• No se han encontrado resultados

Una expo en tres espacios.

In document Otro título: XX años CCESV (página 107-109)

XX AÑOS

CCESV

novio de esa época. Los dos trabajábamos en un call center (opción uno: servicio). Yo me cambié a estudiar Letras. Co- metí todos los errores de tener veinte años y, sin saberlo, comencé la etapa de la educación más valiosa que he tenido: abandoné la universidad, visitaba bares, encontraba opor- tunidades para ponerme a leer mis textos en público, conocí a otros escritores que entendían mis intenciones, otros que no; comencé a ir a espectáculos de teatro, de danza, a exhi- biciones de arte. Me volví adicto a la sensación de encontrar catarsis y conexión con otras personas que tratan de expre- sar cómo se ve la vida desde ellos, cómo se oye el mundo des- de ellos, cómo se siente estar vivo desde ellos.

En los afiches y programas de mano de la mayoría de eventos a los que iba, veía repetido demasiadas veces el logo del Centro Cultural de España. Algo había en la progra- mación del centro que me atraía más que otras, desde el tipo de expresiones artísticas más arriesgadas y experimentales que presentaba, hasta el diseño gráfico que acompañaba todas sus actividades como la cara atractiva de una institu- ción que ponía pensamiento en los detalles más nimios. De la experiencia de vivir esos años como público observador del centro, recibí una educación informal que he tratado de complementar por mi cuenta.

Como espectador, dialogando constantemente con la institución, varias veces me sentía humilde y agra- decido ante la vulnerabilidad y transparencia de los artistas expuestos en escena. Otras veces, arrogante, creía que yo podría aportar mejores ideas que las de los que se atrevían a poner ante un público sus intimidades, sus secretos. Por eso me decidí a aplicar al certamen literario Gallo Tapado, en dos mil nueve, donde se publicó Aun los espacios vacíos

tienen aire (mi único libro hasta la fecha), y, en dos mil diez,

apliqué, junto con Efraín Caravantes, al décimo primer y último Premio Arte Joven, en el que obtuvimos un tercer lugar y dinero, también un trofeo, pero, sobre todo, la ex-

periencia de un proceso de crítica colectiva con los demás artistas y el equipo curatorial. Hace diez años, llegó el mo- mento donde ya no podía estar nada más opinando o criti- cando desde la orilla, sentí que había encontrado un espacio y una comunidad donde poder decir quién soy realmente y cómo veo el mundo.

En dos mil doce, frustrado y hablando por Skype con mi amiga Elena Salamanca, decidimos iniciar un fes- tival que, sobre todo, era la necedad de crear un espacio intangible donde los artistas que admiramos pudieran pre- sentar sus trabajos con toda la libertad que un presupues- to casi inexistente permitiera. Presentamos el proyecto de F.E.A. (acróstico de Festival o Fiesta Ecléctica de las Artes) en el centro y recibimos el apoyo, entre tantos otros apoyos de diferentes personas, que el presupuesto de aquella épo- ca alcanzaba. Así, junto con Elena, tratamos de reunir dis- tintas generaciones de artistas, de distintas disciplinas, en exhibiciones, intervenciones en la calle o en conversatorios, con el fin de acercar a los artistas más jóvenes a la historia del arte reciente y exponer a los artistas de más larga carre- ra a las ideas nuevas de los que estaban empezando.

Como artista, encontré en las paredes del centro, La Casa Tomada y la residencia del Al Lado el soporte donde probar mis inquietudes. Viví una semana (durmiendo, co- miendo, bañándome) en el centro como parte de una acción que consistía en crear in situ la exhibición Lorem ipsum, en colaboración con Eduardo Chang. Expuse en La Casa Toma- da, un espacio destinado a la colaboración y el trabajo comu- nitario, mi exhibición individual titulada individualista, en la que exhibí piezas robadas de otros artistas (robadas a mí por ellos) y varias piezas que terminaron en la basura al finalizar la muestra. En Al Lado, tuve la muestra titulada Droga, en la que hablaba de la relación con mi papá, con todos mis exno- vios y las drogas recreativas que he probado.

Sí, en resumen, la historia que cuento aquí se ve

NOVIEMBRE

patética desde varias partes: pobre niño raro encuentra li- bertad de expresión en las artes. Pero, a esta altura en mi vida, me vale verga. Aunque me cuesta admitirlo, creo que soy uno de los niños de los que hablan los PDF de linea- mientos y directrices de organismos internacionales cuyo trabajo es facilitarle a esos niños más opciones para su desa- rrollo personal. Aun me es difícil precisar una conexión en- tre mis necesidades personales y esos PDF institucionales, pero creo que la hay. La imagen más cercana y aún borrosa es la de un encuentro donde mis intenciones me impulsan hacia una ruta en común con las personas detrás de la re- dacción institucional.

Desde el presente, hago un esfuerzo por verme y enfocarme mejor. Estos días me ocupa la responsabilidad de curar la exhibición Equis, equis sobre los veinte años del Centro Cultural de España en El Salvador. En este proceso, he tenido que recordar las experiencias que me impacta- ron más profundamente en todos estos años, he tenido que compartir con otras experiencias de perspectivas más in- mediatas al funcionamiento interno de la institución. Entre la cuadrícula de cemento de San Salvador, me toca revisar la

historia de este centro y de las personas que lo conforman, exhibirla en paredes y contarla al público: demostrarla. Re- visando cajas de fotos y documentos, siento que esta histo- ria me incluye; que el archivo institucional es, también, un álbum fotográfico familiar que me remonta al pasado, a re- cuerdos donde aparecen caras conocidas pero más jóvenes, caras que ya no están, el mismo espacio remodelado tantas veces, la moda cambiante del público: índices de la transfor- mación de la cultura.

Sin encontrar una manera adecuada de cerrar este texto, veo hacia el futuro y me falta mucho (espero) en mi proceso personal de contar cómo veo el mundo y cómo se siente desde mí. Todo es incierto, pero donde esté, hacien- do lo que haga, habrá una parte del legado (entre muchos otros, insisto) del Centro Cultural de España: de quienes colectivamente lo volvieron el referente cultural que es en El Salvador. Pienso en la institución, veo el logo en mi men- te y agradezco esta larga conversación de años en la que hay espacio para trabajar juntos y para no estar de acuerdo tam- bién. Las cosas que me quedan por decir no caben (como siempre), así que sólo me resta decir: Amén.

In document Otro título: XX años CCESV (página 107-109)