CAPÍTULO 2: Factores de cambio: El cambio social
2.1. El factor información.
¿Cuáles fueron las razones por las cuales la tecnología de la imprenta, produjo cambios sustantivos en la manera de vivir y pensar de un gran número de personas?
Gracias a la aparición de la imprenta y la consecuente mercantilización de la letra impresa, fue posible que rápidamente un creciente número de personas se diera cuenta de que la comunicación oral ya no era sustancialmente necesaria para informarse. Anderson citado por Hannerz (1998:38) señala que en ese sentido, el lenguaje pasó de ser algo que se escuchaba a ser algo que se veía. Por tanto, se puede afirmar que la transferencia de un medio a otro, modificó dramáticamente la percepción, centrándola ya no en el contenido sino el continente; con lo cual se inicia una profunda transformación instrumentada mediante la tecnología.
Desde luego se tiene que destacar que para el logro de lo anterior, fue definitivo el bajo costo de producción resultante de mecanizar la escritura; por ejemplo, se estima que en los poco más de cuarenta años que mediaron entre la publicación de la Biblia de Gutenberg y el final del siglo XV, se produjeron en Europa más de veinte millones de volúmenes impresos, no es preciso subrayar que esto representa una cantidad asombrosa. Ese auge es resultado de la constitución y operación de grandes empresas editoriales por toda Europa las cuales rápidamente se transformaron, reemplazando a la tradicional estructura de talleres artesanales caracterizados por contar con personal, equipamiento y tecnología limitada.
Ante tal situación, se puede considerar al libro como el primer producto industrial producido en masa, al estilo moderno. Esta idea puede entenderse si comparamos al libro con otros productos industriales antiguos, como los textiles, los ladrillos o el azúcar. Estos bienes se miden cuantitativamente. [ ] En cambio, el libro es un objeto distinto, autónomo, exactamente reproducido en gran escala, y aquí prefigura a los bienes duraderos de nuestra época. Se podría añadir que si el mercado del libro era pequeño en comparación con los mercados de otros productos, su papel estratégico en la difusión de ideas le dio una importancia central para el desarrollo de la Europa
moderna. (Anderson, 1993:58-59).
Coincidimos en el papel estratégico del libro (Ong, 2001), como factor de cambio por las ideas que contiene, al igual que hoy día lo son las modernas computadoras que nos permiten junto con el internet, poder disponer, transmitir y compartir información.
Sin embargo, el libro como objeto adquiere relevancia en cuanto a que con él, el lector se ve inmerso en un proceso de entendimiento, asimilación, reflexión y evaluación que le centra en el contenido. En contraste, el torrente informativo que actualmente fluye por la red obliga y condiciona a la reducción del tiempo que dedicábamos a la comprensión de la información, ya que normalmente, la información, siempre abundante, ya viene preparada para su asimilación directa e inmediata gracias a los multimedios que ofrecen la visualización de imágenes con sonido y movimiento que simplifican el pensamiento (no siempre de manera explícita), porque contienen todo lo que debemos saber aunque no necesariamente lo queremos saber.
La explosión de la información, acerca de la cual mucho que se ha dicho y escrito,
es en gran medida una explosión de la desinformación y de la información mal
organizada...La revolución digital únicamente ha hecho que el problema se agudice más. Murray Gell-Mann en Davenport (1997:3).
El punto de vista anterior es sumamente revelador, puesto que lo emite un premio Nobel de Física experto en partículas subatómicas cuya naturaleza y comportamiento utiliza como metáfora para referirse a la información, concibiendo las partes de esta como una emulación de las unidades subatómicas con las que trabaja. Complementando la idea, sintetiza el problema: abundancia ilimitada de información, carente de sistematización y orden; generada, transportada y difundida con eficientísimos medios y dispositivos; tendrá como resultado una alta probabilidad de precipitarnos al caos.
Gráficamente, extrapola lo simple (equivalente a las partículas quark) a lo complejo, concibiendo una imagen perfectamente aplicable al campo de la información, similar a lo que pudiese representar las manchas en la piel de un gran felino como lo es el jaguar (Gell-Mann, 2007).
Desde otro ángulo pero con la misma preocupación, Virilio cuestiona sobre los riesgos en las autopistas de la información: la finalidad no es la información en sí misma sino la absoluta velocidad de los datos electrónicos.
Y dice que El aspecto negativo de estas autopistas de la información es precisamente esa pérdida de la orientación en lo que se refiere en la alteridad (el otro); es la perturbación en la relación con el otro y con el mundo. (Virilio 1995).
Enfatiza en que el punto clave es la interactividad ya que la ciencia de los ordenadores no es el problema, sino la comunicación por ordenadores, o más bien el (todavía no completamente conocido) potencial de la comunicación por ordenadores. (Virilio, op cit)
Nunca antes en la historia de la humanidad, se habían presentado cambios cuya profundidad y naturaleza diversa afectasen a todos los ámbitos de actividad ya sea en lo económico, político, social, cultural o ambiental, puntualizando solo algunos de ellos. Tampoco habían ocurrido en tan corto tiempo, todo ha sucedido en menos de un siglo. Esa situación repercute y afecta tanto las esferas de lo individual como la de lo colectivo (con independencia del grado de desarrollo socioeconómico, cultural, lingüístico, religioso o geográfico que se tenga).
El planteamiento resulta significativo cuando reflexionamos que desde el punto de vista de la sociología y dentro del occidentalismo tradicional, se concibe a la sociedad como concepto unitario, homogéneo a partir del cual se explican los fenómenos sociales, manejándolos como un conglomerado sobre el que se actúa en consecuencia.
Esta idea del mundo unificado se transfiere al lenguaje con el propósito de disponer de términos útiles para describir ese conjunto homogéneo (Arntz y Heribert, 1995; Ávila, 2009; D’amore, 2009), algunos de las cuales suelen ser: sociedad de la información, conocimiento, global, etc. La prevalente concepción de sociedad unitaria, dotada ya de cuerpo es susceptible entonces de ser transmitida y comunicada pero especialmente representada con formas emblemáticas como los dispositivos tecnológicos y sus aplicaciones en el campo de la información y las comunicaciones.
La iconografía resultante sustituye identidades, omite o aborda superficialmente las diferencias entre los grupos humanos y convierte a la humanidad en un conjunto de espectadores y no de actores. Ellul (2003), Munford (1997) entre otros, han realizado aportaciones en este sentido.
Una de las condiciones mediante las cuales esto ha sido posible, según Winner citado por Broncano (2000:30), se debe a que los seres humanos tienen todavía una presencia nominal en el sistema, pero han perdido su papel activo y dirigente. Tienden
a obedecer a pies juntillas las normas y requerimientos de los sistemas que supuestamente gobiernan. Aquí tiene lugar una revalorización de valores que Nietzsche habría encontrado detestable: por la necesidad técnica.
Comprender los cambios resulta difícil y complicado, no solo para el ciudadano común sino incluso para los propios especialistas. Así, encontramos que desde diversos campos del conocimiento: economía, filosofía, historia, ciencias sociales, física, biología, antropología, etc., se nos ofrecen análisis y explicaciones cuyos argumentos que si bien se construyen convenientemente e incluso están apegados al rigor científico, no siempre se encuentran exentos de tendencias e intereses grupales, sean de índole corporativa o política, que influyen sobre los contenidos.
Por otra parte, los representantes de esos campos: científicos, académicos, políticos, escritores e intelectuales; de manera individual o colegiada, expresan ideas, que no pocas veces son contradictorias (Abbott, 1999; Black, Muddiman y Plant, 2007; Crespi Serrano2010; Forester, 1992), lo que en todo caso, abona el terreno para la incertidumbre, condición que ya ocupa un lugar principal en nuestra cotidianidad y que con más frecuencia se torna en angustia.
Hoy, todo es navegable, hipertextual, continuo, confuso y ondulatorio. No existen ya los horizontes claros, ni los enemigos delimitados (Finquelievich, 2000:301). De hecho, la explosión de las comunicaciones imprime una vertiginosa dinámica al desarrollo de la sociedad, sea cual fuere la denominación que a esta le asignemos (Farber, 2006; Quittner, 2006; Rivera, 2008).
En consecuencia, se están revolucionando, continuamente, tanto los modelos tradicionales de mediación como las formas, categorización y sentido de la información.