Las posturas respecto a la enseñanza de Pablo sobre la Ley varían desde un extremo hasta otro. Respecto a sus perspectivas existen, como lo escribe Peter A. Tomson en su excelente libro, “Paul and the Jewish Law” (Pablo y la Ley Judía), tres principales suposiciones tradicionales: 1. En primer lugar, se piensa que
Pablo era polémico y negativo en su actitud hacia la Tora judía;
2. Segundo, esta Ley ya no tenía valor para la vida del individuo
y 3. La literatura judía antigua carece de valor como fuente de
infor- mación en la interpretación de sus cartas. Tomson
también se admira de que, a pesar de un creciente interés en la literatura rabínica a lo largo de siglos recientes, no obstante las fuentes grie- gas han influido más sobre la teología cristiana que las fuentes hebreas o arameas. “Y el valor más bajo ha sido
otorgado a la halakhah - esto es, la interpretación rabínica de la Ley”.117 Bajo esta luz debe entenderse, por ejemplo, la extraña
afirmación del Profesor Heikki Räisänen de que uno debe estar apercibido de que “entre más modelos judíos se puedan encontrar sobre el asunto, si es que se pueden encontrar, más fácil es explicarlo como no- histórico”. Y “los antiguos métodos judíos de exposición no pueden ser tomados como modelo para la exposición bíblica.”118
Tomson está consciente de que la crítica histórica no asigna el menor valor a Pablo como “teólogo sistemático”. Pero se debe principalmente a que “la lógica de Pablo representa el pen-
samiento lógico y pastoral en lugar del sistemático” y fueron
“escritas en situaciones diversas a diversas iglesias” (pág. 56). Además, el teólogo finlandés Räisänen está consciente de que Pablo escribió sus principales cartas en un intervalo relativa- mente corto, habiendo trabajado previamente durante veinte años como predicador del evangelio. Y esto elimina la teoría llamada del desarrollo. Räisänen tampoco considera probable la interpolación, es decir, que se hayan hecho cambios posteriores a las cartas de Pablo.119
Como la teología moderna está inundada de ideas que no tienen relación alguna con las fuentes mismas de los comentarios de la Tora judía, yo pudiera citar algunas de las principales asevera-
ciones sostenidas por el liberal profesor Räisänen, que también
se encuentran en estudios por otros de la misma escuela. En el prefacio de su libro Paul and the Law (Pablo y la Ley), Räisänen dice que el libro “iluminador” de E.P. Sanders con el mismo títu- lo fue para él “como un regalo del cielo”, porque en él encontró apoyo para sus presuposiciones críticas.
117. Peter J. Tomson, Paul and the Jewish Law, Halakha in the Letters of the Apostle to
the Gentiles, pags. 1 y 4. En el libro se estima que hay más de 700 referencias a la
literatura rabínica.
Y Räisänen repite su palabra favorita “nunca”. “Pablo nunca
define el contenido del término nomos (ley).” “Nunca distingue entre la Tora escrita y la no escrita”. Y “Pablo nunca establece ninguna distinción explícita dentro de la ley”. (pags. 16 y 200)
Su doctrina se caracteriza por ser “laxa” (p. 82), es “incongruente”. Con su negación de la Ley “también anula el
significado del Decálogo (los Diez Mandamientos) como tal”.
Räisänen establece un paralelo entre Pablo y “los grupos helenistas opuestos a la ley”. “Pablo presupone, dentro del marco de su teoría teológica, primero, que no es posible cumplir la ley aparte de la unión con Cristo y, segundo, que los cristianos
cumplen con lo que exige la ley (Gálatas 5:14, Romanos 13:8-
10, Romanos
8:4, 2:29)” (op. cit. p. 113 y 201). Räisänen “resume”: “No logro
encontrar en la literatura pertinente, ningún concepto de la ley que incluya tantas incongruencias ni tanta arbitrariedad como la de Pablo. Y “el concepto común de que Pablo es el pensador del cristianismo primitivo, debo concluir, es erróneo” (p. 228).
A estas aseveraciones de “nunca”, uno sólo puede decir breve- mente que Pablo de hecho sí distingue entre la Ley oral y escrita cuando dice en Efesios 2:14-15 que Cristo “destruyó la barrera, el muro de separación” y “abolió (gr. Katargesas, i.e. hizo impotente) la Ley de los mandamientos expresados en ordenanzas”. Esto pre- supone un conocimiento de la Ley escrita y oral y del llamado “cerco alrededor de la Ley” (heb. seyag ha-
Tora), que constituye los reglamentos protectores adicionales de
la Ley. La segunda aseveración, de que Pablo no define la Tora, ni por ejemplo, distingue los tres usos principales de la Ley, parece extraña. Otros eruditos judíos tampoco establecen esta distinción en relación con la teología cristiana. Pablo no hablaba el lenguaje de la teología académica, pues dirigía sus palabras “a los que conocen la Ley” (Romanos 7:1). Y al referirse a los Diez Mandamientos la Biblia en los idiomas originales no usa la palabra “mandamientos” sino “palabras del pacto”, o “las diez palabras”, es decir, las condiciones básicas para toda comunión con un Dios santo. Todas las cartas de Pablo dejan ver que
esperaba que la iglesia viviera una vida de absoluta moralidad basada en los Diez Mandamientos. Lo más extraño de todo son
las repetidas antítesis de Räisänen y los versículos que elige para apoyar la aseveración de que, según Pablo, los “cristianos” cumplen la Ley y los judíos no. Es Pablo
quien quiso recalcar que “todos, tanto judíos como griegos, están bajo pecado” y que, “todos se han apartado, a una se hicieron inútiles” (Romanos 3). Tanto Pedro como Pablo hicieron hincapié en que en el asunto de la salvación y ante los ojos de Dios, “no hay diferencia” entre judío y griego (Hechos 15:9, Romanos 3:22 y
10:12).
Tampoco debe decir nadie respecto a la presentación “no sistemática” de Pablo, que es “incongruente y arbitraria”. J.P. Sanders percibió que la enseñanza de los rabinos no era sistemática en el sentido occidental de la palabra. No obstante, la presentación sinuosa de los rabinos, donde se pesan las diferentes interpreta- ciones de la tradición, a su manera es muy consistente. Si hemos de entender las enseñanzas de Pablo hemos de reunir dos condi- ciones básicas: 1. Únicamente la persona que ha intentado por sí misma cumplir la voluntad y los mandamientos de un Dios santo puede entender el trasfondo del pensamiento de Pablo. General- mente la mentalidad de una persona surge de su experiencia empírica. 2. La autenticidad de la interpretación judía de la Tora sólo se puede discernir si uno conoce los “métodos de exposición judías”. La mayor parte de este material interpretativo coleccionado en la Edad Media está escrita con caracteres del hebreo “Rashi” y requiere de estudio sistemático de varias décadas. Sólo los “ver- daderos consumidores de maná” podrán digerirlo adecuadamente.