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El estudio del 15M y la investigación situada en red

Capítulo 2. Marco teórico y propuesta metodológica

2.2 Propuesta metodológica

2.2.2 El estudio del 15M y la investigación situada en red

Como ya se ha señalado anteriormente, el estudio del 15M requiere de una dimensión situada pero también parte de su forma de red, en la cual el carácter situado desde donde se produce el conocimiento es indisociable de las dinámicas de producción de conocimientos en red y de manera interconectada. El conocimiento situado tiene sus orígenes teóricos en la epistemología feminista (Haraway, 1988) y se sitúa en las prácticas de los sujetos y no en la asunción de verdades universales absolutas. El conocimiento situado establece verdades parciales desde donde se pueden plantear posturas políticas y éticas. Apunta a la idea de un sujeto de conocimiento que se inserta en una estructura social concreta y produce conocimientos situados, no menos objetivos. Se propone entonces poner especial énfasis en las relaciones de poder que hay en juego en todo proceso de investigación y en la necesidad de una organización social basada en el paradigma de la reflexividad y bajo criterios de transparencia y democracia.

Algunas corrientes dentro de la investigación situada han planteado formas de investigación basadas en la acción participante (Salazar, 1992), inspirada en procesos de participación y trabajo comunitario (Freire, 2005), que ponen en el centro de la investigación la propia acción e intervención de investigador en el proceso de investigación con el objetivo de cambiar una determinada realidad social. Este acercamiento ha tenido fuertes críticas por la posición externa del investigador en un determinado proceso de participación comunitaria, donde el investigador-participante no está en igualdad de condiciones respecto al resto de la comunidad. Otras corrientes que nacen de la propia actividad de los movimientos han desarrollado la noción de ‘investigación militante’ (Malo, Devillé, & Vereecken, 2004), ya que la condición de militante sitúa al investigador con el mismo compromiso político que el resto del grupo. Esta aproximación no busca interpretaciones del mundo extraídas de los libros, sino que contrasta estas interpretaciones con los elementos de la realidad concreta y va de lo concreto a lo abstracto para volver a lo concreto y a la posibilidad de su transformación. Propone como elemento común la crítica de toda teoría que esté ‘desencarnada’ o que pretenda enunciarse desde un lugar neutro desde ‘donde se ve todo’. El pensamiento pasa por el cuerpo y por lo tanto será siempre situado, implicado, de una

parte. También plantea la certeza de que toda producción de conocimiento nuevo afecta y modifica los cuerpos, la subjetividad de aquellos que participan en el proceso. En este sentido, señala muy acertadamente que el pensamiento colectivo genera práctica común, elemento que se amplifica en la medida que los conocimientos se ponen en circulación a través de las redes. Las redes que articulan los movimientos emergentes y los lazos débiles que en ellas se dan, permiten habitar un proceso y vivirlo como cualquier otro participante con sus visiones singulares sin perder la perspectiva analítica; permiten comprender con mucha más profundidad la complejidad de las relaciones que se producen; permiten entender la dimensión orgánica de un proceso desde la perspectiva de permanente mutación y transformación del proceso colectivo; y permiten compartir la dimensión emocional, elemento central de la dinámica colectiva de su funcionamiento. (Monterde, 2011b, p. 35).

Investigar en red, obliga a revisar las aproximaciones previas al análisis de las formas de comunicación y relación social en el plano digital. En este sentido, la etnografía virtual (Hine, 2011) ha permitido el estudio detallado de determinadas relaciones online, entendiendo Internet no sólo como un medio de comunicación sino como un artefacto cotidiano en la vida de las personas y en la formación de comunidades y grupos más o menos estables, que hace emerger una nueva sociabilidad. Se debe tener en cuenta que el artefacto no sólo posibilita las acciones sociales sino que en su diseño hay inscritas formas de estructurar y entender la sociabilidad, produciéndose pues una hibridación tecnosocial que va más allá del texto y de una mirada exclusivamente sociológica o psicosocial centrada en el sujeto o en el discurso textual (Ardèvol, Callén, Pérez, & Bertrán, 2003). Esta aproximación ya apunta hacia implicaciones sociales que van mucho más allá de la propia esfera digital.

El término etnografía virtual es bastante común y aceptado por los investigadores de Internet para referirse a la adaptación de la metodología etnográfica para el estudio de las interacciones mediadas por ordenador o de las prácticas sociales y culturales asociadas al uso y la producción de Internet. Aún así el concepto ‘virtual’ deviene problemático ya que marca una polaridad frente lo ‘real’, dando a entender que las relaciones que se estudian son menos ‘reales’ que las que mantenemos físicamente, cara a cara o incluso por teléfono; o que las interacciones y las relaciones mediatizadas por el ordenador son, a priori, diferentes de las que se establecen frente a frente. Otro problema es la limitación de la etnografía al estudio de la interacción online, sin tener en cuenta los aspectos offline de toda interacción mediatizada por ordenador y los contextos locales en los que se encuentran los sujetos. Se propone el término ‘digital’ (Estalella & Ardévol, 2007) por su conveniencia relacionada con las prácticas en Internet u otras tecnologías digitales de la comunicación audiovisual y textual, como son los teléfonos móviles, aunque se siga planteando una parcialización hacia el estudio de la mediación tecnológica, por encima de contextos locales y relaciones más amplios.

Desde la etnografía digital, y el reconocimiento de la multidisciplinariedad y plurifocalidad se plantea una investigación expandida que contempla las transformaciones de los usos de las tecnologías de la información y la comunicación en el campo de la investigación, abriendo una ecología tecnológica con numerosas herramientas digitales y analógicas, que dan cuerpo al e-research a través de la búsqueda bibliográfica en red, la obtención de datos

cualitativos y cuantitativos, análisis de redes, focus groups, etc. (Ardèvol & Gómez Cruz, 2012).

La aproximación metodológica planteada para este trabajo retoma diferentes elementos de los expuestos anteriormente. Parte de una combinación metodológica que permita aproximarse a la complejidad del caso de estudio sin totalizarlo. Plantea un punto de partida desde el conocimientos situado en red, en la medida que resulta imprescindible entender las dinámicas de comunicación y organización en red también a partir de la propia experiencia en el movimiento-red. Este planteamiento comparte el razonamiento sobre la construcción de conocimiento a partir de la propia experiencia colectiva y como ésta inevitablemente afecta y modifica el propio proceso de investigación, pero también abre la noción de militante, ya que en los movimientos emergentes no existe esta categoría de identificación, y la adscripción al proceso colectivo se construye a partir de la participación. Lo que desdibuja también el tipo de compromiso político que se construye, donde no existe un planteamiento ideológico sino más bien funcional basado en el tipo de interacción que se produce con el propio movimiento-red, atendiendo a la multiplicidad de formas de interacción existentes en este sistema complejo. En este caso participar y observar pueden ser actividades complementarias, en la medida que existe un amplio espectro de formas de participación e interacción con el 15M. La investigación situada en red pone en el centro las redes de comunicación digital aunque no se sitúe exclusivamente en este espacio. Las aproximaciones desde la etnografía digital son enormemente ricas en la medida que caracterizan gran parte del proceso de investigación en red y el uso de las tecnologías de la comunicación para la investigación. Pero en la medida que se plantea una combinación metodológica que atienda a la complejidad del caso de estudio, será importante también atender los diferentes espacios que interaccionan en la formación y desarrollo del 15M. Por lo tanto la aproximación metodológica de este trabajo no se sitúa solo en el espacio digital, sino también en la interacción permanente entre el espacio físico, digital, mediático e incluso institucional, desde múltiples escalas de análisis.

El movimiento-red 15M representa una oportunidad y un reto analítico y metodológico, al existir diferentes puntos de partida desde donde iniciar su estudio. La aproximación tecnopolítica y la centralidad de las redes de comunicación digital en el 15M, hacen del movimiento un caso único en el mundo, y metodológicamente requiere de una aproximación que no sólo contemple esa centralidad, sino que se articule desde este punto de partida. En resumen, el movimiento-red 15M y su estudio devienen un laboratorio de análisis y estudio en torno a las herramientas conceptuales y la combinación metodológica que contempla la dimensión situada, tecnopolítica y en red del proceso de investigación.