1.3. Aproximaciones al estudio del abandono
1.3.2. Estudios desde modelos teóricos
Los trabajos ateóricos han aportado una importante información sobre el fenómeno del abandono. Sin embargo, como argumentan Cecchini et al. (2005), su naturaleza descriptiva implica ciertas limitaciones a la hora de avanzar en el conocimiento sobre este campo, ya que se trata de características y razones intuitivas, subjetivas y superficiales. Estos estudios no ofrecen información acerca de cómo se ha llegado a perder el interés o la diversión, por ejemplo. Además, puede ser que la misma razón informada correspondiera a varios factores subyacentes. De hecho, las explicaciones a las causas de abandono pueden ser múltiples. En el caso del motivo “tenía demasiada presión”, esto podría deberse tanto a la actitud del entrenador como a la de los padres (Cecchini et al., 2005). De esta manera, resulta necesario analizar el abandono en el contexto deportivo por medio de paradigmas teóricos que nos permitan comprender los procesos subyacentes que conducen a las razones últimas por las cuales se abandona.
Son diversos los enfoques o marcos teóricos desde los que ha sido abordado el abandono de la práctica físico-deportiva. Cada uno de ellos ha enfatizado la importancia de aspectos y mecanismos diferentes. A grandes rasgos, algunas teorías han enfatizado aspectos psicológicos individuales del sujeto, mientras que otras han reparado más en el componente social, vinculado al medio donde se desenvuelve el sujeto.
De esta manera, encontramos estudios sobre el abandono deportivo que han tratado de explicarlo desde la teoría de la motivación de competencia de Harter (e.g., Hellandsig, 1998; Ommundsen y Vaglum, 1991, 1997), la teoría de las metas de logro (e.g., Burton, 1992; Cervelló et al., 2007; Duda, 1989; Sarrazin et al., 2002), desde el modelo jerárquico de motivación intrínseca y extrínseca de Vallerand en
particular (e.g., Sarrazin et al., 2002), así como desde la teoría de la autodeterminación en general (e.g., García-Calvo et al., 2010; Guzmán y Kingston, 2012), desde la teoría de la conducta planificada (e.g., Nache, Bar-Eli, Perrin y Laurencelle, 2005), desde otros modelos multifactoriales del abandono que se apoyan en el análisis de costes y beneficios asociados a la práctica, tales como el modelo de Smith, el modelo integrador de Gould o el modelo de compromiso deportivo de Scanlan y colaboradores (e.g., Boiché y Sarrazin, 2009; Carpenter y Coleman, 1998; Guillet, Sarrazin, Carpenter, Trouilloud y Cury, 2002; Johns, Lindner y Wolko, 1990; Petlichkoff, 1988), todos ellos desarrollados a partir de diversas formulaciones de la teoría del intercambio social, e incluso modelos desde los cuales se ha intentado explicar el abandono por aspectos culturales relacionados con el género, tales como la teoría del esquema del sexo de Bem (e.g., Guillet, Sarrazin y Fontayne, 2000) y el modelo de expectativa-valor (e.g., Guillet et al., 2006).
Sin pretender una descripción detallada de estas teorías, a continuación se presenta algunas indicaciones básicas. Se omiten en este apartado la teoría de las metas de logro y la teoría de la autodeterminación, así como el modelo derivado de esta desarrollado por Vallerand, puesto que se describirán detalladamente en el siguiente apartado ya que conforman la base teórica de este trabajo doctoral.
– La teoría de la motivación de competencia formulada por Harter (1978) defiende que lo que mueve a una persona a implicarse en determinadas actividades es la necesidad de sentir competencia, para lo cual tratará de dominar la situación, de poner a prueba su eficacia y maestría. Los éxitos en dichas situaciones se
acompañan de efectos positivos asociados a sentimientos de control y de mejora de autoestima, lo que va a incrementar su motivación hacia la actividad en cuestión. Sin embargo, el sentimiento de competencia no es el único determinante de la implicación en una actividad, además se necesita que la competencia en esa actividad sea valorada por el individuo (Harter, 1982, 1985). Aplicada al abandono deportivo, esta teoría predice que los jóvenes deportistas tienen percepciones de competencia más altas que los no practicantes y los que abandonan su práctica deportiva. Resultados de estudios como los realizados por Ommundsen y Vaglum (1991, 1997) con una muestra de futbolistas adolescentes, sugieren que el abandono es más probable si se percibe una baja competencia hacia el deporte.
– La teoría del intercambio social (Homans, 1950; Thibaut y Kelley, 1959) postula que la conducta humana está gobernada por el deseo de maximizar las recompensas o experiencias positivas y minimizar las experiencias negativas. Desde esta perspectiva, las personas participarán en actividades deportivas en tanto en cuanto los resultados o consecuencias sean favorables en función del balance entre los costes y los beneficios de la práctica, los cuales no solo pueden ser tangibles sino, sobre todo, de naturaleza psicológica (por ejemplo, el reconocimiento sería un beneficio y el sentimiento de incompetencia sería un coste). Cuando los beneficios superen los costes se mantendrá la satisfacción y, en consecuencia, la participación. En caso contrario, cuando los costes superen a los
beneficios se producirá el abandono. Sin embargo, se considera que la decisión de mantener o abandonar una actividad o relación, también depende de las actividades alternativas que el individuo pueda considerar atractivas. Consecuentemente, un individuos puede decidir mantener su participación en un deporte incluso a pesar de que los costes excedan a las recompensas cuando no existan alternativas disponibles o decidir finalizar su compromiso a pesar de que las recompensas pesen más que los costes cuando perciban actividades alternativas disponibles más deseables. Para conocer las particularidades de los modelos multifactoriales del abandono mencionados previamente y que parten de esta teoría, véase Cecchini et al. (2005). El estudio de Guillet et al. (2002), basado en estos modelos, confirmó en una muestra de balonmano femenino, que cuanto mayor era la percepción de que los beneficios superaban los costes y cuanto menos atractivas se percibían las alternativas existentes a la participación deportiva, mayor era el compromiso, el cual a su vez predijo el abandono real.
– La teoría de la conducta planificada de Ajzen (1991), una ampliación de la teoría de la acción razonada (Ajzen y Fishbein, 1980; Fishbein y Ajzen, 1975), defiende que la intención de realizar una conducta o actividad es el determinante más inmediato de tal conducta. Tal intención viene determinada por tres aspectos: a) la actitud de la persona ante esa actividad, en este caso, la práctica deportiva, que comporta un conjunto de creencias sobre las consecuencias de esta y el valor afectivo que
la persona le atribuye a tales consecuencias; b) las creencias normativas al respecto, es decir, la percepción de si la cultura del individuo valora y promociona el deporte, si sus otros significativos lo practican y la expectativa de cómo estos reaccionarán frente a esa conducta, así como el grado de motivación para ajustarse a tales expectativas, y c) el control conductual percibido, esto es, la percepción del individuo de su capacidad para el deporte o, en su caso, asumiendo que si una persona duda respecto a sus posibilidades de controlar la actividad, es improbable que esté motivada para realizarla. Algunos estudios, como el realizado por Nache et al. (2005) con jugadores de fútbol de entre 13 y 15 años, han encontrado diferencias significativas en las variables del modelo entre los aquellos sujetos que abandonaron y los que no.
– Las diferencias entre hombres y mujeres, en cuanto a las tasas de participación y abandono de la practica deportiva, ha generado estudios específicos que han tratado de explicar el abandono deportivo del género femenino. Para ello, se ha hecho uso de la teoría del esquema del sexo de Bem (Bem, 1981, 1985, 1993) y/o el modelo de expectativa-valor (Eccles y Harold, 1991; Eccles, Jacob y Harold, 1990; Eccles y Hoffman, 1984; Wigfield y Eccles, 1992). Desde edades muy tempranas existe una socialización del rol del género a través de la cual presiones sociales y culturales inculcan las actividades más adecuadas según el sexo. El ámbito del deporte no es una excepción, existiendo deportes que son considerados femeninos y deportes considerados masculinos, siendo estos últimos mayor en
número (Guillet et al., 2006). Estas teorías, aplicadas al contexto deportivo, sugieren que el abandono deportivo se ve influenciado por los roles de género establecidos en la sociedad, siendo más probable que las mujeres abandonen deportes considerados masculinos o los hombres deportes considerados femeninos, cuanto mayor sea la identificación de la persona con cualidades de estereotipos femeninos y masculinos, respectivamente (Guillet et al., 2000; Fontayne, Sarrazin y Famose, 2001), así como cuando los otros significativos, en particular los padres, reproduzcan tendencias relativamente rígidas sobre los roles asociados tradicionalmente al sexo, ya que es más probable que sus hijos traten de comportarse de acuerdo con tales estereotipos (Brown, 1985; Brown, Frankel y Fennell, 1989). Además, los modelos de expectativa-valor también sugieren que, generalmente, los individuos caracterizados a nivel de género tienen previsiones de éxito más elevadas o una habilidad percibida mayor en las actividades que son congruentes con su género, lo cual predice negativamente el abandono (Guillet, 2000; Guillet et al., 2006).
Como se ha podido apreciar a lo largo de este apartado al tratar las aproximaciones que se han seguido para el estudio del abandono, el concepto de abandono deportivo se encuentra tradicionalmente relacionado con la motivación, ya que en muchos trabajos se han valorado los motivos de práctica y de abandono deportivo y, en otros, se han analizado las relaciones existentes entre el abandono y diferentes teorías motivacionales (véase Cecchini et al., 2005; Gould, 1987, Sarrazin y Guillet, 2001; Weiss y Chaumeton, 1992).