Cuando más apagada está la producción en Euskadi151y más evidente es el divorcio entre cineastas y responsables de Cultura, un grupo de directores jóvenes y brillantes han entrado en escena sorprendiendo con un cine provisto de unos niveles de calidad muy nota- bles. Películas como Todo por la pasta, Vacas, Alas de mariposa, Acción mutante, Salto al vacío, El día de la bestia, Tierra, La madre muerta o Perdita Durango han despertado la ad- miración allá donde han ido, consiguiendo que la filmografía vasca haya levantado el vuelo recuperando de nuevo su prestigio.
Mientras, el rumbo que se ha ido tomando en los últimos años de la década de los ochenta se estabiliza de forma definitiva. El contenido político se ha visto apartado por un cine de planteamientos mucho más abiertos. Hacer comedias, por ejemplo, ya no es un sacrilegio. Ahí están No me compliques la vida, Siempre felices, El anónimo, Maité o Calor y... celos. Ima- nol Uribe ha alcanzado su plena madurez con El rey pasmado, film ambientado en la corte de Felipe IV. Y Angel Amigo se ha hecho cargo de la producción de films como El invierno en Lis- boa y El sol del membrillo que, evidentemente, poco tienen que ver con la realidad vasca.
151Valga de ejemplo esta breve afirmación con la que el Consejero de Cultura del Gobierno Vasco, Joseba
Arregi, presenta la Jornada de Cine Vasco del Festival de San Sebastián: “Esa cosa que se llama cine vasco existe, aunque no lo parezca”. Declaraciones de Joseba Arregi, El Mundo, 25/9/1992.
Los verdaderos protagonistas de los noventa son jóvenes cineastas como Enrique Urbi- zu, Julio Medem, Alex de la Iglesia, Juanma Bajo Ulloa o Daniel Calparsoro. Poseedores de un innegable talento, mantienen una verdadera lucha con los responsables de Cultura del Gobierno Autónomo que, incomprensiblemente, no están apoyando su trabajo, lo cual afecta directamente a la definición de cine vasco como cine de producción vasca, ya que sin estos autores el historial cinematográfico de Euskadi en estos últimos años carece de sentido. Ellos de todos modos reniegan de la etiqueta “cine vasco” e incluso de los afanes de la crítica es- pecializada para englobarles en un nuevo grupo. Y es que hay cierta tendencia a unirlos ba- sándose en que la violencia habitual de sus películas es un reflejo de la tensa realidad de Euskal Herria, cuando sus tendencias obedecen más al gusto por realizar un cine comercial con posibilidades reales de llegar al público152.
152“...más allá de la simple coincidencia geográfica, ciertamente existe un substrato común que une Vacas, Alas
de mariposa o Todo por la pasta. Conscientemente o no, todos estos fims reflexionan -desde las parcelas de la historia, el psicoanálisis o el cine negro- acerca de las raíces de una violencia tan profunda y arraigada que puede parecer in- nata pero, en cambio, existe su exorcismo.” Esteve Riambau, “Acción mutante”, Dirigido, núm. 209, enero-1993.
Una muestra de las variadas propuestas del cine de Euskadi en los noventa. Fotogramas (de izquierda a derecha y de arriba a abajo) de Acción mutante (Alex de la Iglesia), Vacas (Julio Medem), La madre muerta (Juanma Bajo Ulloa), Tierra (Julio Medem) y Perdita Durango (Alex de la Iglesia).
Enrique Urbizu, director de Todo por la pasta, un apasionante y sanguinario thriller am- bientado en Bilbao, refiriéndose al cine de Euskadi comenta que “como género, no creo ni que deba existir. Al cine no conviene ponerle etiquetas”153. La idea de “clasificar” a esta jo- ven generación despierta su rechazo más absoluto y lo cataloga como un invento periodís- tico:
“Me parece una coña, porque no tenemos nada en común, salvo que somos vascos y amigos, pero nuestro cine es distinto. Julio y Juanma escriben sus películas y yo no, Alex es un gamberro interestelar con un sentido del humor bestial. Yo soy más cerebral. Pero ha servido para que los medios se ocupen de nosotros. Así que, benditas sean las etiquetas”154.
Medem, autor de Vacas, se manifiesta en el mismo tono, declarando que “no deseo ni creo llevar ningún tipo de estandarte”155. Y Bajo Ulloa no sólo se desentiende de la etique- ta156, sino que reniega absolutamente de cualquier vinculación con el pasado:
“Yo hago una distinción desde Todo por la pasta en adelante. Bueno desde el 91, que se estrena en agosto Todo por la pasta, en el Festival, Alas de mariposa y en enero del año siguiente, Vacas. Pues yo hago un antes y un después de esas tres películas. Antes ha- bía un cine y después va a haber otro. Y además lo tengo clarísimo. Y antes de esas tres películas, el cine que se ha hecho no me interesa en absoluto. Me parece cine hecho no por cineastas, sino por escritores, por poetas y por otra serie de gente que no son del mundo del cine. Algunos lo han hecho con mejor pie, otros con peor, pero la verdad es que no era para mí cine ni me interesaba. Ni a mí, ni creo que al público, exceptuando dos o tres películas”157.
153Luis Alfonso Gámez, “Enrique Urbizu: Mi cuerpo pide cine de terror”, El Correo Español-El Pueblo Vasco”,
14/8/1991.
154Declaraciones de Enrique Urbizu, El Mundo, 6/2/1994.
155Iñaki Sarriugarte, “Julio Medem, el cine desde y para sentimientos”, Academia, 5/1992.
156“...tampoco creo que se me pueda aplicar la etiqueta de “cine vasco”. El cine es internacional, y lo que he
intentado con Alas de mariposa, y voy a continuar en las siguientes, es que todo el mundo pueda entenderme. ¡Loca- lismos, fuera!” Diego Muñoz, “Bajo Ulloa estrena “Alas de mariposa”, ganadora en San Sebastián”, El País, 18/10/1991.
157Entrevista con Juanma Bajo Ulloa, 19/8/1992.
Enrique Urbizu ( a la derecha), dirigiendo a una actriz en el rodaje de Todo por la pasta.
En fin, parece claro que ya nada es como antes. A la variedad de temas tratados, se unen unas declaraciones sobre la producción vasca impensables diez años atrás. Pero estos jóvenes cineastas deben mucho a estos esfuerzos iniciales y no serían lo que hoy son sin este ambiente gestado lentamente desde los años setenta. Lo importante, a pesar de los numero- sos y graves problemas que están asfixiando a la industria audiovisual, es que al cine que se realiza en Euskadi le sobra talento para seguir en pie. Desbloqueadas en gran medida ade- más ciertas tendencias que constreñían la producción, el futuro, a pesar de todo, se deja ver con un aire de optimismo.
Julio Medem, a la izquierda, dirigiendo a Karra Elejalde y a Carmelo Gómez en el rodaje de Tierra.
El escepticismo en torno a la existencia de un cine vasco es general, pues, entre los directores más jóvenes. Daniel Calparsoro, en la imagen, (foto de Jorge Represa) creador de Salto al vacío, Pasajes y A ciegas, se muestra también rotundo al tratar la cuestión; “El cine vasco no existe, no hay entidad de cine vasco, cero”. (Declaraciones de Daniel Calparsoro, El País, 9/5/1996).
El temido interrogante para finalizar. La viñeta de Zulet publicada en El Diario Vasco (22/9/1993) recoge, apoyados en el signo de la victoria, los rostros de Alex de la Iglesia y de Juanma Bajo Ulloa, jóvenes ci- neastas vascos reconocidos por crítica y público pero alejados de las ayudas de las instituciones auto- nómicas. Bajo Ulloa, a pesar de sus enfrentamientos con el Departamento de Cultura, no escaparía a la definición de cine vasco al estar radicada su productora en Euskadi. En cambio Alex de la Iglesia trabaja siempre con productoras afincadas fuera de Euskadi. Esta situación reabre una polémica aletargada en el discurrir del tiempo. ¿Cine vasco? No parece que haya una respuesta…