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Factores sociales y prácticas personales que se oponen al Buen Vivir

In document BUEN VIVIR.pdf (página 105-107)

A continuación buscamos identificar algunos factores, dentro del contexto urbano descrito, que forman parte de las presiones que la ciudad ejerce sobre los estilos de vida de la gente y sobre los cuales será necesario trabajar en vistas a construir los estilos del “Buen Vivir”.

1) La aceleración del tiempo y su vivencia como un “bien escaso”:

A nivel global, la lógica de crecimiento, que se ha ido acompañando de la invención de tecnologías cada vez más sofisticadas, nos ha llevado a acelerar nuestro tiempo cuando hemos ido aumentando nuestra capacidad productiva.

“Hoy en día vivimos de una manera muy acelerada y seguimos acelerando, y las tecnologías nos llevan a acelerarnos más. Si tú tienes la capacidad de escribir 20 mensajes en una tarde en vez de una carta, esos 20 mensajes van a generar 20 respuestas inmediatas que van a exigir tratamiento inmediato y que van a generar otros intercambios, etc. De modo que estamos en una

12. Entrevista citada a Gustavo Soto.

lógica de mucha aceleración, en la cual ir más rápido para producir más para ganar más parece ser el objetivo. Y ese objetivo es inadecuado a un mundo limitado” (Belaúnde, 2011)13

El Estado de Bolivia (MRREE, 2009) alerta al mundo sobre la “Crisis del tiempo” como una de las expresiones de la crisis global y señala varios problemas de temporalidad como la colisión de los tiempos, el desgobierno de los tiempos, la aceleración del tiempo cíclico, el culto a la velocidad como parte del sistema industrial.

El ritmo que nos impone la vida urbana nos conduce a vivir casi siempre “apurados” : para no llegar tarde al trabajo, a la cita laboral o médica, a las clases, a hacer el pago pendiente, por asistir al evento previsto, por cumplir con el plazo de la entrega de tal o cual compromiso adquirido. No existe tregua o intervalo: cuando se sale de una se pasa a la otra y así sucesivamente. En ese tren, muchos casi no se permiten a sí mismos ni otorgan a sus seres cercanos (familiares y amigos) el espacio de la “persona” pues transitan de una actividad a otra cual robots programados al infinito. Cabe señalar que la carencia de condiciones dignas de trabajo (en nuestros países no se respeta la jornada de 8 horas, los salarios o los ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica urbana lo que obliga a buscar más de un trabajo o a alargar la jornada laboral de un trabajador independiente) es un factor social que agudiza este problema.14

La percepción cotidiana del tiempo, sobre el que tradicionalmente se acuñó la frase de “el tiempo es oro”, se convierte en la de un bien perpetuamente escaso. Nos volvemos por tanto avaros con éste, negándonos a darlo en forma gratuita tanto a los demás como a nosotros mismos. Pero también escatimando el reservar momentos para la revisión y reflexión sobre la realidad y nuestras prácticas, lo que otorgaría nuevas luces a nuestro accionar. Así, en ese escenario, como diría Mafalda, muchas veces lo “urgente” nos lleva a dejar lo “importante”.

Según el Cuaderno “Tiempo y Desarrollo Sostenible” de Alianza por un Mundo Responsable, Plural y Solidario (2001), las relaciones de los hombres y las

13. Entrevista citada a Ivonne Belaunde.

14. Los niveles de desocupación recientes en Europa y en los Estados Unidos en el contexto de la actual crisis económica han hecho más vigente la propuesta de reducción de la jornada laboral que levantan varios movimientos, lo que permitiría incrementar el empleo y a la vez generar ritmos de vida con mayor capacidad de uso libre del tiempo

instituciones en la cultura occidental, están estructuralmente “enfermas del tiempo”. Todas las temporalidades de la vida se someten al “Tiempo tecnológico”, el de los esquemas y procesos lineales. El tiempo de los relojes (antes mecánicos, hoy día electrónicos) comanda todos los otros. Si bien éste es necesario para toda actividad de producción industrial, de gestión de riesgos técnicos o de organización práctica, deviene tiránico cuando en numerosas situaciones, impide la comunicación y la creatividad. A ello se suma el vivir el tiempo que pasa como una huída o fuga permanente sin duración, sin balances y relecturas de la memoria de los acontecimientos. Se cae muy fácilmente en una “cultura de lo efímero”.

Por otra parte, hay una ausencia de comunicación entre las expresiones múltiples del tiempo y una separación entre los diferentes espacios de la vida que conduce a un recorte o ruptura secuencial del tiempo. Paradójicamente- agregaba el Cuaderno mencionado- - jamás ha habido tantos medios de comunicación. El problema es el desequilibrio entre el exceso de comunicación mediatizada y el déficit de comunicación directa o interpersonal.

Un década después presenciamos el ascenso de la comunicación vía las redes sociales virtuales ( blogs, facebook, twitter ) que permiten mayor interactividad y sirven a veces como canal de convocatoria para la movilización ciudadana. Sería pertinente calibrar su significado e implicancias a futuro.

2) La presión consumista coexistiendo con la pobreza:

En la ciudad se intensifica la presión consumista. La propaganda a través de los medios de comunicación, particularmente la televisión se dirige a los diferentes segmentos: jóvenes, mujeres, hombres e incluso utiliza niños para generar necesidades ligándolas muchas veces con seudo valores para promoverlas, en función a incrementar las ventas del producto tal o cual. Tal como señalamos, hoy día se fomenta la lógica perversa del “acoso crediticio” orientado a mantener cautivos a los consumidores mediante las “tarjetas de crédito” que los encadena a la tentación de comprar artículos más allá de sus reales necesidades y posibilidades de solvencia.

“Si la ciudad te machaca que vales porque tienes una 4x4 y si ser competitivo es un valor. Si la sociedad te dice que tienes que enriquecerte y ser exitoso a como dé lugar(..) Cuando ya no lo puedo hacer por la vía legal lo hago por la

otra. (..) los delincuentes, no roban para comer sino para comprarse la zapatilla más cara o la 4x4. ¿Eso de dónde lo aprendieron? (..) eso le han enseñado en la TV y en el entorno de la propaganda urbana”(Jiménez 2011)15

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Dada la situación de aguda desigualdad social “para una innumerable cantidad de niños y jóvenes latinoamericanos, la invitación al consumo es una invitación al delito”. (Galeano, 2010).

El estilo de vida consumista que fomentan nuestras ciudades y que día a día la propaganda mediática promueve, coexiste con la realidad de amplios sectores en pobreza y su persistencia es inviable para la vida en el Planeta. Constituye pues, un “consumo asesino” (Fundación por el Progreso del Hombre, 2003) en un doble sentido: social y ambiental. En lo social, porque cada uno busca asegurar su propio confort y no siente como un problema que hayan cientos de miles de familias que no tienen lo indispensable y /o que carecen de empleo y /o empleo digno. En lo ambiental, porque se basa en el uso irracional de los recursos naturales y destruye el equilibrio ecológico.

El culto al consumo, como generador permanente de necesidades superficiales y suntuarias, se convierte en una enfermedad: el “consumismo obsesivo” que deshumaniza, pues sabotea la capacidad humana de disfrutar cabalmente de la vida, esfera propia del “ser” antes que del “tener”.

3) La centralidad de la competencia:

La carrera de la competencia sin límites (y no así la búsqueda de la excelencia o la cultura de la calidad) marca nuestras sociedades y se agudiza en el escenario urbano. Ella explica en gran parte la atmósfera general de violencia que nos rodea.

15. Entrevista a Ricardo Jiménez el 13 de Agosto 2011, experto chileno coordinador de la Cátedra de Inte- gración Suramericana, redactor del Cuaderno de Propuestas del Foro por una Nuva Gobernanza Mundial “Nuestra Patria debe ser el Universo”y co-organizador de la Asamblea Ciudadana del Cono Sur.

“La competitividad robustece primariamente el campo de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más apto (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, vence. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona a los más fuertes. Estos, se dice, merecen sobrevivir, pues dinamizan la economía. Los más débiles son peso muerto, por eso son incorporados o eliminados. Esa es la lógica feroz”. ( Boff , 2004 )

Esta característica del sistema en su conjunto adquiere contornos especialmente dramáticos para quienes habitan en la ciudad. Hay un dicho que sintetiza esta percepción generalizada en la vida urbana: “El que pestañea pierde”. Por eso las personas se ven sometidas a una permanente tensión para evitar ser desplazadas, para “posicionarse” mejor y colocarse en situación de ventaja respecto a los demás.

El lugar que ocupa el dinero como referente principal expresa la enajenación de la existencia y de las relaciones sociales. Estas van siendo marcadas por la desconfianza, la superficialidad y un consiguiente sentimiento de soledad.

4) La tiranía tecnológica:

En nuestra época se han alcanzado logros científicos y tecnológicos en múltiples campos, inimaginables unos cuantos siglos atrás. Pero la humanidad ha construido un sistema tecnológico de tan alta complejidad que es posible que llegado a cierto punto, pasado el equilibrio justo, el exceso tecnológico pueda revertirse contra ella ( (Belaunde, 2011). En el contexto actual ya hay graves indicios en ese sentido. Refiriéndose a dicha situación Leonardo Boff ( 2011,a) ha señalado que es urgente que nuestra especie transite del actual período “tecnozoico” en que se encuentra y la lleva a la deriva a un período “ecozoico” que le permita superar el actual desequilibrio que ha generado. En la dinámica urbana podemos acceder a los privilegios de una diversidad de equipos y artefactos que nos permiten beneficiarnos de los avances tecnológicos en el trabajo, el hogar, los estudios, las diversiones. Sin embargo, estos logros –a los que por otra parte no todos los sectores sociales acceden - pueden conducirnos a una “adicción” a través de la cual nos convertimos en seres totalmente dependientes de los instrumentos que a diario utilizamos, lo que en lugar de potenciar nuestras capacidades humanas, las reemplazan

y nos dejan en la más profunda orfandad cuando por alguna razón no disponemos de ellos. Surge entonces la interrogante existencial: ¿hacemos uso o abuso de las tecnologías? El escritor Mario Vargas Llosa (2011) trata este problema al referirse a la Internet y a los hábitos del “picoteo” y el “mariposeo cognitivo” que podrían, según advierte Van Nimwegen, reducir “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”.

Estas observaciones críticas, sin embargo, no debería conducirnos a ignorar las potencialidades que algunas de estas tecnologías también abren para el cerebro humano. Por ejemplo en cuanto al acceso inmediato a la información y a las posibilidades de interconexión de datos y personas.

5) El “usar y tirar” como práctica incentivada y costumbre inercial:

La obtención de ganancias como objetivo prioritario, busca producir más para vender más y por tanto para que se consuma más. En los últimos 50 años la acumulación de residuos, basura, y desechos y la absoluta despreocupación por el reciclaje ha generado un grave problema ambiental en el mundo. Ello responde a la lógica económica del sistema vigente y en la que las empresas utilizan mecanismos como la propaganda, el crédito y la particularmente perversa “obsolescencia programada”. El “usar y tirar” es una práctica incentivada por intereses comerciales que al mismo tiempo constituye una costumbre inercial en los individuos que han internalizado valores, actitudes y comportamientos como parte de estilos de vida ajenos a toda responsabilidad ambiental y social.

Mención aparte merecen los desechos tóxicos. Los 24 países industrializados que conforman la OCDE “producen el 98% de los deshechos venenosos de todo el mundo” (Galeano, 2010). Actualmente la exportación de éstos a los países pobres es uno de los hechos escandalosos del absurdo modus operandi de las corporaciones que urge transformar.

Experiencias y pistas hacia el “Buen Vivir” desde la dinámica urbana

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