Supongamos que tú y yo
nos encontramos en una cafetería, y comienzas a decirme cuánto disfrutaste conocer a mi hijo, Jordan.Yo estoy encantado.
Entonces comienzas a describirlo como un saxofonista de baja estatura, que le gusta cocinar comida italiana y jugar cricket.
Hmm. “Creo que estás pensando en otra persona. Jordan es un baterista que mide más de un metro ochenta, a quien le gusta comer –no cocinar– comida italiana. Y, aunque sobresale en muchos deportes, el cricket no es uno de ellos”.
Por más maravillas que cuentes de mi hijo el saxofonista, los elogios no tendrían importancia porque estarían basados en información incorrecta.
Tu “doctrina sobre Jordan” estaría equivocada. Aunque creo que te encantaría conocer bien a Jordan.
Es similar con respecto a nosotros y Dios. Él no solo nos llama a amarlo sino también a “amar la verdad” acerca de Él (2 Tes. 2:10). Nosotros adoramos al único Dios quien afirma que Él es la verdad y que nos dice, “la verdad los hará libres” (Juan 14:6; Juan 8:32). Dios quiere que todos “vengan al
conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2:4). Y Él revela su ira contra aquellos que “con injusticia restringen la verdad” (Rom. 1:18). Jesús dijo que Él enviaría al “Espíritu de verdad”, y le ruega a Dios que santifique a Sus discípulos “en la verdad”, la cual identifica como la Palabra de Dios (Juan 16:13; 17:17).
Mientras más y mejor (es decir, con mayor exactitud) conocemos a Dios a través de Su Palabra, más genuina será nuestra adoración. De hecho, en el momento en que nos desviamos de lo que es verdad acerca de Dios, estamos involucrándonos en idolatría.
No importa lo que pensemos o sintamos, no hay una adoración auténtica sin un conocimiento correcto de Dios.
TEOLOGÍA Y DOCTRINA
¿Dónde encontramos un conocimiento correcto acerca de Dios? En la verdad revelada de la Escritura. Un líder de adoración que apenas conoce la Biblia no puede ser un líder de adoración fiel.
Aquí vienen dos palabras con las cuales muchos cristianos se sienten incómodos: teología y doctrina. Aunque no sean muy populares, la adoración bíblica es imposible sin ellas.
Teología significa literalmente “el estudio de Dios”. Incluye nuestro concepto de Dios como resultado de ese estudio (o como falta de ese estudio). Por tanto, todo cristiano es un teólogo. La pregunta es, ¿soy un buen teólogo o soy uno malo?
Somos buenos teólogos si lo que decimos y pensamos acerca de Dios coincide con lo que la Escritura dice y afirma.
Somos malos teólogos si nuestra noción acerca de Dios es vaga, no bíblica, distorsionada o basada en nuestras propias opiniones.
Doctrina significa “lo que se enseña”. La doctrina es todo lo que la Biblia enseña sobre un asunto en particular, tal como la adoración, o la santidad, o la iglesia, o los dones espirituales. Pablo le dijo a Tito que un líder en la iglesia “Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen” (Tito 1:9).
El estudio de la doctrina no se opone al estudio de la Biblia; es estudiar la Biblia. Es la manera en que descubrimos cómo es Dios, qué quiere que creamos, cómo quiere que lo adoremos.
Esto significa que necesitamos leer. Necesitamos estudiar. Estaremos aprendiendo acerca de Dios durante el resto de nuestras vidas.
NECESITAMOS AYUDA
En una carta escrita desde la prisión, Pablo le pide a Timoteo que le lleve “los libros” (2 Tim. 4:13). Charles Spurgeon, el “príncipe de los predicadores” del siglo XIX, expresó asombro ante tal petición de Pablo:
Él es guiado por Dios para escribir libros sagrados, sin embargo, ¡él quiere libros! Él ha visto al Señor, sin embargo, ¡él quiere libros! Él ha tenido una experiencia más amplia que la mayoría de los hombres, sin embargo, ¡él
quiere libros! Él fue arrebatado hasta el tercer cielo, y había escuchado palabras inefables que un hombre no puede pronunciar, sin embargo, ¡él quiere libros! Él ha escrito una gran parte del Nuevo Testamento, sin embargo, ¡él quiere libros!
He convivido suficiente tiempo con líderes de adoración y músicos cristianos como para decir lo siguiente: pocas veces leemos libros de teología.
Sé que es una declaración general, y he conocido algunas excepciones dignas de alabanza. Pero, a menudo, cuando le pregunto a líderes de adoración qué están leyendo, es algún best seller en negocios, novelas, revistas sobre música, biografías, o libros acerca de historia o deportes. Por supuesto, podemos aprender al leer esta clase de libros. Pero no se comparan con aquellos que nos ayudan a entender lo que Dios ha dicho acerca de sí mismo en Su Palabra. Libros como Engaging with [En la presencia de Dios], por David Peterson, The Cross of Christ [La cruz de Cristo], por John Stott, o Knowing God [El conocimiento del Dios santo], por J. I. Packer.
Los autores de libros como estos pueden ofrecer ayuda invaluable para entender las enseñanzas de la Escritura. Es por esto que debemos apartar tiempo no solo para estudiar la Biblia, sino también para aprender de escritores cuyos libros nos desafíen y nos ayuden a extraer las riquezas de la Palabra de Dios.
ERRORES COMUNES
Al hablar con músicos y líderes de adoración, a través de los años he hallado ideas equivocadas muy comunes y que nos alejan de seguir a Dios con nuestras mentes.
Error # 1: Estudiar no debería ser tan difícil
Estudiar doctrina y teología es difícil. Convertirse en un buen teólogo es más difícil que aprender un riff nuevo, y al principio no es igual de divertido.
Conocer a Dios consume tiempo. Vivimos en una época en la que todo es instantáneo. Queremos un devocional que nos transforme la vida, pero en quince minutos o menos. Abrimos nuestras Biblias y nos aburrimos si nada nos cautiva después de dos párrafos. Queremos todo resumido, simplificado, y en la jerga de hoy, así no tenemos que pensar mucho o examinar nuestras vidas muy de cerca.
Estas actitudes son inaceptables si queremos mostrar las glorias de Dios por medio del canto cada domingo. Teniendo en cuenta nuestras mentes insignificantes, nuestra absoluta dependencia de la verdad revelada, y la inmensidad de Dios, ¿cómo podemos pensar que hay un camino fácil para conocer al Dios que adoramos?
No hay atajos. Es una búsqueda de por vida, motivada por la gracia de Dios, de aquel que nos creó y nos redimió para Su gloria.
Error # 2: Conocemos mejor a Dios a través de la música que a través de las palabras
Como yo, probablemente has tenido encuentros profundos con Dios durante la adoración musical. Así como el rey Saúl experimentaba alivio cuando David tocaba el arpa (1 Sam.16:23), así nosotros experimentamos una paz inusual o sentimos la cercanía de Dios de una manera inesperada. Inadvertidamente podemos comenzar a asumir que las palabras restringen y limitan la obra del Espíritu, mientras que la música expande el alma y nos abre nuevas formas en las que podemos experimentar poderosamente a Dios.
Pero ser conmovido emocionalmente no es lo mismo que ser cambiado espiritualmente. La música afecta y nos ayuda en muchas maneras, pero no sustituye la verdad acerca de Dios. La música por sí misma nunca puede ayudarnos a entender el significado de la aseidad de Dios, la naturaleza de la encarnación o el sacrificio sustitutorio de Cristo. Los instrumentos musicales no nos dicen cómo funciona la música en la adoración a Dios. Necesitamos leer nuestras Biblias. Y para saber lo que la Biblia dice necesitamos la teología. Buena teología.
Error # 3: La teología y la doctrina causan problemas
Un líder de adoración me dijo que no estaba interesado en la teología porque solamente causaba divisiones. Él decía que su teología era Jesús.
Aunque aprecio la sencilla devoción a Cristo detrás de este comentario, me surgen unas preguntas. Cuando guiamos a otros en adoración, ¿cómo dejaremos claro quién es Jesús? ¿Es un Jesús “dócil y apacible” que nunca
levanta la voz? O, ¿es el Jesús santo y celoso que sacó a los cambistas del templo con ira justa cuando vio que usaban el templo para un propósito completamente distinto del de Dios? ¿Adoramos a Jesús como un libertador de los gobiernos opresivos, como un genio que cumple todos nuestros deseos, o como el Salvador del mundo?
Cuando evadimos la responsabilidad en cuanto a nuestra propia teología, realmente estamos diciendo que queremos nuestro propio Jesús. Pero nuestra adoración no está fundamentada en las opiniones, las ideas o las mejores suposiciones de los hombres acerca de Jesús. Tampoco debemos fundamentar nuestra comprensión de Él en las experiencias individuales de alguien. Él tiene un nombre, una historia propia y un cuerpo de enseñanza específicamente revelado. Dios tiene teología, ¿afinaremos nuestra propia comprensión bíblica para descubrir cuál es? ¿Adoraremos al Hijo de Dios, el Redentor, la segunda persona de la Trinidad, el Alfa y Omega, nuestro Sumo Sacerdote, santificador e intercesor, y buscaremos entender qué significa todo esto?
Alguien dirá, “¿Acaso la doctrina no divide la iglesia?”.
Sí y no. A menudo los cristianos disentimos en asuntos doctrinales de importancia secundaria. Dado el grado de pecado que todavía permanece con nosotros, y el deseo del enemigo de separarnos, no debería sorprendernos. Sin embargo, las divisiones también han protegido a la iglesia. El Nuevo Testamento nos advierte acerca de los falsos profetas y maestros que se infiltrarían en las filas de la iglesia (Hech. 20:29-30; 2 Cor. 11:13; 2 Ped. 2:1). Muchas de las más preciosas verdades por las cuales vivimos fueron más
claramente definidas como una respuesta a la herejía. El resultado ha sido claridad y acuerdo sobre verdades fundamentales de la Palabra de Dios que la iglesia ha valorado durante siglos. La verdad ha sido frecuentemente puesta a prueba y confirmada en los fuegos de la controversia y el conflicto.
¿Acaso estudiar doctrina no hace a la gente orgullosa?
No debería. Para comenzar, nuestro conocimiento de Dios está limitado por lo que Él nos ha revelado (1 Cor. 2:11-12). Cuando entendemos una verdad, es porque el Espíritu de Dios ha abierto nuestros ojos y corazones (Ef. 1:17- 19).
Y cuando estudiamos acerca de Dios, nos damos cuenta de que lo que conocemos es infinitamente poco en relación a lo que no conocemos (Rom. 11:33-36).
Si somos arrogantes porque usamos grandes términos teológicos o hemos memorizado más versículos que nuestros amigos, hemos perdido de vista al Dios que afirmamos conocer. Como Pablo nos lo recuerda, esa clase de conocimiento “envanece, pero el amor edifica. Si alguien cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como debe saber” (1 Cor. 8:1-2). Los buenos teólogos se sienten indignos y sorprendidos ante el Dios que ellos estudian. MENTE Y CORAZÓN JUNTOS
Somos engañados si pensamos que podemos tener deseos apasionados por Dios sin reflexionar y estudiar quién es Él. La mente y el corazón son el uno para el otro, se pertenecen, van juntos.
Mi oración por cada líder de adoración y por mí mismo es que lleguemos a estar familiarizados con la Palabra de Verdad de la misma manera que lo estamos con nuestros instrumentos. O aún más. Si así fuera, hay una fuerte posibilidad de que las personas se marchen de nuestras reuniones más asombradas por nuestro Dios que por nuestra música.