de sus padres16, un "no ha lugar" que sumado al encuentro con el otro sexo, lo sume en el ataque de pánico donde la proximidad a la muerte que siente en esos momentos es lo único que lo inquie ta. Dice: "Mis padres no pueden vivir uno sin el otro, son dos tor tolitos que no saben lo que pasa alrededor de ellos." Sus esfuer zos por que se enteren de algo de lo que le ocurre, fueron vanos. Pero también habla de su infancia no muy lejana. Se describe en el pasado como un niño solitario, encerrado en su habitación, te meroso de los grandes pasillos de los colegios a donde lo manda ban, sin que nadie escuchara su pedido por ir a un colegio "más chico", donde él "fuera importante", y donde no estuviera "incó modo", ambos significantes que ubican su posición de falo del Otro, tanto en la escuela como en su casa. Pero además, ya en la adolescencia, frente al enigma de qué quieren de él las mujeres, se retira del juego, "para no hacerles daño". Sabe que no puede com pletar al Otro por su propia posición en relación al deseo de su madre, quien "se basta perfectamente para mostrarle al niño has ta qué punto lo que le ofrece es insuficiente, y basta también para proferir la interdicción del uso del nuevo instrumento"17, en un efecto de depreciación imaginaria del sujeto que hace que se retire del mundo del intercambio sexual, para así evitar un efecto en el cuerpo del que nada puede decir durante mucho tiempo en el análisis.
16 Ver este caso desarrollado en Glaze, A., "Del pánico a la obsesión", en:
CUCAGNA, A. (Comp.), Ecos y matices en psicoanálisis aplicado, Grama edi ciones, Bs. As., 2005.
17 LACAN, J.: El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, op. cit., pág. 128 193.
Pero queda un hueco: "el temor a hacerles daño", algo es dicho de ese no comercio con las mujeres, situación que vuelve a poner en juego cuando comenta otras situaciones en que queda "paraliza do" frente a una mujer que pide "de más": "la mataría, le pegaría, la escupiría, pero no puedo nada, ni responder a lo que me pregun ta", momento de inhibición frente a un odio sólo entendible si lo ponemos en línea con la dualidad originaria del amor y el odio que asume la forma de rechazo primordial del Otro, y expresa la volun tad narcisista de preservar la propia integridad frente a ese Otro. En definitiva, es el odio mortal por la castración, odio por la falta como tal. Como dice Recalcati, " ... se trata de un goce de un sujeto que se encuentra parasitado por un exceso de goce y por un defec to del Otro"18, como modo de anular la división en una forma no subjetivada. En definitiva, se trata de un deseo abolido por el goce, por el odio puro hacia el Otro. Hay una falla del saber en lo real, que implica que ese saber no programa el acceso al otro sexo.
Hoy vivimos más en la época del fantasma que en la de la re presión, en una efectuación repetida como matriz de significa ción, que constituye un Otro consistente, pasando a conectarse con la pura certeza de la pulsión de un sujeto anudado a su goce. Queriendo sostener un Otro acorde con el discurso de la ciencia, el sujeto queda irremediablemente conectado a su ser de objeto, constituyendo su propio cuerpo como respuesta: ataques de páni co, anorexias, bulimias, toxicomanías, pasajes al acto. Modifica ción en el mecanismo de la represión que provoca una alteración que determina gran parte de la clínica de la época, y que ubica al trauma como el momento de desencadenamiento de un sujeto anudado a cierta certeza estática del fantasma por fuera de la po sibilidad siempre creadora de la metonimia del deseo.
Harold Bloom escribió su nuevo libro ¿ Dónde se encuentra la sa biduría? luego de su encuentro con la posibilidad de la muerte, y como él mismo dice: "surge de la necesidad personal, que refleja la búsqueda de una sagacidad que pudiera consolarme y mitigar los traumas causados por el envejecimiento, por el hecho de una grave enfermedad y por el dolor de la pérdida de amigos queri dos"19. Pero dice algo más: " .. .la sabiduría, sea esotérica o no, me parece una perfección capaz de absorber o destruir, según lo que
18 RECALCATI, M.:, La clínica del vacío, Síntesis, Madrid, 2003, pág. 156.
le aportemos"20 y es más, "Casi todos nosotros sabemos que la sa biduría se va de inmediato al garete cuando estamos en crisis"21.
En el Seminario 7, Lacan indica que "La tragedia, para nosotros, analistas, está presente en el primer plano de nuestra experiencia, manifestada como tal por las referencias que Freud encontró en Edipo". Como sostiene A. Badiou, el teatro es acontecimiento de pensamiento, en la misma línea que Ranciere ubica un lagos in merso en un pathos. Pero el primero, llega incluso a decir que es el "antiperiodismo": por medio del teatro uno puede aprender a ver el mundo de una manera diferente de aquella que se nos pide que usemos para verlo22• En el teatro se trata de una verdad que es un agujero de la opinión, del sentido común, de la opinión pública que hoy funciona como verdadero discurso amo; pero también es un agujero del 'para todos' instaurado de la mano del discurso de la ciencia, un saber científico que descubre, mientras que el saber en psicoanálisis, inventa.
Por algo J. Lacan ha escrito: "Si somos conmovidos por una obra de teatro . . . es a causa de lo que encierra para nosotros de problemático nuestra propia relación con nuestro propio deseo", deseo que más adelante, en el mismo Seminario, dice que sólo "podemos atraparlo por la cola, a saber, en el fantasma"23.
El teatro, en sus dos formas superiores, la tragedia y la come dia, es circulación del objeto del deseo, exhibición de los comple jos familiares, drama exacerbado de la diferencia de los sexos, y produce un efecto de verdad singular e irreductible, en un en cuentro maquinado en un tiempo inédito y singular con las figu ras eternas de la subjetivación de lo verdadero.