VI. Capítulo 4: Buscando a las “señoras”
3. Lo que me ha enseñado la carta
El camino transitado hasta acá buscando una manera de enten
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der ese documento que me sorprendió hace tres años, no solo por la incapacidad que tenía yo en ese momento para comprender que en las luchas indígenas las mujeres tenían un lugar, y que como tales reivindi- caban sus derechos desde su posición de mujeres de una manera mu- cho mas contestataria que las blanco-mestizas, me ha obligado a dejar de pensarme como la feminista urbana que gracias a sus privilegios, al mejor estilo colonizador, liberará a las mujeres campesinas, afrodescen- dientes e indígenas de todos los males que las aquejan por medio de la concientización de su posición en los entramados de poder, para más bien agachar la cabeza y aprender. He intentado hasta acá comprender un proceso que está velado dentro de la historia oficial del país, y pese a mis esfuerzos apenas encuentro algunas pistas.
Este trabajo entonces me ha obligado a pensar mi posición de inves- tigadora, no como alguien que después de sus indagaciones está en posición de sacar grandes conclusiones, sino mas bien me ha puesto en el lugar de alguien que mientras más ahonda en su búsqueda más se da cuenta de su gran ignorancia. Debo reconocer por tanto que como lo advierte Spivak ([1988] 2003) para el caso de la mujer como subalterna, no he logrado recolectar datos suficientes para seguir el rastro de ese sujeto sexuado. Así, mi intención no es ser “una mujer clara salvando mujeres cafés”, sino antes bien intentar descifrar el punto de vista desde el cual, como coautoras de la carta las mujeres firmantes entendían los problemas que denunciaron. Este proyecto entonces intenta desde mi torpeza occidentalizada, desde mi absoluta ignorancia sobre el pensa- miento indígena, por lo menos dar el paso de reconocerlo, porque aún me queda un largo camino para entenderlo.
En la etapa de creación que surgió a partir de las reflexiones presentadas en este capitulo comprendí que no podía simplemente apropiarme del discurso de unas mujeres que simbólicamente han sido despojadas de su capacidad de agencia, y cuyo manifiesto de hecho demuestra no solo que la tienen, sino que es importante para ellas. Por esta razón el trabajo que surge de acá se centra en mi, en mi herencia colonial. El trabajo realizado se compone por tres imágenes, la primera de ellas en si misma podría ser un tema de trabajo para una tesis, ya que se trata de una reinterpretación de un cuadro de la historia del arte colombiano del que fui consiente preparando mi clase de Prácticas artísticas en Colombia, me refiero a “Bolívar con la América India” del pintor Pedro José Figueroa, pues en la cartilla “La independencia en el arte y el arte en la independencia”, publicada por el Ministerio de Educación de Colombia, con ocasión del bicentenario de la independencia, se afirma que el lienzo que usó el pintor para su ejecución había sido pintado antes probablemente para la realización de un retrato alegórico de Pablo Morillo, para celebrar el triunfo de la reconquista o pacificación. El texto, explica entonces que no necesariamente podemos rastrear la posición política del pintor por este cuadro, sino que mas bien podemos ver su sujeción al contexto, así nos cuenta que la posible alegoría de Murillo debía haber sido encargada por el oidor Chica, pero que una vez establecida la nueva República, Figueroa recibió numerosos encargos para hacer retratos de Bolívar (Chingana, 2010).
Pese a que el autor de la cartilla no quiere comprometer la posición del pintor, la anécdota es diciente, y simbólicamente nos ayuda a enten- der la colonialidad como proceso discontinuo en donde pese a los diversos procesos de cambio, aún prevalece la visión colonial. Me pareció fascinante pensar que apenas raspando un poco una pintura de Bolívar, apareciera el general que estaba designado para derrotarlo, en tanto que el proceso de independencia no supuso un giro en la lógica común de los habitantes del nuevo país, sino que antes bien, todas las costumbres coloniales habían prevalecido. Teniendo entonces este ejemplo, pensé que era interesante reconocer mi propia colonialidad, y mi propio racismo a partir de reinterpretar el cuadro con mi propia imagen.
Así, decidí hacer un autorretrato representando a cada uno de los personajes del cuadro; el primer retrato que hice, corresponde a Morillo, dado que el personaje no es muy visible, simplemente usé una chaqueta que podría ser usada por un ejército de la época, sobre una camisa blanca, pues en lo poco que se alcanza a notar de esta imagen, es posible ver que las solapas dela camisa cubren el cuello del personaje. Así mismo, me disfracé de Bolívar intentando que el atuendo fuera fiel al original, pero que al mismo tiempo fuera notoria su calidad de dis- fraz. Para representar a la América India, me interesó remarcar la noción de estereotipo que puede haber en ella, pues es deudora de las alegorías que acompañaban los mapas que Mignolo (2016) describe en El lado más oscuro del renacimiento: Alfabetización, territorialidad y colonización, pero la representación en si resulta extraña en su género dado que dichas alegorías solían ser mujeres exuberantes mientras esta es mas bien una América disminuida. Para hacer visible la noción de estereotipo, el atuendo que uso es un vestido hecho con costal, pues era el traje típico que usualmente se usaba en el colegio cuando tocaba disfrazarse de indígena. Estos retratos fueron concebidos como piezas hasta su realización, pues cuando vi su distancia con la pintura decidí que debía ser en si la reinterpretación de la misma, así decidí finalmente hacer una pintura que recreara el fondo para poder unirlas en un collage digital.
La reinterpretación de la pintura me sirvió para pensar hasta qué punto esa nación anclada a la colonialidad estaba en mi, sin embargo en la pieza aún hacía falta una relación mas directa, que además diera pistas de la investigación. Fue así como una tarde miré con mas atención una fotografía que se encuentra colgada en la casa de mi mamá donde están mis abuelos, se trata de un retrato probablemente realizado en los años 20 o 30 en la que están posando muy seguramente con sus mejores ropas. Sin saber muy bien lo que haría busqué también una foto de mis abuelos paternos, encontré una foto de su matrimonio. En este momento estoy trabajando en inscribir en esas fotos una imagen, que como el fantasma de Morillo en el cuadro de Figueroa, revele toda la colonialidad que estuvo implícita en la lógica común de mis abuelos.