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3. La familia indígena y las relaciones sociales en los testamentos

3.1 Familia, catástrofe demográfica y desestructuración.

El descenso marcado de la población producía cambios drásticos en el modo de vida de las poblaciones indígenas sobrevivientes, así que una relación directa se tejió entre la demografía histórica de los indígenas y las mutaciones dentro del entramado social y familiar. Tal vez, en las primeras décadas, las culpables de tantas muertes fueron los llamados “asesinos invisibles”, es decir, las sucesivas epidemias, pero con éstas, se produjeron cambios en la vida de los indígenas que nunca permitieron una recuperación poblacional, sino que toda la problemática va a desembocar en un mestizaje que desnaturalizará a la familia indígena y propiciará que los Muiscas desaparezcan paulatinamente del altiplano. El contacto sexual interracial acarreará como consecuencia menor nacimiento de indígenas y cada vez un mayor peso de los mestizos primero en zonas urbanas, pero en el curso del siglo XVII “la presencia de los mestizos comenzó a ser notoria en el medio rural”320. Los principales problemas a los que se vieron

enfrentados los grupos familiares muiscas fueron el pronunciado descenso demográfico, el mestizaje, la separación de los núcleos y por supuesto, toda una gama de mutaciones culturales que se estaban produciendo y atentaban en contra de la estructura familiar de los muiscas, y ¿cuál era esa estructura familiar?.

Eduardo Londoño Laverde reconoció que no existe claridad sobre la extensión y significado preciso de las Utas y las Sybyn, descubiertas por los esposos Villamarín hace unas décadas.321 Muchos han sido los estudiosos que han intentado delimitar estas

unidades sociales, las han reducido hasta familias nucleares, y tal vez no fueron tan

320 Colmenares, Germán. La Provincia de Tunja en el Nuevo Reino de Granada: ensayo de

historia social, 1539-1800. Bogotá: Tercer Mundo Editores, tercera edición, 1997. Pág. 55.

321 Es digno de dar mención el trabajo de Sylvia Broadbent “Los Chibchas, organización socio-

política” donde ya se vislumbró esta clasificación, pero donde se prefirió el término de parcialidad y además, se presentaron varios documentos donde se respaldaron sus indagaciones.

minúsculas, pero si es posible aseverar que existe un consenso académico en asimilarlas como partes, parcialidades o capitanías, todas ellas sinónimas y tenían en común una estructura familiar diferente a las españolas. Es ampliamente aceptada la existencia de este tipo de estructura dentro de la organización social de los muiscas, y esto se corroboró en casi todos los textos que se proponen el estudio de dicha cultura cuando abordan su organización social. Estas no eran familias pequeñas o cuya estructura se asemejase al sistema español, tenían sus propias características que fueron perdiéndose con el mestizaje cultural que apuntó siempre en dirección de una hispanización.

Las partes, parcialidades o capitanías fueron grupos humanos generados desde el parentesco, primero consanguíneo y luego por otros fenómenos sociales de pertenencia comunitaria. Fue allí, en una familia o en una reunión de familias, donde los individuos se relacionaron con sus congéneres y practicaron unas formas comunitarias muy eficientes para su unidad y cohesión social. Autores como Tovar Pinzón, Villamarín, Rozo Gauta y Gamboa Mendoza dieron cuenta de una estructura social muy particular que podía ser mucho más compleja de lo que parecía: en primer lugar las Utas o capitanías menores, y el conjunto de estas forman una Sybyn o capitanía mayor; estas a su vez unidas forman un cacicazgo, los cuales en algunos casos podían formar un Uzacazgo y por último se encontraban los Cacicazgos mayores, cuyas cabezas eran los principales dirigentes de la comunidad muisca. Dependiendo de cada autor, el modelo podía ser más intrincado. De estas categorías, las que llaman más la atención como forma estructural más cercanas a la familia fueron las dos primeras y menos complejas, de menos individuos, donde se desarrollaban las más variadas formas de sociabilidad, donde se solidificaba la estructura social y nacía en cada individuo un sentido de pertenencia que le obligaba sin que mediara su voluntad, a compartir con otros individuos dentro de una comunidad. Las unidades básicas, las Utas y las Sybyn fueron las más vigorosas formas de organización social, las que en definitiva contribuyeron desde abajo con la formación la nación muisca, con costumbres, con identidad, con lenguaje y con un pasado común. La familia muisca podía ser muy amplia y entrelazada dentro de una maraña de relaciones con otras. No tenía demasiadas similitudes con la que se impondría con el paso del tiempo que fue la que se vio reflejada en los testamentos.

En los testamentos indígenas se pudieron descubrir pruebas escritas de la variabilidad de las familias indígenas y las presiones externas e internas que debían soportar. Todo

apuntó a una disminución de la población indígena y un aumento del grupo social mestizo, gracias en parte, a los múltiples problemas que aquejaron a los indígenas tanto urbanos como rurales. No fue extraño en los testamentos encontrar declaraciones de este tipo: Joana de Canadá india322 no tenía herederos forzosos, así lo declaró en su testamento de 1599. Su madre y su hija las declaró ambas fallecidas, la testante según su propia narración estaba en soledad total. Los ejemplos siguen: Ana india de Ramiriquí en su tercer testamento reconoció que estuvo casada con Diego Guatavita, difunto ya en el momento de testar, y tuvieron una hija pero aclaró que tuvieron un número indeterminado de hijos pero que estaban ya todos muertos.323 Por su parte, Isabel india

de Tijo declaró que “no se como se llamaron mis padres porque quando murieron que de muy niña…”324, lo cual indicó que con probabilidad, ambos sucumbieron a alguna de las

recurrentes epidemias, dejando a la jovencita huérfana a muy temprana edad. La muerte afecto de forma cotidiana a los indígenas. No sólo había una preocupación por la propia sino que cualquier elemento de sus comunidades era susceptible de caer bajo las garras “de una enfermedad que mi dios nuestro señor fue servido de me dar”.

Estas estructuras indígenas se fueron agrietando desde la llegada de los europeos al territorio hasta bien entrado el siglo XVII, pues durante todo este tiempo, “cada grupo sufría aisladamente las pretensiones excesivas de los encomenderos y, aun individualmente, los indígenas se veían separados de su comunidad de origen, para trabajar en las minas, hatos, estancias y en casa de sus amos”325, sin olvidar que, una

buena cantidad de los mismos, se habían instalado en los centros urbanos, abandonando a sus comunidades. Los cambios se presentaron de forma progresiva, hasta que a principios del siglo XVII, como se mencionó antes, “ya ni siquiera podría hablarse de familias en sentido estricto, sino más bien de unidades heterogéneas en las que sería difícil distinguir rasgos estructurales”326. La familia original dejó de existir y con ella, las

posibilidades de una digna supervivencia de los indígenas, ya que con el paso de los años, pasaron de ser la inmensa mayoría a ser una reducida porción de la población, donde el mayor peso demográfico lo generaban los mestizos. Después de una caída tan

322 AHRB. Notaría II. Legajo 66, folio 219v. Test. Joana de Canadá india. 29AGO1599.

323 AHRB. Notaría I. Legajo 71, folios 346r – 347v. Ana india. 11JUL1600.

324 AHRB. Notaría II. Legajo 79, folio 363v. Test. Isabel india. 19DIC1611.

325 Colmenares, Germán. Op. Cit. Pág. 66.

abrupta no había vuelta atrás, el tipo de familia difuso que se instauró entre los indígenas no fue pertinente para una reproducción sistemática que contribuyera con el aumento de la población de indígenas. La reproducción entre los indígenas debió ser cada vez menor, pues “las oportunidades del trato sexual entre los indígenas se veían disminuidas por la organización del trabajo, que asignaban tareas separadas a hombres y mujeres”,327

mientras que la probabilidad de intercambios sexuales interraciales se vio potencializada, esto por la gran afluencia de mujeres a las ciudades y sus oficios que las acercaban a los blancos. Esta tendencia fue posible de observar dentro de los testamentos. Muchas mujeres trabajaban en la servidumbre de las casas de los encomenderos y otros europeos, lo cual contribuyó a dinamizar el proceso de mestizaje. Además, las ciudades a donde cada vez más indígenas se dirigían, fueron un caldo de cultivo que terminó por aumentar el número de mestizos. En este mismo sentido, La división sexual del trabajo pudo ser una variable a tener en cuenta cuando se explica el mayor número de mujeres indígenas en la Tunja de la temprana colonia. El muestreo que proporcionan los testamentos indica tal tendencia. El trabajo doméstico femenino era necesario en las casas de los españoles y esto las atrajo a la ciudad, tal vez no voluntariamente, sino que el poder de un español medio en esta situación. En el caso de las mujeres trabajadoras estantes y permanentes en la ciudad, casi siempre al amparo de una casa de españoles, se debe decir que los jefes o las jefas de la casa “tomaban de los trabajadores del resto de sus vidas, separándolos de sus familias y rompiendo para siempre los vínculos de parentesco y de pertenencia”.328 La conducta se agravaba porque casi siempre se

tomaba a la india en una edad temprana, su españolización se haría el resto de su vida al amparo de su trabajo dentro de la casa de españoles o criollos, y en su interactuar con las otras gentes de la ciudad. Los testamentos dieron fe del último comportamiento descrito donde se cobraban deudas estrafalarias pero justas por una vida completa al servicio de una familia de españoles.

En la sociedad castellana de fines de la Edad Media, existía de forma generalizada el trabajo de criada dentro de las casas de las personas más pudientes, y por supuesto, esta mujer venía de los sectores más desfavorecidos. “Las criadas eran niñas de corta

327 Colmenares, Germán. Op. Cit. Pág. 66

328 Therrien, Mónika y Jaramillo Pacheco, Lina. “Mi casa no es tu casa”. Procesos de

diferenciación en la construcción de Santa fe, siglos XVI y XVII. Bogotá D.C.: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2004. Pág. 131.

edad, cinco o seis años, que eran entregados por sus padres a una familia pudiente para que las criara. A cambio del vestido y manutención, las niñas debían colaborar con el trabajo de la casa…”.329 La analogía no se hizo esperar en el Nuevo Reino. Se

observaron dentro de las indígenas, con unas condiciones particulares, una labor extendida durante su vida en las casa de españoles de Tunja. La “china”, comenzaba sus labores desde temprana edad, y después de varias décadas, reclaman en sus testamentos, alguna remuneración diferente al vestido y la manutención por los servicios prestados. En ocasiones, algunos amos se compadecieron y reconocen la situación y legaron a la indígena algunos bienes muebles o inmuebles como pago por su dedicación. La utas y las sybyn se fueron desarmando. El control de la sexualidad indígena también impidió un normal desarrollo de las formas de reproducción. “El desarraigo obligado impedía que se reprodujeran las normas de comportamiento que, en el pasado, les había dado cohesión y sobre las cuales habían reposado sus propias organizaciones sociales”.330 La explotación laboral y los altos tributos impuestos no tardaron también en

generar problemas. “La ocupación española modificó también la pertenencia a las parcialidades (que se daba por línea materna), lo mismo que las reglas de residencia. El interés de los encomenderos entraba a menudo en conflicto con una estructura social del todo extraña y, por lo tanto, tendían a modificarla en su provecho”331. Sin medir las

consecuencias que podrían causar en unos pocos años su accionar en contra de las estructuras familiares matrilineales, tendían a separar los grupos en virtud de percibir más tributos, evitando que se presentaran espontáneamente las relaciones naturales entre los indígenas. De este modo fue “posible que las restricciones introducidas por los encomenderos hayan contribuido a la declinación de la población indígena”.332 Cada

problema agravó el anterior siempre en perjuicio de la estructura social indígena que dejó de un lado su estabilidad para convertirse en algo muy difuso y etéreo. Al final, los indígenas perdieron las estructuras comunitarias que los hacían fuertes y se enfrentaron

329 Segura Graiño, Cristina. “Las mujeres castellanas de los siglos XV y XVI y su presencia en

América”. En: Velásquez Toro, Magdala (Dirección académica); Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez (Asesores). Las mujeres en la historia de Colombia, Vol. I. Santa Fe de Bogotá: Editorial Norma, 1995. Pág. 54.

330 Borja, Jaime Humberto. El control de la Sexualidad: Negros e indios (1550 – 1650). En: Borja,

Jaime Humberto. Op. Cit. Pág. 198.

331 Colmenares, Ibíd., Pág. 5.

a los cambios en soledad, como sucedió con los testamentos. Sin las defensas adecuadas, el proceso de mestizaje entraría galopando y arrasando con lo que quedaba, y en los testamentos las familias que describieron se mostró esa tendencia que se dirigía sin pausas ni reversa hacia el mestizaje biológico y cultural. Ahora se profundizará sobre la familia indígena y el mestizaje desde los testamentos.