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La Entonación de las Frases en el Teatro

In document Apuntes Teatrales (página 88-90)

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na sola frase puede tener las más diversas entonaciones, según las circunstancias en que las pronunciamos. En la entrega anterior consideramos esta frase sólo como si nosotros la dijéramos. Si estas variaciones las ponemos en labios de un director de banco, un mayordomo inglés, un policía, un viejo profesor, una criada o una dama de sociedad, las interpretaciones tendrán que ser distintas. Son tres los factores que definen la entonación de una frase:

1) El propio sentido de la frase.

2) El carácter del personaje que la pronuncia.

3) Las circunstancias en que se encuentra el personaje.

Será, para el estudiante, un buen ejercicio buscar por sí mismo ejemplos de frases cortas, de uso corriente, variándolas desde la amable sorpresa hasta el horror, pasando por la indiferencia, brutalidad, disgusto, compasión, según las posibilidades que encierre cada frase. El actor debe crear en su fantasía una situación exacta, detallada, plástica, a la que se encuentra su personaje para poder dar un valor interpretativo, justo. Se debe evitar a toda costa lo ambiguo, lo superficial y falso. Se pueden ampliar estos ejercicios al dar, al viejo profesor un defecto al hablar o hacerlo desmemoriado; a la dama de sociedad, un aire de nueva rica o descarada; al director de banco, un carácter neurasténico, etc.

Si cada frase requiere su entonación propia, hay que cambiar esta de frase en frase, y este cambio de entonación es de suma importancia para dar naturalidad al diálogo.

Hay que evitar el empleo de un solo tono, aunque la escena tenga uno básico bien definido. La variación consistirá en añadir a la emoción o estado psíquico básico matices distintos, derivados del carácter del personaje y de las circunstancias en las que se encuentra. Los elementos que integran la interpretación de la frase son tres:

1) La emoción o la mezcla de emociones como factor básico. 2) El tiempo de la frase..

3) La calidad y fuerza del tono.

Entonces, el cambio de entonación significa mucho más que un mero cambio emotivo: significa también un cambio de tiempo y de tono, abarcando este último el timbre, la altura y fuerza de la voz. Si se cambia la emoción por completo, el actor efectúa una transición, acompañada de una pausa bastante marcada. Un cambio de tiempo es de gran ayuda para evitar la monotonía, y de mayor efecto que aumentar el volumen de la voz. También la pausa, hábilmente usada, presta al diálogo esa naturalidad tan esencial en el teatro moderno. Con frecuencia no se

sabe hacer un retardado, una pausa larga, o al contrario, no se sabe acelerar poco a poco la escena cuando la obra lo exige.

Fuente: Técnica teatral. Fernando Wagner. Fichas GBH.

Entrega # 26 Agosto de 2000

La Memoria

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espués del talento. -¿Y qué es en realidad el talento? ¿Un deseo de ser conocido? No lo sé. Supongo que ahí es donde empieza; con el deseo de, sobresalir y mostrarse en público. Después hay un cambio-; después de esto; la característica más importante para un actor es tener buena memoria. Y no me refiero a memorizar el texto, sino a una memoria para los hechos, las emociones; un almacén de experiencias. Si conocer las diferencias entre tú y el personaje es el mejor camino para la caracterización, es de suponer que tienes un preciso conocimiento de ti mismo, y esto solo puedes lograrlo recordando lo que hacías y cómo te sentías al hacer determinada acción. Tú debes de haber hecho una amplia variedad de cosas y tener experiencias emocionales que, van desde el éxtasis hasta la desesperación. ¡Qué lástima desperdiciar tan amplio cúmulo de experiencias no utilizándolas en tu actuación!

Pero la memoria no debe entrenarse pensando sólo en ti, sino en la gente que encuentras y ves a tu alrededor. Observar, casi escudriñar, te enriquecerá el conocimiento del comportamiento humano, desde lo trivial de la existencia diaria hasta la complejidad de la soledad, el amor, la enfermedad y la vejez; cómo utiliza la gente sus manos, su rostro, cómo caminan y hablan en una tienda, en la iglesia, en la calle. Es muy interesante observar a los turistas, absortos como se encuentran con la falta de familiaridad de todo lo que los rodea, intentando encontrar su posición exacta en un mapa. Ser turista es la sensación más cercana que un adulto puede tener de convertirse nuevamente en niño, con la mente saturada de novedades, conociendo gente diferente; es una simple y directa concentración en observar, una concentración que los actores bien deberían intentar emular.

El mundo que te rodea te llenará de ideas que, ojalá, queden profundamente grabadas en tu memoria. Algunas veces es bueno buscar un modelo más específico, para un personaje. A mí, me gusta hacerlo. Recuerdo cuando me preparaba para Professional Foul de Tom Stoppard, obra en la que representaba a un profesor de ética de la Universidad de Cambridge, y observé al profesor A.J. ayer en televisión con la intención deliberada de analizar sus peculiaridades. Noté, por ejemplo, que sus palabras tenían dificultad en ir a la par de la velocidad de su intelecto, así que apresuraba las últimas palabras de cada frase porque la siguiente ya se había formado en su mente. Me gustaron sus repentinos cambios de humor, cambios violentos en realidad, que se mostraban en su rostro en cuanto su mente generaba el pensamiento. También me gustó la velocidad con que hablaba. Todo fue información importante. Para mí fue como grano listo para el molino. ¿Eres soldado, recolector de basura, doctor, abogado, rey, primer ministro, esposa, cocinera, productor de televisión, maestra, enfermera, director de una compañía, madre? Haz bien tu trabajo y habrás ganado la mitad de la batalla.

Fuente:. El libro completo de la actuación, de Peter Barkworth.

GBH.

Entrega # 27 Septiembre 2000

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