1.2. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
2.2.4. Estilos educativos paternos
También el autor Musitu, Roman & Gutierez, 1996, citado por Calvet, Arenas, Dioses, Muratta, Pareja & Chávez 2005) hace referencia que:
“La familia como punto de partida de la inserción de sus miembros en la sociedad, ayuda a desarrollar la personalidad, al brindar diferentes estilos parentales que permiten a los padres y formadores interactuar con los niños en el proceso de formación de su personalidad.
Existen diversos agentes que moldean el comportamiento social de la persona, la familia, los centros de estudios, los grupos de iguales, los grupos profesionales, los centros de trabajo, los grupos de referencia y los medios masivos de comunicación. Los cuales están conformados por diversas instancias que desarrollan diversos roles que contribuyen al desarrollo social de sus integrantes. Así la familia cumple un papel preponderante en la formación del niño por ser el medio donde nace y crece, desarrollando sus habilidades intelectuales y sociales.
Dichas interacciones se dan en dos ámbitos: afecto - comunicación y control-exigencias que dan origen a cuatro estilos parentales: autoritario, democrático, permisivo e indiferente”.
Lopez-Sanchez & Del Castillo (2017), nos dicen que; “la crianza de los hijos, tiene diferentes formas de realizarse tomando en cuenta las diferentes culturas, así como la herencia cultural que tienen los padres y la utilizan para formar a sus hijos, influyendo en su actividad social.
Por lo que los hábitos y actitudes con las cuales los padres crían a sus hijos marcan el carácter y comportamiento que tendrán los mismos en el futuro”.
Castillo, Sibaja, Carpintero & Romero-Acosta (2015), hicieron numerosas investigaciones en púberes y padres. “Estableciendo como parámetros para formar a sus hijos la aceptación de la familia y el control parenteral, que son la base para los estilos de crianza, que tienen las siguientes características: Permisivo y autoritario.
CASTILLO (2016), establece los estilos de crianza basados en los dos estilos anteriores y agrega dos más:
Democrático y negligente, donde los padres negocian con sus hijos y son completamente indiferentes a lo que les sucede. Lo que deriva en una serie de problemas para los hijos”.
Montiel & Lopez (2017), hicieron un estudio en un poblado con madres mexicanas que tenían hijos en edad preescolar, con el objetivo de validar el Cuestionario de Prácticas de Crianza de Robinson, acorde con Baumrind (1996). “Encontrando los estilos autoritarios y el estilo con autoridad, lo que comprobó que los estilos de crianza tienen que ver con la forma en la que se cría a los hijos y la cultura.
Por lo que se concluye que la crianza es un arte, basado en cuidar, formar y seguir los pasos que dan los hijos en la vida, con afecto e inteligencia, con una autoridad asertiva o democrática”.
Jorge & Gonzales (2017), indican que además de las tipologías clásicas de Baumrind y MacCoby y Martín. Hay los modelos de Hoffman (1970) y la de Kellerhalls y Montandon (1997), así como el aporte de la inteligencia emocional de Daniel Goleman (1996) para las relaciones
filiales. A nivel nacional esta el estudio de Alberdi (1995), publicado en España, en el año de la familia, además de las investigaciones de Torres, Alvira, Blanco y Sandi (1994), López Franco (1998) y Ochaita (1995). Según Hoffman, se dan los siguientes esquemas de poder, mediante castigos físicos, amenazas verbales, supresión de privilegios y varias formas de coerción. Como es la indiferencia de los padres, quienes ignoran al niño que se porto mal. Empleando la inducción para hacer darse cuenta al niño sobre las consecuencias de su mal comportamiento, para motivar de manera extrínseca para evitar el castigo”.
2.2.4.1. Estilo educativo autoritario.
De la misma manera (Baumrind, 1991, citado por Cerezo, Casanova, De la Villa, 2011). Nos explica que:
“En esta modalidad de formación los padres son poco o nada afectuosos, casi sin ninguna comunicación con sus hijos, al establecer de forma impositiva normas y reglas de conducta sin mediar ninguna participación ni dialogo con sus hijos.
Donde los padres tienen alto nivel de control de sus hijos, se muestran poco afectivos, imponen órdenes los cuales deben ser cumplidos sin mayores consideraciones, sin ningún ascendiente sobre ellos. Pues ellos creen que los hijos están obligados a obedecer, que es una virtud, que se debe cultivar en los hijos de manera impuesta, sin dialogar con sus hijos, aplicando castigos,
así como les suprimen la autonomía, iniciativa y espontaneidad a sus hijos”.
Ramírez (2005), nos dice que; “los padres autoritarios, son aquellos que manejan un alto nivel de control, con mucho énfasis en la búsqueda del comportamiento maduro, con poca comunicación y afecto para con sus hijos. En base a puras normas de conducta.
Por lo que se dedican a controlar y examinar el comportamiento y actitudes, en base a patrones establecidos por ellos. Toman en cuenta la obediencia y son en sí autoridad que castiga. Castigando con rigor el comportarse fuera de lo establecido, con un nivel de comunicación prácticamente nulo con sus hijos”.
Lo que cuenta para ellos es la disciplina, no tanto el autogobierno y los sentimientos de sus hijos, basando su corrección en el control, más que en la motivación, Becerra, Roldán & Aguirre (2008).
2.2.4.2. Estilo educativo permisivo.
En este caso (Coloma M, José. Estilos Educativos Paternos. Madrid. 199 nos manifiesta que:
“Los padres tienen muy buena comunicación con sus hijos, pero no tienen ningún control sobre ellos, incurriendo en el error de ser muy complacientes”.
Se caracteriza porque los padres no exigen nada a sus hijos, se dan poco tiempo en la formación de éstos, supliendo su ausencia con regalos.
Suelen vivir su vida totalmente desapegados a las necesidades de sus hijos (trabajo, amistades). Por lo que permiten a los hijos hacer lo que mejor les parezca. Por esta razón estos hijos no se valoran ni respetan a sí mismos, la misma que repercute en el bajo rendimiento escolar y más aún, muchos de ellos expuestos a vicios tales como la drogadicción y alcoholismo.
Pues bien, las diferentes investigaciones demuestran que los padres repiten patrones de formación heredados de la forma como fueron formados en su hogar, muchas veces con mucha liberalidad al querer adaptarse al sistema imperante actual. De forma general, en la práctica muchos padres se vuelven muy complacientes con sus hijos.
Así, inmersos en los acontecimientos diarios en las obligaciones y en la falta de tiempo, ceden y dejan de aplicar las normas que ellos mismos desean para sus hijos. De manera que lo debía ser una excepción, el que una norma no sea acatada, se termina convirtiendo en lo corriente y la falta de responsabilidad y de exigencia en la base educativa general utilizada en la familia.
En este sentido hay que recordar que una persona se realiza en la vida en la medida que puede valorarse y asumir con responsabilidad y madurez sus actos. Por lo que es necesario que desde el hogar aprenda a diferenciar lo bueno de lo malo.
A causa de esta forma indisciplinada de formar a los hijos es frecuente el fracaso escolar. Así como lo casos en los que, por deficiencias intelectuales, absentismo, enfermedades, problemas afectivos graves (por ejemplo, la separación de sus padres), no son capaces de alcanzar los requerimientos de la escuela, a diferencia de los hijos que no tienen estos problemas y no fracasan en la escuela.
Por ello el fracaso escolar tiene que ver con la dejadez y poco esfuerzo que hacen los niños para aprender en la escuela. A diferencia de los que obtienen buenas notas a costa de su esfuerzo y aprenden que la vida cuesta.
Por ello los padres deben formar la personalidad de sus hijos. Mediante una autoridad con fundamento. Tened en cuenta que los niños y las niñas, lógicamente, seguirían de por sí la ley del mínimo esfuerzo, ahí es donde debemos actuar los padres, para exigir que cumplan sus obligaciones, entre ellas la de estudiar y esforzarse.
“porque lo mando yo que soy tu padre o tu madre”, sino que debe darse de manera consensuada y dialogada. A los niños y niñas hay que obligarles, exigirles que se comporten según unas normas (entre las que se encuentra su deber de estudiar): pero hay que explicarles, desde pequeños el porqué de esas normas, incluso, con nuestra ayuda, a través de preguntas, pedirles a ellos y ellas, ya desde los tres o cuatro años, que nos expliquen la razón de las exigencias que les hacemos.
Al principio no entenderán muy bien el motivo de algunas reglas que les imponemos, pero si les acostumbramos a razonarlas, poco a poco, las comprenderán e interiorizarán, las harán suyas y de este modo los haremos autónomos, independientes.
De esta manera se lucha con el fracaso escolar mediante una adecuada formación: “educar la voluntad, a través de la autoridad y educar la autonomía, a través del diálogo”. Es decir, emplear una autoridad fundamentada con razones concretas y reales.
Además, se hace necesario complementar la educación de la voluntad con el afecto y el cariño.
El afecto es muy necesario para afirmar la voluntad en los niños y las niñas, para lograr un desarrollo emocional equilibrado,
que forma en el carácter de los hijos el respeto y cariño hacia los padres.
Peña, Rodríguez & Torío (2009), afirman acerca de este estilo que se caracteriza por la falta de normas y reglas que disciplinen, por lo que los hijos son autosuficientes, aprendiendo solo. Por lo que los padres no asumen ninguna responsabilidad sobre ellos.
Ramírez (2005), afirma que estos estilos de padres permisivos, no ejercen control, ni favorecen la maduración de sus hijos. Sin embargo, tienen mucho afecto y libertinaje. Consultan al niño sobre sus acciones, brindándole total libertad, razonando con sus hijos, sin ninguna forma de coerción.
2.2.4.3. Estilo educativo democrático.
Para (Ramírez, María Aurelia. Universidad de Granada. Padres y Desarrollo de los Hijos: Practicas de enseñanza. 2005) nos dice que:
“En esta forma de conducir a los hijos, los padres desarrollan confianza y una elevada autoestima en los hijos, con lo que alcanzan un alto nivel de comunicación, al desarrollar normas de conducta claras y justas, que permiten normar las interacciones sociales dentro de la familia.
Bajo esta modalidad formativa los padres tienen mayor comunicación, control y nivel de madurez en sus hijos. Al lograr reforzar el comportamiento de sus niños, hacen innecesario el castigo y pueden escucharlos mejor a estos. Otra forma de explicarlo es decir que en este estilo prima la democracia consensuada frente al autoritarismo por medio de razones. Los padres establecen los límites en abierto dialogo con sus hijos”.
Por lo que estos padres toman en cuenta las necesidades de sus hijos, los motivan y le dan cabida al desarrollo de la responsabilidad y autonomía, con mucha independencia de sus hijos, iniciativa y mucha afectividad.
En conclusión, Gómez., Aldana, González, Mota & Sánchez (2009), quienes citan a Baumrind (1971), nos dicen que una buena práctica de crianza de los hijos, se basa en las relaciones empáticas, para resolver los problemas, con una buena comunicación de padres a hijos y viceversa, con afectividad, control de conducta y disciplina, en el estilo democrático, que fomenta la cooperación colectiva, independencia social, en un ambiente positivo.
2.2.4.4. Estilo educativo indiferente.
De igual manera (Ramírez, María Aurelia. Universidad de Granada. Padres y Desarrollo de los Hijos: Practicas de enseñanza. 2005) conceptual que este estilo educativo:
“Es caracterizado por el poco o nulo afecto que tienen los padres con sus hijos, por consiguiente, la comunicación entre ellos es muy baja y debido a la gran indiferencia que tiene no hay control de los hijos.
En este sentido los padres rechazan a sus hijos y éstos a su vez son indiferentes con sus padres. Por lo que los padres suelen carecer de: afecto, comunicación, control y exigencias de madurez. De esta forma no hay ningún tipo de regulación del comportamiento de los hijos, por tanto debido a la indiferencia que tienen hacia sus hijos, no se esfuerzan en entenderlos, ni educarlos”.