Para Pedro Brandão (2011), arquitecto portugués conocedor e investigador del espacio público, la efectividad de un espacio dispuesto para el disfrute de la comunidad depende de cuatro elementos o funciones sustanciales: actividad, sociabilidad, confort y acceso. Cada uno de ellos dilucida las alteridades construidas en los espacios públicos y el carácter utilitario de los mismos enfocado a la preservación y apropiación por parte de los usuarios. Para el caso del primero, su profundidad depende de los usos y acciones ejecutadas por los individuos destinatarios, quienes recrean su vida cotidiana en relación constante con los lugares que los rodean. Además, también es fundamental la condición atractiva proyectada por los espacios públicos y si los diferentes usuarios se sienten cómodos para desplegar allí su actividad. Como lo evidencia el esquema número 2, las características presentadas pueden ser evaluadas en los espacios públicos de Ciudad Verde, evidenciando con ello patrones de profundidad que cambian entre los lugares privilegiados. En términos de actividad es contundente la prevalencia, en mayor proporción, del Parque Bogotá en comparación con los demás, debido a su cualidad heterogénea y a las posibilidades de diversión que se despliegan en sus límites el parque señalado se fortifica como escenario de espontaneidad. Es ampliamente atractivo para residentes y visitantes por su ubicación, por la disposición de
equipamientos determinantes y por el flujo de personas que a diferentes horas del día lo mantienen ocupado.
En contraste a lo anterior, la actividad dada en el Parque Central, la Avenida Potrero Grande y el Parque Logroño es mínima, en ellos la posibilidad de evidenciar diversidad se restringe en grandes proporciones y no se aluden situaciones que se caractericen por el uso continuado. En los Parques Central y Logroño no se advierte un encuentro de personas de distintas edades, las observaciones determinaron que la presencia de jóvenes y niños prevalece pero en bajas cantidades y a pocas horas del día. Así, en términos de Brandão (2011), se puede señalar que en los tres escenarios mencionados no se consolida un contenido propicio de actividad, especialmente en la Avenida y en el Parque Central, producto de un uso deficiente de los equipamientos y de la ausencia de conflictos sustanciales para la vida pública. Un indicador importante para evaluar el uso y dinamismo de los espacios públicos es la frecuencia de visitas presentada por día, el flujo de personas dilucida el nivel de actividad generada en diferentes lugares y la importancia adoptada por usuarios que permite el desglose del tránsito constante.
Tabla 5. Frecuencia de personas por minuto en espacios públicos de Ciudad Verde.
Lugar Parque Bogotá Parque Logroño Av. Potrero Grande Parque Central Frecuencia de
personas por minuto 3.1 1.8 1.9 1.2
Fuente: elaboración propia.
Según la tabla presentada, es evidente, como se ha venido mencionando, que el Parque Bogotá concentra la mayor cantidad de personas con una frecuencia por minuto de 3.1. Los valores señalados se determinaron como promedio de 13 observaciones de 15 o 20 minutos por lugar, y se construyeron considerando la misma cantidad para las diferentes horas del día (mañana, mediodía y atardecer). La visita de residentes a los espacios públicos en Ciudad Verde se encuentra relacionada con la diversificación de actividades y la presencia de actores heterogéneos, con una frecuencia mayor de tránsito la mixtura es mucho más aguda y, en consecuencia, se genera un mayor nivel de satisfacción. En el Bogotá es admisible la asistencia de vendedores informales, madres y padres de familia, estudiantes, jóvenes y adultos mayores, de los cuatro escenarios es aquel que concibe la amplitud de usos y agentes sociales y que recrea un verdadero teatro de la acción como lo subraya Sennett (1978).
También es claro en la tabla 5 que la Av. Potrero Grande se fundamenta como escenario con flujo medio tendiente a bajo. El valor representado solamente concibe la presencia de peatones y sujetos ubicados en la calle, no mantiene relación con el tránsito de vehículos particulares ni con el transporte público. De acuerdo a las observaciones, es preciso subrayar que la calle no se formaliza como escenario de interacción, no se sustenta como lugar para compartir y contemplar, y no condensa señales de apropiación por parte de las personas. Contrario a lo rescatado por Jacobs (2011), la calle en Ciudad Verde no es el lugar para estar y tejer relaciones sociales, es el espacio para transitar y pasar rápidamente de un lugar a otro. La mayoría de usuarios divisados en la avenida no mantienen conversaciones ni siquiera con amigos y familiares, el silencio es imperante en la mayoría de ocasiones y la individualidad es realmente la protagonista.
Continuando con la aplicación de las categorías de Brandão (2011), es manifiesto en el esquema 2 la importancia que adquiere el acceso en los espacios públicos del macroproyecto. Ninguno de los parques presenta inconvenientes relacionados con el ingreso y conexión de los lugares, existe la posibilidad de entrar sin mayores dificultades y es fácil el reconocimiento por parte de visitantes nuevos. La accesibilidad del espacio público en Ciudad Verde es una de sus mayores favorabilidades, el desplazamiento de peatones es amigable y sin grandes obstáculos sustentando la funcionalidad tan determinante para Joseph (1999). La conexión con los demás equipamientos dispuestos para el uso es, en la mayoría de ocasiones, adecuada y perceptible para los usuarios, los conjuntos adyacentes procuran la correcta disposición bajo el patrón de la manzana sin afectar el ingreso y disfrute de los espacios.
Tanto en el Parque Bogotá como en el Logroño y en menor medida en el Central, la distribución de las calles favorece el acceso a los equipamientos públicos tanto en vehículo como a pie. La preocupación por ingresar no es profunda en la mayoría de espacios ya que se cuenta con entradas múltiples y con alamedas que permiten la continuidad de la escena pública. Ciudad Verde cuenta con numerosos espacios verdes, agentes sociales diferentes, movimientos y actividades heterogéneas y un conjunto de potencialidades que con la incorporación de nuevos equipamientos cobrarán relevancia en un par de años. Los espacios públicos evaluados en esta investigación argumentan la oportunidad de ser contemplados
desde distancias considerables y con una visión holgada de los mismos; las vistas ofertadas por el macroproyecto fortalecen la apreciación de los espacios públicos que se alimentan de las imágenes construidas por los sujetos, de aquellas estudiadas por Lynch (1998), y de la percepción espacial cimentada en colectivo. La fortificación de la vida pública es factible en tanto las posibilidades presentadas a los usuarios sean divergentes y de alcance inmediato para resolver problemáticas engendradas en la cotidianidad, en Ciudad Verde la proximidad de los espacios públicos con el conjunto de equipamientos primarios y secundarios es valorable al punto que enriquece la legibilidad humana de toda la ciudadela.
Ahora bien, considerando que la accesibilidad de los espacios públicos estudiados no es problema al momento de evaluar la calidad, también es importante subrayar que el confort de los mismos no condensa deficiencias significativas. La imagen proyectada por los parques y avenidas es favorable tanto que una buena proporción de los entrevistados (67%) resalta una percepción positiva de ellos; la oportunidad de andar, hablar, sentarse y estar es ofrecida por diferentes lugares del polígono y, especialmente, por aquellos que fueron privilegiados en la presente investigación. En temas de confort se puede decir que solamente el Parque Central requiere un proceso de intervención inmediata para solucionar falencias vinculadas con infraestructura. Las canchas se encuentran deterioradas al punto que la reducción de la actividad deportiva es contundente, el parque presenta problemas de apropiación en general y carece de una vigilancia constante por parte de la comunidad (Jacobs, 2011). Para el caso del Central, el área deportiva y la zona de juego para niños no sustentan un patrón de seguridad profundo que permita el advenimiento de actividades sociales después de la caída del sol; la soledad que impera en el lugar es suficiente para develar que todo el espacio conjuga problemas generales de bienestar.
Caso contrario a lo sucedido en el Parque Central, es evidente que las dinámicas del Bogotá, el Logroño y la Av. Potrero Grande conducen una buena impresión espacial en los usuarios que los visitan, los problemas de seguridad son reducidos por la cercanía de los parques al CAI de policía y la atracción es potenciada con ayuda de actividades culturales realizadas por la Agrupación Social o por el Centro Comercial Miraflores. Solamente cabe resaltar que la limpieza de las zonas verdes se ve transgredida por una política de uso que no es consciente de la responsabilidad social; algunos residentes olvidan recoger los
excrementos dejados por sus mascotas u omiten el empleo de las canecas públicas para la disposición de la basura personal. Sin embargo, a pesar de lo anterior, es valorable los esfuerzos de la constructora y la conciencia de protección que habitantes y visitantes han formalizado alrededor de los espacios públicos, todo ello ha permitido que la utilización procure el disfrute colectivo y que no transgreda las actividades ajenas a las propias.
Finalmente, para concluir con los atributos tomados de Brandão (2011), es perceptible en el esquema 2 que la sociabilidad se anota como principal carencia de los espacios públicos de la ciudadela. Dicha categoría refiere a la condición sociable de los lugares en la ciudad y a la formalización de significados al interior de ellos, se acompaña de los sentimientos suscitados por los sujetos y de la amenidad de diferentes relaciones sociales. En comparación con la categoría de actividad, la sociabilidad se caracteriza por los vínculos y tejidos humanos que permiten los espacios por su calidad y funcionalidad, más allá de los usos, su principal preocupación es la consolidación de significados y la fabricación de memorias que alimentan de contenido simbólico los terrenos dispuestos para la vida pública. En consecuencia, para el caso de los parques mencionados y la Av. Potrero Grande en Ciudad Verde, la socialización se anida bajo patrones mínimos de cooperación colectiva. En todos los ambientes, con excepción del Parque Bogotá, no se agencia una verdadera cualidad que los identifique como sociables, los tejidos humanos son frágiles y la interconexión de actividades es mayoritariamente nula. A pesar de que las personas que congregan en los espacios privilegiados en el estudio señalan su gusto por los parques y equipamientos en general, es notable la poca identificación con los diferentes lugares y la omisión de un significado colectivo que recree un verdadero sentido de pertenencia.
Tanto en los parques como en las calles del proyecto, la monumentalidad que permite la construcción de memoria y la significación de los espacios que sostiene la correlación propugnada por Dardel (2013), se encuentra ausente a un punto crítico que dilucida la necesidad de fortalecer las redes de comunicación humanas. Como se expresó en la tabla 5, las frecuencias de tránsito en prácticamente todos los lugares no advierten la participación de agentes divergentes que utilizan el espacio con reiterada constancia, dicha condición dificulta el accionar colectivo en la ciudadela y las posibilidades de transformación que los sujetos pueden emprender en sus espacios cercanos. Asimismo, las vivencias sociales, relacionadas
con los juegos, las fiestas vecinales y las prácticas culturales, no comparecen con holgura en la vida pública construida en Ciudad Verde; la permanencia de una vinculación entre conjuntos y la materialización de la misma en los espacios públicos de acceso libre, se advierten como desafíos primordiales de un proyecto como el de Soacha diseñado para el hombre.
Si bien es importante resaltar que en ocasiones de fiestas y celebraciones tradicionales la Agrupación Social, la constructora Amarilo y otras entidades promocionan actividades para el disfrute de los habitantes, dichas situaciones no asientan una participación significativa de la población. Por ejemplo, con la llegada en septiembre del día del amor y la amistad, muy popular en la mayoría de ciudades de Colombia, el Centro Comercial Miraflores organizó un evento de integración dirigido a toda la comunidad caracterizado por la oferta de promociones y la entrega de premios individuales. No obstante, a pesar de la logística desplegada, el éxito en términos de incorporación de la vecindad fue negativo tanto que los animadores se vieron la mayoría del tiempo solos. El caso presentado en el Parque Logroño, que limita con el centro comercial en su parte noroccidental, evidencia la fragilidad de los vínculos humanos en el macroproyecto; quizás por su reciente apertura o por presentar todavía etapas de construcción, Ciudad Verde no consolida un fuerte sentido de sociabilidad que resalte la significación social y la correlación con el confort y la accesibilidad.
En consecuencia, para comprender particularidades de la socialización advenida en los espacios públicos de Ciudad Verde es imperante dilucidar percepciones que residentes y visitantes han construido sobre el sentido de lo público. Así, persiguiendo la consecución del segundo objetivo específico planteado en el trabajo, las entrevistas aplicadas permitieron comprender la vinculación espacio-hombre y ayudaron a profundizar el análisis de las categorías propuestas por Brandão (2011). Para el conjunto de los entrevistados, la conceptualización del espacio público deviene de experiencias y realidades particulares advertidas en la vida, como lo subrayó Tuan (2007), además, las acciones cotidianas demarcan los significados que se apropian con el tiempo y la forma de ver el espacio como extensión física o en relación con lo humano. Como se presenta en la tabla número 6, los conceptos construidos alrededor de lo público se caracterizan por su divergencia y amplitud.
Los significados dados en las entrevistas se afianzan bajo relaciones particulares con el espacio que se fundamentan en imágenes mentales que los hombres recrean en su vida. Tabla 6. Conceptualizaciones sobre espacio público en Ciudad Verde.
Tipología de conceptos Lugares determinados Espacio de heterogeneidad Espacio para la comunidad Espacio de libre acceso Se desconoce “Son los andenes,
calles y parques”. “Es un espacio muy importante, de esparcimiento y donde se pueden hacer muchas cosas”. “Es el lugar donde se puede compartir con la familia, con la gente que nos gusta estar y con las personas cercanas”. “Son los espacios para transitar libremente y acceder con facilidad. Es donde todos podemos estar”. “No sé realmente que es eso”. 34% 13% 30% 13% 10%
Fuente: elaboración propia.
El 34% de los entrevistados, entre visitantes y residentes, relaciona al espacio público con lugares determinados; las conversaciones dieron cuenta de una prevalencia de los parques, andenes y calles para caracterizar las particularidades de lo público. Así, se evidencia que los conceptos manejados sobre el espacio se construyen, en su mayoría, a partir de escenarios particulares o representativos, son ellos los que posibilitan una imagen de lo público, dinámica y movible según Lynch (1998), y una esencia que sirve como referente. “Son todos los parques, avenidas y calles, es donde toda la gente puede estar” (entrevistado N° 28, 2017), afirma un hombre de 24 años. Este tipo de enunciados, acompañados de expresiones que relacionan lo público con el espacio abierto, se formalizan en Ciudad Verde a partir del contacto con diferentes equipamientos, el parque se representa como escenario público por excelencia porque es el principal lugar de interacción y acompañamiento familiar por fuera de los conjuntos residenciales. El parque se vislumbra como terreno para la heterogeneidad y el compartir, a la vez que se potencia como el escenario dado para todos.
Por otro lado, la concepción del espacio público como espacio de heterogeneidad se advirtió en mínima proporción en comparación con las demás conceptualizaciones. El rescate de la mixtura se efectuó para resaltar la divergencia de actividades y agentes sociales en el espacio, con ella se devela la importancia de admitir variadas formas de comportamiento y
la necesidad del tránsito frecuente para promocionar la acción. Como se mencionó anteriormente, la heterogeneidad es trascendental al punto que fortifica la participación de los usuarios entendidos como destinarios de los equipamientos dispuestos por la constructora. Sin embargo, a pesar de la importancia suscitada en el campo de la heterogeneidad, en las conversaciones con la población de estudio no se percató en proporciones considerables, la diversidad de actividades se percibe, en ocasiones mínimas, como un peligro al deber ser de lo público y como ataque a las actividades de descanso y tranquilidad. Como lo recalcó un hombre de 72 años, “el espacio público es como el espacio para el desorden” (entrevistado N° 25, 2016), para él la presencia de jóvenes y personas ajenas a la ciudadela corrompen la funcionalidad de los parques y calles del proyecto, transgreden lo que supuestamente es propio de los habitantes de Ciudad Verde y conllevan problemáticas de inseguridad y carencia de limpieza. La disparidad de acciones no se privilegia como condición determinante de la vida pública por parte de las personas consultadas, por el contrario, la identificación con lugares abiertos prevalece en tanto existe una visión de lo público ligada a las características físicas halladas en el mismo.
La estimación del espacio público como aquel que se destina para la comunidad condensó una mayor proporción en el conjunto de los entrevistados. Expresiones como: “es donde se puede disfrutar y compartir en común” (entrevistada N° 22, 2016), “es el espacio para el bien común y donde están todos” (entrevistada N° 18, 2016), “es el lugar donde se puede compartir, estar con la familia y crear lazos” (entrevistada N° 11, 2016), entre otras, prevalecieron al momento de cuestionar sobre la esencia y significado de lo público. Es de rescatar que para las personas consultadas, al contrario de lo sucedido con la heterogeneidad, la participación de la comunidad es crucial para fortalecer las dinámicas de los diferentes espacios públicos; los sujetos se conciben como parte del engranaje público de la ciudadela y como aquellos que le dan vida en tanto se encuentran con frecuencia en las zonas preferidas.
Ahora bien, reconociendo la divergencia de construcciones mentales sobre lo público y siendo claros en que predominaron las concepciones que lo relacionan con los parques y calles de la ciudad5, es preciso mencionar que la percepción del espacio público construida
en Ciudad Verde es positiva en un 67% (ver esquema 3). Las argumentaciones dadas que
destacan lo favorable del espacio público se enmarcan en la belleza y agradable adecuación del mismo: “yo creo que están bien, son adecuados y buenos” (entrevistada N° 20, 2016); “pues a mí me parece bonito porque los espacios públicos son muy amplios” (entrevistada N° 19); “me parece bueno, los parques y las ciclovías están bien distribuidos” (entrevistada N° 1, 2016). Las posiciones que reconocen un enfoque positivo de lo púbico se amparan en la amplitud de los espacios y en la considerable cantidad de zonas verdes para el disfrute de la comunidad. No obstante, en contraste con las anteriores exposiciones, en un 33% se destacaron problemáticas y adversidades de los espacios públicos, siendo reiterativas aquellas que se vinculan con la inseguridad y las cuestiones de limpieza. “Tiene muchos problemas, está muy descuidado, sucio, la gente no se interesa por mantenerlo bien y hay muchas cosas por mejorar” (entrevistada N° 16, 2016), sostiene una mujer de 36 años. Asimismo, los reclamos frente a la invasión del espacio y el llamado a la constructora para ofertar soluciones de reubicación de vendedores informales son persistentes en aquellos residentes que se sienten relegados como peatones y habitantes.
Esquema 3. Percepción del espacio público en Ciudad Verde.