EL ESTADO ECONÓMICO DE LA CIUDAD Y PROVINCIA DURANTE EL PERIODO VISIONES DE CONJUNTO EN LOS INFORMES OFICIALES
EVOLUCIÓN DE LOS SITUADOS LLEGADOS A CARTAGENA DE INDIAS: 1807 OCT
615550 610079 480509 58219 11726 16940 0 100000 200000 300000 400000 500000 600000 700000 1807 1808 1809 1816 1820 1821 Serie2
Tras la entrada en Cartagena del ejército expedicionario después de un ase- dio de tres meses, fue preciso sostener a cerca de 10.000 hombres. Con ello se acabaron agotando los últimos restos de ganados y caballerías en el abaste- cimiento de raciones, vestuarios, bagajes tanto a las tropas estacionadas en la plaza como a aquellas otras encargadas de ocupar las provincias del centro. A esto se añadió el empréstito forzoso exigido a la plaza de 100.000 pesos.
Con el ejército se introdujo alguna moneda provisional que se acuñó en San- ta Marta para proveer a las necesidades, la cual se acabó convirtiendo en el úni- co circulante que comenzó perdiendo un 25%, bajando luego al 12% y subiendo más tarde al 50%.
Se inició la reconstrucción del reino y el restablecimiento de los estancos con pocos o ningún fondo. El restablecimiento de los estancos, en un principio visto como conveniente, arruinó a los cultivadores. Además, el comercio de Car- tagena siguió padeciendo la preferencia dada a los puertos de Santa Marta y Maracaibo por el general Morillo.6
Durante ocho meses (hasta agosto de 1816) el puerto se mantuvo en estado de bloqueo permaneciendo sólo el de Santa Marta abierto para el extranjero. Después también se abrió el de Cartagena pero los convoyes siguieron llegan- do al puerto Santa Marta, que había consolidado ya sus rutas comerciales y ade- más (o, precisamente, porque) ofrecía mayores ventajas para el contrabando.7
6. En el plan transformador puesto en marcha por los generales Morillo y Enrile se ex- ponía que Maracaibo era la puerta natural del reino desde un punto de vista comercial, ma- rinero y militar, pese a que órdenes anteriores habían separado Maracaibo del Nuevo Reino por «razones fundadas en la naturaleza de los terrenos y en las relaciones mercantiles con la metrópoli y las islas…». Enrile exponía que Maracaibo saldría de la miseria en que se en- contraba si se incorporaba a Santa Fe junto a los terrenos y aguas de la laguna. Que los apos- taderos del norte no podían estar ya en Cartagena puesto que las razones que había habido para colocar allí las escuadras (fundamentalmente proteger el comercio) ya habían desapa- recido. Indicaba que Cuba, Santa Marta y Maracaibo debían ser vigiladas desde Cuba y que incluso era más sencillo socorrer a Venezuela desde la península que desde Cartagena.
7. Sin embargo, en la justificación que el almirante Pascual Enrile hacía de su proceder y del de Morillo con respecto a sus procedimientos al mando de las tropas del ejército expedi- cionario, se indicaba el 19 de junio de 1817 desde Madrid que la tarea del ejército había sido ejemplar: los pueblos se habían aseado, recogido los mendigos, construido más de 50 puen- tes grandes, propagado la vacuna desde Quito hasta Cartagena, recogidos todos los niños huér- fanos y repartidos en los talleres del gobierno para dedicarlos a un oficio, mejorado los in- gresos del estanco de sal en Zipaquirá, adecentado los caminos entre Cartagena y la capital, y embellecido ésta con dos puentes y el enlose de varias calles y, por último, evitado la arbi- trariedad militar que pudiera haberse sucedido por la marcha de las tropas en un país recon- quistado. Según Enrile, las rentas se arreglaron reinstalando las alcabalas y aduanas pero por exigir más tiempo, fondos y estanco, la venta de tabaco y aguardiente se dejó al virrey. Acu- saba a éste de preocuparse más de la existencia de otra autoridad que de restaurar las rentas.
Efectivamente la plaza de Cartagena y sus costas, hasta la isla de San Andrés, permaneció en estado de bloqueo hasta el 31 de agosto de 1816, desviándose el comercio hacia el puerto que fue habilitado para tales efectos, el de Santa Marta, modo de premiar la fidelidad de esa ciudad y, al tiempo, castigar el le- vantamiento de la de Cartagena.8
Montalvo ofició en numerosas ocasiones a Morillo porque éste había formado una contadu- ría paralela a la del virreinato, administrando recursos sin estimar la autoridad virreinal.
8. AGI, Cuba, legajo nº 707. El puerto de Cartagena quedó abierto desde el 31 de agosto 1816 a las colonias amigas y neutrales. Para su regulación se observó el dictamen de la jun- ta general del superior tribunal celebrado en Santa Fe sobre el comercio con las colonias que presidió el virrey Amar y Borbón el 13 de enero de 1819. En la Junta Superior de Tribunales celebrada en Cartagena el 28 de junio de 1816 asistieron las máximas autoridades asentadas en la ciudad: el virrey Montalvo; Joaquín Carrión y Moreno y Francisco Cabrera, oidor deca- no regente de la audiencia y chancillería real de Santa Fe y oidor electo por la misma, res- pectivamente; Anselmo de Bierna y Mazo, oidor honorario de la real audiencia de Charcas y asesor y auditor general del virreinato de Santa Fe; Gabriel de Torres, gobernador; José Val- dés y Posada, abogado de los reales consejos y fiscal interino de la audiencia de Santa Fe; Juan José Odenis, presbítero inquisidor del Santa Tribunal de la Inquisición y gobernador del obispado vacante; Lorenzo Corbacho, contador mayor electo del tribunal de cuentas de Santa Fe; Mariano Sixto, contador ordenador interino del mismo tribunal; Pedro Rodríguez, asesor oficial real de las cajas de Santa Marta y oficial real administrador interino de la real aduana de Cartagena; Luís José Pimienta, presbítero canónigo dignidad; Santiago González, alcalde mayor provincial del ayuntamiento de Cartagena; Antonio de Sarria, síndico procu- rador general y Félix Palas, del comercio de la ciudad.
El 18 de noviembre de 1816 la junta superior de hacienda acordaba, según propuesta he- cha por el administrador de la real aduana, la aprobación de cuatro puntos relativos al co- bro de derechos al comercio colonial que había sido permitido:
1º Los consignatarios españoles de las negociaciones de efectos introducidos como pro- piedad extranjera afianzarían el pago de los derechos de extracción en moneda de plata de cordón al respecto de un 14% sobre el valor de los géneros y efectos de dicha propiedad. Al concluir la negociación manifestarían las cantidades que hubiesen empleado en frutos del país y pagarían sólo los derechos que correspondieran devolviéndose en la misma es- pecie de moneda el exceso satisfecho.
2º En las introducciones que se hicieran en el puerto de Cartagena desde otros puertos del distrito serían obligados los comerciantes a acreditarlo con certificaciones de las adua- nas donde hubieran efectuado las extracciones expresando el derecho que hubieran pagado. 3º Si hubieran sido españolizados legítimamente los géneros extranjeros en cualquier otro puerto de la nación, sólo pagarían los correspondientes de puerto a puerto.
4º A las introducciones de fondos que hubiesen salido antes de la rendición de la plaza se les aplicaría el artículo 1º.
Al tiempo, se pondrían en marcha otras medidas mientras subsistiera el comercio colonial extranjero, tales como que la circulación de los efectos con guías desde el interior del reino hacia los puertos para aquellas que excedieran de 500 pesos, bajo pena de comiso del ex- ceso. AGI, Cuba, 707.
Ya en 1816 en la junta superior de tribunales que se convocó para abrir el puerto de Cartagena al comercio, se expusieron los problemas que impedían el despegue económico de la ciudad y su provincia, y se que resultaron ser las constantes que persistieron a lo largo de este período: un déficit incontro- lable generado por unos recursos insuficientes sin posibilidad de renovarse, y unos gastos desmesurados a la capacidad productiva de la ciudad y de su hin- derland, que marcaron un inexorable declive de toda la actividad económica.
Los elevados gastos diarios (socorro y pagos del ejército y empleados de to- das clases que se mantuvieron sin paga y sólo con la ración diaria) y cortas en- tradas en cajas reales, señalaron un balance de 46.759 pesos y 3 reales de gas- tos mensuales, sin incluir los sueldos de los ministros de real hacienda y tribunal de cuentas. Las entradas en cajas reales fueron de 4.220 pesos y 1,5 reales. Pe- ro para subsanar ese déficit también faltaban recursos: las rentas estancadas no pudieron establecerse en un periodo de tiempo tan breve y las cajas del reino no alcanzaron a remitir excedente alguno. En 1816, los ministros de real ha- cienda de Cartagena, el ayuntamiento de la plaza y el ministerio fiscal de la au- diencia coincidieron en que el único medio para cubrir las atenciones de la pla- za fue el comercio con colonias amigas en los términos acordados en la junta de tribunales el 13 de enero de 1809.
Ésta había tenido lugar el 13 de enero de 1809 a solicitud del Consulado de Cartagena y el síndico procurador general de la plaza y con el apoyo ex- plícito del gobernador de Cartagena Blas de Soria. En la Junta se debatió la con- veniencia de abrir el comercio con las colonias amigas y neutrales manifestán- dose a través del informe del síndico. Ahí fueron incluidos los informes de siete testigos que manifestaron estar vigente el comercio de toda la capitanía gene- ral de Caracas con su isla de Curaçao haciendo una contribución de un 14,5% o 15%, así como la imposibilidad de que la metrópoli pudiese abastecer a sus colonias, (aún cuando pudiese abastecer algo sólo podría cubrir las dos terce- ras partes de lo preciso en el reino); que la subsistencia del virreinato estaba fundada, desde hacía tiempo, en los comerciantes forasteros que se comuni- caban por Trinidad de Cuba, Puerto Rico y Maracaibo además del comercio clan- destino que se hacía con Jamaica y que ascendería a más de un millón y me- dio de pesos el importe de productos de exportación; que la escasez de comercio no haría posible que el Gobierno pudiese contar «con la bolsa de los comer- ciantes». Por todo ello se solicitaba que para el remedio de todos los males se adoptase la apertura propuesta atendiendo a que los derechos de entrada no pasasen, como mucho, de 21% y 6% de salida sobre aforos más bajos que los precios corrientes de la plaza. El gobernador apoyaba la solicitud por la urgencia de caudales que tenía la tesorería cuyas existencias consistían en 21.000 pe- sos, 15.000 de entradas y 57.000 de gastos.
Al tiempo, el consulado de Cartagena expuso la corta cantidad de entradas por donativos que habían podido recogerse entre los hacendados y negocian- tes por la pobreza a que estaban reducidos por no poder exportar sus produc- tos y hallarse sin exportaciones de cuenta de los vecinos o domiciliados en el distrito consular. También el cabildo de Cartagena informó al virrey de hallar- se esa plaza con notoria escasez de víveres y cerrados los puertos para su abas- to; el Gobierno de Santa Marta solicitó que se le permitiera exportar frutos de aquel país a las colonias amigas y retornar su producto en ropas y el goberna- dor de Portobelo formuló también queja contra el de Panamá por haber abier- to el puerto y río Chagre al comercio (en contra lo dispuesto en la junta de hacienda de 11 de febrero de 1808 que llevaba a efecto lo dispuesto por el su- perior Gobierno el 21 de julio de 1797) y además por haber abierto también es- tos dos puntos al comercio con los extranjeros. Por su parte, el gobernador de Panamá expresó que había abierto los puertos con las colonias amigas por los motivos de utilidad y necesidad representados por el comercio de Cartagena.
Considerando todos estos informes y conceptos manifestados por la junta y tribunal mayor de cuentas, fiscales de lo civil y asesor general del virreinato, el virrey concedió en 1809 el comercio recíproco únicamente con las colonias inglesas. Sin embargo, sólo permanecería la licencia hasta dos meses después que por la suprema junta de Sevilla, la central de Madrid, o cualquier otra que tomase las riendas del Gobierno, se comunicasen órdenes sobre el particular, pagándose de derechos 21% de importación, 7% exportación de frutos, 5% de plata y 2% de oro.
Teniendo a la vista este informe, el virrey Montalvo en 1816 sólo indicó el inconveniente del bloqueo del puerto que continuaba por disposición del ge- neral Morillo y que era preciso contar con su acuerdo para abrirlo. Los vocales, unánimemente expusieron que, de conseguirse el desbloqueo, convenían en que se restableciera respecto del acuerdo de junta de tribunales de 1809 ex- cepto el compromiso adoptado en esa fecha (punto 2) con respecto del co- mercio de Santa Marta y Riohacha: en estos puertos no estaría permitido intro- ducir tejidos de algodón europeos o asiáticos mientras la compañía de Filipinas no tuviese factor que proveyese de esos géneros y pagase los derechos reales. Los extranjeros que se dedicaran a ese comercio lo deberían hacer por medio de consignatarios y apoderados españoles, y los naturales del Nuevo Reino que introdujeran más efectos que los declarados, que pagasen el exceso.9
9. AGI, Cuba, 707.
En 1816, en la misma junta de tribunales que abrió el puerto al comercio con las colo- nias amigas, se nombró una comisión compuesta de «personas instruidas y de conocimien- tos prácticos del istmo», para que estudiaran, atendiendo al conocido escandaloso manejo de
Para los puertos del istmo sería nombrada una comisión que estudiase la continuación de su apertura o cierre y se activarían los expedientes formados para el restablecimiento de las rentas estancadas. Serían libradas órdenes al pre- sidente de Quito y al comandante general de Panamá para que redujeran los gastos de sus distritos a los más precisos y remitieran los sobrantes a Cartage- na, y se oficiaría al general Morillo para procurar el envío de situados desde los puntos del virreinato desde donde tradicionalmente habían sido enviados.10
Pero las rentas no mejoraban, ni tan siquiera con medidas tan excepcionales como las adoptadas por Montalvo, quien en septiembre de 1816 decidió no per- cibir sus raciones de pan correspondientes para que la harina que había de in- vertirse en ellas fuera aplicada a la elaboración de galletas para la guarnición. Tampoco ayudaban los desfalcos en los caudales: el 27 de octubre fueron juz-
los empleados de aquella real hacienda y contrabando que por él se efectuaba, si no resul- taría más útil el cierre de Chagres y la apertura sólo de Portobelo al trafico mercantil, lo que resultó finalmente aprobado. Montalvo indicó cómo esta providencia produjo, momen- táneamente, buenos resultados pues el 26 de noviembre último se recaudaron por derechos de introducción 322.852 pesos cinco reales de los que habían correspondido a Cartagena 71.000. En Francisco Montalvo, Los últimos Virreyes de Nueva Granada: Relación de Mando
del Virrey Don Francisco Montalvo y Noticias del Virrey Sámano sobre la pérdida del Reino (1803-1819), Editorial América, Madrid, 1916.
10. AGI, Cuba, 707.