Desde hace algún tiempo, en distintos círculos de discusión política y académica, se ha colocado a debate el análisis sobre el enfoque del decrecimiento. Como sostiene Enrique
Left56, “el decrecimiento de la economía no sólo
implica la deconstrucción teórica de sus
paradigmas científicos, sino de su
institucionalización social y de la subjetivización de los principios que intentan legitimar a la racionalidad económica como la forma suprema e ineluctable del ser en el mundo”.
Este debate, busca colocar un análisis político sobre el actual modelo neoliberal y sus efectos perversos, e insinuar la necesidad de reconstruir las actuales relaciones económicas, políticas, sociales, culturales y ambientales. Hay una crítica implícita al actual modelo de crecimiento capitalista incluyendo la necesidad de implantar un sistema contracorriente con nuevos principios y valores, no necesariamente enfocados desde una racionalidad económica.
56 Enrique Left: decrecimiento o desconstrucción de la
Se hace hincapié en buscar una nueva raciona- lidad ambiental.
La economía del decrecimiento apunta a generar relaciones comerciales más justas orien- tadas a generar menos dependencia de unas naciones con otras. Su enfoque va dirigido a preservar el medio ambiente, y promover derechos elementales de justicia social, necesa- rios para la subsistencia social y biológica de la humanidad.
En este contexto, Paco Fernández57, nos
plantea que la idea del decrecimiento, viéndolo desde una perspectiva histórica, se interpreta como una “radicalización de la noción de crecimiento cero, propuesta en su momento para hacer frente a las primeras manifestaciones de la crisis ecológica… La sucesión de catás- trofes medioambientales que se han producido desde entonces y el análisis de los efectos previsibles del cambio climático y del calenta- miento global han llevado a que, hoy en día, algunas personalidades próximas a las institu- ciones estén proponiendo medidas de conten- ción parecidas a las que proponían hace muchos años los primeros denunciantes de la crisis”.
En este debate queda nuevamente en entredicho la revisión de acepciones que en el marco del desarrollo sostenible se han produci- do. Fernández menciona a Serge Latouche, quien plantea que “desde que apareció en el Informe Brundtland, el concepto de desarrollo sostenible es como el infierno, que está empedrado de buenas intenciones. El desarrollo se ha convertido en “una palabra tóxica” o, como dirían los teóricos de la Escuela de Frankfurt, “deshonrada”, porque cuando se engancha el adjetivo sostenible al concepto de desarrollo lo que en realidad se está haciendo es no poner en cuestión el tipo de desarrollo actualmente existente, sino simplemente añadir un componente ecológico espúreo”.
Giorgio Mosangini58 plantea que “mien-
tras no salgamos del paradigma económico dominante, desarrollo y sostenibilidad seguirán siendo incompatibles. El progreso técnico y la mejora de la eficiencia no sirven para nada si no
57 Paco Fernández Buey: ¿Es el decrecimiento una utopía
realizable?.
58Georgio Mosangini: decrecimiento y cooperación
internacional.
reducimos el consumo y no salimos del modelo de crecimiento”. Para Mosangini, el camino del decrecimiento implica respuestas políticas y cambios radicales (filosófico y cultural) en nuestras sociedades. Plantea, que el decreci- miento defiende el rechazo a la valoración estrictamente económica y monetaria que domina nuestras sociedades, y en el cuál el PIB y la medición del crecimiento, son incapaces de medir y valorar la justicia social o la conserva- ción de la naturaleza. Se tiene que generar un desprendimiento del actual modo de vida que es incompatible con la subsistencia del planeta. Se deben promover nuevas formas de socializa- ción, organización social y económica.
Mosangini plantea diversas propuestas para dinanamizar el enfoque del decrecimiento, entre los que se menciona:
Conservación: Un elemento básico de los cami- nos del decrecimiento es poner la conservación de la biósfera y el respeto de los grandes equilibrios ecológicos como principios rectores que moldeen todo sistema productivo y social. Destaca la necesidad de reducir el consumo para reducir el agotamiento de nuestros recursos vitales al mínimo compatible con una supervi- vencia razonable de la especie (Georgescu- Roegen 1997). Nuestros modelos de economía y sociedad tienen que volver a respetar la capaci- dad de carga de la tierra y reconocerse como lo que son: subsistemas dependientes de la bios- fera.
La energía: Todo nuestro modelo de desarrollo se sustenta actualmente en el desgaste de recur- sos no renovables (a escala temporal humana). Para alcanzar la sostenibilidad ecológica, tendre- mos que sustentarnos en “las energías disponi- bles como “ingreso”, es decir: la solar, la eólica y, en parte, la biomasa (madera) y un poco de hidráulica. Debe existir una reducción drástica de nuestro consumo energético. En una economía sana, la energía fósil desaparecería (Cheynet y Clémentin 2004). Las consecuencias del fin de la era del petróleo son impredecibles. El aspecto energético es clave en las perspectivas futuras de agravación de las crisis ecológicas y sociales del planeta.
Los bienes relacionales: Un camino claro hacia la sostenibilidad social y ambiental pasa por pro- mocionar la producción de lo que Mauro Bonaiuti ha llamado bienes relacionales. En “una realidad como la nuestra, desbordante de mer- cancías pero con graves carencias en el ámbito de los servicios públicos y sociales, sería quizás
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posible desplazar progresivamente el baricentro de la economía de la producción de bienes materiales a la producción de bienes sociales.” Se trataría por lo tanto de reducir drásticamente la producción de bienes de consumo a favor de bienes durables y relacionales, superando la ceguera de la economía neoclásica al reducir el bienestar y el valor al flujo de bienes que somos capaces de consumir.
Feminismo: Para el decrecimiento, el feminismo constituye tanto un antecedente teórico de algunas de sus reflexiones como un aliado muy valioso en la defensa de sus planteamientos. El pensamiento feminista nos ha enseñado cómo la economía dominante convierte en invisible gran parte del trabajo aportado por las mujeres. El proceso productivo no se sustenta solamente en el trabajo remunerado que permite producir bienes y servicios, sino también en el trabajo no remunerado que permite la reproducción social y de la clase trabajadora. Sin el trabajo doméstico y el cuidado de las personas y de sus relaciones, el sistema económico no podría perpetuarse. En unas sociedades de decrecimiento, volcadas en garantizar la reproducción y la sostenibilidad natural y social, las capacidades de las mujeres y los conocimientos acumulados por el movimien- to feminista serán claves para universalizar prácticas y valores hoy en día considerados femeninos.
Redistribución: Desde la propuesta del decre- cimiento, la construcción de alternativas tiene que ver con el protagonismo de la distribución de la riqueza. Para la economía neoclásica la distribución está supeditada a la producción. Para el decrecimiento, la distribución – tanto económica como ecológica – prima sobre la producción. No tiene sentido hablar de producción si ésta no es sostenible ecológica y socialmente. Si sobrepasamos la capacidad de carga de la biosfera el proceso productivo está destinado a acabar con la vida y con el planeta. Si la producción genera desigualdad creciente, la injusticia social convierte en insostenible cualquier sociedad. El bienestar vuelve a relacio- narse con la cuestión esencialmente política de la distribución. El decrecimiento se sustenta siempre en el reparto de los recursos (naturales, bienes y servicios, etc.) de la manera más
igualitaria posible, para que todos tengamos suficiente y no cada vez más.
Para Georgio Mosangini, son los países del Norte los generadores de deuda del crecimien- to. En este ámbito, al hablar de cooperación al desarrollo desde un enfoque del decrecimiento, demanda un replanteamiento de sus políticas y objetivos. En este contexto, debemos de cambiar el análisis y redefinir que el problema no es el “subdesarrollo” en los países del Sur, sino son los países del Norte y su sistema económico neoliberal, que es la causa que está condenando a la insostenibilidad ambiental y social en el mundo. De igual forma, cambiar el enfoque que el problema no es la pobreza, sino es la injusta y inequitativa distribución de la riqueza. La cooperación deberá centrar su atención en el respeto a la sostenibilidad ecológica y social. Debe enfrentar de manera solidaria la degradación irrevocable de la materia y la energía. La cooperación interna- cional debe ir más allá del flujo financiero y de asistencia técnica que existe del Norte al Sur, como es en la actualidad. Debe concebirse como un traslado de deuda histórica de crecimiento que los países desarrollados tienen con los países del “Sur”.
El enfoque de decrecimiento con relación a la cooperación internacional nos plantea el necesario análisis crítico que sobre la lógica y formas de funcionamiento de la ayuda internacional existen. Pero de igual forma, nos orienta a que las organizaciones sociales que estamos vinculados a este sistema de ayuda, podamos cambiar de mentalidad en términos de objetivos o intereses políticos. Se debe priorizar un mayor trabajo de sensibilización y cambio de actitud en las sociedades del Norte y optar por relaciones Norte-Sur/Sur-Norte en igualdad de condiciones, relaciones horizontales y democráticas, y ampliar la transmisión de conocimiento y solidaridad que desde el Sur puede generarse hacia los países desarrollados.
Recuadro 05: El decrecimiento como agenda política
El decrecimiento no es una ideología o un programa político, sino un paraguas de alternativas a la economía dominante.
Para el decrecimiento la sostenibilidad ecológica y la sostenibilidad social son indisociables. El decrecimiento centra su atención en una problemática fundamental: el crecimiento, verdadero centro y corazón del proceso de acumulación capitalista.
El decrecimiento facilita la conjunción entre izquierda y ecologismo, después de una historia de relaciones tumultuosas, debido sobre todo a la dificultad por parte de la izquierda para incorporar la biosfera en sus análisis.
El decrecimiento tiene un potencial muy grande para aliarse y compartir agendas con el feminismo.
El decrecimiento permite situar el problema global esencialmente en el Norte, superando visiones equivocadas y asistenciales acerca de los países del Sur.
El decrecimiento permite superar la valoración económica unidimensional proclamando una salida de la economía tal y como la conocemos, para poner a la cuestión social y ecológica en el centro del debate sobre las políticas públicas y los modelos de sociedades.
Los movimientos sociales pueden recuperar así el protagonismo político para impulsar la disidencia y el cambio.
El decrecimiento también devuelve protagonismo a las experiencias prácticas y a la escala local en la búsqueda y construcción de alternativas.
Fuente: Georgio Mosangini: decrecimiento y cooperación internacional.
Para Florent Marcellesi, Miembro de Bakeaz y del colectivo Desazkundea, el bienestar de la humanidad depende en gran medida de la diversidad biológica y de la salud de los
diversos ecosistemas del mundo. Es necesaria
una inclusión correcta de estos vínculos para poder luchar de manera eficaz contra la pobreza, la desigualdad de género y a favor de los derechos básicos, la justicia social y ambiental. Para Marcellesi, son diversos los puntos de partida del enfoque del decreci- miento en su relación con la ayuda al desarrollo, entre las cuáles citamos los siguientes:
Cooperación vs anticooperación: Ante la competencia o la anticooperación promovidas por las transnacionales y los Estados –toda aquella actuación realizada en y desde el Norte cuyos efectos sean directa o indirectamente perniciosos para el Sur–, se propone recuperar el verdadero sentido de la cooperación basada en una aportación positiva del Norte Global al Sur Global, y viceversa. En esta perspectiva es necesario redefinir el concepto de riqueza:
¿quién es el pobre? ¿quién es el rico? En la cooperación, domina un indicador de desarrollo y riqueza: el índice de desarrollo humano o IDH (PNUD, 1990). A pesar de ser más completo que el PIB gracias a aspectos relevantes como la educación y la esperanza de vida de la población, el IDH no es suficiente porque no tiene en cuenta la problemática ecológica. Un
indicador como el Happy Planet Index o HPI
(NEF, 2005) que integra la huella ecológica y la felicidad es más completo y adaptado.
En necesario superar los modelos desarrollistas
y productivistas (tipo Rostow, teoría de la
dependencia, etc.). Se debe construir una teoría y una praxis de la cooperación internacional que permita un decrecimiento selectivo y justo, de modo que se aliente, a través de vías única- mente democráticas, la contracción donde resulte necesario (principalmente el Norte) y el crecimiento donde sea posible y deseable (principalmente el Sur).
El decrecimiento selectivo y justo del Norte es una condición necesaria –pero no suficiente– para ayudar de forma solidaria y sostenible al Sur.
La cooperación Sur-Norte: flujo de cooperación “a la inversa” que directa o indirectamente realizan las poblaciones del Sur a las poblacio- nes del Norte y que pueden facilitar a éstas últimas otras formas de relacionarse entre sí y
con su entorno: educación para vivir mejor con
menos.
Los países del Norte han contraído una
deuda ecológicay de crecimiento con los países
del Sur que supera con creces la deuda externa económica que el Sur debe pagar al Norte. En este marco es necesario: la no inversión en proyectos de anticooperación por parte de los países del Norte; canalizar un 20% de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para proyectos centrados en la crisis ecológica; No generar inversión en proyectos que no incorporen de forma transversal el factor ecológico; Destinar un 5% de la AOD para proyectos Sur-Norte; La puesta en marcha de mecanismos de compensación de la deuda ecológica diferencia- dos del 0.7 tradicional; Destinar un presupuesto para la cooperación Norte-Norte orientado al “ajuste estructural occidental”.
La cooperación Sur-Sur permite pensar y
construir una relocalización de los procesos de (pos) desarrollo a través de una cooperación reforzada a nivel regional, entre (ex)periferias autónomas del (ex)centro. Es un camino para recuperar las técnicas y saberes tradicionales, y construir su propio camino sin injerencias del Norte Global.
La cooperación Norte-Norte: reformula- ción de la “educación al desarrollo” hacia una “educación al vivir mejor con menos”; El intercambio cooperativo de iniciativas, como el movimiento de transición para pensar en clave post-petróleo. Se plantea un doble reto: que los países del Norte sean capaces de mantener un índice de Desarrollo Humano (IDH) superior a 0,8 con una huella ecológica debajo de 2,1 hectáreas globales por habitantes y que los países del Sur consigan aumentar su IDH hasta niveles superiores a 0,8 y mantengan su huella ecológica debajo de 2,1 hag/hab.
De forma sectorial, la puesta en marcha de proyectos cuyos principales objetivos son la lucha –y la mitigación– contra la crisis ecológica se perfila como un eje estratégico de la cooperación internacional. De forma horizontal, la sostenibilidad debe incluirse en todas las fases de un programa o proyecto, desde su identificación y formulación hasta su ejecución, seguimiento y evaluación final. En el Norte, tras “la educación para el desarrollo”, “la educación para vivir mejor con menos” es un nuevo reto.