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Anexo 4. Guión para el análisis de un conflicto

3. Orientaciones para la elaboración, desarrollo y evaluación de proyectos

3.2. Un posible esquema para la elaboración, el desarrollo

3.2.5. Evaluación del proyecto en plazos medios y largos

Un proyecto de mejora y desarrollo de alianzas entre centros, familias y comunidad re- quiere alguna evaluación en plazos medios y largos a determinar, naturalmente, por las partes. El criterio general, una vez más, habrá de ser no complicar las tareas de la evalua- ción, sino hacer de ella una actividad pública, realizable, destinada a generar conocimien- to compartido sobre qué ha ocurrido, qué efectos e incidencia ha tenido, por qué han ido las cosas como lo han hecho, qué se puede aprender de cara al futuro.

Ya que los proyectos de esta naturaleza implican niveles y agentes diferentes, será pertinente recabar información elemental pero necesaria para poder hablar y apreciar qué posibles efectos han tenido las actividades realizados en los centros, en el alum- nado, en las familias y en la comunidad. Según los temas abordados en los proyectos, habrá que precisar qué tipo de ideas, valores, principios, estrategias y resultados se han logrado o no, así como echar mano de principios como los mencionados más arri- ba u otros que las personas implicadas establezcan: mejora de la información, com- prensión y diálogo comunitario, participación e implicación del centro, profesorado, alumnado, familias y comunidad.

Los instrumentos que se utilicen para recabar la información, igualmente, deben evi- tar cualquier género de sofisticación técnica y metodológica, de manera que el rigor imprescindible tiene que hacerse compatible con las posibilidades reales al alcance de las partes.

Su construcción y validación, así como la recogida y el análisis de la información, tam- bién en este caso, puede ser una excelente oportunidad para la participación adecuada

de los sujetos, desde el profesorado y alumnado hasta otras personas o servicios dis- ponible en la comunidad.

La publicidad del proceso y los resultados de la evaluación, el debate escolar y comu- nitario sobre ello, pueden ser actividades que satisfagan el principio de que las insti- tuciones y proyectos que proveen servicios públicos den cuentas de lo que hace y de sus resultados, así como una ocasión de oro para construir conocimiento colectivo bien informado sobre cómo van y cómo deben ir transformándose los centros, las fa- milias y la comunidad.

El camino no está trillado y, sin duda, está lleno de escollos. Allí donde se apueste por ir abriéndolo con sentido del realismo y la posibilidad, será muy posible que se garan- tice mejor la educación que es preciso legar a las generaciones más jóvenes.

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Educación inclusiva

Mª Dolores Morillas Gómez

Carmen Llopis Pla

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Introducción

La diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia [...].

Lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad. (Amin Maalouf, 2010).

La escuela es un microcosmos social que refleja fielmente las creencias, actitudes y valores de la realidad social de la que forma parte. Si la escuela tiene un problema, este también es de la sociedad circundante y viceversa. Un centro educativo que cierre los ojos a la realidad de la diversidad está condenado a fracasar en su tarea funda- mental: formar ciudadanos y ciudadanas que participen activamente de forma cons- tructiva en el espacio social que les toca vivir.

Acoger la diversidad en la escuela implica ir más allá del efecto sumativo de personas diferentes en el aula o los pasillos. La diversidad se ha entendido tradicionalmente en educación desde una perspectiva negativa. De hecho, las culturas escolares tienden a homogeneizar culturalmente a los estudiantes mediante prototipos dominantes a los que deben llegar si quieren tener “éxito” en la vida. Las personas o se adaptan al sis- tema educativo de turno o son excluidas del mismo.

La educación inclusivapretende asumir la diversidad como riqueza. Desde el pensa- miento inclusivo, una sociedad democrática debe luchar contra la desigualdad, no contra la diversidad. La cohesión social sólo es posible si se asume la diferencia en un proyecto común compartido por todos/as.

La Educación Inclusiva se fundamenta en cuatro principios:

• Cree que todas las personas, más allá de su condición, tienen el derecho a educar-

se para alcanzar un desarrollo pleno. (Principio de Educabilidad).

• Busca eliminar toda forma de exclusión, entendida desde la educación como ba-

rreras a la participación y al aprendizaje. (Principio de Equidad).

• Considera la diversidad de personas y grupos como fuente de enriquecimiento del

proceso de enseñanza-aprendizaje. (Principio de la Diversidad).

• Permite la interacción y participación de toda la Comunidad Educativa en los pro-

cesos de aprendizaje (Principio del Aprendizaje Dialógico).

Como vamos a ver en este capítulo, la educación inclusivaes el humusen el que se funda-

menta el Derecho a la Educación para todos/as. Sin ella, no es posible la Educación para el Desarrollo o para una ciudadanía global, crítica, participativa y comprometida con los

problemas del mundo complejo en que vivimos. Tampoco es posible transformar la reali- dad social si de esta se excluyen personas y colectivos considerados de riesgo.

Para tratar esta cuestión, en la primera parte abordaremos los principios propios de la educación inclusiva como factor clave del derecho a la educación.

En la segunda y tercera parte apuntaremos algunas pinceladas, de cómo llevar a la práctica en los centros escolares un proceso de educación inclusiva, definiendo los in- dicadores propios de un proyecto inclusivo (2ª parte) y proponiendo algunas herra- mientas metodológicas para su desarrollo (3ª parte).

1. La educación inclusiva factor clave