TRASTORNOS DE INICIO EN LA INFANCIA, LA NIÑEZ O LA ADOLESCENCIA
TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD
T. PSICÓTICO BREVE
4. EL DIAGNÓSTICO PSICOPEDAGÓGICO
4.2. Fundamentación del modelo tetradimensional de diagnóstico
4.2.2. Dimensión psicológica
4.2.2.1. Factores cognitivos
Los factores cognitivos son los relacionados con la capacidad de aprendizaje del individuo, su potencionalidad para asumir nuevas experiencias y conocimientos, y para hacer uso de esa información de un modo reflexivo y creativo, contrastándola tanto con las situaciones pasadas como con las presentes y las futuras. Las limitaciones en el desarrollo cognitivo y neuromadurativo causan que un porcentaje entre el 3 y el 5 % de los niños en edad escolar tengan un rendimiento escolar bajo, según datos aportados por Portellano (1989). El potencial de aprendizaje de estos niños, cuyo desarrollo madurativo está lentificado, es significativamente inferior comparado con el de los niños de su edad, lo que indica la necesidad de que reciban atención especial y específica.
Un caso específico son los denominados “niños límite” o “maduropatía del Sistema Nervioso” (existencia de un trastorno estructural o funcional del sistema nervioso que afecta a su rendimiento de manera global), cuyas características más relevantes son la presencia de trastornos prenatales y perinatales, incidencia de
trastornos específicos de aprendizaje y del lenguaje, persistencia en un nivel mental por debajo de la normalidad, conflictividad afectiva y desajustes de personalidad, y aprendizaje lento asociado a retraso escolar
Denominamos “inteligencia” al factor cognitivo que consiste en la capacidad intelectual del individuo. Esta capacidad se desarrolla con la edad; es una capacidad mental que implica, sobre todo, la utilización de símbolos; con la ayuda de la memoria, permite utilizar la experiencia pasada aplicándola a nuevas experiencias; y es, al mismo tiempo, la capacidad para aprender rápidamente.
Se definen dos tipos de capacidad de pensamiento: la “capacidad de pensamiento convergente”, que es la capacidad para analizar y relacionar datos, aplicarlos, y extraer de ellos conclusiones (es la que tradicionalmente se ha exigido en los centros escolares, constreñidos por la necesidad de imbuir conocimientos establecidos de antemano), y la “capacidad de pensamiento divergente”, que permite la extrapolación de datos, la fluidez creativa, la capacidad para proyecciones nuevas... (poco valorada, tradicionalmente, en las instituciones escolares).
Hoy en día sabemos que existe una base genética de la inteligencia, que señala, sobre todo, el límite superior al que puede llegar una persona, pero el medio en que se desarrolla el individuo debe permitirle el desarrollo de su potencial innato; por otra parte, no podemos obviar que en el desenvolvimiento de la inteligencia tiene gran importancia la variable afectiva del desarrollo, y que se ha detectado que existe relación entre el estatus socioeconómico y laboral de los padres y la inteligencia de los niños (generalizando, a mayor estatus mayor inteligencia); por último, según los datos aportados por un estudio publicado en Comentario Sociológico-Estructura Social de España, julio-diciembre, 1977, núm. 19-20 (Confederación Española de Caja de Ahorros), citado en ( Álvarez 1984:133), se aventura la hipótesis de que mientras más numerosa es una familia, más bajo es el nivel medio de inteligencia y éste se hace aún más bajo con cada nacimiento.
A la vista de lo anterior, se justifica que uno de los fines del diagnóstico sea dilucidar si las dificultades apreciadas en el desarrollo de la inteligencia se deben a la herencia o al ambiente y, en lo posible, en qué porcentajes y a través de qué factores.
Para medir o cuantificar la inteligencia disponemos, esencialmente, de dos sistemas:
- El sistema clásico de Binet-Simon-Terman: su principio fundamental es que el desarrollo mental es una simple adición progresiva de resultados adquiridos, es decir, la nuestra es una estructura mental acabada, por ello, este sistema no tiene en cuenta la existencia de mecanismos de adquisición de la inteligencia y la medida que proporcionan los instrumentos basados en él es el denominado CI (cociente intelectual), que resulta de dividir la EM (edad mental) entre la EC (edad cronológica) y multiplicar el resultado por 100.
-Otros sistemas se basan en la concepción de Piaget y su escuela, para quienes el desarrollo mental es la organización progresiva de un mecanismo operatorio, por lo que
establecen pruebas que midan la capacidad de observación, clasificaciones que exijan una lógica elemental, o el establecimiento de relaciones entre la capacidad operativa y el simbolismo apoyado en imágenes; y pruebas consistentes en operaciones formales que permiten el análisis de los procesos subyacentes al pensamiento formal, también expuestos por Feuerstein (1998)
Los “estilos cognitivos” también deben ser tenidos en cuenta entre los “factores cognitivos”. Todas las definiciones del estilo cognitivo remiten a la idea básica de que denominamos así el conjunto de rasgos que definen la manera en que el alumno, considerado como un “procesador activo” construye su propio conocimiento. (Kogan 1971:306) afirma que los estilos cognitivos son “la variación individual de los modos de percibir, recordar y pensar, o como formas distintas de apender, almacenar, transformar y emplear la información”, en definitiva, “las formas estables en que las personas difieren en percepción codificación y almacenamiento de la información”, (Wittrock, 1998:21).
Los estilos cognitivos pueden ser descritos mediante una triple perspectiva: - Como una estructura, contemplando el estilo cognitivo como “un conjunto
de características fijas que poseen los individuos que participan en una actividad de entrenamiento o educacional”, (González,J. et al. 1996:67). - Como un proceso, el objetivo sería el cambio o modificación.
- Como estructura y proceso al mismo tiempo, así el estilo cognitivo tiene una base estable modificable susceptible de recibir la influencia directa o indirecta de nuevos acontecimientos.
Se puede deducir fácilmente que la complejidad y naturaleza de las operaciones que intervienen en la estructuración del estilo cognitivo individual comporta la posible fragilidad de sus componentes y el alto riesgo que esta fragilidad supone y, al mismo tiempo, lo revelador que puede ser, a través del adecuado diagnóstico, conocer el estilo cognitivo de un determinado individuo, puesto que “los estilos cognitivos representan modelos de variabilidad individual en las formas de percibir, recordar y pensar que tienden a reproducirse de forma consistente en una amplia gama de situaciones sociales y de aprendizaje”, (González, J. et al 1996:67); y el conocimiento de la manera en que somos capaces de captar la información y de, a partir de su “manipulación”, enfrentarnos a la solución de tareas, con los distintos grados de cantidad y cualidad que en ello pueden darse, nos resulta ser de gran utilidad para plantear los procesos de ayuda y resolución de los niños y adolescentes con problemas ubicados en la dimensión psicológica.