Con la intención de esbozar que entendemos por esfera pública YLUWXDOUHFXSHUDPRVODGH¿QLFLyQGH-RKQ.HDQHHQODTXH³XQD esfera pública es un tipo particular de relación espacial entre dos o más personas, por lo general vinculadas por algún medio de co- PXQLFDFLyQWHOHYLVLyQUDGLRVDWpOLWHID[WHOpIRQRHWF\HQWUH las cuales se suscitan disputas no violentas, durante un periodo de tiempo breve o más prolongado, en torno a las relaciones de poder que operan dentro de su determinado medio de interacción y/o dentro de los más amplios ámbitos de las estructuras sociales y po- líticas en los que se encuentran los adversarios” (Keane, 1997: 58). Asimismo, indagar sobre el concepto de esfera pública respon- GHDFDVRDXQLQWHUpVTXHXQHHOFDPSRGHODFRPXQLFDFLyQFRQ el de la política y en este sentido se vuelve necesario historizar el concepto de esfera pública, debido a que “ha llegado a formar una parte tan intrínseca de su vocabulario que, por lo general, la
avance y optimismo en la tecnología, pero en una dimensión más pragmática, referida a políticas económicas. “El paradigma de la comunicación sustituye al del progreso” (Cabrera, 2006: 139), en donde la comunicación es el contenido de la nueva utopía, su forma es la tecnología e Internet su forma más acabada.
JHQHDORJtDGHOWpUPLQRVXHOHSDVDUVHSRUDOWR5HVXOWDLPSUHV- cindible recordar esta genealogía, pues comprender la historia de dichos conceptos nos permite apreciar más profundamente sus P~OWLSOHV VLJQL¿FDGRV VX XWLOLGDG HPStULFD \ VX SRWHQFLDO QRU- mativo, así como las trampas políticas en las que se puede caer DOHPSOHDUWpUPLQRVDFXxDGRVHQORVLQLFLRVGHODHUDPRGHUQD FRPRHOGHµODHVIHUDS~EOLFD¶HQHOWDQGLIHUHQWHFRQWH[WRGH¿QD- les del siglo XX” (Keane, 1997: 47). De este modo, volver sobre las formulaciones que tanto Hannah Arendt como Jürgen Habermas realizaron sobre la esfera pública abre el juego para una historiza- ción de los conceptos y una puesta en relación para ver la forma en que, en la actualidad, mantienen su validez como herramientas analíticas.
En La condición humana, Arendt muestra que la distinción entre público y privado, no es un rasgo excluyente de las socieda- des modernas y que ya estaba presente en el pensamiento griego antiguo. Para los griegos, la capacidad de organización política era distinta y opuesta al tipo de asociación natural centrado en el hogar y en la familia. Así, los ciudadanos -excluidos mujeres y esclavos- pertenecían a dos órdenes de existencia: la vida propia y la vida de lo común. Lo público remitía a la polis, a aquello que podía ver y oír todo el mundo y, por ende, se constituía en la realidad: “La presencia de otros que ven lo que vemos y oyen lo que oímos nos asegura de la realidad del mundo y de nosotros PLVPRV´ $UHQGW \ SDUDOHODPHQWH UH¿HUH ³DO propio mundo, en cuanto es común a todos nosotros y diferen- FLDGRGHQXHVWUROXJDUSRVHtGRSULYDGDPHQWHHQpO´ En contrapartida, la esfera privada se replegaba al ámbito de lo GRPpVWLFRGHODIDPLOLD\FRQVWLWXtDHOHVSDFLRGRQGHORVVHUHV humanos vivían juntos llevados por sus deseos.
Esta división se ve obliterada, para Arendt, por lo que llama “el auge de lo social”, es decir, el fenómeno por el cual muchas de
ODVDFWLYLGDGHVTXHDOJXQDYH]VHUHDOL]DURQHQORVFRQ¿QHVGHOD casa y la familia son hechas más allá del hogar por grupos socia- les que crecen y que ocupan progresivamente el espacio social. El perjuicio del auge de lo social reside en no haber permitido el establecimiento de un espacio para el tipo de acto y discurso que los antiguos griegos habían considerado constitutivo de la esfera S~EOLFD (Q HVWH PDUFR OD GL¿FXOWDG TXH SUHVHQWD OD VRFLHGDG GHPDVDVQRHVVXQ~PHURVLQRODSpUGLGDGHSRGHUGHOPXQGR para agruparlas y relacionarlas.
Esta breve exposición de algunos de los puntos desarrolla- dos en La condición humana recupera sólo un elemento más;; $UHQGWQRVHGHWLHQHDUHÀH[LRQDUVREUHHOUROTXHORVPHGLRVGH comunicación masivos y en particular la prensa escrita ejercie- ron en la opinión pública. En ese sentido, podemos arriesgar que Jürgen Habermas, en Historia y crítica de la opinión pública, WUDWDGHOOHQDUHVDODJXQD7KRPSVRQDXQTXHDWUDYpVGH un camino distinto.
Un recorrido sucinto por Historia y crítica de la opinión pú- blicaQRVSHUPLWHLGHQWL¿FDUWUHVPRPHQWRVHQODIRUPDFLyQGH la esfera pública. En principio, el autor retrocede hasta la anti- gua Grecia -al igual que Arendt- para, en las ciudades estado, distinguir entre lo público y lo privado, siendo el primero un es- pacio constituido en el ágora donde los ciudadanos -en calidad GHLJXDOHVGLVFXWtDQDTXHOORGHLQWHUpVFRP~Q(QFRQWUDSDUWL- da, el ámbito privado correspondía al oikos, donde se desplega- ba la economía familiar.
En cambio, en la Edad Media Habermas no encuentra que haya una esfera pública diferenciada, la publicidad era un atri- buto exclusivo de señores feudales y reyes que alcanzó su máxi- ma expresión en la vida cortesana de los siglos XV y XVI. No obstante, esto comienza a cambiar con el desarrollo del capita- lismo mercantil en el siglo XVI donde el objetivo de la esfera
pública burguesa de la sociedad civil europea -en formación- era el de contrarrestar las prácticas secretas del Estado y limitar el poder del soberano absolutista. Esta esfera pública burguesa se erigía en un espacio intermedio entre la autoridad pública -el Es- tado- y el ámbito privado. Este espacio estaba conformado por individuos reunidos para debatir respecto de los temas clave. “Era la esfera del lenguaje y el discurso, de la argumentación y la confrontación, una esfera en la cual los individuos podían ex- SUHVDUVXVSXQWRVGHYLVWDGHVD¿DUORVGHORVGHPiVHLPSXJQDU el ejercicio del Estado. Se trataba, como dice Habermas, del uso público de la razón por parte de individuos interesados en abrir el debate y la discusión” (Thompson, 2011: 17). En este sentido Habermas escribe: “El pouvoir como tal es puesto a debate por una publicidad políticamente activa. Ese debate está encarga- do de reconducir la voluntas a ratio, ratio que se elabora en la concurrencia pública de argumentos privados en calidad de consenso acerca de lo prácticamente necesario en el interés universal” (Habermas, 2009:118).
Para Habermas, el surgimiento de la esfera pública burguesa fue posible en Inglaterra por la proliferación de periódicos crí- WLFRV\ODDSDULFLyQGHFDIpVOLWHUDULRV\FHQWURVGHGHEDWH³/D prensa periódica, de este modo, devino un elemento clave en lo que hace al surgimiento de una esfera pública” (Thompson, 1996: 83). Pero este espacio entró en un rápido declive debido al incremento del intervencionismo del Estado y el devenir de los medios de comunicación en empresas, lo que transformó el espacio de debate racional-crítico en una esfera más de consumo cultural, donde las opiniones eran matizadas por los intereses económicos de los medios masivos de comunicación. Este pro- ceso, nominado “refeudalización de la esfera pública”, evidenció la transformación de la política en un espectáculo que excluía a la población de la cuestión política.
Hasta aquí una ajustada síntesis del modelo habermasiano, la cual no puede concebirse sin un conjunto de críticas que apuntan DVXJpQHVLV\IXQFLRQDPLHQWR(QWUHHOODVVHSXHGHQGHVWDFDUOD exclusión de los movimientos sociales y populares;; la reclusión GHODVPXMHUHVDOiPELWRGRPpVWLFR5HWDPR]RODGHFD- dencia de la esfera a causa de la pasividad de los espectadores y el menosprecio por el impacto que los medios masivos de comuni- cación tuvieron en el mundo moderno (Thompson, 1998). Con el mismo tono, Thompson resalta que “...no llegaremos a una com- prensión satisfactoria de la naturaleza de la vida pública en el mundo moderno si permanecemos aferrados a una concepción de la publicidad (publicness) de carácter esencialmente dialógico y que nos fuerce a interpretar el papel creciente de la comunicación mediada como una especie de caída histórica en desgracia. Debe- ríamos, por contra, reconocer desde el principio que el desarrollo de los medios de comunicación -empezando por la prensa, pero incluyendo las más reciente formas de comunicación electróni- ca- ha creado una nueva clase de publicidad (publicness) que no puede ser adaptada al modelo tradicional. Con el desarrollo de los medios de comunicación, el fenómeno de la publicidad se ha desvinculado del hecho de la participación en un espacio común. Se ha des-espacializado y ha devenido no-dialógica, a la vez que VHKDYLQFXODGRFUHFLHQWHPHQWHDODFODVHHVSHFt¿FDGHYLVLELOL- dad producida por los medios de comunicación (especialmente ODWHOHYLVLyQ\IDFWLEOHDWUDYpVGHHOORV´7KRPSVRQ Esta mutación descrita por el autor, es objeto – desde nuestra perspectiva – de un nuevo desplazamiento que, con la utilización de las TIC, da lugar a una nueva instancia dialógica desespacia- lizada mediada por las interfaces de la Web 2.0. Interacción que ampliaremos siguiendo a Rost con la interactividad virtual.
Por su parte John Keane crítica la limitación que vincula a la esfera pública con la esfera estatal;; aunque en principio se con-
solidó en lucha contra los estados despóticos esto está cambian- do en la actualidad. “Hoy día se ha vuelto obsoleto el ideal de una HVIHUD S~EOLFD XQL¿FDGD(Q OXJDU GH HOOR ¿JXUDWLYDPHQWH hablando la vida pública experimenta una “refeudalización” no HQHOVHQWLGRHQTXH+DEHUPDVXWLOL]yHVWHWpUPLQRHQVXHisto- ria y crítica de la opinión pública, sino en el de la conformación de un complejo mosaico de esferas públicas de diversos tamaños que se traslapan e interconectan...” (Keane, 2004: 57). Así, el DXWRULQJOpVGHVFULEHPLFURPDFUR\PHVRHVIHUDVTXHUHYHODQOD LPSRVLELOLGDGGHSHQVDUXQDHVIHUDS~EOLFDXQL¿FDGDGyQGHHO ³PRVDLFR´GHHVIHUDVVHSUHVHQWDFRPRXQFDPSRKHWHURJpQHR HQHOFXDOVHFRQVROLGDQSHTXHxRVDUFKLSLpODJRVGHHVIHUDVTXH pueden agruparse en base a las estructuras sociales y los actores que se involucran. En este punto es importante recuperar la di- PHQVLyQFRQÀLFWLYDTXH±HQQXHVWUDSHUVSHFWLYDHVWUXFWXUDOD esfera pública virtual. El disenso escribe Arditi, “es una manera de simbolizar lo común, con la salvedad de que consiste en un común litigioso instituido por la parte de los que no tienen parte, es decir, por la parte que ha sido empujada hacia la inexistencia o por lo menos ha sido relegada al lugar de quienes, para el buen orden imperante, realmente no cuentan” (Arditi, 2011:57).