• No se han encontrado resultados

B.   El espacio de la opinión pública y la sociedad civil Un acercamiento a la teoría

3.   El espacio de opinión pública y el proceso de democratización 40

En las sociedades modernas, el uso del lenguaje es determinante en las relaciones entre los actores28 y su desenvolvimiento participativo en la arena política. Habermas, en su Teoría de la Acción Comunicativa, identifica a las sociedades modernas por la emergencia de formas de acción comunicativa, basadas sobre la posibilidad de alcanzar el entendimiento a través del lenguaje (Habermas, 1999 [1981]: 171-193), característica central para la existencia permanente de la esfera pública. Este proceso está ligado a la “generación de poder”, pues somete la autoridad pública a una crítica abierta desde la sociedad civil (Avritzer, 2002: 42). La esfera pública es un espacio institucionalizado de interacción discursiva, donde los ciudadanos deliberan sobre sus problemas comunes, y de producción y circulación de discursos críticos frente al Estado. Los individuos interactúan en este espacio, debaten y argumentan sobre los temas políticos, buscan y adoptan estrategias para sensibilizar a las autoridades políticas sobre sus preocupaciones y demandas. Los actores actúan comunicativamente, compartiendo el espacio intersubjetivamente en una situación de habla que abre las relaciones interpersonales. La influencia de los actores se apoya en

28

Para Habermas, el actor es al tiempo el iniciador de actos que le son imputables y producto de tradiciones en cuyo seno vive, de grupos solidarios a los que pertenece y de procesos de socialización y aprendizaje a los que está sujeto (Habermas, 1999 [1981]: 192).

la resonancia y en oportunidades diferenciales. Por esto, los temas deben ser percibidos como relevantes por los ciudadanos, de tal manera que sean legitimados por la autoridad del público. Para Habermas, los actores que surgen del público y participan en la reproducción del espacio público deben distinguirse de los actores que ocupan un espacio público ya constituido, tal como los grandes grupos de intereses organizados que, a través del espacio público, ejercen influencia sobre el sistema político (Habermas, 2001 [1998]: 444).

Leonardo Avritzer comparte la conceptualización de espacio público de Habermas, y desarrolla una concepción de esfera pública basada en las siguientes ideas: un espacio para la interacción de cara a cara en que los individuos discuten sobre los fundamentos morales de la política; una esfera independiente del Estado; y que esta esfera enriquece el ámbito político al proveerlo de nuevos actores y procesos deliberativos, “que pueden adicionar la práctica política democrática” (Avritzer, 2002: 39). Esta esfera pública debe tener una administración independiente del Estado, a través de los procesos de toma de decisiones y formas de control.

Para Habermas, los recursos para una participación política en el posicionamiento de temas están condicionados por la disponibilidad del tiempo y los intereses individuales, entre otros, que pueden mermar la formación racional de la voluntad. La posibilidad de influenciar el sistema político desde la participación en la esfera pública ejerciendo el derecho de expresión, permite además que el orden social sea visto como una creación humana, pues es el individuo creador de sí mismo. Las estructuras de comunicación que conforman la esfera de la opinión pública brindan a los miembros de la sociedad herramientas para incidir en la toma de decisiones; aunque éstas están reservadas a las instituciones encargadas de tomarlas (Habermas, 2001 [1998]: 442). Estas disposiciones surgen ante la necesidad de suministrar soluciones a los problemas e inquietudes que aparecen en la sociedad y en cuyo fortalecimiento deben participar las instituciones para su legitimación.

La importancia de la opinión pública para lograr cambios en las políticas gubernamentales y en la cultura política de la sociedad, encuentra sustento en el planteamiento teórico de Jürgen Habermas. Este autor establece una íntima relación entre el surgimiento de la sociedad civil y la esfera pública, como generadoras de la opinión pública que contribuyen a instaurar sistemas democráticos. El espacio público

constituye un factor primordial para la formación de la opinión pública y voluntad política, ésta brinda a la sociedad civil herramientas para solucionar problemas desde un contexto de comunicación (Habermas, 2001 [1998]: 373). A través de la formación de la opinión y la voluntad política, los ciudadanos participan políticamente en la sociedad y revitalizan el espacio de la opinión pública, que debe entenderse como una red comunicadora de opiniones, llenas de contenidos y tomas de postura, donde los flujos de comunicación son filtrados y sintetizados en temas específicos (Ibid: 440). A esto debe sumarse que, la fuerza de la opinión pública tiende a incrementarse con un aumento del poder, pero esto tendería a crear decisiones autoritarias (Fraser, 1997: 130).

El espacio de la opinión pública se presenta como una red para la comunicación, llena de contenidos y tomas de postura que se condensan en opiniones públicas alrededor de temas específicos, con base en un lenguaje en común (Habermas, 2001 [1998]: 440). La comunicación se efectúa a través de procedimientos democráticos y redes que se forman en los espacios públicos. Estos procesos se reproducen dentro y fuera de los espacios formales, como el Parlamento. Los espacios públicos permiten la formación más o menos racional de la opinión y de la voluntad acerca de temas relevantes para la sociedad, que necesitan regulación. El surgimiento de una sociedad civil, separada del mercado y del Estado, permitió la creación de espacios de interlocución para los actores sociales. Este espacio de representación constituye el marco generativo de los movimientos sociales.

El poder comunicativo no es igual al poder político, por esto muchos actores como generadores de opinión pública pueden tener poder comunicativo y no necesariamente poder político. La formación de la autonomía política29, significa la

formación discursiva de la voluntad30 común, esto implica la implementación de leyes, pero el poder comunicativo no influye constante en la generación de poder político, la voluntad política está conectada a la institucionalización de normas que formalicen el marco jurídico de actuación. Los actores sociales dirigen sus fuerzas para transformar

29

Habermas apunta que “la política no puede coincidir ya en conjunto con la práctica de aquellos que hablan entre sí para actuar de forma políticamente autónoma” (2001: 217).

30

Habermas aclara que, “el tratamiento racional de estas cuestiones exige una formación de la opinión y la voluntad que conduzca a resoluciones fundadas concernientes a la persecución de fines colectivos y a resoluciones fundadas acerca de la regulación normativa de la convivencia” (2001: 226). El derecho no solo brinda normas para regular los conflictos, sino que también determina la realización de fines colectivos a ciertas restricciones.

su poder comunicativo en poder político o incidir en éste. En la formación racional de la voluntad colectiva, las actitudes y motivos cambian en función de los argumentos, y es imprescindible considerar la facticidad de los contextos existentes (Habermas, 2001 [1998]: 217-223). Las expectativas normativas de la política deliberativa están relacionadas a la formación de la opinión, pues el proceso comunicativo permite percibir los problemas de la sociedad y el sistema de redes habilita la recolección de procesos espontáneos de producción de opinión. Las opiniones públicas tienen potencial político de influencia, que puede usarse para influir en el comportamiento electoral de los ciudadanos o en la formación de voluntad política del Parlamento, gobierno o tribunal (Ibid: 443).

Un estrato de la sociedad se impone al gobernar a los demás, aprovecha la institucionalidad de la esfera pública oficial para construir consentimiento. Un nuevo modo de dominación política toma consistencia en la esfera pública, la crítica pública. En esta esfera, representantes de grupos identitarios excluidos plantean críticas públicas que buscan ser politizadas y contribuir al proceso de democratización de las sociedades. La esfera pública habermasiana admite la incorporación de temas conflictivos al debate público. El conflicto es inherente a la esfera pública, debido a que unas voces pueden adquirir mayor resonancia frente a otras. Habermas reevalúa el significado de los conflictos dentro de la modernidad, a través de la comunicación lingüística y de dos símbolos específicos: dinero y poder (Habermas, 2001 [1998]). Además reconoce que la burocratización no es intrínsica al desarrollo de la modernidad pero es originada en la penetración del poder en el ámbito comunicativo, y a través de formas organizadas busca generalizar la democracia (Avritzer, 2002:43). Frente a la exclusión u opresión de los grupos menos representados en los ámbitos de poder, los actores encuentran oportunidades de extender sus redes de interacción. La construcción de redes de comunicación entre los actores sociales, en diferentes ámbitos y niveles, la acción colectiva y la movilización de recursos habilitan una opinión pública fuerte frente a actores hegemónicos.

En las sociedades complejas, el espacio de la opinión pública es una estructura intermedia entre el sistema político y los sectores privados. Representa una pluralidad de espacios (internacionales, nacionales, regionales, etc.), que se interrelacionan y superponen unos con otros (Habermas, 2001 [1998]: 454). El reconocimiento de la esfera pública como medio de interrelación y comunicación requiere significación

política ante los poderes dominantes. Sus funciones son variadas: brinda a los actores sociales un espacio donde liberar tensiones, plantear demandas e institucionalizar sistemas de representación frente a la administración pública. Los miembros de la sociedad civil y del espacio de opinión pública buscan reflejar la pluralidad de actores y demandas que la compone, a más de consolidar formas de solidaridad que den fortaleza al reclamo de igualdad y equidad de los miembros. Las redes sociales constituyen un pilar en la generación de poder público frente a los agentes que detentan el dominio, y surgen de la necesidad de acceder a espacios de participación en libertad e igualdad social (Diani, 1998).

Habermas tematiza las relaciones entre la esfera pública y el sistema público en términos de transferencia de influencia. La formación de opinión pública requiere alcanzar niveles de influencia política dentro de los debates parlamentarios, e influir en transformar el poder comunicativo al momento de legitimar las decisiones políticas. Los ciudadanos modernos no encuentran un foro paralelo a la esfera pública. La teoría habermasiana nos brinda una vía alternativa de reconexión de la razón. La conexión entre el razonamiento público y la deliberación facilita la formación de consenso sobre las políticas a implementar. El consenso logrado en el ámbito de la opinión pública debe ser reflejo de las decisiones administrativas. Los tomadores de decisiones tienen problemas de legitimación cuando escogen no incorporar los consensos, pero usualmente los resultados de las discusiones políticas favorecen a los detentores de poder, mas los legisladores no están obligados por los resultados de la deliberación pública.

El debate público y la deliberación crean consensos sociales y establecen formas de rendición de cuentas31 para el ejercicio del poder (Avritzer, 2002: 49-50). La esfera pública emerge históricamente como resultado de un proceso en el cual los

31

Peruzzotti y Smulovitz considera que, los mecanismos de rendición de cuentas (accountability social) surgen de la sociedad civil para exigir el cumplimiento de la ley y su debido proceso, para lo cual se utiliza la exposición pública de los temas en conflicto, se denuncian los actos ilegales, con el propósito de activar mecanismos de control horizontales sobre la operación de las acciones en discusión. La accountability social está relacionada a la capacidad de la sociedad de imponer sanciones, las que suelen estar ligadas a los costos reputacionales que implica la exposición a la opinión pública de temas y actos ilegales, con el fin de forzar a las instituciones políticas a atenderlas y darles algún tipo de respuesta (Peruzzotti y Smulovitz, 2002: 34). Estas acciones son visibles en la vida política, donde la exposición continua de denuncias acerca de los conflictos y falta de acuerdos entre las poblaciones amazónicas y los representantes de la industria hidrocarburífera y del Estado, se produce el espacio brindado por los medios de comunicación y el constante ejercicio de acciones sociales de protesta.

individuos son iguales en su capacidad de demandar rendición de cuentas públicas como justificaciones morales de las acciones estatales. Dentro del modelo deliberativo, el éxito y el fracaso son partes de los procesos de deliberación, distintos y complementarios. La deliberación puede proveer la estructura para la agenda del consenso y evitar la interrupción de la comunicación, esto nos permite conectar tres elementos de la esfera pública: libertad de expresión y discusión, la formación de identidades plurales, y libre asociación; con dos mecanismos adicionales que los unen a la deliberación: el foro público32 y la rendición de cuentas (Avritzer, 2002: 51).