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2.2 Desarrollo psicomotriz

2.2.7 Etapas del desarrollo psicomotor

Para Blázquez D. (2006 pág. 49) Estas etapas, nos permiten a su vez, ex- plicar cómo se produce el desarrollo psicomotor del niño. Para ello, tendre- mos en cuenta los siguientes elementos.

2.2.7.1 La percepción

Para Blázquez D. (2006 pág. 49) Es concepto psicológico como una varie- dad de significaciones. En primer lugar se refiere a una característica innata y adquirida a la vez; también a la percepción sensomotriz que está ligada al movimiento. Se refiriere principalmente a esta última ya que juega un papel importante en la elaboración del esquema corporal, del espacio y del tiempo.

La percepción es una manera de tomar conciencia del medio ambiente y como lo hemos mencionado, existe una parte innata porque el niño recibe sensaciones desde los primeros meses de su vida y otra aprendida porque el niño se desarrolla según las estimulaciones que recibe del exterior. Las percepciones se elaboran a partir de estas sensaciones, además hay una experiencia motriz vivida o imaginaria en la manera de percibir,

La percepción sensomotriz es el conjunto de estimulaciones visuales, audi- tivas y táctiles, el niño tendrá que seleccionar las que necesite para inte- grarse en los juegos deportes etc. Ya sabemos que toda acción se apoya en las percepciones y que todo conocimiento proviene de diferentes percep- ciones la percepción tiene importancia en la práctica escolar cuando el niño aprende a discriminar las formas, los sonidos, los colores. etc.

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2.2.7.2 Esquema corporal

Para Blázquez D. (2006 pág.50) El término esquema corporal e imagen de sí mismo aluden al concepto que tiene una persona de su cuerpo y de sí mismo, y tiene connotaciones específicas. El conocimiento de sí mismo es el fruto de todas las experiencias activas o pasivas que tiene el niño. El desarrollo del esquema corporal empieza desde el nacimiento con los refle- jos innatos del niño y las manipulaciones corporales que reciben de su ma- dre todos estos contactos llegan a través de las sensaciones y de las per- cepciones tanto táctiles y auditivas como visuales. Durante esta primera fase, el niño vive su cuerpo como algo difuso, fragmentando, indiferenciado de los otros cuerpos.

La limitación supone cierto conocimiento de sí mismo de las posibilidades de control de los movimientos propios y de la otra persona modelo.

La percepción global del cuerpo de una persona provoca una imagen men- tal que permite a su vez la imitación diferida, paralelamente intervienen di- versos factores, en esta etapa la maduración hace posible movimientos más elaborados y controlados que contribuyen a la unificación del cuerpo; por su parte, aparición del lenguaje facilita el reconocimiento topológico y el es- tablecimiento de relaciones entre los segmentos del cuerpo.

A los seis años junto a la estabilización de la dominancia lateral, el niño tie- ne la orientación corporal necesario para representar el punto de referencia de las adquisiciones espaciales y logra de esta manera una representación coherente de su cuerpo, la imagen del cuerpo es fundamental para la elabo- ración de la personalidad y determinante en el proceso de aprendizaje, la personalidad y la imagen corporal se funden en una síntesis que es el resul- tado de todas las acciones provenientes de su propio cuerpo y de la relación con el mundo que lo rodea.

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2.2.7.2 Lateralidad

Para Blázquez D. (2006 pág. 18) La lateralización es el resultado de una predominancia motriz del cerebro. La predominancia se presenta sobre los segmentos corporales derecho e izquierdo tanto el nivel de los ojos como de las manos y de los pies la lateralización depende de dos factores: del desarrollo neurológico del individuo y de las influencias culturales que reci- be, el desarrollo neurológico es diferente de cada uno de los hemisferios ce- rebrales y en el territorio neuro-sensitivo-motor que le corresponde, esta diferencia aumenta con el crecimiento del niño. La lateralización progresa por fases estables e inestables: Durante el primer año de vida hay momen- tos de aprehensión y manipulación unilateral y bilateral.

Las etapas bilaterales apareen de nuevo a los dieciocho meses y más tarde a los tres años se ha observado que hacia los cuatro años se establece de manera casi definitiva la dominancia lateral, pero también se ha visto que se interrumpe por un periodo de indecisión alrededor de los siete años la lateralización es de importancia especial para la elaboración de su propio cuerpo y básica para su proyección en el espacio. Los problemas en este desarrollo tienen consecuencias en la vida cotidiana del niño y repercuten en el aprendizaje escolar, especialmente en la lectura y escritura.

2.2.7.2 La elaboración del espacio

Para Blázquez D. (2006 pág.50) La construcción del espacio se hace para- lelamente a la elaboración del esquema corporal, y ambos dependen de la evolución de los movimientos. De hecho, más que cualquier otra noción, la toma de conciencia del espacio surge de las capacidades motrices del niño que inician desde su nacimiento.

Desde los primeros días el niño se mueve en un espacio que a su vez, se compone de diferentes espacios no coordinados entre sí. El espacio se vive

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según las aferencias táctiles auditivas y visuales. El primero es el espacio bucal, centrado en su propio cuerpo, que se va abriendo circularmente con la manipulación de objetos y extiende considerablemente con la aparición de la marcha a partir de esta nueva experiencia motriz, los espacios antes aisla- dos se juntan y aparase un cierto sentido de la dimensión, al final del se- gundo año, ya existe un espacio global el niño lo vive afectivamente, y se orienta en función de sus necesidades.

Hasta los tres años este espacio topológico no tiene formas ni dimensiones y se caracteriza por sus relaciones concretas de cercanía, orden y separación. Además aparece la evolución del sentido postural que permite al niño una mejor orientación del sentido en relación con su propio cuerpo, y la laterali- zación dará las bases para la futura proyección en el espacio. Durante esta etapa, se elabora una imagen interiorizada del espacio: el espacio vivido se reelabora en el nivel de la representación, así el espacio topológico se con- vierte en espacio eudidiano. El lenguaje permite la elaboración de las prime- ras nociones espaciales: derecha, izquierda, delante, atrás, etc. al final de la etapa, la orientación de su propio cuerpo se ha cumplido, el niño tiene acce- so a un espacio construido de su cuerpo como eje de orientación.

2.2.7.3 La elaboración del tiempo

Para Blázquez D. (2006 pág.50, 51) La elaboración del tiempo sigue un proceso semejante a la de la construcción del espacio, empieza en la senso- rio-motriz y depende de factores ya conocidos: maduración, diálogo tónico movimiento y acción. En un principio existe un tiempo vivido ligado al sueño y la vigilia, al hambre y a la comida, al organismo y a la acción concreta por lo que existe tanto tiempo como acciones.

Estos hechos, se percibe por medio de los cambios forman los elementos básicos para elaboración del tiempo. Con la función simbólica se empieza a organizar la integración temporal. El niño comienza a situarse en la hora y a

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partir de este, en un antes o un después, y a distinguir situaciones simultá- neas y sucesivas. Es decir, el tiempo vivido va a reelaborarse en el plan de representación con la ayuda del lenguaje llegando a las nociones de orden y duración. La comprensión de la sucesión cronológica de los acontecimien- tos, su conservación y las relaciones que establecen señalan el paso a la etapa operatoria