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La ideología islamista: un recurso insuficiente

In document EL ISLAM POLÍTICO EN EL MEDITERRÁNEO (página 128-130)

La mayor parte de los recursos de poder en Siria se encuentran en manos del clan Asad, que es el que controla en buena medida el Estado desde 1970. A diferencia de otros países de la región en los cuales los HHMM han sido cooptados por el régimen, en Siria han sido objeto de una cons- tante persecución al ser percibidos como el único actor con los suficientes respaldos para convertirse en alternativa de poder. De hecho, la Hermandad ha sido la única que ha puesto en peligro el monopolio del régimen asadista durante los años de insurrección islamista (1979-1982). El hecho de que los HHMM fueran expulsados del territorio sirio tras la masacre de Hama les ha excluido de la competición por la acumulación de poder, restringida a las élites primarias y secundarias del régimen. Esta exclusión explica que, al contrario de lo que ocurre en Egipto o Jordania, no dispongan de ninguna implantación en los colegios profesionales, los sindicatos, las asociaciones de beneficencia, las organizaciones asistencialistas, los medios de comuni- cación y, en general, el conjunto de la sociedad civil.

Como ya señalásemos previamente, el único recurso de poder que han manejado de manera limitada ha sido la ideología islamista, aunque sin disfrutar nunca de su monopolio ya que otros actores, especialmente las cofradías sufíes y los ulemas de la corte, también se lo han disputado. Los Hermanos Musulmanes disponían, hasta 1982, de una importante red de difusión a través de las medersas y las mezquitas, lo que les permitía hacer llegar su mensaje a un elevado número de personas. Junto a esta cliente- la religiosa, también se ganó el respaldo de ciertos sectores económicos

5. Algunos de sus mensajes no han sido demasiado bien recibidos entre la sociedad siria. Tras el estallido de la revuelta, el sheij amenazó a la comunidad alauí con un terrible castigo por apoyar al régimen http://www.youtube.com/watch?v=5mGlqnYc9uI.

que hacían responsable al régimen del desmoronamiento de las estructuras económicas tradicionales. Además, las tendencias secularistas radicales del Baaz y lo que se consideró un oligopolio injustificable de la comunidad alauí les aportaron un sustento reivindicativo entre parte de la población árabe suní.

Hafez al-Asad, el padre del actual mandatario, fue quien asentó, a par- tir de 1970, las bases de un sistema cimentado en el control del Estado de todos los aspectos de la vida pública y privada de la población, desde la férrea supervisión de la seguridad nacional por parte de los servicios de inteligencia (Mujabarat) hasta la llamada estatalización o predominio de las empresas e intereses públicos. Fue, asimismo, el artífice de la política exterior, asentada sobre los pilares del panarabismo, el militarismo y una noción peculiar del secularismo que, en el fondo, no difiere mucho de lo aplicado por otros gobiernos panarabistas de la época (Álvarez-Ossorio y Gutiérrez de Terán, 2009: 266-267).

Para cortar de raíz cualquier amenaza, Hafez recurrió con frecuencia al recurso de la coacción situando al frente de los servicios de inteligencia a per- sonas de su máxima confianza (en muchos casos familiares). El presidente instauró un sistema personalista en el cual todos los recursos de poder recaían en una élite primaria compuesta por el núcleo familiar (los Asad, los Majluf y los Shalish) y que no reposaba, como habitualmente se suele dar por hecho, en criterios confesionales, ideológicos o regionalistas. Debe recordarse, en este punto, que en Siria se dio una enorme concentración de poder en muy pocas manos y que «un sistema estructurado sobre pocas élites primarias tiende a la oligarquía: a la autocracia en su dimensión política y al monopolio en su dimensión económica» (Izquierdo y Kemou, 2009: 25).

A partir de los años ochenta del pasado siglo, el Estado árabe padeció una profunda crisis en el curso de la cual renunció al pacto social que había establecido con la población y, por el cual, cubría sus necesidades más elementales: vivienda, sanidad, educación o alimentación. Esta retirada estatal fue desordenada, lo que dejó un importante vacío que fue paula- tinamente cubierto por la sociedad civil –en la que operaban numerosos actores, entre ellos los islamistas– y el sector privado. En el caso sirio, esta descarga estatal se demoró hasta la llegada de Bashar al-Asad al poder en 2000, pero no fueron los proscritos HHMM sus principales beneficiarios, sino las asociaciones asistencialistas y caritativas, que llevaban a cabo una acción colectiva despolitizada sin producir un discurso social crítico contra el régimen (Ruiz de Elvira, 2010). Entre ellas merece la pena destacar a las

Los Hermanos Musulmanes en Siria: entre la confrontación y la concertación 129

Qubaysiyyat, una asociación femenina sufí, semitolerada por el régimen (algunas de sus integrantes se han desligado de la asociación por el apoyo tácito que esta daba al régimen durante la actual revuelta), que también ha ido extendiendo su influencia, en particular en el sector educativo.

Tras la instauración de la república hereditaria, Bashar al-Asad llevó a cabo un tímido proceso de aperturismo en el que parte de la vieja guardia fue remplazada por jóvenes tecnócratas, aunque tan pronto como surgieron las primeras dificultades en el frente regional (sobre todo tras la invasión de Irak por Estados Unidos y la retirada siria de Líbano) el régimen se encerró sobre sí mismo reforzando las dinámicas represivas de la época preceden- te. En su primera década de presidencia, Bashar al-Asad emprendió un adelgazamiento del Estado que se saldó con la privatización de parte de los servicios sociales. Al mismo tiempo, se experimentó un crecimiento sig- nificativo de la pobreza, que ya afecta a una tercera parte de la población. Como ha señalado Laura Ruiz de Elvira: «ambos factores reflejan una clara reorientación del antiguo pacto social sirio que el régimen y la sociedad ha- bían concluido tácitamente a partir de los años sesenta; reorientación que, desde nuestro punto de vista, se encuentra entre los factores principales que han conducido al estallido de la revuelta siria» (Ruiz de Elvira, 2011: 94).

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