• No se han encontrado resultados

Ya en 1895, Freud anudaba el núcleo de la neurosis con el sín­ drome de repetición. En su descripción de la histeria de angustia, menciona el despertar nocturno seguido de un síndrome de repe­ tición con pesadillas. Sólo después de haber aislado el puro ins­ tinto de muerte Freud separa los sueños de repetición y la histe­ ria, y habla, en el síndrome de repetición traumática, de un fraca­ so de la repetición neurótica, de un fracaso de las defensas, de un

La cuestión es saber cómo releer ahora estas metáforas energé­ ticas fr�udianas. La cuestión del trauma constituye de algún mo­ do una piedra de toque. Aparentemente es el lugar por excelencia de la energía, de la cantidad de efracción.

En 1926, cuando modifica el sentido del "traumatismo del na­ cimiento" de su antiguo alumno Otto Rank, Freud reincorpora las concepciones que anteriormente había considerado en momentos de angustia ante pérdidas esenciales. Freud distingue la angustia experimentada en ocasión del nacimiento y lo que corresponde, propiamente hablando, al traumatismo de la pérdida del objeto materno. Freud se atreve a hacer de la pérdida necesaria de la ma­ dre el modelo de todos los demás traumas.15 Es pues sobre ese fondo que hay que entender el aforismo que figura en un texto ca­ si contemporáneo, sobre "La denegación", de 1925, donde el ob­ jeto no ha de ser encontrado sino siempre "reencontrado",16 o siempre encontrado sobre el fondo de una pérdida primordial.

Lacan retradujo el inconsciente freudiano y la pérdida funda­ mental que le es central en los términos del pensamiento del siglo XX, el que se ha podido llamar el siglo del "gin;:> lingüístico". En el curso de ese siglo XX, tradiciones filosóficas diferentes, como las de Frege, Russell o Husserl, pusieron el acento sobre el drama que hace que no podamos ya salir del lenguaje una vez que he­ mos entrado en él. Es lo que el primer Wittgenstein enuncia en su tesis pesimista según la cual la filosofía no puede hacer otra cosa

15 FREUD, S., "Inhibición, síntoma y angustia", en Obras completas, vol. XX,

Amorrortu, Bs. As., 1976, págs., 158-159: "La situación en la que echa de menos a la madre es para él, a consecuencia de su malentendido, no una situación de peligro, sino traumática. [ ... ] La primera condición de angus­ tia que el yo mismo introduce es, por lo tanto [ ... ] la de la pérdida de ob­ jeto. [ ... ] La situación .traumática de la ausencia de la madre diverge en un punto decisivo de la situación traumática del nacimiento. En ese momen­ to no existía objeto alguno que pudiera echarse de menos."

16 FREUD, S., "Die Verneinung", en Gesammelte Werke, vol. XIV, Londres, S. Fischer Verlag, 1948, pág. 14. "Der erste und niichste Zweck der Realitá'tsprü­ fung ist also nicht, ein dem Vorstellten ensprechendes Objekt in der realen

Wahrnehmung zu finden, sondern es wiederzufinden, sich zu überzeugen, dajJ es noch vorhanden ist. " Cf. Obras completas, vol. XIX , Amorrortu, Bs. As., 1976, pág. 255 : "El fin primero y más inmediato del examen de realidad no es, por lo tanto, hallar en la percepción objetiva un objeto que respon­ da a lo representado, sino reencontrarlo, convencerse de que todavía está 44 ahí."

que demostrar tautologías y que el mundo no puede "mostrarse" sino a través de otros discursos: la estética, la moral, la religión. La efracción del discurso se produce por la mostración; el resto es tautología.

Lacan mostró que la tesis de Freud puede formularse así: veni­ mos al mundo con un parásito, al que denomina inconsciente. En el momento mismo en que aprendemos a hablar, hacemos la expe­ riencia de algo que vive de otro modo que lo vivo, que es el lengua­ je y sus significaciones. En el mismo movimiento en el que comu­ nicamos nuestras experiencias libidinales, hacemos el descubri­ miento de los límites de esta comunicación, el hecho de que el len­ guaje es un muro. Si se da el caso de que no estamos demasiado aplastados por el malentendido, conseguimos hablar. Pero hace­ mos entonces la experiencia de que ya no saldremos del lenguaje.

En el borde del sistema del lenguaje, un cierto número de fe­ nómenos clínicos responden a la categoría de lo real. Esos fenó­ menos están a la vez en el borde y en el corazón de ese sistema del lenguaje. El trauma responde a una topología que no está hecha simplemente de un interior y de un exterior. El trauma, la aluci­ nación, la experiencia de goce perverso, son fenómenos de los que se puede decir que tocan con lo real. También el neurótico experi­ menta momentos de angustia que le dan una idea de esos fenó­ menos y que le arrancan de su tendencia a considerar la vida co­ mo un sueño.

En este sentido, la extensión actual de la clínica del trauma en las clasificaciones psiquiátricas es la consecuencia lógica de la ex­ tensión de la descripción lingüística del mundo, tanto en los mo­ delos científicos como en su extensión más o menos justificada en las neurociencias. Pero la cuestión verdadera que se plantea es el del lugar lógico del trauma, en los diferentes modelos que nos son propuestos.