Sistemas de gestión medioambiental: el enfoque ISO
8) ESTRUCTURA Y RESPONSABILIDADES: según la Norma ISO 14001, las organizaciones deben:
definir, documentar y comunicar las funciones y las responsabilidades que asumirá el personal, con el fin de garantizar la eficacia de la gestión ambiental;
proporcionar los recursos esenciales para la implantación y el control del SGM, y
nombrar uno o más representantes específicos de la dirección, que deberán contar con funciones, responsabilidades y autoridad definidas para:
establecer, implantar y mantener el sistema al día;
informar a la alta dirección acerca del funcionamiento del sistema.
Para permitir el funcionamiento en la práctica tanto de la organización como de su SGM, es conveniente que la responsabilidad relativa a la eficacia global del SGM recaiga en personas o funciones de alta dirección que dispongan de la suficiente autoridad, capacidades y recursos para abanderar el proceso de desarrollo, implantación y conservación del SGM. La asignación de responsabilidades debe servir para clarificar las vinculaciones de toda la cadena jerárquica (directivos, supervisores y trabajadores) con el SGM de la organización. Al asignar al personal las responsabilidades y la autoridad
relativas a funciones específicas, la organización no sólo delimita un trazado claro de la estructura y las obligaciones sino que también delega el poder de decisión a las personas con el fin de que puedan cumplir con su cometido sin soportar el peso de un sistema excesivamente burocratizado. Es conveniente que las responsabilidades inherentes al comportamiento medioambiental recaigan sobre todos los empleados, sin que importe la posición que ocupen y siempre en función de su trabajo. Así se conseguirá el funcionamiento global del sistema de gestión medioambiental.
El alcance de los recursos asignados al SGM debería ser coherente con la importancia que tengan los distintos impactos de sus actividades, productos o servicios, permitiendo que la organización concrete las prioridades de sus programas de gestión para reducir dichos impactos y mejorar su comportamiento medioambiental.
Conviene que las organizaciones desarrollen procedimientos destinados a conocer los beneficios y costes de sus actividades medioambientales. De esta forma se conocerán las áreas que generan costes/beneficios, así como el tiempo necesario para la amortización de las cantidades invertidas en el SGM y aquellas áreas en las que se puede conseguir evitar una serie de gastos gracias a la aplicación de una forma más activa de gestión medioambiental (por ejemplo, al reducir las sanciones impuestas o su importe).
9) FORMACIÓN, SENSIBILIZACIÓN Y COMPETENCIA PROFESIONAL: según
ISO 14001, las organizaciones deben:
identificar sus necesidades en materia de formación;
proporcionar la formación apropiada a todo el personal con responsabilidades;
asignar todas las tareas susceptibles de generar impactos significativos a personas competentes;
establecer y mantener al día procedimientos para sensibilizar al personal ante:
la importancia de la conformidad con la política medioambiental y con los procedimientos del SGM;
los impactos medioambientales significativos que conllevan sus actividades
laborales;
las ventajas que aporta la mejora de funcionamiento a título individual; sus funciones y responsabilidades, incluyendo las relativas a los planes y a la
capacidad de respuesta ante las emergencias, y
las consecuencias potenciales que podría suponer la omisión de los procedimientos especificados.
Tanto este apartado como el relacionado con la estructura y la responsabilidad guardan una estrecha relación entre sí. Sería inútil invertir tiempo y esfuerzo para crear una estructura en la organización con una distribución de funciones, responsabilidades y autoridad entre los empleados cuando éstos no disponen de la formación específica para acometer estas tareas. Como regla general, la competencia profesional de las personas que forman la plantilla debería juzgarse en función de su formación y experiencia. La organización es la responsable de garantizar que la combinación de estas aptitudes sea la adecuada para
desempeñar una tarea determinada.
Los requisitos de formación, sensibilización y competencia profesional van más allá del ámbito de la plantilla fija de la organización. También los subcontratistas deberán garantizar que sus empleados disponen de la formación, conocimientos y capacidades necesarias para desarrollar sus funciones de una forma "responsable con el medio ambiente".
Es conveniente que se imparta la formación pertinente en todos los niveles de la organización. En lo que respecta a la alta dirección, esta formación deberá centrarse en aumentar su concienciación en cuanto a la importancia estratégica de la gestión medioambiental, con el fin de contar con su pleno compromiso con las políticas de la organización. Cabría destacar en este sentido las ventajas competitivas que traen consigo las buenas prácticas medioambientales. Aquellos empleados que asuman responsabilidades concretas en materia medioambiental deberían recibir una formación orientada hacia la mejora de sus capacidades y de su funcionamiento en el ámbito operacional. Los empleados cuyas tareas sean susceptibles de repercutir en la conformidad deberían recibir una formación destinada a garantizar el cumplimiento tanto con los requisitos internos como con los reglamentarios.
Habitualmente, las fases en las que se divide un programa de formación de este tipo son las siguientes:
identificar las necesidades en materia de formación / aprendizaje;
diseñar un plan de formación para satisfacer las necesidades ya identificadas;
comprobar la conformidad del programa de formación con los requisitos reglamentarios o de la propia organización (por ejemplo, para saber si dicha formación facilitaría la consecución de los objetivos y las metas);
impartir la formación a grupos de empleados clave;
documentar la formación impartida;
evaluar la formación impartida, y
modificar / subsanar el programa de formación en función de las carencias detectadas durante la evaluación.