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La insistencia del trauma MAUR/C/0 TARRAB

Es un hecho que la realidad proclama al trauma como un pro­ tagonista de la actualidad. Se podría decir que hay una pareja fa­ mosa en los diarios de la mañana y en los noticieros de la noche: la pareja que forman el trauma y la catástrofe. Y es interesante ver cómo son convocados los psy de todo tipo a hacer algo con esa pa­ reja y con su hija dilecta: la angustia.

Una clínica de la urgencia subjetiva no puede ignorar los dia­ rios de la mañana, en especial si se vive en la Argentina, pero no por eso debe dejarse arrastrar por ellos, ni adoptar las significa­ ciones que son propuestas en la actualidad, ni ceder sobre sus propios conceptos. Efectivamente la actualidad toma para sus propios fines, entre ellos vender periódicos, conceptos que el psi­ coanálisis ha instalado en el discurso social. Pero los psicoanalis­ tas no pensamos lo mismo que los medios acerca del trauma, aun­ que vivamos en Buenos Aires, que ya es una manera de vivir al borde de lo traumático .. .

Los analistas desde Freud hasta aquí tenemos una idea de lo traumático que no necesariamente coincide con lo dramático, lo trágico, lo violento, lo desgarrador, etc., etc.

Hemos sido enseñados por la clínica que eso que llamamos "traumático", eso que cambia una vida de un solo golpe a veces y

MAURICIO TARRAB es psicoanalista en Buenos Aires, AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y Secretario de la Asociación Mundial de Psi-

que va por lo general acompañado del estupor o de la angustia, puede irrumpir por supuesto a partir de situaciones terribles a las que estamos expuestos en la vida cotidiana, pero también sabe­ mos que esa no es una condición para que un acontecimiento sea un trauma. No es necesaria la guerra, el terror o Cromagnon para que un sujeto se vea expuesto a algo que traumatiza su existencia. Hay episodios mínimos, menores, intrascendentes, pero que se­ rán decisivos porque el sujeto se encuentra allí con algo inespera­ do, rechazado o que ignora, que conmueve profunda y brusca­ mente su vida. La clínica psicoanalítica enseña cuán traumático pueden ser un sonido preciso, el rostro de un desconocido, el re­ lato de una historia cruel o de una historia intrascendente, una música estridente o un murmullo, un comentario intrascendente de un amigo o su desprecio, la mirada triste de alguien, un recuer­ do, la visión de algo inesperado o la imagen de un sueño . . . lo que tiene ese valor de trauma nos despierta implacablemente, y pue­ de ser algo, casi nada, que nos toca y a partir de allí irrumpe inso­ portable, incomprensible, algo a lo que aquel que lo sufre no pue­ de encontrarle ningún sentido.

Algo esperaba allí al sujeto y el sujeto no lo sabía, sólo sabe que está concernido profundamente por ese sentimiento, que debe ha­ cer algo con eso, que eso que siente le agarra las tripas, le hace mar­ char intensamente el corazón, le hace pensar cosas insensatas, es decir que invade tanto su cuerpo como su pensamiento. Tanto el es­ tupor como la angustia -como señalé más arriba- son efectos y res­ puestas al trauma. El primero, muestra que la detención de las res­ puestas elaborativas del sujeto implican que el aparato que le ha permitido hasta allí dar sentido a las cosas se ha detenido, o que su funcionamiento se encuentra perturbado. La segunda -la angus­ tia-, es la certeza de que se debe encontrar una solución, que se la debe encontrar ya, y que se sabe que no se sabe cuál es esa solución. Para Jacques Lacan el trauma es el primer nombre que adqui­ rió en la historia del psicoanálisis la función de la tyche, del en­ cuentro con lo real.

" . . . en el origen de la experiencia analítica, lo real se ha presen­ tado bajo la forma de lo inasimilable -bajo la forma del trauma [ . . . ] el trauma es concebido como algo que ha de ser taponado por la homeostasis subjetivante que orienta todo el funcionamiento

Son los términos del Seminario 11 en que Lacan empieza a tra­ bajar el trauma como un nombre de lo real, situándolo como lo inasimilable al campo del principio del placer, mostrando que el trauma no viene de "la realidad" sino que es eso que irrumpe co­ mo extraño al funcionamiento de esa "homeostasis subjetivante" que hoy llamaríamos, con el último Lacan, el campo del sentido.

El trauma es el fuera de sentido por excelencia, y su insistencia,

la insistencia del trauma es el viejo nombre, un nombre mucho más

sabio por cierto que el actualmente famoso stress postraumático,

ese que se quiere evitar a toda costa haciendo hablar al sujeto traumatizado. No vamos a discutir a esta altura los beneficios de "hacer hablar", pero sabemos que en la superación de un trauma no basta la vía elaborativa. Menos aún si se confunde, como se lo hace en los hechos, elaboración con racionalización.

La problemática de la clínica de la urgencia se lleva muy bien con la práctica que puede deducirse de la última enseñanza de J. Lacan, ya que el centro tanto de una como de la otra es la cuestión de cómo operar con un real fuera de sentido.

Si queremos superar la ingenuidad psyco-periodística, debemos

desplazar nuestro interés desde la realidad del trauma a la insis­ tencia del trauma, para indicar que lo inasimilable, el fuera de sen­ tido, está allí como encuentro inédito, pero también porque siem­ pre ha estado allí y retorna en ese encuentro perturbador. Es la in­ sistencia del trauma que en el seno mismo de los procesos primarios no se deja olvidar1.

Es entonces imprescindible al lado del presente del aconteci­ miento y el accidente, tomar una perspectiva que incluya que el trauma mismo es ineliminable en la constitución de la vida subje­ tiva. Eso permite situar las coordenadas de ese punto del que han emergido las respuestas que se formularían en términos de fan­ tasma o de síntoma y alrededor del cual se organizó una vida.

Freud y Lacan han enseñado la importancia de co!-1-siderar en

las determinaciones subjetivas, aquello que espera al sujeto en su advenimiento como sujeto, esos laberintos del linaje alrededor de los que girará su destino.

Lacan por su parte insistió en la importancia de los pensamien-

LACAN, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psi- coanálisis, Ed. Paidós, Bs. As., 1986, pág. 63. 61

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tos que rodearon la concepción del niño. Es aquello que esperaba al niño en términos de deseo del Otro, tanto del lado del cocodrilo materno como en términos de pere-versión, que es de donde surgi­ rían las modalidades de sus respuestas. Pero entre lo que espera al niño, y la respuesta que este da hay una decisión insondable. Al la­ do de lo que espera al sujeto en términos de determinación o de fortuna hay una decisión que se toma. Una decisión que se toma a la orilla de lo que traumatiza al sujeto y que le concierne al sujeto. A veces es una decisión implacable, irrevocable y con la que no se puede vivir. Una decisión inquebrantable de cuya huella el suje­ to, si hace un análisis, puede tener la chance de ponerse un poco al lado. En fin; una decisión que marca un destino. Lacan desplaza tempranamente la causalidad, hacia "esa insondable decisión del ser" que incide en fijar las determinaciones del drama subjetivo.

De esa "insondable decisión" se deriva entonces una frontera conceptual. Una frontera que deja de un lado el determinismo freudiano, ese determinismo exhaustivo que Freud construye y que termina en el agujero del trauma, y en cuyo límite Freud po­ ne lo insondable en la cuenta de lo disposicional.

Del otro lado, la causalidad lacaniana incluye una causalidad que al poner en juego una d_ecisión del ser, incluye lo imprevisto, lo excepcional, lo incomparable de cada uno. Hay entonces deter­ minación, hay encuentro con lo real, hay trauma, pero hay tam­ bién una insondable decisión.

Una clínica de la urgencia haría bien en incluir una perspecti­ va que explorara la relación entre trauma y decisión. Porque al borde del agujero que el trauma produce, no se trata sólo de alen­ tar decididamente la elaboración, la reconstrucción del Otro que se ha perdido,y que hay que obtener para producir la invención de un camino nuevo. Se trata también de situar el tiempo de la de­ cisión que el sujeto habrá de tomar, que tiene la oportunidad de tomar, al borde de ese abismo. Es su oportunidad y es la eviden­ cia de que frente al trauma se trata también de acto e inscripción. Es esto, a mi juicio, la diferencia entre tratar la urgencia y el trauma por el psicoanálisis o psicologizarlos.

La época q ue niega l o im posible