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l . U n E d i p o r u m a n o

Para ilustrar las relaciones que, en la antigua Grecia, cl mito establece en­ tre cojera, parricidio e incesto hemos plumeado un paralelismo entre el tirano Edipo de U tragedia ática y Periandro, tirano histórico de Corinto. Λ esta do­ cumentación «clásica» queremos añadir una obra completamente diferente, popular y tomada del folclore rumano. La descubrimos gracias a la amabilidad del doctor Paul Galmichc, experto pediatra cuya curiosidad y competencia des­ bordan ampliamente el campo de la medicina, quien tuvo a bien comunicarnos el texto de esta cantinela publicada en Bucarest en el libro de

Cantos ac anta­

ño,

reunidos y editados por Crisiea Sandra lim oc en 1967. Al final de este es­ tudio ofrecemos la traducción.*

liste cuento rumano puede parecer, a primera vista, totalmente ajeno a la leyenda >;rie>;a: la iónica general, la situación, los actores, las circunstancias >· peripecias del drama, el final feliz. Pero no hace falta ser un gran sabio para re­ conocer inmediatamente en él una versión derivada del mito de Edipo. Lo

* Traducción basada en la realizada por U señora Cl. L W .rc para

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cdíción fran­ cesa.

iN. Jcl t.)

Π . TIRA NO DM l’.D IPO Λ PtRlAN'OKO

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esencial de la aventura — lo que podríamos denominar el núcleo de la fábula y que constituye el resorte do la intriga— ha permanecido intacto, perfectamen­ te conservado. Y¡i no nos encontramos en 'lebas o en Corinto, sino en una al· dea campestre tan pequeña que desaparece, anónima, en el verdor. Linaje principesco y palacio real son sustituidos por la cho2a de un campesino pro· pietario de viñedos. En vez ele Apolo y el oráculo de Delfos intervienen tres ha· das, quienes, después de las comadronas, velan el nacimiento del niño. Las hadas aparecen al tercer día en el sueño de la madre para predecir el destino dfl recién nacido; sin saberlo, sin quererlo, este hijo matará a su padre, se acos­ tará con su madre y «tronará» en la casa gobernando como dueño y señor.

Informados de las desgracias que les acechan, los progenitores, en vez de matar a su hijo, lo encierran en un tonel que el padre voltea y hace «roblar» has· 14 el Danubio. Expuesto en su redonda y fluíante prisión de madera, como tan- ti»s otros héroes griegos abandonados nada más nacer a merced de la corriente • ti el hueco de una

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(cofre de madera que cumple la función de 3rca>, el icloño sigue el curso del rio. Los marinos lo ven. lo recogen, lo crían. Cuando w hace adulto, emprende el camino. Siguiendo su ruta pasa por el pueblo don* ih· nació, se encuentra con un desconocido —su padre— que le pregunta por qué camina sin rumbo. El responde que va en busca de empleo. Entonces el Immbre lo contrata como guardián del viñedo. Le encarda la misión de vigilar

< J ifa noche empuñando el fusil y de disparar contra lodo aquel que se acerque

• ni Ια/ antes de que cante el gallo. Durante un mes todo transcurre normal* n»« »iie. Pero una buena noche, por descuido, el patrón se acerca sin agitar la se* ■ni luminosa tal y como fue convenido. El hijo, siguiendo la consigna al pie de Ij It-ira, 1c apunta, dispara y le muía a la primera. Seentierra a la victima. Duran- i·· dos semanas la casa y el lecho conyugal quedan desprovistos de hombre. Trans· • unido este tiempo, la viuda invita al joven a ocupar en la casa el lugar de su di­ luido marido. I lelos pues ahí, el hijo al lado de la madre en la noche de bodas, '(««puestos a convertirse físicamente en marido y mujer. Por ventura, cuando ya • «l ¿a a punto de consumar el acto, empiezan a intercambiar frases, se comuni- i au u-tbalmcnte, descubren de repente lo que son el uno para el otro: una ma· • l».-\ Miliijo. Si el parricidio se ha llevado a cabo, el incesto con la madre se evita • ti 11 ñhimo instante. A pesar de su unión matrimonial, los cónyuges noconsu* ••un larnalmente la unión prohibida. Entre dos generaciones contiguas se pro· •l*i* rn reencuentros, reunión y cohabitación, sin llegar a ser contaminados por < I jtiTjdo. El hijo-marido podrá ocuparse honradamente de su madre hasta el luí il<· mis días y «reinar» sin problemas sobre los bienes domésticos.

V trata, pues, de unu versión «optimista» que refleja, respecto a la unión

«tul con la madre, la fuerza de una censura que el mito griego no había tcni· 1 · ninven cuenta. Pero el eufemismo de la narración no modifica en absoluto U

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m fundamental tie la leyenda. La totalidad de la intriga, desde la exposi- • frwi del recién nacido hasta e) retorno a su hogar cuando ya er. adulto, se or· mu»/·> <‘ii lomo a los tenias, estrechamente imbricados, del asesinato del padre,

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M ITO V TKAtiKD IA UN LA CiKCCIA A K T K iU A . (I

el incesto con la madre y la conquista del poder —de un poder doméstico a fal­ ta del poder soberano y político impracticable en este contexto campesino.

El cuento rumano ha conservado también un último detalle que parece tan­ to más significativo cuanto que nada inducía a esperarlo en la nueva versión y que sería tentador calificar de añadido facticio, de detalle gratuito» SÍ la combi­ nación de las historias de Edipo y Periandro no hubieran señalado previamente su lugar en ta economía del mito. El tonel aparece desde la primera secuencia del cuento. Presencia lógica, claro está, en casa de un viticultor. Pero rodando hasta cl río por las pendientes del Danubio, alejando a volteretas al niño de su casa na­ tal, separándolo del hogar en cl que normalmente hubiera debido crecer si­ guiendo paso a paso ias huellas de su padre, este tonel, que presagia y prepara un brusco y peligroso retomo, no deja de evocar la «piedra rodante» que da a luz Labda, la Coja, y que, como un bumerán, volverá, sin cl menor aviso, para en­ frentarse violentamente a los Padres monárquicos de Corinto. La analogía se encuentra expresamente confirmada al final de ia narración. Cuando ambos conversan acostados en cl mismo lecho, la madre reconoce al hijo por sus pier­ nas torcidas, arqueadas. Pero <que le ha causado a este joven la malformación de los miembros que rigen cl modo de andar y que en el son curvos en vez de fir­ mes? La respuesta está clara en el texto. Es porque, en vez de haber sido envuel­ to en pañales —es decir, protegido entre mantillas en el centro del espacio fami­ liar, dependiendo totalmente de quienes ha nacido y a los que deberá reemplazar en un momento dado— , cl niño ha sido instalado originariamente en un tonel circular. Su modo de locomoción inicial ha consistido en «rodar» en el tonel, en entregarse al movimiento giratorio alejándose así, desde cl origen, de la casa en la que debiera de haber permanecido arropado en su cuna para echar raíces. Arrollado en e! tonel que lo aleja de su hogar y de sus progenitores en cuanto na· ce, sólo podrá reencontrarlos si recorre, a! igual que otros atajos, a través de des­ víos y cojeando, los caminos prohibidos del parricidio y ci incesto.

2 . El CANTO DE LAS HADAS*

I loja verde en pleno bosque. En los confines de Taligrad Se encuentra una aldea Tan pequeña, que no se ve. Pero en la aldea vivía Una joven desposada. Casada desde el invierno Un momento feliz vivía

Pues a dar ;i luz se disponía.

* Cristci) Sjndra Timoc, C antot d e antaño y c jiu tft'h s (en rumano!. Bucarest, liPL, l% 7 .

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Llamó a las comadronas Para que se ocuparan del niño Como era costumbre.

Λ los tres días del nacimiento Vio λ las hadas. ·

¿Pero qué ocurrió por la noche? Pues vercís, la mujer soñó. Como si fuera realidad. Tres mujeres se le acercaban, Y la mayor le decía:

«Si este niño crece. Que muera fusilado Colgado de la cintura». Y 1.1 más joven le dijo; «Cuando este niño crezca, Λ su madre tomará Para que sea su esposa Y en la casa tronará». Mas la mujer, al oír esto, Nada más amanecer Contó el sueño a su marido, El misterio tal cual.

Al oírla el marido Cof»tó el fusil y apuntó. ¡CiclosJ, iba a disparar, Amigo, para acabar con él. Mas ul oírlo la esposa Le habló de esta manera: — Así no, esposo mío. ¿Sabes Jo cjue vamos a hacer? En un tonel lo meteremos

Y de una voltereta, al Danubio lo arrojaremos. Asi no nos dará más problemas.

Al oírla el marido AI granero subió Y clifttó un tonel

De tamaño similar a dos cubetos. Sólo lo abrió por el fondo, Coj;tó al niño

Sin ponerle pañales tan siquiera Y lo metió en el tonel.

Después lo cerró de nuevo