o más personas, cada uno con sus posiciones particulares construidas o posicionados de modos diversos o experiencias de vida. Por lo tanto, el resultado del investigar surge de esa relación sucedida en el investigar. Es así que con la búsqueda investigativa me surgen una serie de recuerdos y vivencias propias de ese hecho. El investigar afecta a todo aquel que en él participa. Esto hecho me lleva a proponer mi propia narrativa.

El sentido de este hecho, la narrativa propia, es mostrar mi punto de vista de lo ocurrido en el Movimiento Campesino, la manera cómo un hijo de un campesino vivió aquello, para identificar los aprendizajes obtenidos de allí, esos elementos de conocimiento. Porque un hecho ocurrido afecta no solo a los actores que de manera directa vivieron la experiencia, sino también a aquellos que a través de otras formas de presencia, a su manera. Es así como

se muestra la forma en que un niño experimentó la situación y le permitió ir construyendo diferentes formas de pensar en el transcurrir de su vida. Estas son formas de ver y ser en la vida, una nueva forma. Esta narrativa surge de lo que viví o cómo lo percibí, siendo ese hijo de ese campesino:

Todo era miedo, zozobra, los niños debíamos estar escondidos en la casa, no podíamos ni asomarnos a la ventana, una ventana pequeña, de madera color verde, que más parecía una puerta por su diseño. Algo que causaba terror estaba ocurriendo, no sabía

que era, en el pueblo había muchas personas que llenaban las calles, como en los días de fiesta, pero no era una fiesta, las gentes corrían, hablaban comentaban, pero yo no entendía nada. Era domingo, día en que papá descansaba de su trabajo como aparcero

en una finca, ese era un domingo especial, pero especial no por ser domingo sino porque algo diferente sucedía. No entendía, pero sabía que algo ocurría, a mis seis años de edad. Solo oía que algo pasaba en el pueblo, no era día de fiesta porque no estaba estrenando ropa como era costumbre en cada fiesta, no estaba motilado, ni

bañado, pero algo ocurría.

Mamá preparaba la comida, el almuerzo, como de costumbre y estaba pendiente de que ninguno de nosotros saliera a la calle, pero este día de manera diferente a cada momento nos llamaba “libo, Denys, Mariela, donde están, cuidado cogen pa´ la calle, cuidao”; algo sucedía ante tanto cuidado. Yo jugaba con unos trozos de madera que mi

imaginación convertía en mis carros, los rodaba en la arena, le hacia una carretera de tierra y con una lata de sardinas desocupada, después de quitarle la tapa y golpearle los bordes que le quedaban con una piedra china para que no me cortaran, la convertía

en una volqueta; mamá me decía “cuidao te co´tas con esa lata po´que te da un tétano”, por eso con toda la dedicación golpeaba cada borde para que no me fuera a cortar y no me diera tétano, no sabía que era eso pero si mamá decía que me daba, me

daba. Eso hacia ese día, parecía estar inmerso en mi juego pero estaba pendiente de que algo había en el pueblo, no era un día como los demás. Como a las once de la mañana, cuando ya hervían los huesos para el sancocho, llega Elena Moreno corriendo “oh Arcenia, Oh Arcenia a Libardo se lo llevaron preso la policía porque es uno de los que organizan a la gente pa´ invadí y se lo llevaron pa Corozal en una volqueta”. Lo

detuvieron argumentando que él junto con otros líderes estaban organizando una asonada para liberar a unos presos que habían detenido por invadir la hacienda Villa Luz; lo habían detenido y se lo llevaron, si en una volqueta transportaban a papá, así como yo transportaba cada viaje de arena, así se lo llevaron yo la oí y salí corriendo a ver qué pasaba y mamá se cambió de ropa, se puso la ropa especial, la de fiesta, la de salir y se fue corriendo a ver cuál era la situación de papá, ahí me enteré que la plaza y

casi todo el pueblo estaba lleno de campesinos de todos los montes; así le decíamos a las fincas, los caseríos y cualquier sitio donde trabajaban los campesinos; quienes protestaban y exigían que soltaran a los campesinos que habían detenido también por

“invadí la tierra de los blancos”, pero también habían muchos policías, quienes se apostaron en las siete entradas de la plaza del pueblo para detener a quienes dirigían el movimiento campesino, ahí me enteré que papá había hecho algo malo porque se lo llevó la policía; así me decían a mi cuando hacía algo malo, “mira pelao´ no haces caso va veni´ el policía y te va a llevá´”, si papá no había hecho caso, se había portao´ mal y se lo llevó la policía y decía la señora Elena que se lo habían “llevao´ junto con

otro sei´ ma´, todo con esposa”. Ahí me asusté más, “pero si mamá acabó de salí corriendo como se la llevaron los policías, si ella estaba cocinando, “no se había portao´ mal” yo seguí con más miedo hasta cuando regresó mamá y dijo “tienen to el pueblo lleno de policía y no dejan entra´ a la plaza no pude sabe´ na, la gente dice que

se lo llevaron pa´ Corozá´, hágame el favo´ señora Elena cuídeme los pelaos que voy pa´ Corozá´ a ver qué hago” y mamá se fue a ver qué hacía y nos dejó con mi hermana mayor que tenía ocho años y bajo el cuidado de la vecina. Mamá iba corriendo, yo la vi

alejarse muy preocupada porque papá se había portao´ mal.

Pero papá era uno de los líderes campesino del municipio que fue formado por los programas del INCORA para promover la reforma agraria que impulsaba el gobierno,

una persona que no había recibido formación académica formal, un autodidacta, con las habilidades naturales para desempeñar ese papel, el papel de líder del movimiento

de recuperación de tierras.

Papá era un campesino que laboraba la tierra en la finca El Bongo. La dueña; la blanca, la señora Ana Carmela, la viuda Ana Carmela, así le decían; le entregaba un

hectárea de tierra en monte y él la tenía que preparar, desmontarla, sembrar su cosecha, yuca, maíz, ñame carauta, ajonjolí y tabaco y sembrarle pasto para que el ganado de la blanca tuviera donde comer. Eran terrenos donde había mucho monte, arboles inmensos, los veía muy pero muy altos y papá los derriba solo o con otros campesinos a quien él les había ganado un día o intercambiado un día de trabajo. Recuerdo un día me fui para el monte con papá, para lo que cogimos una camioneta en

la carretera, nos bajamos en El Bongo y caminamos como cuarenta minutos por una camino que hacían las vacas, llegamos donde papá trabajaba y todo era monte, monte

muy alto, a mí me daba mucho miedo ese monte tan alto, a penas llegamos todos los compañeros de papá afilaron los machetes y comenzaron a derribar el monte, como a

las ocho desayunamos; la comida la preparaban en un fogón de leña que hacían con dos horquetas, una a cada lado y encima un palo donde colgaban la olla de aluminio por el gancho, todo bajo un árbol frondoso, habían muchos mosquitos y mucho barro

porque era época de lluvia; como a las diez de la mañana todos trabajaban y yo vigilaba el fogón para que no se apagara, ese fue mi primer trabajo, a la edad de seis años; yo los oía gritar a todos, gritaban para saber por dónde iba cada uno, así hacian

líneas rectas que parecían que las hubieran hecho una máquina, pero todo era a través de ubicarse el uno con el otro a través de gritos o guapirreo “hueija” y contaban cuentos y chistes, todo “gritao´”; cuando estaban cansados paraban, tomaban agua y

cuacaban el machete, sacar el filo de la herramienta con otro machete quitándole las arrugas que les producía el derribar un árbol muy duro.

Si y como a las diez de la mañana se vino “un aguacero fue´te” que apagó el fogón, mojó la ropa limpia que teníamos para regresar y a todos nosotros, papá me tapó con

un fique, pedazo de costal abierto, para que no me mojara, me abrazaba para calentarme y protegerme de la inclemencia de la lluvia, porque no había otra forma de protegernos, no había casa, ni rancho porque solo podían trabajar un año en esa tierra

y no tenían permiso para construir vivienda. El aguacero apagó el fogón y fue necesario que papá buscara, monte adentro, leña seca, cosa que era bien difícil después

de semejante lluvia, al fin regresó con la leña a la cual le sacó varias astillas para prender la hoguera, lo que fue demorado, pero al final la prendió y todos mojados

Ser descendiente de uno de los líderes campesino del movimiento de recuperación de tierras siempre me ha generado mucha inquietud, las vivencias personales, como niño, como adolescente y como adulto, en torno a las labores como campesino, la búsqueda del

entendimiento del qué de muchas de las situaciones ocurridas en esa historia; son las

condiciones que me han llevado a la realización de la presente investigación. El ser parte de estos hechos y el sentir en mí mucho que escuchar, mucho que narrar, mucho que aprender; pero sobre todo el sentir que la voz del campesino es callada de múltiples formas. Por estas razones hago de la presente investigación una narración de quien es el otro, quienes son los grupos y quien soy yo, así:

Para la reunión nos avisaron tarde, porque ella estaba convocada para las nueve en punto de la mañana y nos dieron la información a las nueve y cuarto. Te invito a una reunión en una vereda, en un monte, me dijo Andrés ¿Cuál es el motivo? le pregunté, no sé, solo me llamó Ricardo y me dijo que fuera a esa reunión porque él no podía ir, acompáñame, a ti te gustan esos temas, ¿a qué hora es? me dijeron que a las nueve, si

ya es tarde, son las nueve y cuarto, ¿dónde es? en Hatillo, (éste es corregimiento del municipio de Los Palmitos), pero de aquí a allá demoramos como cuarenta minutos, eso está lejos, toco pero vamos, cumplámosle nosotros ya que los propios invitados no

van, pues vamos, la reunión que yo tenía la aplazaron.

En esta narrativa propia se hace importante contar cómo surgió el tema de investigación. Como yo había trabajado más de siete años con población desplazada pensé realizar la tesis con ellos, incluso alcance a sondear con algunos líderes de esta población la posibilidad de ellos, pero un día en una conversación con el profesor Wilmer Villa al tocar el tema de las narrativas, de la inquietud que yo tenía con la recuperación de tierras y el Movimiento Campesino en el departamento de Sucre, después de un rato de conversación entremos a mirar la posibilidad de cambiar el tema por las narrativas de los líderes de dicho movimiento. Yo conté que mi papá había sido líder y que en algunos momentos, por diferentes razones, yo lo apoyaba a él en algunas acciones de la empresa comunitaria donde había sido directivo muchos años y algunas veces lo reemplazaba en las reuniones cuando no podía asistir. Fue así como surgió el tema de investigación.

Una vez definido el tema entramos a plantear el problema y entré a cuestionar las

narrativas de esos líderes sobre su experiencia en la recuperación de tierras, hasta que surgió la idea, después de varios encuentros con el Profesor Wilmer, de incluir mi voz en la

investigación, porque yo fui un actor, en una posición diferente pero un actor, además por considerar que un investigador es movido en su ser por las acciones de lo que estudia, hecho que lo cambia y le genera una nueva forma de ver el tema. Además, porque según

Domínguez y Herrera (2013) “la narrativa es una condición ontológica para la vida; en un mundo construido y constituido por palabras, existe una relación entre la vida y las narrativas, es decir, que damos sentido narrativo a nuestras vidas, y, asimismo, damos vida a nuestras narrativas”. O sea, que como investigador busco dar sentido a lo que he vivido a través de su narración y eso le da otro sentido a la vida, una re-existencia.

Otro elemento que surgió fue considerar el impacto que originó el movimiento social en la vida de la población campesina del departamento y en sus dirigentes, Por eso, se toma la idea de construir La Voz de los Nosotros-otros y la Re-existencia a Partir del Movimiento

Campesino de Recuperación de la Tierra en la Región Sabanas del Departamento de Sucre. Es así como se inicia la búsqueda de los diferentes líderes campesino de la región sabanas con el fin de informales sobre la intención de la investigación y solicitar su participación en la investigación. Me enteré de que un grupo de campesinos iba a hacer una reunión en la casa de Chucho Pérez y pensé que era la oportunidad para contactarlos, lo que sucedió así:

Salimos para Hatillo por una carretera polvorienta, construida en recebo, el vehículo donde íbamos le sonaba todo menos el pito, eso me comentó Andrés, tenía sonidos como de películas de terror. Al lado de la vía se contemplaba un paisaje seco, a causa

del intenso verano que golpea a la región y el intenso sol que seca hasta a los gordos, comenta un habitante del pueblo. Un clima que oscila entre los 30 y 38 grados centígrados. El poco ganado que se encontraba en las parcelas ubicadas a los costados

de la vía, se veía flaco y caminaban con una lentitud que parecían almas en pena, tomaban un bocado de pasto seco y lo mascaban de forma parsimoniosa como a la espera que el tiempo pasara, sin nada que los apurara. Esta es una zona conformada principalmente por parcelas que van desde las cinco a seis hectáreas, todas resultaron

los años setenta y ochenta. Todas dedicadas a la combinación de actividades agrícolas de pan coger y la pequeña ganadería. Estas actividades están sujetas a la buena o mala

manifestación del tiempo climático, si llueve de manera adecuada, o sea, que las precipitaciones sean lo suficiente para que los cultivos se desarrollen y no sobrepasen,

porque pueden también dañar la cosecha. No hay tecnificación ni ningún elemento de planeación diferente a la construcción hecha por la experiencia de los campesinos. Estos campesinos, aunque poseedores de una parcela sus ingresos son muy escasos debido a la poca producción de sacan de sus terrenos, no poseen los recursos técnicos y económicos para desarrollar una producción a alta escala y, para completar, cuando tienen buena producción los precios se ubican por el suelo, lo que igualmente lleva a la baja de ingresos cuando no es a la perdida, entonces malo cuando no hay cosecha y

malo cuando hay; esta es la realidad económica del campesino.

En épocas de lluvia se aprecia el verdor del campo, pero en época de sequía todo era como lo estaba viendo; parece un desierto, casi toda la vegetación muerta o desaparecida. Los pocos reservorios de aguas son los llamados jagüeyes, excavaciones

que realizan los propietarios de la tierra a mano o a máquina, cuando los recursos les alcanzan y posibilitan que los pocos animales tengan donde beber y ellos poder realizar las acciones básicas de su vida, aunque en algunos sitios hay agua potable, producto de acueductos regionales, pero que solo se pueden utilizar para las faenas del hogar, no se

puede utilizar para riegos agrícolas porque lo prohíben los entes territoriales que administran este líquido.

Sin embargo, en el paisaje había tanta calma, tanta tranquilidad, que daban ganas de bajarse y quedarse allí y formar parte de ese hermoso panorama. A lo lejos se veía uno

que otro árbol con escasas hojas verdes, lo que hacía un contraste de colores con la gama de cafés de los matorrales y el pasto seco. Soplaba un viento, también lento, que llevaba tanto calor que a su paso secaba lo poco húmedo que encontraba, las gotas de

sudor de quienes caminaban hacía algunas de las parcelas cercanas. Los habitantes de estos sectores son en su mayoría personas dedicadas a labores relacionadas con el campo, siembra, deshierbe, seguimiento y recolección de productos

agrícolas o al ordeño y cuidado de ganado. Un jornal de trabajo, de ochos horas, vale veinte mil pesos, sin ninguna prestación, de donde el jornalero tiene que alimentarse y pagar el transporte o para ahorrar desplazarse a pie; de lo que uno consiga dice Pedro

o para lo que le alcance pa uno y pa la familia; La cosecha no da pa paga más dice Juan, apurao tiene uno pa contratar un mozo, como se llama en la región al jornalero o

trabajador del campo pago por días, por jornal.

A las diez de la mañana llegamos al sitio de la reunión, un rancho de palma, grande como de treinta metros cuadrados, con piso en tierra, a la cual para controlarle el polvo le hacen amasados, que consiste en barrer y la tierra polvorosa que se levante es amontonada en pequeñas cantidades y distribuida por el área de la construcción, luego se le echa agua y con ella se forma una mezcla que con la mano es esparcida en el piso

con tanta precisión que pareciera distribuida con una herramienta de construcción, dando una forma con los dedos como si fuera un arco iris de un solo color, color a tierra. En algunas ocasiones el polvo para los amasados es revuelto con ceniza para

darle tonalidades grises. Todo se veía limpio y muy organizado.

En el rancho estaban treinta y siete líderes campesinos de diferentes municipios, corregimientos y veredas de los departamentos de Córdoba, Sucre y Bolívar; todos sentados en taburetes, asientos construidos de madera y cuero de ganado sin procesar.