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Estrategias y relación con las instituciones

In document EL ISLAM POLÍTICO EN EL MEDITERRÁNEO (página 106-112)

Hezbolá

Hezbolá nació como un grupo antisistema, violento, que tenía como objeti- vo declarado la instauración del Wilayat al Faquih en Líbano. No obstante, a medida que la organización fue consolidándose como tal, sus reivindi- caciones políticas se fueron moderando hasta aceptar las reglas del juego

20. La masacre cometida por el ejército libanés en Nahar el Bared en verano de 2007 o la buena relación de Mustaqbal con Occidente crean problemas.

político libanés. Empezaba así lo que algunos expertos han denominado proceso de libanización de la organización. En 1992 decidió entrar en el sistema presentándose a las elecciones legislativas y desde entonces Hez- bolá siempre ha tenido una importante presencia parlamentaria. Sin embar- go, si bien entre 1992 y 2005 no se postuló como oposición al sistema, sí fue el principal actor de oposición al Gobierno. Mantuvo un discurso muy crítico con la política económica de Rafic Hariri, y con el comportamiento general de la clase política. En este periodo, la movilización social era ya parte central de su estrategia y apoyaba expresamente los movimientos de protesta que pusieran en cuestión la gestión de Hariri, siempre y cuando estos no pusieran en tela de juicio el rol de Siria en el país. En esta línea, la organización no quiso formar parte de ningún ejecutivo a pesar de su peso en el Parlamento, alegando no querer formar parte de gobiernos corruptos. Sin embargo en 2005, tras la salida de Siria, Hezbolá decidió dar un giro a su estrategia y entró en el ejecutivo. Esto le permitió incrementar su margen de maniobra como oposición frente al 14M, puesto que además de mantener los recursos y estrategias que ya manejaba con anterioridad, ahora podía bloquear las instituciones con facilidad, cosa que hizo en reite-

radas ocasiones21. Finalmente, en enero de 2011, la organización daba otro

salto cualitativo y forzaba la caída del Gobierno de Saad Hariri para formar un nuevo ejecutivo bajo su tutela. Este paso, que muchos consideraron un golpe de mano, se hizo respetando escrupulosamente la formalidad consti- tucional. La Constitución establece que si un tercio más uno de los minis-

tros dimite el Gobierno debe ser disuelto, y Hezbolá así lo hizo22. Aunque

la noche del 12 de enero, horas antes de hacer caer el Gobierno, hombres de las fuerzas especiales de Hezbolá rodearon las sedes del Gobierno y de la presidencia a modo de amenaza.

El Partido de Dios se lanzó por el control de las instituciones en un contexto de acoso creciente hacia la organización, desde dentro y fuera de

21. En noviembre de 2006, Hezbolá trató de hacer caer el gobierno presentando la dimisión de sus ministros y los de Amal. El Gobierno no volvería a reunirse hasta que en mayo de 2008 se formó un nuevo Gobierno de unidad nacional. Por tanto, el país vivió más de año y medio de bloqueo institucional.

22. El 8M tenía el control de un tercio de los ministerios, a ellos se sumó un ministro indepen- diente.

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Líbano, a partir de la promulgación de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU en septiembre de 2004. Esta resolución exigía, entre otras cosas, el desarme de todas las milicias y grupos armados del país, y puso en el debate público la necesidad del desarme de Hezbolá, algo que la organización entendió como un ataque directo a su existencia como tal. El final de la influencia política directa de Siria sobre el Líbano empeoraba aún más las cosas, pues suponía la pérdida de uno de sus principales muros de defensa. Más adelante, las investigaciones sobre el asesinato de Rafic

Hariri y el Tribunal Especial23, creado para juzgar dicho asesinato, también

fueron vistas como una amenaza por la organización, sobre todo desde que en mayo de 2009 el diario alemán Der Spiegel afirmara que varios miem- bros de Hezbolá podrían ser acusados. Así, la caída del Gobierno de Saad Hariri en enero de 2011 se produjo varios días después de que la comisión de investigación entregara el acta de acusación al Tribunal. Hezbolá trataba así de minimizar las consecuencias de una acusación directa a miembros

de la organización24.

Hezbolá y sus socios formaron un nuevo Gobierno en junio de 2011, aunque la organización no tiene más que tres ministros en él. De hecho este ejecutivo tiene un porcentaje de ministros cristianos mayor y un por- centaje de ministros chiíes menor de lo que venía siendo habitual desde el final de la guerra civil. Con estos gestos Hezbolá trataba de no romper las formalidades que rigen la política libanesa y de reafirmar su libanidad en un contexto de duras críticas contra el autoritarismo de la organización. En líneas generales, la organización siempre ha sido respetuosa con el marco constitucional libanés. En esta línea, su creciente influencia sobre las ins- tituciones nunca ha sido utilizada para imponer o fomentar iniciativas de corte religioso. Estos son temas que por el momento reserva para el ámbito

23. Tras el atentado los herederos políticos de Hariri forzaron la creación de una comisión de investigación internacional para esclarecer el asesinato. En 2007 el 14M consiguió que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara la resolución 1757, que establecía la creación del Tribunal Especial para el Líbano. Sobre este tema, A. Goenaga. «LIBANO/ La acu- sación del tribunal internacional». Análisis eventual, Observatorio Electoral del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos, 2011 (en línea) http://www.opemam.org/ImgBa- se/AE-Libano_2011_la_acusacion_del_tribunal_internacional.pdf.

24. En agosto de 2011 el Tribunal acusaba públicamente a dos miembros de la organización chií.

comunitario. No obstante, también ha demostrado que cuando no puede actuar con la ley en la mano no duda en utilizar la coacción y la violencia.

El conflicto en Siria supone una nueva amenaza para la organización. La caída del régimen de Assad supondrá un duro golpe en la línea de flotación de la organización y alterará seguro su estrategia tanto en el ámbito nacional como en el regional. No obstante, en el momento de escribir estas líneas no estamos en posición de determinar qué dirección tomarán estos cambios.

En el ámbito comunitario, especialmente en el sur, en las zonas chiíes de la Bekaa y en el sur de Beirut, Hezbolá ha asumido el control efectivo del territorio y sus habitantes. En estas zonas la organización ha impuesto un modelo de sociedad diseñado a la medida de sus planteamientos ideo- lógicos y religiosos. Con este objetivo Hezbolá desmanteló las estructuras de poder tradicionales y desplegó su red institucional conviniéndose en el principal dispensador de servicios de dichas zonas. El partido despliega sus estrategias de oferta de bienes y servicios a través de una red de organiza- ciones que operan de forma descentralizada. Dividen el territorio en zonas y adjudican un responsable para cada una de ellas. Este coordina un grupo de voluntarios que se dedican a convencer a los «clientes» potenciales para entrar en la red institucional de la organización. Racionalizan el espacio y lo organizan en función de la realidad local. Esto les permite establecer una acción social y unas lógicas de movilización adaptadas a la zona con las

que el individuo se identifica muy fácilmente25. En este proceso, la religión

y la ideología de la organización desempeñan un papel central. Por tanto, Hezbolá ha desarrollado mecanismos de transformación social paralelos, en los que las instituciones públicas no han tenido ningún papel. En este sentido, y teniendo en cuenta que una de las claves de su poder es el apoyo social del que goza, se puede decir que lo que ha propiciado el ascenso de Hezbolá no ha sido su creciente presencia institucional, sino el hecho de que esas instituciones no hayan interferido en el desarrollo de su proyecto de transformación social en el seno de la comunidad chií, ni le hayan im- pedido acumular el resto de recursos que convierten a la organización en un actor tan poderoso.

25. M. Harb y L. Deeb. «Les autres pratiques de la Résistance: Tourisme politique et loisirs pieux», en: Mervin (2007: 228-245).

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Jamaa Islamiya

Jamaa era en origen un grupo antisistema que no reconocía el sistema socio- político libanés. No obstante, ya en 1972 participó sin éxito en unas eleccio- nes legislativas. A finales de los ochenta la organización firmó los acuerdos

de Taif26, lo que suponía la aceptación del sistema político y de la plurali-

dad confesional del país. Este proceso de libanización se consolidó en 1992, cuando volvió a presentarse a las elecciones consiguiendo tres diputados. No obstante, durante las dos primeras legislaturas de posguerra la organización hizo frente común con Hezbolá como oposición a la mayoría parlamentaria y al Gobierno. De hecho, Jamaa no apoyó la elección de Hariri como primer ministro en las dos primeras legislaturas de posguerra (El Bizri, 1999). Pero la organización no supo explotar el capital político acumulado a principios de los noventa. En 1996 bajó de tres a un diputado y en el año 2000 no consiguió ninguno. En 2005 Jamaa decidió boicotear las elecciones, alegando disconfor- midad con la ley electoral. En realidad sus alianzas con Hezbolá y Mustaqbal ponían a la organización en una situación difícil y la dirección de esta decidió no presentarse para no comprometer su posición. En 2009 la organización volvía a colocar un diputado en el Parlamento, Imad al-Hout. Sin embargo, Hout ha mantenido un perfil político bajo y un discurso ambiguo, a veces contradictorio, víctima de sus alianzas, al menos hasta finales de 2011. En este contexto, en los últimos años la organización ha priorizado su trabajo social y sus estrategias comunitarias.

Por tanto, la estrategia política de no ha sido muy exitosa. Sus caren- cias estructurales, la falta de cohesión interna y sus alianzas habían sido grandes hándicaps en este sentido. Sin embargo parece que, al calor de las revoluciones en la región y del papel asumido por los Hermanos Musul- manes en el nuevo contexto, Jamaa podría estar cambiando de estrategia y ganando influencia dentro del país. Algunos expertos aseguran que la organización podría aprovechar las seguras convulsiones que produciría la caída del régimen de Bashar al Assad en Líbano y un mayor peso político

de la Hermandad en Siria para incrementar su peso político27.

26. Los acuerdos de Taif firmados en septiembre de 1989 ponían las bases para el final de la guerra civil y del sistema político de posguerra.

27. Fidaa Itani. «Al-Jamaa al-Islamiya: Is the Future theirs?». al Akhbar, 15 de febrero de 2012 y «Hamas and al-Jamaa al-Islamiya: The New MB Look». al Akhbar, 31 de enero de 2012.

Salafismo

Tradicionalmente los líderes y grupos salafistas se caracterizan por no recono- cer la autoridad del Estado ni sus leyes mundanas. Sin embargo la gran mayo- ría de ellos no tiene una actitud hostil hacia las instituciones, simplemente tra- tan de desarrollar su labor al margen del Estado. La debilidad o la ausencia de Estado en ciertas zonas del país facilita mucho su labor. No obstante hablamos de un sector muy heterogéneo y hay grandes diferencias estratégicas entre los diferentes polos salafistas. Tradicionalmente los expertos agrupan el salafis- mo en tres o cuatro categorías: en primer lugar, el salafismo académico que se dedica exclusivamente a la educación y al estudio de los textos sagrados y la jurisprudencia islámica. Aquellos que profesan este tipo de salafismo no reconocen la autoridad del Estado, pero tampoco atacan las instituciones pú- blicas. Uno de los representantes más reconocidos de esta rama del salafismo es el sheij Saaedinne al Kebbi del Instituto Bukhari en el Akkar. En segundo lugar, tendríamos el denominado salafismo activista que se caracteriza por te- ner visibilidad en la esfera pública. En él se integran el denominado salafismo social o misionero y el salafismo político. El salafismo social tiene visibilidad pública por la labor social que desempeña a través de sus asociaciones cari- tativas, escuelas, etc., pero en principio tampoco se interesa por la política. Su prioridad es la extensión de la Dawa o llamada a través del trabajo social y la educación. Mientras, el salafismo político sí ha desarrollado un discurso político, casi siempre de oposición al Estado. Dicha oposición se materializa a través de la movilización social, que puede llegar a cometer actos vandálicos o ataques violentos de forma puntual. No obstante, en la mayoría de los casos no mantiene un enfrentamiento abierto con el Estado.

Actualmente los representantes más visibles del salafismo político liba- nés son el sheij Dai al Islam al Shahhal y su primo Hassan Shahhal. Este último se presentó a unas elecciones legislativas por primera vez en 1992 sin obtener resultados. En 1996 ambos primos volvieron a presentarse sin éxito, y durante los comicios municipales de 1998 ambos se integraron en una pla- taforma electoral islamista creada ex profeso para la cita electoral en Trípoli. No obstante, se hicieron mucho más visibles en la esfera pública a partir de 2005. Desde entonces se observa un incremento de las movilizaciones dentro del orbe salafista, sobre todo por parte de los sectores afines al sheij Dai Sh- ahhal. Sin embargo, esta nueva estrategia no va dirigida contra el Estado, sino contra un determinado actor o sector político como son Hezbolá y el 8M. El

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realidad libanesa. Fue el primer líder salafista en presentarse a unas elecciones y nunca ha dejado de hacerlo. Del mismo modo, en 2004, el sheij tripolitano creó el Politburó Islámico que pretendía ser un punto de encuentro y de debate político para el salafismo libanés (Abdel-Latif, 2009). En definitiva, vemos que a pesar de que en teoría el salafismo no reconoce la legitimidad del Estado libanés, ciertos grupos han acabado entrando en el juego político nacional.

En último lugar, estaría el salafismo yihadista que en teoría sí se enfrenta abiertamente al Estado, y considera legítimo el uso de la fuerza. No obstante, en el caso libanés la relación entre estos grupos y el Estado tiene muchos matices. Solo varios grupos radicales se han enfrentado abiertamente a las autoridades libanesas, y han sido enfrentamientos puntuales tras los cuales quedaron muy debilitados. El episodio más grave en este sentido fue el que enfrentó al ejército libanés y a la organización yihadista Fatah al Islam, en el Campo de Nahar al Bared (Trípoli), durante el verano de 2007.

La reestructuración de los espacios de poder al final de la guerra civil ofreció a las organizaciones islamistas una oportunidad perfecta para entrar en la legalidad y consolidar su posición. Esto supuso la aceptación de un sistema que chocaba de frente con el discurso islamista. Hicieron, por tanto, una elec- ción estratégica en la que priorizaron el fortalecimiento de sus organizaciones frente a la defensa de sus valores. En los últimos años hay indicios para pensar que incluso un sector del salafismo está apostando por un mayor pragmatismo para incrementar su presencia en la esfera pública e incluso política, aparcan- do la ortodoxia ideológica característica de este tipo de movimientos.

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