duciendo evoluciones y cambios que afectan a varias dimensiones. Una primera dimensión es la denominada dimensión social, que se refiere a cambios en la estructura del grupo y en los roles y estructuras de sus miembros. Una segunda dimensión concierne a las actividades del grupo, que se relaciona con la realización de tareas y con los procesos operativos del grupo. Finalmente, se producen cambios en la dimensión de la cultura
grupal, que incluye aquellos aspectos relaciona-
dos con las normas, valores y objetivos compar- tidos en el grupo (Smith, 2001).
Los patrones de cambio y evolución de los grupos han sido objeto de estudio en las últimas cuatro décadas y han dado lugar a multitud de modelos explicativos (Chidambaram y Bostrom,
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1996). No obstante, si bien la literatura en cuan- to a modelos ha sido extensa, el avance ha sido relativamente escaso en los últimos 20 o 25 años (Smith, 2001). La complejidad del tema tratado hace que ninguno de ellos consiga una explica- ción completa de la evolución grupal, al tiempo que la mayor parte coincide en algunos de los principales procesos implicados. Por otro lado, su clasificación tampoco resulta fácil, ya que muchos modelos comparten ideas, patrones y fases, al tiempo que presentan sutiles diferen- cias. Consideramos necesario en primer lugar comprender algunos factores que pueden influir en que los diversos modelos desarrollados presenten tanto similitudes como diferencias. Posteriormente, nos centraremos en los modelos más significa- tivos.
3.1. Factores que generan semejanzas y diferencias entre los modelos De acuerdo con Smith (2001), algunos ele- mentos nos pueden ayudar a comprender las semejanzas entre los modelos.
a) El lugar en el que se concibió e incubó el modelo. Muchos se han derivado de las
mismas instituciones académicas, como por ejemplo la Universidad de Harvard. Por tanto, los autores conocían los mode- los previos de sus colegas y los tomaban como referencia para sus estudios. Al mis- mo tiempo, estaban expuestos a las mis- mas clases, conferencias y discursos infor- males que favorecen una forma similar de entender la realidad grupal.
b) Las escuelas de pensamiento. Numerosos
autores se han decantado por algunas escuelas de pensamiento sobre las que se han asentado y trabajado posteriormente. Un buen ejemplo es el influyente trabajo de Tuckman (1965) que veremos en este capítulo.
c) Los tipos de grupos y materiales objeto de estudio y análisis. Una tercera explicación
se deriva del tipo de grupos y materiales que han sido objeto de estudio y análisis. Muchos de los grupos estudiados compartían algu- nas características. Por ejemplo, el estudio de los grupos en entornos muy controlados, con estudiantes, con grupos de terapia, etc. También se han producido algunas seme- janzas en los materiales utilizados.
Por lo que se refiere a las diferencias entre los distintos modelos, Chidambaram y Bostrom (1996) proponen algunos factores que pueden ayudar a comprenderlas:
a) Los grupos analizados. Puede ser que los
diferentes grupos analizados tengan dis- tintos patrones de desarrollo. Por ejemplo, estudiantes, grupos orientados a un obje- tivo, grupos estudiados en entornos natu- rales frente a otros en entornos controla- dos o grupos que tienen la figura de un líder frente a aquellos en los que no se ha designado ninguno.
b) Operacionalización del modelo. Cada
modelo se ha centrado en diferentes varia- bles. Por ejemplo, los modelos lineales han intentado describir los patrones de desarrollo del grupo, mientras que los no lineales han tratado de identificar los fac- tores que generan los cambios en dichos patrones. Incluso dentro de estas categorías de modelos se ha atendido a diversas varia- bles, como los sentimientos de los miem- bros del grupo, el rendimiento o la inte- racción entre sentimientos y rendimiento. También han existido diferencias en otras variables objeto de estudio en los gru- pos, como el conflicto, la cohesión, el lide- razgo, la influencia, la ansiedad, la coope- ración, la confianza, etc.
c) Tareas desarrolladas. Los diferentes mode-
los se han generado utilizando distintas
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tareas, por ejemplo tareas experimentales, tareas más cercanas a la «realidad», tareas sencillas, complejas, con impacto e impli- cación para los miembros del grupo o sin consecuencias para ellos, etc.
d) Período de tiempo. El período de tiempo
considerado en los estudios varía signifi- cativamente, desde los que se centraron en una sola sesión hasta los que emplearon varias semanas o incluso años. Analizar evoluciones grupales en diferentes marcos temporales puede dar lugar a diferentes modelos de desarrollo.
3.2. Modelos sobre la evolución grupal Como señalábamos anteriormente, en esta sec- ción presentamos algunos de los modelos más significativos. Comenzamos en primer lugar con el modelo de Bennis y Shepard y el modelo de Tuckman, que ponen de manifiesto los ajustes que realizan los miembros del grupo para desarrollar un funcionamiento adecuado en lo referente tan- to a las relaciones personales como a las activi- dades grupales. Ambos son modelos lineales. Los modelos lineales (Morgan, Salas y Glickman, 1994) plantean que los grupos se desarrollan siguiendo un orden definido de progresión a tra- vés de una serie de fases cuyo número oscila entre los diferentes autores. Para alcanzar la madurez grupal es necesario que se superen todas y cada una de las fases, ya que si un grupo es incapaz de superar una determinada fase, tendría lugar la disolución o ruptura del grupo. Asimismo, estos modelos consideran que el grado de madurez y desarrollo del grupo se incrementa con el tiempo a medida que se va progresando en las fases del mismo. Posteriormente presentaremos el modelo de equilibrio interrumpido de Gersick, que se incluye dentro de los denominados «modelos no lineales». Los modelos no lineales (Morgan, Salas y Glickman, 1994) se caracterizan por la ausen- cia de cualquier tipo de secuencia o fases en la
evolución grupal. Estos modelos entienden los grupos como sistemas abiertos, en los que las influencias de las variables del entorno y de las relaciones con el exterior son de gran importan- cia. Finalmente, nos centraremos en el modelo de identidad social de Worchel y colaboradores, con- siderado más integrador por algunos autores (Alcover, 1999; Sánchez, 2002).
Modelo de Bennis y Shepard
Este modelo propuesto por Bennis y Shepard (1956) predice que los grupos se desarrollan a lo largo de dos fases principales con tres subfases cada una de ellas. La primera fase, denominada depen- dencia (o de relación con la autoridad), presenta una primera subfase de sumisión (dependencia-huida de los miembros con respecto al líder), una segunda de rebelión (contradependencia-lucha) y una terce- ra de resolución del conflicto (resolución por catar- sis de los problemas con la autoridad). La segunda fase, de interdependencia (o de relaciones interper- sonales), consta de una primera subfase de identi- ficación entre los miembros del grupo (encanta- miento-huida), de otra en la que predomina la preocupación por la identidad individual (desen- canto-lucha) y finalmente de una tercera subfase en la que se resuelve el problema de identidad frente al grupo (validación por consenso).
Modelo de Tuckman
Uno de los modelos más representativos e influyentes sobre las etapas del desarrollo de gru- po es el de Tuckman (Tuckman, 1965; Tuckman y Jensen, 1977), aunque está muy influido por el modelo de Bennis y Shepard.
Tuckman considera dos aspectos importantes en la evolución de un grupo: las relaciones inter- personales (configuración y conductas interper- sonales del grupo en un momento del tiempo) y la actividad de la tarea (contenido de la interac- ción). El autor propone una secuencia paralela de desarrollo, aplicable a diversos tipos de grupos,
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tanto para las relaciones interpersonales (com- probación de dependencia, conflicto intragrupal, desarrollo de la cohesión de grupo y relación fun- cional de roles), como para la actividad de la tarea (orientación de la tarea, reacción emocional a la tarea, intercambio abierto de interpretaciones relevantes y emergencia de soluciones).
El desarrollo grupal según este modelo abarca ambos niveles y consta de las siguientes cuatro fases: — Formación. Es el nivel inicial del desarro- llo del grupo. Se caracteriza por existir una gran incertidumbre, ya que los miembros intentan identificar aspectos de la estruc- tura del grupo, de las relaciones interper- sonales y de los procesos de realización de las tareas. Esta etapa finaliza cuando los miembros del grupo comienzan a pensar en sí mismos como parte del grupo. — Tormenta. En este segundo nivel se pro-
duce el conflicto y división intragrupal debido tanto a problemas interpersonales como a la ejecución de las tareas. Los miembros ofrecen resistencias frente a la influencia del grupo y a las demandas de la tarea. Si el grupo finaliza esta etapa es por- que suele existir una jerarquía relativa- mente clara de liderazgo dentro del grupo. — Normativa. Los miembros van internali- zando las normas, surgiendo en el grupo la cohesión y la identidad grupal positiva. Cuando esta etapa se completa se encuen- tra afianzada la estructura, y el grupo ha asimilado las expectativas respecto al com- portamiento correcto de los miembros. — Ejecución. En este nivel los grupos resuel-
ven sus problemas estructurales, de modo que se desempeña con un alto grado de éxito la ejecución de las tareas propuestas y, por otro lado, los comportamientos resultan mucho más flexibles y funciona- les, al estar centrados en el objetivo y orientados a la tarea.
En los grupos permanentes, la ejecución es la última etapa en su desarrollo; sin embargo, en la mayoría de los grupos, sobre todo en aquellos que se crean con un propósito específico, se observa la existencia de una quinta etapa, incorporada por Tuckman después de una revisión posterior de su modelo (Tuckman y Jensen, 1977).
— Clausura. Los grupos alcanzan sus objeti- vos, tanto de rendimiento como de rela- ciones interpersonales. A partir de aquí, el grupo puede mantenerse funcionando efi- cazmente o disolverse una vez alcanzadas las metas pretendidas.
Modelo de equilibrio interrumpido
El modelo de equilibrio interrumpido de Gersick (1988, 1989) señala que los grupos se desarrollan y cambian de forma discontinua, de tal forma que los periodos estables, en los que se realizan rutinas habituales, resultan inte- rrumpidos por períodos de transición no tan estables.
Para Gersick los grupos mantienen sus ruti- nas en la realización de sus actividades (posi- ción de equilibrio) hasta que son forzados a alte- rar o modificar esas prácticas por limitaciones temporales o crisis (estado de desequilibrio). Esta tendencia se deriva de la racionalidad del grupo (capacidad limitada de un grupo para retomar un problema e intentar un nuevo enfo- que), la dificultad percibida de los enfoques alternativos, la desgana a cambiar prematura- mente sin considerar todas las posibilidades y a comprometerse con los otros miembros del grupo. En suma, este modelo es un modelo no secuencial porque se fundamenta en la pre- misa de que el patrón de conducta observada a lo largo del desarrollo variará de acuerdo con las cuestiones encontradas por el grupo y en la forma en que es procesada la tarea.
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Modelo de identidad social de Worchel y colaboradores
Worchel y colaboradores (Worchel, Coutant- Sassic y Grossman, 1992; Worchel, 1996) plantean el modelo de identidad social de los grupos, consi- derando éstos como unidades dinámicas que se desa- rrollan a través de una serie predecible de fases que se suceden cronológica y consecutivamente, aunque no tienen siempre la misma duración temporal. Las fases propuestas son seis, de las que dos serían pre- vias al establecimiento del grupo y las cuatro restan- tes de desarrollo grupal propiamente dicho.
Las fases previas son:
— Descontento. Las personas que todavía no son grupo pero que serán futuros integran- tes de él, provienen de diversos grupos en donde su grado de insatisfacción era alto, ya que se sentían desatendidos y el grupo no satisfacía sus necesidades.
— Suceso desencadenante o precipitante. Un acontecimiento puntual o cualquier otra circunstancia puede servir como punto de partida para promover el cambio hacia la creación del nuevo grupo abriendo expec- tativas de mejora. Es en esta fase cuando se produce la ruptura con el grupo antiguo. Las fases del desarrollo grupal son:
— Identificación con el grupo. Aparecen sen- timientos de pertenencia grupal y con ello se puede dar ya por formado el grupo. El objetivo del grupo en este momento es el establecimiento de su identidad social frente a su identidad personal. Hay fuertes presiones hacia la conformidad y se legiti- man los valores propios. Pueden pedirse manifestaciones de lealtad o sacrificios a los miembros. Las relaciones con los exo- grupos pueden ser tensas.
— Productividad grupal. En esta fase la preo- cupación está orientada al logro de los obje-
tivos que el grupo se haya marcado, llegán- dose a plantear colaboraciones con exogru- pos para alcanzar la productividad. También es el momento en el que aparecen los pri- meros conflictos entre miembros del grupo debido a diferentes capacidades o ideas sobre cómo llevar a cabo las actividades. — Individualización. A medida que se van
logrando los objetivos grupales, los miem- bros comienzan a evaluar tanto las con- tribuciones como las recompensas que obtienen de la pertenencia grupal. Las interacciones dentro del grupo se hacen más selectivas. Comienzan a surgir sub- grupos, haciéndose presentes las necesida- des individuales y las luchas de poder. En esta fase los exogrupos pasan a ser anali- zados como posibles candidatos para for- mar parte de ellos.
— Declive del grupo. El desplazamiento hacia la identidad personal plantea una amenaza potencial a la identidad grupal. Las diferencias entre los subgrupos crea- dos se hacen manifiestas y comienzan las luchas entre sí, al tiempo que disminuye la confianza en el grupo. Es el momento en el que algunos miembros comienzan a aban- donar el grupo.
El modelo defiende que los grupos se centran en cuestiones diferentes en los distintos momen- tos temporales. Así, se predice que los grupos se preocuparán por aspectos relacionados con la eje- cución de la tarea y con la productividad sólo cuando hayan establecido su identidad grupal, siendo mayor por tanto el rendimiento y la pro- ductividad del grupo durante los períodos inter- medios de su ciclo vital.