CAPÍTULO 2: Factores de cambio: El cambio social
2.3 Información y bibliotecas.
En los últimos años, se observa cierta tendencia en la mayoría de las áreas del conocimiento por buscar e incorporase con otras para enriquecer sus aportaciones dentro de lo que se podría denominar una práctica de transversalidad. En el caso de la bibliotecología desafortunadamente, no sucede lo mismo, pues si bien es cierto, que se ha profundizado sobre la epistemología y la práctica de la disciplina (Floridi, 2009, 2005; Capurro, 2008; Rendón, 2005; López Yepes, 1977, 1993, 2007; Vega-Almeida, 2009; Miranda, 2003); se considera que aún no se cuenta con un aparato teórico unificado.
Por otra parte, se nota un cierto aislamiento con respecto de otras disciplinas, principalmente asociadas con la tecnología, pues no se trata solamente de incorporar avances tecnológicos meramente instrumentales, en una especie de adopción irrestricta marcada por las demandas del momento o ciertas modas, sino de la integración racional de los aportes.
Ante la irrupción de diversos factores que han alterado sustancialmente el papel del bibliotecario (Barwise, 1997; Colle, 2005; Hirschhorn, 1984; Lerner, 2001), por cuanto se refiere a los cambios en los soportes de información, medios para su presentación, conservación, recuperación (Lancaster, 2002) y almacenamiento. García, Botella y Marcos (2010:339-340) señalan que es ineludible referirse a la arquitectura de la información, definida como aquella que atiende la usabilidad de los recursos en ambientes de redes; así como a las modificaciones en los hábitos y formas de acceder a la información por parte de los usuarios.
Por otra parte, esos mismos factores asociados con el quehacer bibliotecario, han dado lugar a la propuesta de nuevos campos para la solución de nuevos problemas tales como el diseño de información que trata con la organización y representación de datos, es decir su transformación a información valiosa y significativa; mismos que no son atendidos con la oportunidad que se debiese tener, al menos en México. (Escalona Ríos, 2005).
La proliferación de alternativas de solución es resultante de cierta sorpresa ante la vertiginosa irrupción del cambio y la urgente necesidad de aportar respuestas para problemas no contemplados con anterioridad, aun y cuando las propuestas no siempre sean homogéneas ni tampoco aceptadas por todos.
En este sentido, han abierto especialidades como la de bibliotecario de sistemas, que Jordan (2003: 273-274) define como: él responsable de la administración de las tecnologías de la información utilizadas en la biblioteca; por su parte Morgan (2004:1) describe la función que desempeña, como el arte y ciencia de la combinación de principios bibliotecológicos con las habilidades de las tecnologías informáticas. Mientras que Wilson citado en Martín (2009:57), considera que son aquellas personas que identifican las necesidades de los sistemas automatizados de bibliotecas, implementan dichos sistemas y analizan las operaciones de la biblioteca y son capaces de trasladar una parte sustantiva del trabajo bibliotecario al ambiente web, (Marcos, 2009:9-10), que incluye una rica oferta de servicios apropiados para las nuevas
necesidades de los usuarios actuales -grupos on-line, wikis, multimedia compartido, podcast, redes sociales, etc.- (Martin, 2009:69).
En este sentido, la construcción disciplinaria camina principalmente a la zaga de las propuestas tecnológicas y abandona o deja en segundo plano el desarrollo de principios propios; por lo que dicha construcción se hace añeja y va perdiendo relevancia e incluso, insuficiencia para presentar un frente unificado respecto de su objeto de estudio, que es la información, prácticamente invadido por la terminología administrativa (Corbalán Sánchez, 2003; Khosrow-Pour, 2006).
Así, cuestiones como el almacenamiento de información, la calificación cualitativa, el registro, la búsqueda, y hasta los servicios quedan supeditadas a sistemas que igualmente funcionan para administrar una empresa o un inventario industrial.
Lo anterior pareciera confirmarse con lo expresado en el Manifiesto de Alejandría (IFLA,2005) La función exclusiva de las bibliotecas y servicios de información consiste en responder a las cuestiones y necesidades de las personas. Esto sirve de complemento a la transmisión general de conocimiento por los medios de comunicación, el párrafo puede ser interpretado, como una invitación a pensar en un campo acotado, manifiestamente exclusivo, pero además secundario en cuanto a complemento de los medios de comunicación.
¿A qué medios se refiere el Manifiesto?, ¿Realmente las bibliotecas difunden conocimiento?, ¿continúan siendo como el antiguo Museum, de la ciudad de Alejandría, un centro de estudio, investigación e intercambio de ideas?
Coincidimos con Baudrillard (1974: 118), respecto de que hoy lo que importa no es el tiempo de reflexión, sino el de reacción. Esta sentencia la construye al extrapolar lo que representa el contenido de un juego en una máquina llamada “Computer” que muestra preguntas con respuestas de opción múltiple pero que ejemplifica el acondicionamiento del pensamiento a una reacción visual Lo importante es que no haya
reflexión analítica que está penalizada con la pérdida de puntos debida al tiempo
perdido.
La declaración anterior, desde nuestro punto de vista, enmarca claramente la falta de transdiciplinariedad (Nicolescu, 1996) a la que nos hemos referido y que Morín (1999:17) precisa al señalar que de hecho, la hiperespecialización (Es decir la especialización que se encierra en sí misma sin permitir su integración en una
problemática global o una concepción de conjunto del objeto del cual no considera sino un aspecto o una parte) que impide ver tanto lo global (que fragmenta en parcelas) como lo esencial (que disuelve); impide inclusive, tratar correctamente los problemas particulares que sólo pueden ser planteados y pensados en un contexto. Los problemas esenciales nunca son parcelados y los problemas globales son cada vez más esenciales. Mientras que la cultura general incita a la búsqueda de la contextualización de cualquier información o de cualquier idea, la cultura científica y técnica disciplinaria parcela, desune y compartimenta los saberes haciendo cada vez más difícil su contextualización.
Por ser la información una materia compleja, las variadas formas en que se genera, trasmite y utiliza en la actualidad, independientemente de la carga ideológica de los contenidos, se requiere entonces analizarla desde esa complejidad, lo cual involucra la intervención de variadas disciplinas, es decir de esa transdiciplinariedad a que nos hemos referido. De lo contrario, la distancia entre las formas tradicionales y las de nuevo cuño se tornará inconmensurable, pese a ello, seguimos caminando por ambas vías.
La información constituye, por tanto, un elemento indispensable para la construcción de las ideas, así como la manera de cómo estas viajan, la forma de distribuirlas y el impacto que causan en los diferentes ámbitos donde se utiliza, lo cual requiere de una mayor comprensión, especialmente, por parte de aquellos cuyo profesión o trabajo está directamente vinculado a ella.