1. Ultimas y postrimeras voluntades de los indígenas
1.1 Los testamentos indígenas coloniales.
1.1.4 El Significado de los Testamentos y la Cultura Testamentaria entre los Indígenas.
Los testamentos del siglo XVI y XVII americano incluyendo a los testamentos indígenas, fueron de carácter mixto, con dos secciones diferenciadas, una religiosa y otra patrimonial, donde en ocasiones la sección religiosa pareciera subsumir a la segunda parte. El documento era considerado más religioso que civil, tenía más influencia sobre él la institucionalidad eclesiástica que las mismísimas normas del derecho privado y sucesoral. Cuenta Ariès para el caso europeo, observando la trayectoria histórica del testamento, que “hasta mediados del siglo XVIII por lo menos, comprende dos partes igualmente importantes: primero, las cláusulas piadosas, y, luego, la repartición de la herencia”. La gama extensa pero similar en todos los documentos de las ad pias causas, sería la parte más importante puesto que si el testamento operaba como una herramienta de salvación, todas estas cláusulas con sentido religioso cobraban demasiada relevancia y aseguraban la protección después de la muerte. Además, si se observa la repartición de bienes en los testamentos indígenas, es posible creer que al dejar un número elevado
79 Véase: Eugenio Martínez, María Ángeles. El puerto y camino de Carare en Nueva Granada.
Sevilla: Escuela de Estudios Hispano – americanos, 1973.
80 Véase: Anexo D.
81 Francis Michael. “Población, enfermedad y cambio demográfico, 1537 – 1636. Demografía
histórica de Tunja: una mirada crítica”. En: Gómez Londoño, Ana María (editora académica). Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoria.Bogotá D.C.: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2005.
de los mismos a la iglesia, se creara una conexión entre la sección estrictamente religiosa con la patrimonial. En otras palabras:
“El testamento fue, por tanto, el medio religioso y cuasi sacramental de ganar los a eterna sin perder por completo los temporalia, de asociar las riquezas a la obra de la salvación. En cierta forma se trata de un contrato de seguridad concluido entre el individuo mortal y Dios, por mediación de la iglesia: un contrato con dos fines: en primer lugar un -pasaporte para el cielo-, según la frase de Jacques Le Goff. En este aspecto garantizaba los bienes eternos, pero las primas se pagaban en moneda temporal gracias a los legados piadosos”.82
Más adelante afirma que “el testamento es también un permiso para -pasar por la tierra-. En este sentido, legitimaba y autorizaba el goce, de otro modo sospechoso, de los bienes adquiridos durante la vida, los temporalia. Las primas de esta segunda garantía se pagaban entonces en moneda espiritual, contrapartida espiritual de los legados piadosos, misas, fundaciones de caridad”.83 Si se quiere pensar, la salvación debía comprarse. Los
testantes europeos y los indígenas de Tunja están inscritos dentro de la “economía de la salvación” que plantea Michelle Mollat.84 Los bienes terrenales debían ser declarados y
se debía buscar la autorización de su goce con la intermediación de la iglesia. ¿Cómo? Por medio de un testamentos recargados de cláusulas piadosas. Esto eliminaba la culpa por el apego a los bienes terrenales y aseguraba la posibilidad, que de otro modo sería nula, de buscar la salvación y entrar al reino de los cielos salvando el alma de los goces mundanos.85
La muerte era un asunto concerniente a la iglesia. La institución eclesiástica guardaba un monopolio en el manejo de este inevitable fenómeno, y su discurso le permitía inmiscuirse y hacerse parte entre los beneficiados por las cláusulas testamentarias. Fue realmente impresionante, cómo dentro del pensamiento del testante, ya cuando muere,
82 Ariès, Philippe. El hombre ante la muerte. Madrid: Taurus, 1999. Pág. 163.
83 Ibíd.
84 Mollat, Michel. Pobres, humildes y miserables en la Edad Media: estudio social. México: FCE,
1988. Para una visión sociológica de esta misma situación, se recomienda ver también Castels, Robert. Las metamorfosis de la Cuestión Social: una crónica del salariado. Buenos Aires: Paidós, 1997.
85 Otros autores consideraron al testamento como un documento en que “el hombre plasma su
concepción de la muerte, evidencia y afirma sus creencias, formula sus últimos deseos; se empieza a despedir de la vida terrena y comienza a prepararse para la vida eterna”. Vargas Poo, Martín; Cogollos Amaya, Sylvia. La Teología de la Muerte: una visión española del fenómeno durante los siglos XVI al XVIII. En: Borja Gómez, Jaime Humberto. Inquisición, muerte y sexualidad en el nuevo Reino de Granada. Santafé de Bogotá: Ariel, CEJA, 1996. Pág. 129.
puede imaginar su encuentro ante su Dios. De nuevo, Ariès da la clave y contesta lo siguiente: “He ahí, pues, la muerte de uno, de uno mismo solo, solo ante Dios, con su sola biografía, su solo capital de obras y plegarias, es decir, con los actos y fervores de su vida, con su amor vergonzoso por las cosas de aquí abajo y sus seguidores para el más allá”.86 Por esto, el testamento era el paz y salvo en la tierra, pero también
representaba, y se vuelve a repetir, “pasaporte para el cielo”87, era en definitiva el
documento que demostraba el desapego y desprendimiento de los bienes materiales y terrenales, todo con el fin último de obtener la salvación con la intermediación de la iglesia.
Los cambios fueron caracterizados por Ariès quien mostró que antes del siglo XVIII, los testamentos dejaron de ser netamente religiosos y comenzaron a contemplar cláusulas civiles. Sin embargo, replicó que:
“la parte más extensa del texto continúa siendo ad pias causas: La profesión de la fe, la confesión de los pecados y la reparación de las culpas, la elección de la sepultura y, finalmente, las numerosas disposiciones a favor del alma: misas y plegarias, que empezaban desde el momento de la agonía y se distribuían en fechas fijas a perpetuidad”.88
Pese a ser de un espacio diferente, su descripción se acomodó a los testamentos indígenas de Tunja y Santafé. La conjunción entre lo civil y lo religioso, en ocasiones más extenso uno de lo otro, siempre estuvo presente, fue una característica fundamental y muy visible de los testamentos locales tunjanos. La sección patrimonial fue muy importante, pero esta relevancia radicaba en la posibilidad que se consiguiera la salvación con el desapego a los bienes obtenidos en vida. La religiosidad y los aspectos patrimoniales estuvieron atados y vinculados en los testamentos, y las últimas y postrimeras voluntades de los indígenas no escaparon a esta situación.
La cultura testamentaria de los indígenas de Tunja hizo parte de las introducciones foráneas importadas desde el otro lado del Atlántico. No fue un acto obligatorio el hacer un testamento. Era un acto dispositivo propio de la voluntad de cada persona, sin embargo era deseable hacerlo por la salud del alma, y para asegurarse una entrada
86 Ibíd. Pág. 171.
87 En palabras de Jacques Le Goff.
88 Ariès, Philippe. Historia de la muerte en occidente. Desde la Edad Media hasta nuestros días.
directa al cielo arreglando antes todas las cuentas en la tierra. El que un indígena hubiera dejado un testamento demostraba una cercanía muy fuerte con la hispanización abandonando parte de su cultura y abrazando una que no era de sus tradiciones milenarias.89
Lo que se encuentra en los testamentos no es el pensamiento indígena puro. Es una mezcla de identidades y de formas culturales, a veces más indígenas otras más españolas, pero siempre denota un diálogo que concluye en una forma de pensamiento mestizo, muy similar al planteado por Gruzinski, quien expresó que “ante todo el pensamiento indígena que afronta la dominación europea dista mucho de poseer unos contornos claros, o la pureza y autenticidad que se le atribuye. Es raro que no se encuentre mezclado con rasgos de origen occidental, o que haya dejado lugar para visiones del mundo más o menos mixtas.”90 Los testamentos son un reflejo de esta
riquísima e inquietante mezcla. Fueron realizados en un escenario de potencial mestizaje en el cual, la cultura indígena no había sido eliminada sino que se fusionó con la española dando como resultado unos sujetos tan particulares como los documentos en los que se expresaron sus últimas y postrimeras voluntades. Según lo anterior, la cultura testamentaria indígena fue nada menos que producto de este reactor social que dio como resultado el mestizaje.
El medio adverso pero con posibilidades de adaptación planteado desde el arribo de los europeos produjo respuestas desesperadas en un inicio, pero luego se convirtieron en actividades cotidianas que tenían que ver con la supervivencia del individuo. Para Gruzinski, las condiciones en el nuevo mundo:
“estimula las capacidades de invención y de improvisación que exige la supervivencia en un contexto extremadamente perturbado, compuesto (indo-afro-europeo) y sin precedente. Esta presión forma, en los sobrevivientes, una receptividad particular, una flexibilidad en la práctica social, una movilidad de la mirada y de la percepción, y una actitud para combinar los fragmentos más dispersos.”91.
El hecho de otorgar testamento responde a esta lógica flexible y de adaptación, y muy importante, de relativa estabilidad y receptividad de la cultura legal y social foránea. El
89 Véase: Sevilla Larrea, Carmen. Vida y muerte en Quito: raíces del sujeto Moderno en la colonia
temprana. Quito: Ediciones Abya-Yala, 2002. Pág. 115.
90 Ariès, Philippe. Historia de la muerte en occidente… Op. Cit. Pág. 57.
contenido de los mismos refleja la mezcla de actitudes no sólo propias de los indígenas sino más cercanas a los españoles. Si el acto de testar respondía a este afán de supervivencia, el contenido clausular de los testamentos no se quedaba atrás, allí como se verá, se anotaron situaciones y ejercicios culturales tan mestizos que respondieron a esta lógica. El testamento en sí no fue un documento mestizo, pertenecía a la tradición cultural importada, sin embargo el otorgarlo si era una actitud de mezcla, y que decir de los relatos en su contenido, que a pesar de estar dentro de la rigidez de un documento jurídico, dejaba ver las situaciones que los indígenas vivían en la cotidianeidad que sin duda eran bastante mestizas.
Por otro lado, el testar significaba pertenecer a un imperio, someterse a una autoridad, autoridad que se comunicaba con la escritura. Ese era un mensaje de la cultura testamentaria. A la vez era un instrumento de poder, los indios debían aclimatarse a esta actividad escrituraría, si eran analfabetos debían de todos modos recurrir a este medio para comunicarse en esta particular sociedad, de este modo encajaban socialmente. Los escribanos actuaron entonces como los fabricantes de estos documentos que ataban a los indios a una autoridad superior española, no tan etérea y lejana como el rey pero si poderosa y cercana como los encomenderos y los funcionarios del lugar donde se desenvolvían los indios. La cultura de otorgar testamento simbolizaba un sometimiento a las autoridades administrativas pero por encima de éstas, reconocer la religión católica y las jerarquías religiosas y su influencia en la vida y en la muerte de los indígenas. Testar implicaba el reconocimiento de poderes a los que los indígenas se acogían como modo de supervivencia, como forma adaptativa que los hacía parte integrante de una sociedad. En suma, los testamentos indígenas fueron un producto de la implantación cultural española en territorio muisca, de la obligación que tenía un sujeto de usar los modelos jurídicos para identificarse y creerse parte de una sociedad. Pocos indígenas lo hicieron, pero el acto de testar significaba afianzar su pertenencia a la sociedad. Fue una costumbre adquirida por pocos pero que dice mucho de este reducido grupo de indígenas en transición o híbridos si se quiere, y que habían sido permeados por la cultura testamentaria europea.
La cultura testamentaria practicada por los indígenas fue una respuesta mestiza mas no los documentos producto de ella, esa fue una de sus cualidades más importantes. Esa respuesta obedecía a un marco cultural envolvente que se les había impuesto a los
indígenas desde el derecho y la religión. Volviendo a Gruzinski como medio de explicación es posible considerar a “los mestizajes americanos como un esfuerzo de recomposición de un universo pulverizado y, a la vez, como una adecuación local a los nuevos marcos impuestos por los conquistadores. Estos dos movimientos son inseparables”.92 Se presentó una dualidad y una doble necesidad: los indios debían
mantener vivas sus tradiciones sin saber cómo hacerlo así que en su desesperación adoptaron modelos con el fin de seguir sus vidas, y por otro lado, tomaron lo desconocido y le dieron una relectura que les fue útil en el momento de sobrevivir con los vecinos blancos que les habían arrebatado sus principales elementos culturales y de unidad. La supervivencia será una palabra clave en lo que queda de la exposición, ya que los testamentos mostraron hechos relacionados con este entorno, pues los indígenas pasaron de ser comunidades solidarias a ser individuos que luchan por sobrevivir sin el amparo que antes tenían como grupo. La debilidad biológica fue evidente con la virulencia de las epidemias, pero los cambios culturales debilitaron todavía más a los indígenas quienes entraron en una lucha constante en las ya resonadas circunstancias adversas. La cultura del testamento obedeció a la lógica de supervivencia y de adaptación que los indígenas acogieron espontáneamente siguiendo su sentido común y las exigencias sociales para encajar en una ciudad no pensada para ellos, pero que a la vez, no podía vivir sin su muy necesaria presencia. Los indígenas actuaron según las circunstancias de coyuntura, trataron de reconstruir su mundo con nuevos parámetros y referencias, debían ser flexibles en esta lógica de acomodamiento. Sus actitudes denotan un acercamiento a la cultura española, pero no podían abandonar de tajo toda su carga cultural, así que estos indígenas testantes muestran esa mixtura que será un rasgo particular de la mayoría de los habitantes del imperio español en América.
1.2
Los testamentos indígenas de Tunja.
Los 103 documentos con los que se trabaja en esta investigación poseen características comunes que pudieron ser identificadas. En esta medida, se explicarán las cualidades más notorias sin olvidar los protagonistas que las hicieron mediante las debidas
descripciones y ejercicios estadísticos que permitan un acercamiento al conjunto de testamentos.