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3.3. Imagen de Dios

3.4.4. Imagen religiosa y edad cronológica

3.4.4.5. Estadio V: Identidad v/s Confusión identidad (11-20 años)

Aquí la tarea es la del logro de identidad, sentido de continuidad y estabilidad. La virtud es la Fidelidad, ser fiel a uno mismo, ser confiable, predecible. Ser fiel a otros y a una causa. El no logro, significa confusión identidad o identidad negativa. Aparece la preocupación por cómo lo ven los demás y como se percibe a sí mismo. Se inicia el enamoramiento y dicotomía entre la niñez y la adultez. La figura social más importante son los amigos. Aparece el Yo Real (Quién soy y qué quiero); ya bien entrada en la adolescencia y en la madurez temprana se comienza a personalizar y a individualizar la vida con una identidad consistente y bien integrada si se ha logrado la confianza, la iniciativa, la autonomía y la industriosidad se desarrolla una identidad de éxito segura de sí misma. Si no hay muchas inconsistencias, incongruencias y dependencias por la dispersidad de la personalidad aun tratando de reconocerse dentro de un mundo de exigencias externas (Erikson, 2000).

Desarrollo Religioso, imagen de Dios o consciencia de Dios; en los

adolescentes, persisten en menor grado los elementos del período anterior (magismo, animismo encubierto y antropomorfismo); se agregan las dudas de fe, las que se pueden tipificar del siguiente modo; ritualismo, dudas de fe (duda institucional, duda asociada a sentimientos de culpa, duda dogmática y duda científica). La práctica religiosa compensa frecuentemente necesidades socio- emocionales. Desde el punto de vista social, significa actividad grupal: salidas a fiestas, jornadas, amigos, etc. Tendencia a modificar discursos religiosos, referencias a Dios y emoción como elemento de comprensión de la relación sujeto-Dios: lo más complicado es la emoción Dios, para que haya crecimiento tiene que haber más signos positivos. Los factores a superar para avanzar en

105 el desarrollo de su fe, es integrar la situación del dolor absurdo, aceptar la existencia del mal. En la medida que estos elementos se desarrollen el individuo avanza hacia una espiritualización de la fe. Deberá contar con un acompañante espiritual, que le ayude en este proceso (Núñez, 2004).

El adolescente ha ido descubriendo su capacidad de razonamiento lógico formal y goza con él. Con respecto a la fe surgen, más que objeciones cuestionadoras, son intentos por razonar la fe, tiende a contentarse con respuestas precisas y puntuales (Borello, 1999).

Dudas de fe: estas dudas, si son adecuadamente trabajadas pueden constituir

una oportunidad y por ende un factor de impulso y de profundización en lo religioso, pero habitualmente sólo provocan una detención cuando no un abandono de la práctica religiosa (Núñez, 2014) El mismo autor describe una tipología, saber, a) Duda institucional, relacionada con crítica a la instituciones eclesiales, b) Duda asociada a sentimientos de culpa; el adolescente a raíz de sentimientos de culpa profano, (observado sobre todo al inicio de las prácticas sexuales); c) Duda dogmática, tiene relación con dificultad para aceptar como verdaderos dogmas de la fe; d) Duda científica, surge de la dificultad de conciliar las verdades religiosas con la metodología del análisis científico. A. Vergote (1975) en su obra "Psicología religiosa", en la misma línea afirma que en la adolescencia, el desarrollo de la inteligencia, el despertar social, la culpabilidad asociada a pulsiones sexuales, la crisis de independencia y la emergencia del yo, van a marcar profundamente la religión de la adolescencia. Estos elementos favorecen intensamente la actitud religiosa, pero, al mismo tiempo, perturban por sus angustias de culpabilidad y sus dudas deje (p. 365).

Además Núñez observa que para la segunda mitad de la adolescencia (14 a 20 años aproximadamente) estamos pensando para aquellos individuos que el tema religioso le hace sentido, y que suele ser una minoría. Los fenómenos de comprensión del medio, aunque persistentes están menos

106 presentes, a saber, magismo, ritualismo, animismo encubierto, dudas de fe y antropomorfismo (2014).

Algunos elementos y características se reconocen en este período adolescencial (Núñez, 2014, p. 32-33) son; el concepto de subjetividad ("yo creo en Dios a mi manera"); variación constante del compromiso (discurso ocasional de mucho compromiso); lo cumple y luego desaparece (La práctica religiosa compensa frecuentemente necesidades socio-emocionales); tendencia a modificar discursos religiosos (toman un acontecimiento religioso y lo mueve a sus intereses), referencias a Dios y emoción como elemento de comprensión de la relación sujeto-Dios, esto implica la pregunta de ¿cómo me adhiero a un Dios que me hace sufrir? Nadie se hace amigo de quién lo hace sufrir y si esto sucede: cambio a Dios, lo saco de mi vida, se produce un cambio (abandono); descalificación (Dios malo); una culpa para justificar el dolor.

Para Borello, existen algunos elementos que contribuyen para que se presenten estas características, como lo son 1) caída de la religiosidad de los padres: en la familia los padres presentan la fe en sus hijos y en la adolescencia descubren las inconsecuencias de los padres y esto les lleva a descalificar no sólo el comportamiento del adulto, sino las proposiciones planteadas por este, incluida la fe (Núñez, 2014). El adolescente percibe sus limitaciones y va demitizando definitivamente al "padre perfecto". Y finalmente el adolescente rechaza la religión porque está ligada a la imagen paterna, muchas veces autoritaria y dominante (Borello, 1999). 2) La distancia entre los modelos de verdad científica y modelos de verdad de fe, la metodología de construcción de la verdad propuesta por el pensamiento científico, genera severas dificultades de asimilación con la construcción de la verdad propuesta por la mirada espiritual de la realidad, ante estas contradicciones, el joven tiende a optar por la proposición científica con exclusión de la religiosa (Núñez, 2014). Y la 3) representación religiosa asociada a criterios de control-rigidez;

107 a un adolescente que está en un movimiento de expansión y libertad se encuentra con una religión con control- rigidez; donde las normas se sobrevaloran y se les exige su acatamiento, antes que su aceptación comprensiva, es decir, el joven no le reconoce sentido a la indicación normativa, lo que acarrea un desafío a la misma y consecuentemente un abandono de las referencias religiosas (Núñez, 2014). Refiere Borello que en otras ocasiona la imagen paterna es buena, pero el contexto familiar es portador de una religiosidad superficial, que no transforma la vida. El adolescente toma distancia y busca liberarse de una religión utilizada para exigir un buen comportamiento (1999).

Finalmente Núñez (2014) refiere que un joven de 17-18 años, tendría que tender a una relación con dios hacia la espiritualización en donde lo divino se vuelve más abstracto, asociado a una mayor subjetividad y sensibilidad personal, conservando sus atributos pero desprendiéndose de los limitantes de forma, tiempo y espacio. Afirma el mismo autor que esto debería producirse en forma natural como proceso madurativo, sin embargo no es lo que normalmente se observa en todas las personas (pp. 47-48).