• No se han encontrado resultados

El nacimiento del grupo

1. INTRODUCCIÓN

Como veíamos en el capítulo anterior, los gru- pos están compuestos de personas. En este senti- do, y al igual que ellas, no son entidades estáticas, sino que son dinámicos y cambiantes.

En un grupo se producen cambios durante todo su ciclo vital (Worchel y Coutant, 2003; Canto, 1998). Así, evoluciona desde las primeras inte- racciones que dan lugar a su nacimiento, pasan- do por los momentos intermedios, en los que se producen ajustes entre aspectos personales y tam- bién en los relacionados con las actividades que el grupo desarrolla, hasta los momentos finales de la vida grupal.

Todos estos procesos y cambios en la evolu- ción de la vida del grupo tienen importantes con- secuencias tanto para las personas que los com- ponen como para el propio grupo en sí mismo o para las futuras experiencias de participación en grupos.

Resulta por tanto necesario entender cómo trans- curre la vida grupal, y a tal fin dedicamos este capí- tulo. Para ello analizamos tres momentos cruciales de la vida del grupo: su nacimiento, su evolución y su final. Comenzamos analizando el nacimiento del grupo con una aproximación tradicional que permi- te distinguir entre criterios instrumentales y motiva- cionales que propician el surgimiento y pertenencia a un grupo. A continuación, destacamos el modelo de integración social de Moreland, que nos explica

los inicios grupales en base a vínculos ambientales, afectivos, comportamentales y cognitivos que favo- recen la integración social de los miembros del gru- po. Para comprender la evolución del grupo desta- camos que son numerosos los modelos desarrollados, presentamos algunos factores que pueden dar cuen- ta de las semejanzas y diferencias entre ellos y nos centramos en los modelos más significativos. De este modo mostramos el modelo de Bennis y Sheppard y el modelo de Tuckman, con los que podremos com- prender los ajustes que realizan los miembros del grupo para desarrollar un funcionamiento adecuado en lo referente tanto a las relaciones personales como a las actividades grupales. Ambos modelos pueden ser considerados modelos lineales, pues nos sugie- ren una serie de fases o secuencias que el grupo debe atravesar. También destacamos aquí el modelo de equilibrio interrumpido de Gersick. Este modelo, a diferencia de los anteriores, no plantea la evolución grupal de forma lineal, en base a fases por las que el grupo debe pasar, sino de una forma más dinámica en la que los períodos de equilibro o estabilidad del grupo se ven alterados requiriendo cambios y ajus- tes que vuelvan a garantizar el equilibrio del grupo. Por último, presentamos el modelo de identidad social de Worchel y colaboradores, que nos ayuda a comprender la evolución grupal desde una perspec- tiva que integra aspectos planteados en los modelos anteriormente mencionados. Por lo que se refiere al final de la vida de los grupos, comenzamos mos- trando una aclaración conceptual de los diversos tér-

minos empleados para referirse a este momento, se presentan algunas razones por las que la vida de un grupo llega a su fin y se analizan los principa- les aspectos que deben ser abordados para gestio- narlo adecuadamente.

2. EL NACIMIENTO DEL GRUPO

Aunque algunas veces resulta posible conocer el instante en el que se forma un grupo, en la mayoría de las ocasiones es muy difícil determi- nar en qué momento se ha originado, sobre todo cuando se trata de grupos naturales. Tener un buen conocimiento de los factores que intervienen en la formación de un grupo resulta esencial, ya que puede ayudar a entender otros fenómenos que se producen durante la evolución grupal (Moreland, 1987). Presentamos en esta sección dos grandes aproximaciones que nos ayudan a comprender el nacimiento del grupo. Por un lado, una aproxi- mación tradicional que nos permite distinguir entre criterios instrumentales y motivacionales. Por otro lado, el modelo de integración social de Moreland, que nos explica los inicios grupales en base a vínculos ambientales, afectivos, compor- tamentales y cognitivos que favorecen la integra- ción social de los miembros del grupo.

2.1. Aproximación tradicional: criterios instrumentales y motivacionales Para intentar explicar la formación grupal se han utilizado dos criterios: uno denominado ins- trumental o funcional, y otro denominado motiva- cional o de atracción interpersonal (Gil, Alcover, García, Roda y Rodríguez, 1999). Según el crite- rio instrumental, el grupo nace porque permite satisfacer distintos tipos de necesidades (de infor- mación, psicológicas, interpersonales, colectivas) que de forma individual no podrían lograrse. El grupo sería por tanto un instrumento para desem- peñar determinadas funciones. El criterio moti-

vacional o de atracción interpersonal plantea que formamos grupos como resultado de un análisis de características percibidas entre dos o más per- sonas (atractivo físico, proximidad, reciprocidad, similitud, etc.).

Ambos criterios plantean la formación de un grupo como un fenómeno discontinuo, lo que supo- ne la transformación de un no grupo en un grupo. Si bien, tal y como plantea Moreland (1987), quizá sea más adecuado considerar la formación de un grupo como un proceso continuo que implica el movimiento de un conjunto de personas a lo largo de una hipotética dimensión de «grupalidad», duran- te un período más o menos dilatado de tiempo.

2.2. Modelo de integración social

El modelo teórico de Moreland (1987) expli- ca la formación de los grupos como un proceso en el que interviene un conjunto de vínculos ambientales, comportamentales, afectivos y cog- nitivos que denomina «integración social». Estos vínculos serían los que unen a los individuos entre sí, formándose el grupo en la medida en que tie- nen lugar los cuatro aspectos de integración social. Estos aspectos deberían ser considerados como funciones más que como causa de forma- ción, no obstante son inherentes a la formación. Moreland plantea en su modelo proceso de inte-

gración social que la formación de grupos es un

proceso continuo de integración social, entendida ésta como el conjunto de vínculos ambientales, comportamentales, afectivos y cognitivos que unen a los miembros del grupo entre sí, de modo que cuanto más piensen, sientan y actúen los miembros como un grupo, antes que como un conjunto de individuos, mayor será el nivel de integración social que presentará el grupo. Pasamos a continuación a describir los vínculos referidos.

a) Integración ambiental. El entorno físico,

social y cultural puede facilitar los recur- sos necesarios para que varios individuos

42 / Psicología social de los procesos grupales

© Ediciones Pirámide

se conviertan en un grupo. Uno de los fac- tores que más influyen en la formación de un grupo es el entorno físico y, en especial la proximidad o cercanía de los indivi- duos. Se ha comprobado que la proximi- dad física y la frecuencia de la interacción llevan a la elección de amigos (Festinger, Schachte y Back, 1950). También, el entor-

no social en el que se encuentra inmersa la

persona genera la oportunidad de estable- cer nuevos contactos interpersonales que pueden dar origen al inicio de nuevos gru- pos. Y, por último, el entorno cultural tam- bién facilita o dificulta la pertenencia a grupos. Así, por ejemplo, las culturas colectivistas tienden a facilitar la forma- ción de grupos en mayor medida que las individualistas. Lo mismo ocurre con la plu- ralidad política y social en la que los siste- mas democráticos facilitan la formación y la actividad de los grupos en mayor medida que los autoritarios. No obstante, también en sociedades consideradas libres, las res- tricciones, en ocasiones de modo más sutil, pueden impedir la formación de grupos, apelando de manera más o menos explícita a diferencias de clase, étnicas, económi- cas, geográficas, etc. (Alcover, 1999).

b) Integración comportamental. Se produce

cuando las personas son interdependien- tes entre sí para lograr la satisfacción de necesidades (Moreland, 1987). Para expli- car la integración comportamental o con- ductual se han adoptado diferentes pers- pectivas. La teoría evolucionista explica que la adaptación a las condiciones ambientales es más idónea para las personas que perte- necen a un grupo que para individuos aisla- dos. Desde la teoría del intercambio social se plantea que existe una mayor probabili- dad de que se formen grupos cuando sus miembros sean capaces de maximizar las recompensas y de minimizar los costes. Autores como Homans (1961) formularon

que cualquier relación social implica un intercambio de conductas que ocasiona tanto «recompensas» como «costes», de modo que las personas tratarán de esta- blecer relaciones en las que las recom- pensas sean altas y los costes bajos. Para la perspectiva de la evaluación social, la pertenencia a grupos proporciona a los miembros información acerca de ellos mismos y de su entorno. De acuerdo con la teoría de la comparación social (Festinger, 1954), las personas se encuentran motiva- das por una fuerte tendencia a evaluar la realidad y a obtener un conocimiento obje- tivo de las cosas. En la mayoría de los casos, disponer de información objetiva acerca de opiniones, creencias, actitudes, capacidades, etc., resulta complicado, por lo que se suele recurrir a realizar compa- raciones sociales, es decir, comparar lo que piensan, sienten u opinan otras perso- nas del entorno ante dichos acontecimien- tos o realidades. Este impulso o necesidad de comparación también se encuentra, según Festinger, en el origen de la mayor parte de los grupos, a los que las personas se unen en función de la similitud, real o percibida, de sus miembros y que facilita desarrollar marcos de referencia para la comparación social. Una última perspec- tiva es la psicodinámica, en la que los gru- pos se contemplan como un contexto ideal para movilizar defensas, controles o sen- timientos de ansiedad. En consecuencia, las personas forman grupos o entran a for- mar parte de ellos con el objetivo, cons- ciente o no, de enfrentarse con conflictos de personalidad o de identidad, puesto que el contacto y la interacción con los otros puede permitirles superar estas situacio- nes.

c) Integración afectiva. Se produce cuando

las personas tienen unos sentimientos compartidos, es decir, cuando se sienten

La vida del grupo. Nacimiento, evolución y final / 43

atraídas entre si por algún motivo y se pro- duce un proceso de «encadenamiento» entre ellas. Para conocer la clase de senti- mientos que son compartidos por los miembros de un grupo se han desarrolla- do dos líneas de investigación. Una desta- ca la atracción interpersonal entre los miembros del grupo, donde se ha estudia- do la atracción física, la semejanza de acti- tudes, de personalidad, de nivel económi- co, de nivel de competencia, de raza, de sexo, etc. (Shaw, 1976). La otra línea de investigación es la relativa a la atracción que puede ejercer para los miembros el grupo en sí mismo. Desde este prisma se considera que las actividades, metas o creen- cias de un grupo pueden proporcionar prestigio o resultar útiles para sus miem- bros en otros contextos sociales.

d) Integración Cognitiva. Tiene lugar cuando

los individuos perciben que comparten características personales fundamentales, lo que implica más que la mera semejanza entre los miembros. Moreland (1987) enfa- tiza que lo importante por parte de los miembros de un grupo es la conciencia de que son similares, lo que conduce a la idea de que un grupo se forma cuando las perso- nas comienzan a percibirse a sí mismas como grupo. Los factores que influyen en la conciencia de las semejanzas y diferen- cias con otras personas pueden ser dividi- dos en personales y situacionales. El análi- sis de los factores personales indica que un grupo se formará cuando la persona es cons- ciente de: 1) la similitud antes de pertenecer al grupo, 2) su pertenencia inmediatamente antes de la formación del grupo y 3) que su pertenencia en el pasado ha resultado útil, en el sentido de proporcionarle una identi- dad social. Los factores situacionales hacen referencia al hecho de que: 1) el individuo sea recordado o no por otros como miembro del grupo, 2) crean que su pertenencia es

relevante para obtener ciertos resultados, y 3) la pertenencia resulte distintiva o inusual de alguna forma en su entorno social, de modo que cuanto más distintivo es un gru- po, más probable es que una persona sea reconocida como miembro de él. Estos seis factores pueden afectar sobre la conciencia de las personas de pertenecer a un grupo y, en consecuencia, influir sobre la formación de grupos.

En definitiva, Moreland (1987) concluye que la formación de grupos es un proceso continuo de integración social en el que tiene lugar los cuatro tipos de integración: ambiental, comportamental, afectiva y cognitiva. No obstante, hay que consi- derar que estos tipos de integración se refieren a la formación de grupos naturales y, aunque pue- dan presentar ciertas características comunes, no es lo mismo el hecho de unirse voluntariamente a un grupo que ser asignado de manera forzosa a él o que el grupo haya sido creado de forma inten- cionada por un agente externo.

3. LA EVOLUCIÓN DE LA VIDA GRUPAL