1. Capítulo Planteamiento del problema
1.1 Contexto de la telesecundaria
2.2.1 Evaluación formativa y evaluación por competencias
El sistema de enseñanza nacional mexicano actual propuesto desde 2006 y establecido en el proyecto, en cuanto a planes y normas, se diseña de forma innovadora, pretendiendo incorporar las tecnologías a las instituciones educativas a nivel básico, primarias y secundarias. Sin embargo, este sistema de enseñanza en el curriculum real no es llevado a cabo por docentes de la forma en que se ha creado en el curriculum formal. La enseñanza por competencias es adaptada de acuerdo a las expectativas que tiene el maestro basando la enseñanza de manera tradicional de igual manera ocurre al momento de evaluar los procesos de aprendizaje de sus alumnos.
La UNESCO define competencia como “el conjunto de comportamientos socio afectivos y habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo adecuadamente un desempeño, una función, una actividad o una tarea” (UNESCO, 1999 citado por Argudín, 2005, p.12).
Según Frade (2009), una competencia está definida como la capacidad adaptativa cognitivo-conductual para desempeñarse frente a las demandas que se presentan en contextos diferenciados con distintos niveles de complejidad. Es un saber pensar para poder hacer, ser y vivir en sociedad. Se diferencia de la capacidad en que ésta no se encuentra articulada con la conducta.
De acuerdo a la elaboración de instrumentos para evaluar el aprendizaje dentro del enfoque por competencias, Frade (2009), propone tres tipos:
Instrumentos para la evaluación inicial: técnicas proyectivas, tarjetas informativas personales, autoevaluaciones, instrumentos para la evaluación inicial en situaciones didácticas, exámenes de inicio.
Instrumentos para evaluación formativa: evaluaciones por producto, por portafolio y puntos de referencia; de tareas, cuadernos y libros de texto; de comportamiento, diario de campo y registro anecdótico.
Instrumentos para la evaluación sumativa: exámenes orales y entrevistas; exámenes escritos, por conferencia, por producto.
Entendiendo que el proceso de enseñanza es formativo, el peso de la evaluación recae en la observación del desempeño de los alumnos, desde una perspectiva de la zona de desarrollo próximo, en otras palabras, el diseño de la situación didáctica, lo que pasa antes, durante y después de la misma es lo que se evalúa, considerando siempre el contexto en el que se realiza. Por lo anterior los instrumentos que permiten recabar información de manera más objetiva son los diarios de campo, los registros anecdóticos y
los instrumentos de observación personalizados con indicadores de desempeño. (Frade, 2009).
Para determinar los instrumentos de evaluación adecuados, para determinados tipos de desempeño en los alumnos, es preciso realizar un análisis del contexto en el que se desenvuelven los alumnos, la situación didáctica, los productos y la competencia en específico que se pretende evaluar, por lo que hasta éste proceso implica la selección, ordenación y sistematización de aquellos elementos que nos puedan arrojar una evidencia factible de análisis consensual y crítico.
2.3 Objetivos de la evaluación
Cuando evaluamos estamos realizando una medición (entendida en sentido amplio, como recogida de información) como una valoración. Una y otra dimensión cumple funciones en el proceso total de evaluación. A través de la valoración realizamos una comparación entre los datos obtenidos en la medición que reflejan el “como es “del aspecto a evaluar y unos determinados parámetros de referencia que reflejan el “cómo era” o el “cómo debería ser” dicho aspecto. Una y otra dimensiones son necesarias para que exista una buena evaluación (Zabalza, 1995)
Para una gran mayoría de profesores evaluar significa medir, asentar una
calificación, resultado de pruebas o exámenes que aplicaron a sus alumnos, pero evaluar tiene un significado más amplio. Mientras que calificar significa medir el
aprovechamiento académico del alumno; evaluar en su acepción más simple debe entenderse como valorar. Y aunque ambos conceptos están estrechamente
ejemplo cuantas palabras por minuto es capaz de leer un alumno de telesecundaria, evaluar significaría preguntarnos ¿el alumno ha desarrollado las competencias lectoras?, ¿Por qué el alumno lee muy lento?, ¿Qué acciones debe realizarse con el alumno para mejorar su lectura? ¿Qué estrategias docentes se deben implementar en clase para lograr ese objetivo?, y si ¿el programa establece algunas actividades que lleven a la consecución de tal objetivo? Esto último es lo que hace la diferencia, y resalta la importancia de la evaluación formativa, porque el maestro reflexiona e involucra al alumno en esa reflexión para que juntos retroalimenten el trabajo, basándose en los logros y deficiencias
percibidas.
La evaluación ha tenido gran importancia para los procesos educativos a lo largo del tiempo, sus acepciones o significados han variado, dependiendo el contexto y tiempo en que se han realizado, la evaluación aplicada a la educación no siempre se le ha dado la importancia que esta tiene y se le ha confundido con el concepto de calificación. Muchos profesores han considerado que evaluar significa etiquetar al alumno con aseveraciones tales como “esta reprobado”, “no sabe” o simplemente “su calificación es de 5”, este concepto equivocado que el maestro tiene acerca de la evaluación debe cambiar y evitar dar un calificativo muchas veces determinante que en poco o nada ayudan a superar los aprendizajes del estudiante.
A decir de Casanova (1998) los objetivos que debe perseguir un modelo cualitativo evaluador, formativo y continuo adaptado a los procesos de enseñanza
aprendizaje, que deben tomar en cuenta los maestros y tener muy claro que los objetivos que la evaluación persigue son:
Detectar la situación de partida general para dar comienzo a un proceso de enseñanza aprendizaje.
Facilitar la elaboración de la programación idónea adecuada para los alumnos y alumnas, en función del diagnóstico realizado en el paso anterior.
Confirmar o reformular la programación en función de los datos obtenidos durante el desarrollo de las unidades didácticas que la componen.
Orientar al alumnado para futuros estudios o salidas profesionales.
Elaborar informes descriptivos acerca del proceso aprendizaje que sigue cada uno de los alumnos.
Regular y mejorar la organización y actuación docente, tanto en su perspectiva con respecto al centro como para su actividad en el aula.
Controlar el rendimiento general del alumnado, para su oportuna promoción o titulación.
Seleccionar los recursos didácticos y programas específicos para el centro.
Sugiere el disponer de permanente información sobre el proceso educativo que está teniendo lugar, y también, acerca de los resultados últimos conseguidos o de la idoneidad mayor o menor de ciertos programas o recursos, permite claramente conseguir los objetivos aquí señalados.
La clasificación de la evaluación puede presentarse conforme a diversos criterios, aquí se mencionan algunos:
José Félix Angulo y Nieves Blanco (1994) mencionan que hay múltiples concepciones y sinónimos de evaluación pero que es posible abordarlos desde dos enfoques: uno procesual y otro estructural.
Enfoque procesual: según este enfoque, evaluar es formular un juicio sobre la actuación de un individuo o grupo de individuos o un curso de acción, un programa o una realidad educativa y no sólo de evaluación a secas.
Enfoque estructural: El sentido de evaluación hace referencia a todo proceso orientado al conocimiento de la calidad del servicio prestado.
2.4 Tipos de evaluación