1. LOS CONJUNTOS
En el 405 a.C., poco después de la muerte de Eurípides y de Sófo cles, Aristófanes representa a Dioniso dirigiéndose a los Infiernos, acompañado de un coro de ranas, para rescatar al primero de los poetas trágicos. E l debate, el
agón,
se instaura entre Esquilo y Eurípides, Sófo- cles permanece al margen, pero obtiene el segundo puesto. D icho de bate es más com plejo de lo que parece: Aristófanes otorga la victoria a Esquilo e injuria copiosamente a Eurípides, pero este último es el poe ta que está presente en casi todos sus versos, y esta preferencia literaria de Aristófanes será también la del siglo IV y Ja de la época hetenísiico- rnmana.Esquilo, Sófocles y Eurípides. Este orden canónico corresponde a U edad; los antiguos se complacían en decir, forzando un poco las fe· chas, que en el momento de Salamina <480), Esquilo (nacido hacia el 525) combatía, Sófocles (nacido en el 4 9 6 o 495) cantaba el peán y Eurí-
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MHO V TRAGEDIA ΓΝ LA nUT.C'IA ANTIGUA, II
pides {nacido hacia cl 485) venía al mundo, así que dicho orden canó nico no es una creación de los Modernos y Aristófanes fue encendido. En cl siglo posterior, Licurgo hizo votar una lev que «ordenaba ejecutar en bronce las efigies de los poetas Esquilo, Sófocles y Eurípides, así co mo transcribir sus tragedias para conservar en los archivos la copia que el secretario de la ciudad debía dar a leer a los actores sin modificar el texto en la representación».1 Se trata de un tipo de honor comparable a los que la ciudad concede, habitualmenie en la época clásica y helenís* tica, a sus bienhechores (cvergetas). D e esto no sc deduce obligatoria mente que la tríada asi constituida se encuentre en todos los sitios. Por ejemplo, es sorprendente constatar que no existe en la
Poética
de Aris tóteles, cuya influencia se hizo sentir durante siglos. El único capítulo en el que los tres trágicos son citados juntos menciona también a Aga- tón (final del siglo v), célebre por su papel en elbanquete
de Platón. Eurípides es, con diferencia, cl autor más citado, mientras que Esquilo no lo es más que Agatón y Aristóteles también menciona a numerosos trágicos de los que no queda nada.En cl año 264 a.C., en la ciudad de Paros, en las Cicladas, se hizo grabar en mármol una crónica de la historia griega, esencialmente ate niense, desde el advenimiento de Cécrope, localizado en cl 1581, hasta el arcontado de Diogneto en Atenas (264). Las fechas que denom ina ríamos «culturales» son numerosas. Si se excluye a Tcspis, creador de la tragedia, los únicos trágicos mencionados son los tres poetas mayores. La primera victoria de Eurípides en los concursos trágicos (442) es mencionada inmediatamente después de la muerte de Esquilo (456) y de Sófocles (405), y a continuación de la muerte de Eurípides (406), lo que resulta menos sorprendente, claro está. En cl terreno de la difusión cultural, la estadística de los papiros literarios muestra que, aunque Eurí pides predomina con ventaja, los tres trágicos son los únicos que siguen siendo verdaderamente difundidos.
Así, pues, este conjunto nos ha sido impuesto. <En qué medida es normal? Sófocles rivalizó con Esquilo y Eurípides con Sófocles, pero ellos no son los únicos responsables. La imitación, la
mimesis
de poeta a poeta, es una de las leyes de la literatura griega. Por ejemplo, es imposi ble leer laElectro
de Eurípides y la de Sófocles sin remitir una a la otra y sin relacionarlas conLas coeforas
de Esquilo. LasFenicias
de Eurípides constituyen, como se suele decir, la primera «lectura» de losSiete contra
í j s q k u.o. π. iw s.sn n γ r.i. i w s l n t i í
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Tebas.
Pero el propio Esquilo no es el inicio absoluto y no estoy aludien do ;i un personaje más o menos legendario como Tespis. El primer ver so deLos persa
r Í472) remire «1 primer verso de lasFenicias
de Frínico (476), délas que no conocemos más que este inicio, pero cuyos «antiguos aires sidonios, dulces como la miel»/ siguieron siendo célebres — Aristó teles es, de nuevo, quien nos lo hace saber— durante todo el siglo v. Un conjunto de cuatro términos, no de tres, no hubiera sido inconcebible.En todo caso, y por vías diferentes, estos tres trágicos se convirtie ron en clásicos, si bien es cierto que el clasicismo es la posibilidad, la obligación incluso, de la repetición. La transformación fue llevada a ca bo por los tres poetas a finales de su siglo. En el caso de Esquilo pudo debutar muy pronto. El autor anónimo de la
Vida de Esquilo
(11), obra mediocre que nos ha llegado con una parte de la tradición manuscrita, hace saber que los atenienses «amaron tanto a Esquilo que después de su muerte decidieron que quien quisiera representar las obras de E s quilo obtendría un coro de la ciudad». Era una forma de hacer concur sar a un muerto y de otorgarle una recompensa indiscutible. También sabemos queLos persas,
un año después de la representación de Atenas 1472), se volvieron a representar en Sicilia.En la mayoría de los casos la más remota posteridad ha respetado este conjunto de tres, aunque cada época haya tenido sus preferencias,1 y hay que admitir que se adapta maravillosamente a toda clase de cons trucciones, por ejem plo, a la dialéctica hegeliana, que hace evolucionar k s artes de lo «simbólico» con «superioridad del fondo sobre la forma» hacia lo «rom ántico» con «superioridad de la forma sobre el fondo», losando por el equilibrio clásico. ¿Q ue escritores podrían ilustrar este esquema m ejor que Esquilo, Sófocles y Eurípides? Por lo demás, Hcgel *.· olvidó de tenerlo en cuenta.
Pero, nosotros, ¿debemos mantener juntos a los trágicos? Introduz camos, pues, lo cómico, permaneciendo en la esfera del teatro. Aristófa nes no sólo es el lector y el comentador irónico de los tres poetas, tam bién nos obliga a recordar que las «trilogías» que estos compusieron
2. Aristófanes./hvt/ut, 21^.220.
3. Véase el estudia rccicm c de Thonus G . Rosiiiuiu-yer, en cJ libro dirigido por Mpws 1 .1 inley, rh cL cjg cy o f G rm v . Oxford. 1981, pip^. 121)-J 54 (trod, cast.: La Grc- i ; i itttUfiu.t, Barcelona. C rílicj, 2000), Nos turemos una idea de In inmensidad y com· I·!' |küd de la tradición csquílca hojeándola Q ib!:u:rjphii·kiunn.fufrtcfil:q::r ¿7Trr/>y·