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Las especulaciones medievales

en las sociedades llamadas primitivas

11. Las especulaciones medievales

Dos fenómenos marcan, a nuestro parecer, la concepción medieval del lenguaje.

El primero es el despertar de un interés lingüístico por las lenguas «bárbaras», interés que se manifiesta en la elaboración de alfabetos para dichas lenguas, así como unos tratados que abogan por su derecho de existencia, unas traducciones de las Escrituras, y hasta unas gramáticas que proponen las primeras leyes de su construcción.

El segundo es el desarrollo, sobre un fondo de cristianismo, de tradición greco-latina (platónica y neoplatónica), en la teoría gramatical. De todo ello resulta una concepción del lenguaje en tanto que sistema de significación: son los modos de significar los que se convierten en el objeto de la especulación medieval, preparando de tal modo la lógica de Port-Royal y anunciando a su vez los debates modernos sobre el signo. La lengua significa el mundo reflejándolo (como un espejo: speculum) por medio del sentido: cuáles son las modalidades de dicha «especulación», he aquí el problema teórico de la gramática de la Edad Media.

Entre los siglos II y IV, los pueblos bárbaros empiezan a inventar su

escritura. Se trata de creaciones autónomas, mezcladas con préstamos de la escritura latina (o griega); son unos grafismos alfabéticos: tal la

oghámica para los celtas, la rúnica para los germanos.

Los caracteres rúnicos están tallados en la madera; cada uno tiene un trazo vertical al que se añaden unos trazos horizontales. En el antiguo alfabeto germano vienen repartidos en tres grupos de ocho letras cada uno; el alfabeto escandinavo tiene una variante más reciente. Las runas estaban estrechamente ligadas a las prácticas adivinatorias y a unos ritos mágicos.

En el siglo VI aparece el alfabeto gótico, con una base de escritura

griega y rúnica: fue creado por el obispo Wulfila (311-384), traductor de los Evangelios en lengua goda.

La escritura oghámica, difundida en Irlanda meridional y en el País de Gales, remonta probablemente al siglo IV y representa una serie de

hendiduras para las que cada grupo, que es una letra, se diferencia de los demás por el número de trazos y por su dirección.

Los eslavos producen su alfabeto en el siglo X. Sus creadores fueron

los hermanos Cirilo (827-869) y Método (fallecido en 885), monjes bizantinos de origen eslavo quienes tuvieron a su cargo una misión

evangélica en Moravia en 864. Los eslavos de Moravia, en efecto, para escapar de la dominación alemana y católica, se dirigieron al emperador bizantino para solicitarle una evangelización ortodoxa en lengua eslava. Para poder predicar en la lengua del pueblo eslavo, ambos hermanos precisaban traducir el Evangelio. Para elaborar el alfabeto eslavo, llamado glagolítico, recurrieron a una escritura antigua hallada entre los khazares, así como a la escritura griega. La escritura cirílica es una simplificación posterior de la glagolítica.

Este período de invención escritural, extensivo a todos los pueblos de Europa, muestra la importancia de dos hechos que caracterizan su relación con el lenguaje. En primer lugar, empieza a formarse una conciencia de la lengua en tanto que atributo nacional, expresión de una etnia y aval de su independencia política. Dentro de esta perspectiva, algunos teóricos de la época tuvieron hasta la audacia de oponerse al postulado de la santidad de las tres lenguas: el hebreo, el griego y el latín, exigiendo el pleno reconocimiento por derecho de su propio idioma. Así ocurre con el escritor búlgaro del siglo IX, Khrabre,

quien escribe en su discurso De las letras: «Los helenos no tenían letras para su lengua mas escribían su discurso con letras fenicias... Ahora bien los libros eslavos, los creó, según dice Cirilo, él solo en unos años: [los inventores del alfabeto griego] fueron numerosos, siete personas que harto tardaron en crear sus letras, y setenta personas para traducir [las santas Escrituras del hebreo al griego]. Las letras eslavas son más santas y más honorables pues las creó un hombre santo, mientras que unos helenos paganos fueron quienes crearon las letras griegas.

»Si se preguntase a los letrados griegos: “¿Quién creó vuestras letras y tradujo vuestros libros o en qué época?”, pocos habría que lo supiesen. Pero, si preguntamos a los alumnos que aprenden el alfabeto eslavo: “¿Quién creó vuestro alfabeto y tradujo vuestros libros?”, todos lo saben y responden: “San Constantino el Filósofo llamado Cirilo, él fue quien creó el alfabeto y tradujo los libros, junto con su hermano Método...”».

Por otra parte, y en un plano meramente lingüístico, aquellos alfabetos son la prueba de un análisis minucioso de la cadena sonora en elementos mínimos, análisis que, en ocasiones, viene acompañado de una teoría fonética explícita que anuncia la fonología moderna. Tal es la obra sobre el fonetismo islandés, el Edda de Snorri Sturluson (1179-1241) de la cual Pedersen (The Discovery of Language. 1924, trad. al inglés en 1931) escribe que está «bajo la forma de una propuesta de reforma de la ortografía, una excelente pieza de fonética, una

descripción de la pronunciación del antiguo normánico que nos resulta sumamente instructiva en la actualidad».

En cuanto a las especulaciones gramaticales propiamente dichas, se refieren principalmente a la lengua latina, pues los ensayos de gramaticalización de las demás lenguas no comienzan hasta finales de la Edad Media y, por lo demás, sólo se realizan durante el Renacimiento. A lo largo del medioevo, los eruditos empiezan los textos de Donato y de Prisciano o bien descifran la Vulgata. Entre las gramáticas latinas, citemos la del inglés Aelfric, abad de Eynsham, con fecha del año 1000; el resumen en hexámetros de la gramática latina por Pierre Hélie (1150) de la universidad de París, quien sostiene que hay tantos sistemas gramaticales como lenguas; y el famoso libro de Alexandre de Villedieu, Doctrinale puerorum (1200) también escrito en hexámetros.

Esta última gramática es ejemplar en la medida en que adapta la enseñanza gramatical a las reglas lógicas por lo que acentúa el camino que, desde Prisciano hasta Port-Royal, dedicará la supeditación del estudio lingüístico a los principios lógicos. En un enfoque lógico semejante, es preciso que el gramático privilegie, en su estudio, la descripción de las relaciones entre los términos. Se trata básicamente del orden de las palabras y de la forma de las palabras. El orden determina el valor lógico. Así: «la construcción intransitiva exige que el nominativo sea el soporte del verbo». Cuando interviene una negación, se coloca delante del verbo. Si el lugar determina el valor lógico, las formas invariables no tienen menos importancia. De Villedieu reconoce dos formas sobre las que se apoya la significación oracional: el nombre y el verbo.

Las relaciones nombre-verbo, llamadas de rección. dan lugar a una descripción de los seis casos previstos en el plano de su significación y no como un juego formal gramatical. Se trata de una auténtica

semántica que se edifica sobre el fondo de esta concepción del paralelismo gramática-lógica. La sintaxis se basa sobre el concepto de

régimen: es la relación que se establece entre el principio activo, el rector, y el principio pasivo, el regido, observa Chevalier. El análisis sintáctico no toma en cuenta unas unidades más largas que las de la pareja binaria nombre/verbo... La influencia del Doctrinale fue considerable en el siglo XVI.

Las gramáticas especulativas de la Edad Media concebían el estudio del lenguaje como un espejo (speculum). ya lo hemos dicho, que refleja la verdad del mundo inaccesible de forma directa. Así pues, a partir de

esa «senefiance»19 oculta, los estudios se convirtieron más tarde en

tratados de modi significandi. Una de sus principales finalidades es la de delimitar la tarea de la gramática distinguiéndola de la de la lógica. La diferencia entre ambas viene así establecida: la lógica tiende a distinguir lo verdadero de lo falso mientras que la gramática capta las formas concretas que toma el pensamiento en el lenguaje, o, dicho de otro modo, la relación semántica del contenido con la forma. ¿Cuál es la organización de este sistema del lenguaje encargado de determinar los conceptos del pensamiento (o de expresarlos)? Está orientado en función de dos puntos de apoyo: el nombre y el verbo, el uno expresando la estabilidad, el otro el movimiento. El verbo desempeña el papel principal, primordial dentro de la oración. Para Hélie. es como el general de las tropas: «El verbo rige la oración: regir es arrastrar consigo otra palabra del discurso dentro de una construcción para la perfección de dicha construcción». El nombre y el verbo juntos forman entonces la oración la cual es una noción compleja y, como tal, objeto de la sintaxis. Se trata por supuesto de una sintaxis totalmente subordinada a la morfología: imitando la concepción aristotélica de la

substancia y de sus accidentes, la gramática lógica plantea al lenguaje como una conjunción de palabras declinables y la sintaxis no es sino el estudio de dicha declinación.

La teoría de los modi significandi en sí misma postula la existencia de