2 JUSTIFICACIÓN
4.2.6 EVALUACIÓN DE LAS RELACIONES SOCIO AMBIENTALES :
Se ha venido planteando, cómo el tipo de relaciones que establecen las personas y las sociedades con la naturaleza, está signada por sus valores culturales, pero igualmente del desarrollo y adopción de tecnologías y/o por las limitaciones que impone el ecosistema a las actividades humanas, como resultado de su degradación, (UICN, 1997); en tal sentido y de acuerdo con las realidades que se presentan en la unidad de análisis es conveniente la perspectiva que plantean Haberl, et al (2004) , para estudiar las interacciones entre los sistemas natural y social, durante un periodo de tiempo, que permitan determinar ¿qué cambios causan las actividades socioeconómicas en los sistemas naturales?, ¿cuáles fuerzas socioeconómicas manejan estos cambios? y
¿cómo los cambios de los sistemas naturales impactan a su vez a la sociedad?.
En este marco de comprensión, de la relación indisoluble entre los aspectos sociales y ambientales con la sostenibilidad, sin querer desconocer los limites en la capacidad de soporte y recuperación de los ecosistemas, la UICN, (1997) plantea el que son las
6 D´Groot, (1992) define las funciones ambientales como la “capacidad de los procesos y componentes naturales de proporcionar los bienes y servicios que satisfacen directa o indirectamente las necesidades del ser humano”, citado en (Espinosa, 2011); en el mismo orden, Common & Stagl, (2008) plantean que estas responde a la descripción y valoración de los flujos de capital natural, con los cuales un territorio se sustenta.
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acciones sociales las determinantes, en tanto el logro de la sostenibilidad territorial depende de las decisiones humanas, en cuanto al discernir entre lo deseable y evitable; y entonces, la circunscriben en elementos éticos y culturales.
Consecuente con esta visión la UICN (1997), define el alcance de la sostenibilidad como un proceso social con efectos ambientales, que significa actuar en las actitudes, comprensiones y percepciones de las personas; y que en tanto, son el resultado de la historia de la sociedad, de sus relaciones con otras culturas y de su interacción con el ambiente, estas son modificables. Pero, también plantean como otro factor decisivo lo que definen como “el poder”, es decir las posibilidades de un grupo o cultura humana de poner en práctica sus valores y decisiones; recalcando que son los grupos poderosos los que tienen la capacidad de imponer sus decisiones, es decir sus valores, a otros grupos. En la renovada preocupación por los problemas socio ambientales, desde inicios de los años 70´s ha convocado el interés por los estudios interdisciplinarios que posibilita analizar la relación integrada e interactiva de éstas problemáticas, (Costanza R. et al, 1999); en consecuencia, la evaluación de la sostenibilidad del territorio implica entenderlo como un sistema socioambiental, combinando los factores que lo influyen, y no aisladamente, Bustillo-García & Martínez-Dávila, (2008).
En tanto corresponde a un espacio rural, resulta adecuado los elementos de la propuesta de Sepúlveda, et al (2003), que desde el marco del desarrollo rural sostenible lo asume desde una visión integral, multidimensional e intertemporal, en la que el territorio es el eje de la gestión, que debe estudiarse desde lo local, pero necesariamente interrelacionado en lo regional y nacional, para lograr entender más adecuadamente las situaciones que afectan al medio rural, Alburquerque, (2009). Este abordaje interdisciplinar, para estudiar las relaciones entre la estructura productiva y el uso de los recursos naturales, permite entender los procesos de degradación ecológica, como la deforestación, en relación con determinantes sociales, politicos, económicos, culturales, (Toledo, et al,1998).
En esa misma línea metodológica, para entender las transformaciones sociales, económicas y culturales generadas en el espacio rural desde mitad del siglo XX, Schejtman & Berdegue, (2004), plantean la necesidad de un enfoque que dé cuenta del alto grado de heterogeneidad que caracteriza a las sociedades rurales, del carácter multidimensional de la pobreza rural y de la presencia creciente del mercado y sus agentes con peso decisivo en la determinación de las tendencias, oportunidades y restricciones que deben enfrentan sus pobladores.
A su vez, el profesor Julio Carrizosa (2006), plantea que en el análisis de la sostenibilidad potencial de un territorio delimitado, puede hacerse tomando como punto de referencia,
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uno o más procesos; cuya evolución aporta las señales más elementales y, a la vez, las más explicativas acerca de si las condiciones del lugar, se mantienen, mejoran o empeoran, para verlas en todas las dimensiones y contextos, pero dependiendo de las particularidades biofísicas, socioculturales y económicas del lugar, (Carrizosa, 2000). Otro marco de analisis, es el estudio del paisaje a escala espacio-temporal (Allen & Starr, 1982; O’Neill,et al,1986; Urban, et al, 1987; May, 1989) que permite observar el conjunto de fenómenos que se desarrollan a varias escalas; es así que Crumley & Marguardt (1987), señalan que en el paisaje se manifesta espacialmente el tipo de relaciones que establece el hombre con su ambiente, de manera consciente, de acuerdo con su percepción, su valor económico y su uso y también de la historia de la sociedes y de la tecnología (Blandel, 1995).
En la observación de las transformaciones de paisajes en relación con los procesos socioambientales, los Sistemas de Información Geográficos (SIG) son de las herramientas más utilizadas, en tanto permite almacenar y organizar abundante y diversa información para análisis complejos de la transformación del paisaje, incluso datos sociales y culturales, además de biofísicos y ambientales (Parra, et al,1999).
En el análisis de la sostenibiliodad territorial, otro de los elementos, es el referente a la estructura de organización social de las poblaciones relacionadas con el respectivo ecosistema, en cuanto que la socialización de conocimientos, la interdependencia de los actores y sus comprensiones de las interacciones sociales, son ejes transversales de la articulación territorial (Abramovay, 2006). Asi mismo, Duncan A. G (2008), ha demostrado cómo en las regiones con menor cohesión social, de débil organización social, las poblaciones presentan más carencias socio económicas y políticas.
La construcción de organizaciones sociales con capacidad autogestionaria, tiene como sustento una fuerte identidad social y cultural de sus integrantes y el desarrollo de prácticas de solidaridad, de trabajo colectivo, del uso compartido y racional de los bienes y servicios ambientales entre otros; son elementos que permiten generar relaciones de corresponsabilidad y sana convivencia social y con su entorno natural; en esta dirección Echeverri & Ribero (2002), observan la relación directa entre la posibilidad de alcanzar la cohesión social, sobre la base de la cohesión territorial, planteando que estos son los objetivos máximos en el desarrollo territorial.
Entendida la cohesión social, como la capacidad de articulación y actuación solidaria de los estamentos sociales de las sociedades por el bien común, que posibilite relaciones horizontales, en igualdad de condiciones con las instituciones públicas, en procura de garantizar el bienestar y la justicia social. Así entendida, a mayor cohesión social,
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mayores serán las posibilidades de socializar la información y consensuar políticas y acciones orientadas a preservar e incluso mejorar el patrimonio natural. A su vez, Canal A, et al, (2010), plantean que la cohesión social requiere de la preservación del patrimonio natural, de su diversidad y del sostenimiento de la calidad ambiental para garantizarse en los territorios y a través del tiempo; en tal sentido, se establece una relación directa entre niveles de cohesión social con la conservación, manejo y sostenibilidad del patrimonio natural, como un círculo virtuoso que impulsa y retroalimenta positivamente los niveles de cohesión social con la cantidad y calidad del patrimonio natural.
De otro parte, al abordar la realidad de un territorio y la relación con la sostenibilidad, la escala espacial y la localización geográfica, son elementos necesario de tener presente (Shmite, 2008), siendo conveniente estudiar lo local dentro de un conjunto de relaciones espaciales de mayor escala, más allá de los límites político administrativos de los territorios. Es así, que aunque se coincide que en el caso de las unidades ecológicas de drenaje o sistemas de cuencas de captación, es la unidad esencial en la planificación del manejo integrado (Bormann & Likens, 1994), citado en (Andrade G. I., 2011); sin embargo, como se ha referido, estos límites no pueden circunscribirse a los político- administrativos, pues existen zonas de transición entre los diversos territorios y, por otra parte, la delimitación del territorio dependerá de las variables relevantes que se seleccionen para analizarla (Schneider & Peyré T, 2006).
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