En el diagnóstico incluimos 275 es- pecies de aves que pueden considerarse como migratorias en Colombia y que re- gistran movimientos de carácter latitudi- nal, altitudinal, local y/o transfronterizo (Anexo 4). Encontramos un total de 48 fa- milias, siendo las reinitas, los atrapamos- cas y los playeros, los grupos con mayor número de especies (Parulidae: 35, Scolo- pacidae: 31 y Tyrannidae: 29) seguido por
los colibríes (Trochilidae: 18) y las gavio- tas y gaviotines (Laridae: 17). Igualmente incluimos en el listado 35 subespecies identificadas dentro de estos patrones de migración en Colombia (Anexo 4).
Ecología
La migración de las aves es favorecida por una serie de características especiales de comportamiento y fisiología. Este es un comportamiento instintivo, que ocu- rre una y otra vez aunque las condiciones ambientales parezcan apropiadas para la permanencia en un sitio determinado. Muchas aves cambian su rutina de acti- vidad o ajustan su metabolismo durante la época de migración; por ejemplo, aves que normalmente son solitarias, se con- centran en grandes grupos durante el via- je o en los lugares de invernada (Resnatur
et al., 2004).
Los largos vuelos de migración deman- dan un gran gasto de energía y las aves deben alterar sus ritmos de alimentación, almacenar depósitos de grasa y modificar en muchos casos su organismo para ha- cer un uso más eficiente de sus reservas energéticas (Resnatur et al., 2004). Algu- nas adaptaciones resultan casi inverosí- miles; por ejemplo, se ha descubierto re- cientemente que algunas aves, dado que no se alimentan durante el viaje, tienen la capacidad de reducir el tamaño de todo su sistema digestivo antes de migrar (Ca- nevari et al., 2001).
Las especies difieren en sus horarios de vuelo durante las migraciones, proba- blemente en respuesta a distintas opor- tunidades o limitaciones a las que se en- frentan mientras viajan. La mayoría de las rapaces viajan de día aprovechando las corrientes termales ascendentes (corrien- tes de aire caliente), para planear a me-
dida que van migrando y así controlar el alto gasto energético que implica un largo recorrido (Márquez et al., 2005). Por otra parte, muchas especies de hábitos diur- nos, como las gallinetas de agua, reinitas, verderones, zorzales, atrapamoscas y tur- piales, migran de noche. El movimiento en medio de la oscuridad puede ser ven- tajoso para estas aves por hacerlas me- nos vulnerables a los ataques de depre- dadores, por ofrecerles la oportunidad de buscar su alimento durante el día, como lo hacen habitualmente en sus sitios de origen y por exponerlas menos a la deshi- dratación gracias a las temperaturas fres- cas de las horas nocturnas (Resnatur et al., 2004).
Rutas de migración
El concepto de rutas de migración es una generalización para entender los mo- vimientos de las distintas especies, pues
Falco peregrinus
© John S. MIT
CHELL / WWF
las rutas de migración varían ampliamen- te entre individuos, poblaciones, fechas y años. Por lo general, las rutas de vuelo se presentan con más frecuencia en las es- pecies gregarias, como son los playeros y los patos. Las aves que no viajan en gru- pos familiares tienden a desplazarse por corredores más amplios (Resnatur et al., 2004).
A pesar de esto, se reconocen en las aves provenientes de Norteamérica tres rutas principales, tanto en la migración de otoño como en la de primavera. Es- tas rutas son: el corredor del Atlántico, el del interior y la ruta Centroamericana o corredor del Pacífico. En el corredor del Atlántico, muchas aves playeras y algunas reinitas atraviesan el Atlántico desde las costas de Nueva Inglaterra en los Estados Unidos y entran a Suramérica por las cos- tas de las Guyanas y Venezuela después de pasar sobre las Antillas Menores. A partir de este punto de llegada, se dispersan en distintas direcciones y muchas de ellas arriban a Colombia volando a lo largo de la costa del Caribe (Resnatur et al., 2004).
Un segundo grupo, el del interior, inicia su viaje en el Ártico y continúa en direc- ción al sur a través de las praderas norte- americanas y las Montañas Rocosas (Ca- nevari et al., 2001). Llegan a las costas del golfo de México y cruzan sobre las islas mayores del Caribe para hacer su ingreso a Colombia alrededor de la Sierra Nevada de Santa Marta, antes de distribuirse ha- cia el sur del país. Es muy probable que la mayoría de los patos migratorios utilicen esta ruta, ya que la más grande concen- tración de pato careto (Anas discors) en el norte de Suramérica se encuentra en la Ciénaga Grande de Santa Marta (Resnatur
et al., 2004).
Las demás migratorias de Norteaméri- ca bordean la costa del Pacífico america-
no hacia el sur y arriban a Colombia por varias rutas centroamericanas que des- embocan en el norte del Chocó. Este gru- po está formado por aves playeras, una gran variedad de paseriformes que atra- viesan las selvas del Darién y las águilas migratorias (Buteo platypterus), águilas pes- cadoras (Pandion haliaetus), y gualas comu- nes (Cathartes aura) (Resnatur et al., 2004).
La migración austral ocurre en gran medida dentro del continente surameri- cano, pero es muy poco lo que se conoce sobre estas rutas migratorias. La mayoría de los registros existentes corresponden al oriente de los Andes, por lo cual es pro- bable que existan corredores amazónicos con una orientación sureste-noreste (Res- natur et al., 2004).
Tipos de migración
De acuerdo con la cobertura geográfi- ca de los viajes, se reconocen tres grandes tipos de migración para las aves. Primero, la migración altitudinal, donde algunas especies permanecen todo el año en un mismo país, pero se mueven entre dis- tintas franjas de elevación. Por ejemplo, al terminar la época de floración de algu- nas plantas de páramo, muchos colibríes descienden a los bosques nublados o a las selvas lluviosas del piedemonte justo cuando se empiezan a abrir las flores de sus fuentes alternas de alimento. Por su parte, los quetzales, tucanes y otras aves frugívoras viajan también a lo largo de las pendientes de las cordilleras, en res- puesta a la disponibilidad estacional de frutas. Aunque son poco conocidos, sin duda forman parte de la historia natural de muchas aves colombianas (Resnatur et
al., 2004).
El segundo tipo de migración conoci- do incluye la migración local que puede en ocasiones ser transfronteriza y es tam-
bién un movimiento cíclico dentro de un mismo cinturón latitudinal, en respuesta a la disponibilidad de hábitat o a la pre- sencia de recursos abundantes en par- ches específicos. Muchas aves acuáticas de los Llanos migran grandes distancias a medida que transcurre el ciclo normal de sequías e inundaciones. Algunos loros y otras aves frugívoras viajan entre parches de bosque rastreando la fructificación de sus principales fuentes de alimento y es- tos movimientos, de carácter nómada, se repiten con el paso de las estaciones cli- máticas (Resnatur et al., 2004).
Pero las migraciones mejor conoci- das y sin duda las más espectaculares en cuanto a sus dimensiones geográficas, son aquellas que hacen algunas aves en- tre localidades de distintos continentes, incluyendo movimientos transfronterizos. En estas migraciones latitudinales, que ocurren cada año, especies que se repro-
ducen en latitudes templadas de Nortea- mérica y de Suramérica llegan hasta Co- lombia y permanecen en el país durante varios meses antes de emprender el re- greso a sus sitios de nidación (Resnatur et al., 2004).
En relación con las especies de aves migratorias que han sido identificadas en este diagnóstico podemos mencionar que alrededor de 222, incluidas las subespe- cies, presentan migraciones latitudinales, 47 están relacionadas con migraciones altitudinales y cerca de 62 realizan mi- graciones locales (Anexo 4). En muchos casos de migración altitudinal y local, las especies llevan a cabo estos movimientos en otros países neotropicales como Cos- ta Rica, y con base en esa información, se espera que esas mismas especies tengan igual comportamiento en Colombia, aun- que esto no haya sido reportado hasta el momento.
Dendroica petechia
© Martin HAR
VEY / WWF