“Grande es el Señor”
, nos recuerda David, “y digno de ser alabado en gran manera, Y Su grandeza es inescrutable” (Sal. 145:3).David muestra el punto apropiado de inicio para adorar. Incluye pensar, exaltar y responder ante la majestad y el poder de Dios.
Muchos de los que dirigimos los domingos desean unirse a nosotros y seguir el resto de la semana exaltando la grandeza inescrutable de Dios.
Otros están distraídos. Podría ser por algo superficial o por algo serio. Mucho trabajo, cuentas por pagar, algún problema con un amigo, una posible enfermedad, el ruido extraño que está haciendo el automóvil, un hijo rebelde, algún gran pecado. O tal vez algún otro de los millones de detalles de la vida.
¿De qué tamaño es Dios cuando nuestra mente está preocupada? Muy pequeño.
Pero Dios no es pequeño. Él es grande. Exaltar y amar Su grandeza está en el corazón de la adoración bíblica. Así nos lo recuerda J. I. Packer:
Hoy, se ha puesto un gran énfasis en que Dios es personal, pero esta verdad así afirmada da la impresión de que Dios es una persona de la misma clase que nosotros: débil, inadecuada, inútil, hasta patética. ¡El Dios de la Biblia
no es así! Nuestra vida es un asunto finito: está limitada en todas direcciones, en espacio, en tiempo, en conocimiento, en poder. Pero Dios no está limitado. Él es eterno, infinito y todopoderoso. Él nos tiene en Sus manos; nosotros nunca lo tenemos a Él en las nuestras. Como nosotros, Él es personal; pero a diferencia nuestra, Él es grande.10
Un líder de adoración hace eco de la invitación de David en el Salmo 34:3: “Engrandezcan al Señor conmigo, Y exaltemos a una Su nombre”. La primera prioridad de nuestro tiempo juntos es exaltar al Señor. Quiero ayudar a las personas a recordar que Dios es más grande que sus problemas y sus gozos, más grande que sus penas y triunfos, más importante que sus pruebas y victorias.
Ya que perdemos la perspectiva tan fácilmente, Dios debe ser más grande a nuestros ojos. Él nunca cambia de tamaño: solo parece que fuera así.
Es como ver las estrellas. A simple vista parecen pequeños puntos de luz, apenas visibles en contraste con el telón de fondo negro. Puntos titilantes suspendidos en la vasta oscuridad. Pero cuando miramos a través de un telescopio poderoso, nos sentimos fascinados por lo que realmente son: esferas enormes de fuego intenso, millones de veces más grandes que la Tierra, más brillantes de lo que nuestros ojos pueden soportar. Las estrellas no han cambiado. Nuestra visión sí.
Nuestro gran privilegio como líderes de adoración es ayudar a las personas a que vean a través de los ojos de la fe la grandeza que Dios ha revelado acerca de sí mismo. Él no cambia. Nosotros sí cambiamos.
SÉ CLARO Y ESPECÍFICO
Cada vez que dirigimos a las personas a cantar alabanzas a Dios, estamos frente a personas que, como nosotros, tienden a olvidar quién es Dios y por qué Él es digno de adoración. Estamos llamados a recordarles clara y específicamente lo que Dios ha dado a conocer de sí mismo.
John Owen, un puritano del siglo XVII sabiamente escribió: “No debemos permitirnos estar satisfechos con ideas vagas del amor de Cristo las cuales no presentan nada de Su gloria a nuestras mentes”.11 Las ideas vagas no nos
sirven ni a nosotros ni a las personas que dirigimos. Si la mayoría de nuestros cantos pudieran ser cantados por budistas, musulmanes o hindúes, es tiempo de cambiar el repertorio.
Desde luego, las canciones no tienen la intención de ser teología sistemática. Son poesía. Incluyen imágenes figuradas y metáforas creativas. Los árboles baten palmas. Los océanos rugen. Pero nuestras canciones no tienen que ser oscuras ni ambiguas. Deben ayudarnos a identificar con precisión y adorar al único Dios verdadero, quien se ha revelado a sí mismo en el Salvador, Jesucristo.
Si nuestros cantos no son específicos sobre la naturaleza, el carácter y las obras de Dios, nosotros tenderemos a asociar la adoración con un estilo de música, un estado emocional intensificado, un tipo de arquitectura, un día de la semana, una reunión, un estado de ánimo reverente, un tiempo de cantar o un sonido. Pensaremos en todas las cosas que acompañan a la adoración en vez de pensar en el Dios al cual estamos adorando. Y aun peor, crearemos nuestras propias imágenes de Dios, representándolo como nos guste.
EXPLORA LA GRANDEZA DE DIOS
Entonces, ¿cómo exaltamos la grandeza y la gloria de Dios en los corazones y mentes de aquellos a los cuales dirigimos?
Dios nos ha dado el libro de los Salmos, algunas veces llamado “El himnario de Dios”, para ayudarnos. Los Salmos exploran los altos y bajos de las emociones humanas, y demuestran cómo expresarlas ante un Dios santo, soberano y amoroso. Ellos sugieren tres categorías en las cuales podemos exaltar la grandeza de Dios: Su Palabra, Su naturaleza y Sus obras.
La Palabra de Dios es la revelación de sí mismo a nosotros. Aunque nosotros no adoramos la Palabra de Dios, conocemos de Su grandeza a través de ella.
Así el salmista declara, “En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro; En Dios he confiado” (Sal. 56:10-11). La Palabra del Señor es “perfecta”, “fiel”, “recta”, “pura”, “limpia”, “verdadera” y “justa” (Sal. 19:7-9 RVR1960). El capítulo más largo de la Biblia, el salmo 119, es una meditación cautivadora sobre cómo la Palabra del Señor anima y gobierna nuestras vidas, y cerca del final el escritor concluye: “Que cante mi lengua de Tu palabra, Porque todos Tus mandamientos son justicia” (v. 172).
No importa qué hagamos con las luces, el vídeo, el sonido o el drama. Nuestro propósito no es presentar las mejores imágenes de vídeo, los más increíbles arreglos musicales o la utilería más creativa. Lo que queremos es que la gente salga impresionada porque Dios les ha hablado: animados por Sus promesas, desafiados por Sus mandamientos, temerosos de Sus
advertencias y agradecidos por Sus bendiciones. Queremos que vean la grandeza de Dios en Su Palabra.
Los Salmos también se centran en la naturaleza de Dios, y expresan las razones por las cuales merece nuestra alabanza. Nosotros nunca podremos enumerarlas todas.
Clemente y compasivo es el Señor, Lento para la ira y grande en misericordia.
El Señor es bueno para con todos, Y Su compasión, sobre todas Sus obras. Salmo 145:8-9
Alaben al Señor, naciones todas; Alábenle, pueblos todos. Porque grande es Su misericordia para con nosotros, Y la fidelidad del Señor es eterna.¡Aleluya! Salmo 117:1-2
Alaben Tu nombre grande y temible; El es santo. Salmo 99:3
De este lado de la encarnación y Pentecostés, también podemos ver la grandeza de Dios en Su naturaleza trinitaria. Adoramos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que coexisten eternamente, de la misma esencia y dignos de gloria. Un Dios en tres personas. De hecho, la adoración es el Dios Trino invitándonos a compartir en la comunión y el gozo que ha conocido desde la eternidad pasada. Hemos sido escogidos para unirnos en aquello en que Él se ha ocupado eternamente: exaltar Su gloria infinita, Su perfección y belleza.
¿Cómo puede alguien decir que adorar a Dios es aburrido? No hay límite a Su santidad, gloria y soberanía. No hay fin a Sus riquezas, sabiduría y justicia.
Todos Sus atributos existen juntos en perfecta armonía, perfecto balance, perfecta cooperación, sin contradicción, sin confusión y sin disminuir Su gloria. Él es la fuente de todo lo bueno y hermoso. No es de extrañar que Pablo irrumpe en adoración cuando describe la grandeza de Dios: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!” (Rom. 11:33).
Exaltar la grandeza de Dios, como aprendemos de los Salmos, incluye además poner atención a Sus obras. “Cántenle, cántenle; Hablen de todas Sus maravillas” (Sal. 105:2). Sus obras son diferentes de Su carácter, pero están eternamente vinculados.
Uno de nuestros problemas es que a menudo nos impresiona más lo que nosotros hacemos que lo que Dios ha hecho. Somos como aquellos que “Porque no tienen en cuenta los hechos del Señor Ni la obra de Sus manos, El los derribará y no los edificará” (Sal. 28:5). Sin embargo, el salmista nos recuerda: “Grandes son las obras del Señor, Buscadas por todos los que se deleitan en ellas” (Sal. 111:2). La adoración corporativa debe ayudarnos a llegar a estar más familiarizados con lo que Dios ha hecho, porque olvidamos fácilmente.
Dios creó todo de la nada y con Su Palabra trajo el universo a la existencia (Sal. 148:5; Heb. 11:3). Él sustenta a todas las criaturas vivientes y a la materia sin vida. Su poder mantiene todas las cosas unidas y evita que exploten o se desintegren (Col. 1:17).
El Salmo 111 es un canto condensado de alabanza que ensalza las obras de Dios a favor de Su pueblo. Solo en este salmo, Dios es alabado como proveedor, como el que guarda Su pacto con nosotros, el que nos libera, el que nos gobierna y el que nos redime.
Los Salmos resuenan con alabanzas detalladas las maravillas de Dios. Nuestros cantos también deberían hacerlo.
Los Salmos sirven como ejemplo en la alabanza a Dios pero solo señalan hacia la revelación más completa de la gloria de Dios en Jesucristo. La obra más grande de todas las obras de Dios es dar a Su Hijo en el Calvario. Es solamente a través del perfecto sacrificio de Jesús en la cruz que podemos acercarnos a Dios (Heb. 10:19-22). En la cruz, nosotros encontramos la reconciliación perfecta con la abrasadora santidad de Dios, Su santa justicia, Su incomprensible sabiduría, Su omnipotente poder y Su inconmensurable amor.
¡A qué gran Dios adoramos! Como el salmista dijo: “No hay nadie como Tú entre los dioses, oh Señor, Ni hay obras como las Tuyas” (Sal. 86:8).
Estas verdades no son solamente para seminaristas dedicados a obtener un título de teología. Dios se ha revelado en Su Palabra para nuestra consolación, corrección, fortalecimiento, protección y gozo. Dios se ha revelado en Su Palabra para nuestra adoración. Por eso, los libros que encuentro más beneficiosos para dirigir la adoración no son los devocionales que bajan a Dios a mi nivel, sino los libros de teología que ensanchan mi comprensión de Dios. Knowing God [El conocimiento del Dios santo], por J. I. Packer; Systematic Theology [Teología Sistemática], por Wayne Grudem; Knowledge
of the Holy [La búsqueda de Dios], por A. W. Tozer y The Pleasures of God [Los deleites de Dios], por John Piper son algunos de muchos que recomendaría.
AMA LA GRANDEZA DE DIOS
Exaltar la grandeza de Dios comienza con la proclamación de las verdades objetivas y bíblicas acerca de Dios, pero termina con la expresión de un afecto profundo y santo hacia Dios. No estamos simplemente recitando hechos sobre Dios, como hacen los estudiantes con las tablas de multiplicar. Dios quiere que nos deleitemos en Él (Sal. 37:4). Él es exaltado cuando toda nuestra energía se dirige a un solo fin: estar satisfechos en quien es Él. Bien escribe John Piper: “Donde los sentimientos por Dios están muertos, la adoración está muerta”12.
La Escritura enseña y describe una y otra vez que la verdad acerca de Dios invita a una respuesta. “Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!” (Fil. 4:4). “¡Amen al Señor, todos Sus santos!” (Sal. 31:23). “Sirvan al Señor con alegría” (Sal. 100:2).
Los salmistas describen en numerosas maneras cómo podemos expresar nuestros sentimientos hacia el Señor para exaltar Su grandeza, lo cual puede reflejarse en nuestros cantos. He resumido estas maneras como deleite, compromiso, anhelo y confianza.
Dios se glorifica cuando nos deleitamos en Él, expresando el gozo de conocerlo y siendo conocidos por Él, como dice el Salmo 18:1: “Yo Te amo, Señor, fortaleza mía”. O, como dice el Salmo 34:8: “Prueben y vean que el
Señor es bueno”. Tales expresiones de deleite apuntan hacia la dignidad de Dios.
Comprometernos a seguir y servir a Dios también lo honra. “Así Te bendeciré mientras viva” (Sal. 63:4). “Bendeciré al Señor en todo tiempo” (Sal. 34:1).13
He conocido cristianos que se sienten deshonestos o hipócritas cuando cantan palabras como “Siempre te seguiré”, “Te adoraré solo a ti” o “Renuncio a todo”. Pero expresiones como estas nos ayudan a alinear nuestros corazones con la obra de Dios en nosotros a través del evangelio, especialmente cuando estamos al tanto de nuestra necesidad de la ayuda del Espíritu de Dios para cumplir con esos compromisos. Eso no significa que interpretemos un canto tras otro acerca de nuestro compromiso mientras vivimos en pecado sin arrepentirnos. Con la cruz en mente, podemos seguir el consejo de Issac Watts:
Nunca podremos ser demasiado frecuentes o demasiado solemnes en la entrega total de nuestras almas a Dios y en comprometer nuestras almas haciendo un voto de ser del Señor para siempre: amarle sobre todas las cosas, temerle, esperar en Él, caminar en Sus caminos en santa obediencia y esperar por Su misericordia hasta la vida eterna.14
Anhelar conocer más del Señor también lo glorifica. “Oh Dios, Tú eres mi Dios; Te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne Te anhela Cual tierra seca y árida donde no hay agua” (Sal. 63:1). “Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del Señor; Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo” (Sal. 84:2).
Los cantos de adoración modernos han hecho una contribución significativa en esta área. Algunos los culpan por esta misma razón, poniendo en ridículo la letra que habla acerca de querer, desear, necesitar y estar sedientos o desesperados por el Señor. Con todo, estas frases reflejan la actitud de muchos Salmos, llamando la atención a nuestra necesidad de Dios. ¡Lo necesitamos! Y decirlo exalta Su grandeza.
Por último, nosotros podemos expresar confianza en Dios en tiempos de prueba, sufrimiento y desánimo. Los Salmos tratan con nuestra condición en un mundo caído. Pero, en medio de los problemas y la persecución, el salmista nunca olvida que Dios es soberano, Dios es fiel y solamente Dios puede cumplir.
Simplemente repasar nuestros problemas no es adorar a Dios; pero recordar acerca de Su carácter en medio de ellos sí lo es. Asaf hizo eso “en el día de… mi angustia” (Sal. 77:2):
¿Rechazará el Señor para siempre?¿No mostrará más Su favor?¿Ha cesado para siempre Su misericordia?¿Ha terminado para siempre Su promesa?¿Ha olvidado Dios tener piedad, O ha retirado con Su ira Su compasión? (vs. 7-9).
La aparente separación entre las circunstancias de Asaf y lo que él sabe que es verdad acerca de Dios le impulsa a entregarse confiadamente a Su misericordia. Debería ser lo mismo para nosotros. “Confíen en El en todo
tiempo, Oh pueblo; derramen su corazón delante de El; Dios es nuestro refugio” (Sal. 62:8).
Exaltar la grandeza de Dios, entonces, implica proclamación y pasión. Nuestra responsabilidad como líderes de adoración es asegurarnos de que en ambas formas –con verdad bíblica y con afectos fuertes– las personas tengan la oportunidad de exaltar y encontrarse con nuestro gran y asombroso Dios.