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Basal H2O2 HCY

U. A.: unidades arbitrarias.

3. ANÁLISIS DE BIOMARCADORES DE ESTRÉS OXIDATIVO EN EA

3.1. EVALUACIÓN DE DAÑO OXIDATIVO AL ADN EN CMSP

Una de las alteraciones que más contribuye al desarrollo de los mecanismos de patologías asociadas al envejecimiento es el daño al ADN (Lindahl, 1993). Así, no es de extrañar que más de 125 genes presentes en el genoma humano estén

103 relacionados con la reparación de esta molécula (Ronen y Glickman, 2001). Sin embargo, a veces estas defensas no son suficientes para paliar los ataques que recibe. Por ello, es importante contar con técnicas de determinación de daño al ADN con suficiente sensibilidad para ser detectado.

El ensayo del cometa es una técnica relativamente rápida y simple de utilizar que además es muy sensible a la hora de detectar daño en el ADN a nivel de células individuales (Singh et al., 1988). En su versión alcalina, el daño que se detecta corresponde tanto a roturas de una hebra como de doble hebra del ADN. Además, esta versión también es capaz de detectar los entrecruzamientos, los sitios de escisión que no han sido reparados y los sitios lábiles al álcali. Por tanto, la versión alcalina del ensayo del cometa es capaz de detectar casi todo el daño presente en el ADN (Miyamae et al., 1997), y por ello fue la versión elegida para ser utilizada en la presente Tesis Doctoral. Los parámetros utilizados, el %ADN en la cola del cometa, la longitud de la cola del cometa y el momento del cometa, son los parámetros más representativos de este daño y por ello fueron escogidos para cuantificar el daño presente en el ADN de las CMSP de las dos poblaciones.

Las personas con EA pertenecientes a la muestra poblacional analizada muestran mayor daño oxidativo en el ADN de sus CMSP respecto del observado en la población control, pues los niveles de los tres parámetros analizados son significativamente más elevados. El aumento del daño oxidativo en el ADN de personas con EA está descrito en diversos estudios, bien utilizando la propia técnica del cometa en CMSP (Mórocz et al., 2002; Kadioglu et al., 2004; Migliore et al., 2005) o utilizando otros marcadores, como los niveles de 8-OHdG, tanto en CMSP, como en orina o líquido cefalorraquídeo (Mecocci et al., 2002; Isobe et al., 2010; Zengi et al., 2011). Estos niveles de daño oxidativo en el ADN también se han observado en el tejido neuronal (Gabbita et al., 1998) o incluso en otros tipos celulares de tejidos periféricos (Trippi et al., 2001).

Los resultados de la presente Tesis Doctoral coinciden de esta manera con la literatura existente, si bien, dado que son observacionales, no se puede diferenciar si el estrés oxidativo observado es una causa o una consecuencia de la enfermedad.

Para profundizar un poco más en las diferencias encontradas entre ambas poblaciones, se analizó la posible influencia del género en el daño oxidativo al ADN de las poblaciones estudiadas (EA y control). Los resultados demostraron que no existen diferencias significativas entre géneros dentro de la misma población (ni en EA ni en población control), lo que indica que parece que no existe ningún factor asociado al

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sexo del individuo que influya sobre el daño oxidativo que pueda recibir el ADN de sus CMSP.

En la literatura existe algún trabajo que indica que el estrés oxidativo al que están sometidos los varones es mayor que el de las mujeres, quizás debido a una mayor tasa metabólica (Loft et al., 1992). Sin embargo, este estudio está realizado con otro biomarcador y en orina de 24h, por lo que no es comparable con los datos de esta Tesis Doctoral. Además, aunque está descrito que las mujeres producen más cantidad de antioxidantes a lo largo de su vida, gracias a los estrógenos (Borrás et al., 2003; 2010), el hecho de que las integrantes femeninas de la muestra poblacional con EA estuvieran en edad menopáusica no aporta un argumento en contra de la no influencia del sexo en los resultados. Por tanto, podemos concluir que parece que el sexo de los participantes no influye en sus niveles de daño oxidativo al ADN, al menos en la muestra poblacional seleccionada.

Lo que sí se observa es que las diferencias encontradas entre las poblaciones EA y control parecen ser debidas a los varones, ya que entre las mujeres no se observan diferencias. Para intentar buscar una explicación a las diferencias del género, se realizó a posteriori un análisis de la edad de las 2 muestras poblacionales (EA y control) dividido según el sexo (Anexo I). No se observan diferencias significativas, ni en la edad de varones respecto de mujeres dentro de cada población, ni entre personas del mismo sexo comparando poblaciones, por lo que si existe algún tipo de sesgo no está relacionado con la edad. Teniendo en consideración estos datos, es posible que a la hora de comparar ambos sexos, el desequilibrio existente en el ratio varón/mujer de la muestra poblacional estudiada (17 mujeres y 8 varones en EA

vs. 7 mujeres y 18 varones en la población control) esté influyendo en esta

comparación, si bien sería conveniente analizar la influencia de este factor cuando las poblaciones estén equilibradas para evitar cualquier tipo de sesgo.

Por último, tampoco se observa una correlación entre los valores de daño oxidativo al ADN y la edad de los participantes en el estudio. Aunque se sabe que a medida que la edad aumenta el estrés oxidativo es mayor, puede que el rango de edad de las dos poblaciones, así como las distribuciones de edad de los participantes dentro de cada población, estén enmascarando una posible relación con la edad.

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