ILUMINACIÓN ASPECTO DEL ESPACIO ESCÉNICO
EL ESPACIO TEXTUAL O LITERARIO
En este capítulo pretendemos esbozar algunas de las características formales que singularizan al texto teatral, prestando atención sobre todo a la distribución espacial de los elementos dramáticos, teniendo en cuenta que la coherencia textual viene marcada por la idea de una coherencia escénica en espacio ideal de la representación.
El material que suelen usar los historiadores para estudiar y analizar
la historia de las representaciones que no han perdurado en el tiempo son los textos, pero el texto es solo un aspecto parcial de lo que el espectáculo fue en su día. A lo largo de este capítulo nos referiremos a lo específico del texto teatral -que no se puede definir sino con relación a la puesta en escena- frente a otras formas literarias.
Hay que tener en cuenta que la naturaleza específica del drama como texto le dispone en una situación ambigua entre la esfera del teatro como representación y la de literatura. A este respecto encontramos teorías que van desde los que defienden la primacía del análisis textual hasta las tesis más radicales que consideran que el teatro no es literatura. Nosotros pensamos que no se puede analizar el valor literario de un texto sin tener en cuenta las distintas funciones teatrales que parten de la intención básica de representarlo, pero tampoco se puede llevar a cabo el análisis de una representación en la práctica escénica sin tener en cuenta su substrato literario (v. Miroslav Prochâzka, 1984: 102-126)
La estructura del drama como texto literario está especialmente inscrita en límites espaciales. Ubersfeld (1978) define el espacio dramático
general como el espacio representado en el texto por medio del cual se le da forma espacial a las situaciones dramáticas. El texto está concebido para ser representado en un espacio limitado y en un tiempo presente. En estas coordenadas actúan los personajes moviéndose directamente en el espacio escénico a través de las acciones y la palabra, sin necesidad de elementos enmarcadores espacio-temporales como hace el narrador en la novela (para Jansen existe una relación complementaria entre narrador y espacio escénico, mientras que el texto lírico se encontraría a medio camino entre ambos discursos).
En el devenir histórico literatura y teatro se han interrelacionado con frecuencia desde la completa separación hasta la relativa identidad. Después de todo, el concepto "drama" tiene un significado ambiguo entre género literario y representación teatral.
Partiremos de la base de que en cada texto teatral subyace una representación ideal o virtual que da unidad de sentido al drama como texto literario. El texto es "la memoria del espectáculo" (R. Salvat, 1983:103); la diferencia es que, desde una perspectiva semiótica, en el texto los signos son fijos y en el espectáculo móviles. Como género literario el texto teatral tiene un emisor y un receptor físico único, como espectáculo ambos son múltiples. Una de las características del signo teatral ya desde el texto es su "transformabilidad", lo que le permite su expresión a través de distintos códigos y medios. De tal modo, signos lingüísticos se convierten en otros signos visuales o acústicos a la hora de la representación o transformación del texto en espectáculo.
Como texto artístico literario, el drama escrito es un lenguaje secundario que no coincide con el lenguaje natural, sino que posee un
sistema propio de signos y reglas de combinación que tiene la peculiaridad de ofrecer a distintos lectores distinta información según la capacidad del lector, cuya percepción puede variar en sucesivas lecturas merced a los datos aprehendidos en las primeras. Es por esto un texto vivo en el cual el lector asimila e interpreta los datos que podrían cambiar al ser considerados de forma diferente en una segunda lectura (v. Lotman, 1970: 34-36). Por tanto, el espacio donde se desarrolla el argumento, como un componente más que es del texto teatral, es evocado e imaginado por ciertos elementos (acotaciones y diálogos a los que nos referiremos más adelante) y solo cambia según sea la composición imaginaria que el lector haga de este espacio indicado en la obra. Esto es, cada "texto escénico" supone la inclusión de otros muchos "textos artísticos", no solo literarios sino también visuales, que están distribuidos en un espacio imaginario concreto que plantea el autor y elabora el lector a modo de director hipotético de la obra.
Si el argumento de una obra está en estrecha relación con el espacio donde se desarrolla, ya que es la expresión de los acontecimientos siguiendo el orden temporal y espacial en que se comunican (v. Tomachevski, 1925), el modo de secuenciación argumental es especialmente significativo en las formas teatrales por estar más delimitadas que otros textos narrativos por coordenadas espacio- temporales.
El espacio textual se representa y delimita físicamente en la mente del lector, de tal modo que: "La estructura del espacio del texto se convierte en modelo de la estructura del espacio del universo, y la sintagmática de los elementos en el interior del texto, en el lenguaje de modelización espacial" (Lotman, 1970: 270-271).
Es decir, el lector hace del mundo de las relaciones expuestas en el texto un modelo del espacio supratextual. En esta interpretación del espacio cuentan no solo las referencias concretas al lugar, sino también la ideología y las alusiones culturales que estos textos transmitan. De tal modo que expresiones como alto/bajo, izquierdas/derechas pueden tener en el texto un valor no solo situacional sino ser indicadores de una ideología o sistema de valores político - sociales o culturales determinado.
Los modos referenciales del texto teatral o dramático van más allá de la sola adecuación del diálogo a un hipotético entorno escénico, puesto que al ser también un lenguaje literario supone una red de evocaciones que sitúan al lector en un mundo ideológico concreto.
El autor elige el lenguaje en el que construye el texto, ya sea poesía, novela o drama pero cada uno puede tener interferencias de los otros. El texto puede pertenecer simultáneamente a dos (o varios) lenguajes. Toda su estructura es portadora de información, pues funciona al proyectarse sobre otra estructura. El texto artístico puede suponer también, la transgresión o creación de ciertas normas por la introducción de otras estructuras que no conocemos, ya sea intercalando un nuevo sistema de codificación, dando el efecto de que la obra está inacabada, interrumpida o fragmentada, etc.
Como ya señaló Jansen (1977), creemos que uno de los elementos que mejor define al texto teatral frente a otros textos literarios, es que éste lleva al lector a una "plasmación espacial", mientras que el texto narrativo lleva a una "plasmación narrativa". Por otro lado, el texto teatral se caracteriza por su alto grado de "iconicidad", puesto que la referencia a formas icónicas y su distribución son básicas para la presentación de la
"historia" como representación que se desarrolla dentro del universo escénico ficticio (v. U. Eco, 1972).
II - 1: EL TEXTO TEATRAL: