4. Medios de comunicación, escándalos políticos y efectos en el comportamiento electoral de los chilenos.
4.2 Los escándalos políticos y su aporte para la comprensión del comportamiento electoral.
Una obra interesante sobre esta variable es presentada por Nancy E. Marion (2010), cientista política de la Universidad de Akron en EE.UU. En ésta la autora describe el fenómeno de los escándalos políticos como propios de los sistemas políticos contemporáneos. Aquí realiza un interesante ejercicio de definición. Para ella los political scandals son fenómenos que incluyen una figura política, una conducta transgresora por parte de ésta, la violación a ciertas normas establecidas –sean públicas o relacionadas con la ética privada- y la acción de la publicidad donde la prensa juega un rol clave en especial sobre la cobertura de los escándalos. Un ejemplo importante sobre esto último son los casos de relaciones extramaritales en las administraciones Kennedy y Clinton. En esta última la cobertura, repercusiones políticas y hasta jurídicas marcaron ampliamente la agenda en los últimos años de administración, muy diferente a la administración demócrata del primero en la década de los ‘60s. La autora concluye que la importancia de los medios en torno a los political scandals es que éstos develan y condenan a las figuras políticas (the media´s disclosure and condemnation), provocando un daño directo a la imagen y credibilidad de la figura política, uno de los principales activos que poseen los personeros políticos. Por otro lado –y tema no menor- es que el escándalo político se encuentra estrechamente relacionado con el peso o grado de
importancia del líder o figura política al interior de la sociedad. De esta manera para Marion (2010: 12), las figuras proclives a sufrir menoscabo en la imagen pública son: i) líderes religiosos; ii) profesores de escuela; iii) oficiales de policía y; iv) políticos profesionales. Sobre lo anterior, un punto importante a destacar por parte de la investigadora es que el escándalo político se une con un uso ilegítimo del poder político, donde la defraudación de la fe pública o, el uso malicioso de fondos públicos, daña la credibilidad no sólo de la figura pública, sino de las instituciones. Pero aquí un factor es determinante: el rol de los Medios de Comunicación. En efecto, no basta con la desaprobación pública, es indispensable para que se produzca el escándalo político de la cobertura y actuación de los medios. En definitiva, para que el fenómeno que describo se logre generar es fundamental:
1. que el escándalo político sea público, es decir, se entregue para conocimiento de la sociedad y,
2. presente una cobertura mediática que lo haga reconocible y factible de ser juzgado por la opinión pública.
Complementando los planteamientos de Marion, Dalton (1999:62), establece que un punto vital para el soporte de las democracias es precisamente la evaluación hacia el desempeño, por ejemplo, de los líderes políticos. Si la evaluación por parte de la opinión pública es negativa – incrementada a mi parecer por la temática de los escándalos- los líderes se arriesgan a una perdida en su credibilidad y en su reputación, sumada desde luego a una baja de apoyo político desde las urnas. Asimismo, Patterson (1993, 1996), establece que los Medios de Comunicación a la hora de desentrañar el comportamiento de los líderes políticos, actúan como gatekeeper, es decir, como seleccionadores y jerarquizadores de la noticia, en virtud de los propios requerimientos editoriales y comerciales que las agencias noticiosas determinen. En este contexto la temática de los escándalos resulta crucial, no sólo para la comprensión de la relación existente entre medios y política, sino también para comprender los mecanismos mediante los cuales los ciudadanos seleccionan y determinan a sus representantes.
Pese a lo anterior y contrariamente a las nociones sobre efectos negativos de los medios de comunicación sobre la política, Norris (2000) establece la necesidad de realizar estudios empíricos que respondan a los planteamientos críticos sobre los Medios de Comunicación. En este mismo sentido la autora señala que en las democracias consolidadas actuales se han comprobado gracias a estudios de opinión pública, dos hechos sustanciales. Por un lado, un mayor consumo informativo por parte de las audiencias, lo que conlleva a un mayor involucramiento cívico de los ciudadanos. Por otro lado, se advierte una mayor diversificación de las fuentes informativas (como una mayor oferta mediática en televisión, radio, prensa escrita o nuevos medios vinculados a internet). Todo esto, favorece según la autora, el compromiso cívico, el interés en la política y la participación ciudadana. Pese a lo ilustrativo del análisis, considero que los planteamientos de Norris no se aplican del todo a casos como el de las nuevas democracias latinoamericanas, entre las que Chile no se escapa como excepción. Las razones de esto son a mi juicio las siguientes:
1. Pese a existir una mayor oferta de medios al interior de la región, la falta de pluralismo mediático por concentración de la propiedad de, por ejemplo, canales de televisión, prensa escrita y radioemisoras en ciertos grupos económicos y, por las líneas editoriales existentes, refuerzan la idea de considerar los planteamientos de Pippa Norris (2000), sólo para democracias consolidadas como son la norteamericana o las realidades europeas, tanto por la existencia de pluralismo de oferta mediática, como por la diversidad en las líneas editoriales y propiedad de los medios.
2. Las líneas editoriales de los Medios de Comunicación pueden destacar elementos favorecedores del compromiso cívico como lo señalado por esta última autora. Sin embargo, el papel de las cadenas informativas pueden realzar elementos negativos que en una trayectoria prolongada en el tiempo podrían minar la confianza ciudadana en las instituciones, los políticos y en la participación electoral, fenómeno que a nivel empírico es ratificado por encuestas nacionales e internacionales en la reciente década, y que autores como Pérez Liñan (2007) y Torcal (2006) destacan en especial considerando el papel de las líneas investigativas actuales al interior del periodismo latinoamericano y, las experiencias de regímenes autoritarios junto al descrédito permanente que éstos
manifestaron hacia la política, los políticos y los sistemas de representación en las antiguas democracias de la década de los años ‘50s y ‘60s.
3. Si se entiende el compromiso cívico como esencial para los sistemas democráticos, esto a mí entender debe traducirse en un comportamiento electoral proclive a la participación. Para el caso chileno, las últimas décadas nos muestran una creciente desafección hacia los procesos eleccionarios, a las instituciones como el Congreso Nacional o los Partidos Políticos. Si los Medios de Comunicación para Norris, resultan esenciales para un positivo compromiso cívico, otros fenómenos y variables pueden ser más explicativas de este compromiso. Entre éstas identifico el nivel educacional, el sexo y la edad, factores verdaderamente determinantes del interés ciudadano en política (Raymond y Rosenstone, 1980). Además, puedo destacar un fenómeno no menor tanto para el caso chileno como para el contexto latinoamericano: el clientelismo político. En efecto, investigaciones para el caso latinoamericano como las desarrolladas por Mainwaring (2006), y las de Barozet (2004), para el caso chileno, comprueban la vigencia, protagonismo y profundidad de este fenómeno que explica tanto los niveles de movilización política como el interés ciudadano en esta última.
A la luz de estos últimos planteamientos puedo concluir que los efectos que provocan los medios en los compromisos cívicos y el comportamiento electoral de los ciudadanos, dependerán de la naturaleza de la oferta mediática al interior de los países, la concentración o no de los medios y, cuan arraigado se encuentre el sistema democrático. En el siguiente apartado abordaré el caso chileno que ayuda a comprobar la importancia de la oferta mediática, la concentración de la propiedad y, la relevancia del fenómeno de escándalos políticos en el comportamiento electoral de los chilenos.